HISTORIA 1.
Todos los medios de comunicación cubrían la noticia de una masacre en mi país; seis pescadores habían desaparecido. Todos sospechaban lo peor. Un buen grupo de personas salió en su búsqueda. Familia, amigos, policías, reporteros, todos buscando a éstos seis hombres.
Un señor de unos 60 años atraía a las cámaras, Don Ramón, era el padre de tres de los pescadores. Encontró la camisa de uno de sus hijos y dijo a los medios: "me fregaron la vida" (en realidad, él usó una palabra con j...) Su cara lo decía todo. El dolor que sólo un padre siente ante tales circunstancias. No hacían falta las palabras, cualquiera podía interpretar su expresión.
Los seis cuerpos fueron hallados en una fosa clandestina. Estoy segura que ese padre jamás imaginó que le iba a tocar enterrar a uno de sus hijos, y mucho menos a tres de ellos. Ahora debía preparar un funeral triple. ¿Puede un ser humano soportar semejante dolor?
HISTORIA 2.
Una jovencita de no más de 18 años acababa de ser mamá. Cuidaba de su hijita de tres meses. Por ahí dicen que mantenía una relación amorosa con un pandillero. Otros pandilleros la interceptaron de noche cerca de un cementerio y le dispararon. Lo indignante de ésta historia es que ella estaba amamantando a su bebé en ese instante. A los delincuentes eso no les importó. La niña fue alcanzada por una bala.
La madre murió en el lugar del ataque, la niña fue llevada al hospital. Gracias a Dios está bien, la bala sólo lesionó uno de sus bracitos.
¿Qué va a pasar con esa niña de ahora en adelante? El vínculo que se genera entre una mujer y sus hijos en la etapa de lactancia se cortó de tajo. ¿Qué le dirán cuando pregunte por su mamá? ¿Qué sentirá cada vez que vea la cicatriz de su brazo? El dolor producido por una bala ya no existirá, pero ¿y el dolor de crecer sin su madre?
HISTORIA 3.
El mismo día de la primera masacre. Al filo de mediodía las redes sociales se inundaron de una nueva mala noticia. Otra masacre. Ésta vez dentro de un autobús. Los asesinos dispararon indiscriminadamente, al parecer sin un objetivo específico, sólo por matar. Dos hombres intentaron huir, ellos los alcanzaron, sus cuerpos quedaron en plena carretera junto a la puerta trasera del autobús. El recuento: 6 muertos en la escena y un tanto más heridos. Uno de los fallecidos venía hacia la capital a visitar a su hijo que estaba ingresado en el hospital, venía con el tiempo justo para llegar a la hora de la visita. Lamentablemente nunca llegó. ¿Quién va a responder las preguntas de ese niño cuando regrese a casa y no vea a papá? ¿Y si necesita medicinas por su enfermedad?
HISTORIA 4.
La hija de una compañera de trabajo es periodista. Trabaja en uno de los principales periódicos del país. Una de sus experiencias recientes me dejó sin palabras; pero me sacó muchas lágrimas.
A ella le tocó cubrir una noticia de esas que son tan comunes en mi país: un nuevo asesinato. El cuerpo del muchacho había quedado en la calle. Al llegar, ya habían muchas personas. Era pleno mediodía. Debían esperar a que las autoridades llegaran a hacer el reconocimiento del joven, por lo que no podían mover el cadáver. El padre del muchacho no lo entendía. En medio de su angustia gritaba pidiendo que alguien tapara a su hijo porque "se estaba asoleando". Impresionante.
¿Quién tendría el valor de decirle a ese papá que su hijo ya no sentía el sol? Estoy segura que nadie.
HISTORIA 5.
En el interior del país una abuela ve llegar sola a su nieta de 5 años a su casa. Ella vive a 2 kilómetros de distancia. Le sorprende verla sola.
La niña lleva una noticia: Sus padres fueron asesinados la noche anterior por unos hombres que entraron a su casa. Afortunadamente a ella no le hicieron nada. Pero ella no alcanza a entender qué ha pasado.
Los reportes dicen que la pareja fue asesinada hace más de 10 horas. La niña dice que se quedó todo ese tiempo "rezando para que ellos se despertaran".
¿Cómo se borra de la mente de una niña la imagen de sus padres muertos y llenos de sangre? ¿Podrá superarlo alguna vez? ¿Por qué nuestros niños tienen que vivir ese tipo de cosas?
Todas éstas historias son reales y ocurrieron en la última semana en mi país. Debo confesar que en un impulso al conocer éstas noticias expresé "ya no quiero ser salvadoreña". Quería tener la capacidad de tomar un avión, sacar a la gente que amo de éste país e irnos todos a un lugar más seguro.
Pero una o dos madrugadas después no podía dormir y Dios trajo a mi mente el testimonio de Kay Warren, la esposa del pastor Rick Warren. Ella usa un término muy curioso al describir lo que sintió cuando Dios la estaba llamando a hacer algo por los huérfanos del genocidio de Ruanda: "gloriosamente arruinada".
Admito que soy una criticona. Soy muy buena echándole la culpa al gobierno por los altos índices de inseguridad. Pero este fin de semana he sentido un fuerte llamado a hacer algo. No tengo ni la más mínima idea de qué hacer. Creo que mi oración ferviente a diario es el mejor comienzo, pues reconozco que tengo ratos de no ser fiel en orar por mi país.
Otro buen paso es contagiar a otros. Si eres de mi país, te invito a dejarte "arruinar gloriosamente". Deja de quejarte, de repartir culpas y de lamentarte por la inseguridad que tenemos. "Arruínate" por dentro cada vez que veas o escuches una de esas noticias que se han vuelto tan habituales. Hay gente sufriendo. Únete conmigo a orar por esta nación. Dediquemos al menos 5 minutos al día para poner a El Salvador en las manos de El Señor.
Y si tú eres de otro país, te animo a clamar por los problemas propios que estén atravesando. Y si tienes unos minutos, al terminar de leer esto, te suplico que pidas por mi país. Lo necesitamos con urgencia.
Me retracto públicamente: Quiero ser una Salvadoreña que haga la diferencia.
"Y si mi pueblo, el pueblo que lleva mi nombre, se humilla, ora, me busca y deja su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y devolveré la prosperidad a su país" 2 Crónicas 7:14DHH
"La oración eficaz del justo puede mucho" Santiago 5:16 RVR60
Fuentes: www.elsalvador.com
www.laprensagrafica.com
www.elblog.com/noticias/
lunes, 26 de mayo de 2014
viernes, 16 de mayo de 2014
Lo Que Un Niño Pide A Sus Padres Separados
Un chico de 4° grado, ha estado dando problemas de conducta y de rendimiento académico. Conozco un poco de su situación familiar y decidí citar a los padres para el día siguiente, motivada por una travesura que su hijo hizo: decidió jugar en el baño con otro compañerito, mojando todo y por supuesto empapándose ellos también.
Los padres están separados desde hace más de dos años. Primero llegó el papá y al preguntarle sobre el niño y la mamá, respondió: "no sé".
Comenzamos la reunión dándole el reporte de los maestros y después de varios minutos llegó la mamá y se incorporó. Supe que el niño vive con la mamá-de nuevo. Digo de nuevo, porque desde que está en el colegio ha ido y venido de la casa de ambos padres cualquier cantidad de veces. Lo último que supe es que estaba con el papá; pero ahora eso ya cambió.
Luego de hablar con los padres y darles a conocer la postura del colegio sobre la situación del chico, y después de tratar que nos pusiéramos de acuerdo por el bien de él, pedí que el niño entrara a la oficina. Obviamente estaba nervioso. Le expliqué en un lenguaje que él pudiera entender, todo lo que habíamos hablado y las posibles consecuencias que vendrían si él no cambiaba los aspectos negativos que se habían mencionado. Mientras su mamá lloraba, él guardaba silencio y nos veía a todos con una carita de asustado.
Luego, su papá interrumpió y empezó a llamarle la atención y a pedirle cuentas por su comportamiento. Sentí que no era el momento para eso.
Después me dirigí de nuevo al niño y le pedí que si tenía algo que decir, lo dijera con toda libertad. Le pedí que fuera honesto y nos expresara si había algún problema con sus maestros, compañeros, el colegio o cualquier otra cosa. Él sólo guardaba silencio.
Yo un poco atrevida, le pregunté si era algo relacionado con sus padres. Sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato y su cara se puso roja. Era obvio que estaba frenando su llanto. Su respuesta después de unos momentos fue: "quiero que pasen más tiempo conmigo", diciéndolo con voz suave y entrecortada.
Sabiendo que sus papás están separados, para mí, sus palabras tenían todo el sentido del mundo. Su comportamiento reciente es una llamada de atención para ellos. Es un grito para ser escuchado. Y en situaciones como ésta, debo admitir que me cuesta muchísimo aplicar las consecuencias disciplinarias que las normas del colegio me piden aplicar.
La mamá no pudo hablar. Ella sólo lloraba. El papá entendió que su discurso debía cambiar. Comenzó a hablarle y decirle que lo quería, que era lo más importante en su vida y en la de su mamá también. Luego le dijo "te amo". Noté que no es algo que esa familia se diga con frecuencia. El efecto fue tal, que después de esas palabras, todos estábamos llorando.
Acordamos varias cosas que haremos de ahora en adelante y que el chico pondría de su parte por mejorar. Y también que los papás harían un enorme esfuerzo por dedicarle más tiempo y no castigarle con no dejarle ver al otro.
Ésta fue una de esas reuniones no cotidianas, que me dejaron pensando mucho y sintiendo una gran carga por este niño y tantos más en situaciones similares. Terminé deseando tener el poder de cambiar su entorno, o la capacidad para gritarle a todos los papás del mundo que no vale la pena que den todo en sus trabajos o ministerios, si descuidan a las personas más importantes de su vida.
Si eres papá o mamá, examina si tu vida refleja lo que para ti es más importante. Pregúntale a tus hijos, si se sienten lo más importante para ti, aún por encima de tu trabajo, tus hobbies o tu ministerio. Si reconoces que la balanza de tu vida está desproporcionalmente inclinada hacia otra cosa que no sean tus hijos, es momento de hacer unos cambios.
Para este chico, oír que sus padres lo aman y pasar más tiempo con ellos es lo único que necesita y pide. ¿Qué necesitan tus hijos de ti? ¿Los estás escuchando? Si lo haces, te podrías llevar muchas sorpresas.
"Los hijos que tenemos son un regalo de Dios. Los hijos que nos nacen son nuestra recompensa" Salmos 127:3 TLA
Los padres están separados desde hace más de dos años. Primero llegó el papá y al preguntarle sobre el niño y la mamá, respondió: "no sé".
Comenzamos la reunión dándole el reporte de los maestros y después de varios minutos llegó la mamá y se incorporó. Supe que el niño vive con la mamá-de nuevo. Digo de nuevo, porque desde que está en el colegio ha ido y venido de la casa de ambos padres cualquier cantidad de veces. Lo último que supe es que estaba con el papá; pero ahora eso ya cambió.
Luego de hablar con los padres y darles a conocer la postura del colegio sobre la situación del chico, y después de tratar que nos pusiéramos de acuerdo por el bien de él, pedí que el niño entrara a la oficina. Obviamente estaba nervioso. Le expliqué en un lenguaje que él pudiera entender, todo lo que habíamos hablado y las posibles consecuencias que vendrían si él no cambiaba los aspectos negativos que se habían mencionado. Mientras su mamá lloraba, él guardaba silencio y nos veía a todos con una carita de asustado.
Luego, su papá interrumpió y empezó a llamarle la atención y a pedirle cuentas por su comportamiento. Sentí que no era el momento para eso.
Después me dirigí de nuevo al niño y le pedí que si tenía algo que decir, lo dijera con toda libertad. Le pedí que fuera honesto y nos expresara si había algún problema con sus maestros, compañeros, el colegio o cualquier otra cosa. Él sólo guardaba silencio.
Yo un poco atrevida, le pregunté si era algo relacionado con sus padres. Sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato y su cara se puso roja. Era obvio que estaba frenando su llanto. Su respuesta después de unos momentos fue: "quiero que pasen más tiempo conmigo", diciéndolo con voz suave y entrecortada.
Sabiendo que sus papás están separados, para mí, sus palabras tenían todo el sentido del mundo. Su comportamiento reciente es una llamada de atención para ellos. Es un grito para ser escuchado. Y en situaciones como ésta, debo admitir que me cuesta muchísimo aplicar las consecuencias disciplinarias que las normas del colegio me piden aplicar.
La mamá no pudo hablar. Ella sólo lloraba. El papá entendió que su discurso debía cambiar. Comenzó a hablarle y decirle que lo quería, que era lo más importante en su vida y en la de su mamá también. Luego le dijo "te amo". Noté que no es algo que esa familia se diga con frecuencia. El efecto fue tal, que después de esas palabras, todos estábamos llorando.
("Cada padre debe recordar que un día su hijo seguirá su ejemplo en vez de su consejo")
Acordamos varias cosas que haremos de ahora en adelante y que el chico pondría de su parte por mejorar. Y también que los papás harían un enorme esfuerzo por dedicarle más tiempo y no castigarle con no dejarle ver al otro.
Ésta fue una de esas reuniones no cotidianas, que me dejaron pensando mucho y sintiendo una gran carga por este niño y tantos más en situaciones similares. Terminé deseando tener el poder de cambiar su entorno, o la capacidad para gritarle a todos los papás del mundo que no vale la pena que den todo en sus trabajos o ministerios, si descuidan a las personas más importantes de su vida.
Si eres papá o mamá, examina si tu vida refleja lo que para ti es más importante. Pregúntale a tus hijos, si se sienten lo más importante para ti, aún por encima de tu trabajo, tus hobbies o tu ministerio. Si reconoces que la balanza de tu vida está desproporcionalmente inclinada hacia otra cosa que no sean tus hijos, es momento de hacer unos cambios.
Para este chico, oír que sus padres lo aman y pasar más tiempo con ellos es lo único que necesita y pide. ¿Qué necesitan tus hijos de ti? ¿Los estás escuchando? Si lo haces, te podrías llevar muchas sorpresas.
"Los hijos que tenemos son un regalo de Dios. Los hijos que nos nacen son nuestra recompensa" Salmos 127:3 TLA
miércoles, 7 de mayo de 2014
Mi Perro Sufre De Ataques De Ansiedad
Su nombre es Lucas. Cumplió 11 años hace un par de meses. Y a veces no sé qué hacer con él.
De unos años para acá, empezó a mostrar un comportamiento extraño cuando llovía fuerte. Empezamos a notar que se ponía nervioso y buscaba estar cerca de nosotros hasta que la lluvia pasara.
Después, ese comportamiento comenzaba con sólo escuchar las primeras gotas de lluvia caer. A veces ni llovía fuerte, se trataba de una llovizna; pero él siempre tenía miedo.
Una cosa más que desarrolló fue que buscaba subirse a cualquier cosa que lo alejara del suelo. Se subía a los sillones, a las camas, etc. Un día estaba solo en casa y le tocó enfrentar una tormenta fuerte. Se subió a la parte de la casa que tiene segunda planta y se tiró adonde los vecinos para huir de la tormenta. Gracias a Dios no le pasó nada a pesar del salto considerable que hizo. Supongo que él se siente seguro cuando está a cierta altura.
Él no era así cuando estaba más pequeño. Desconozco qué evento lo marcó tanto como para traumarlo de esa manera. A veces quisiera que existiera un psicólogo de mascotas (algo como la Doctora Juguetes, pero de carne y hueso!) para que lo analizara y me dijera cómo podemos ayudarlo a superar su trauma.
Debo confesar que en muchas ocasiones me he enojado con él por esa conducta, e incluso hasta le hemos pegado en las madrugadas que llueve y él rasca desesperadamente la puerta para que lo dejemos entrar a la casa. Y no les hablo de unos cuantos aruñones a la puerta, me refiero a literalmente golpes, empujones y llantos sin parar que muchas veces nos han despertado a media noche y todo porque ha comenzado a llover. Dígamos que entre más fuerte es la lluvia, más desvelo tenemos.
Y ahora, que la temporada de invierno ya comenzó en nuestro país, se imaginarán.
Este último fin de semana yo estuve enferma. Me sentía bastante mal y literalmente pase un día entero acostada. Justo ese día que yo quería descansar estuvo lloviendo bastante. Y Lucas empezó a portarse como siempre. Como sólo estaba yo en la casa, ¿adivinen adónde corrió? ¡Exacto! ¡A mi cuarto! Y como estar en "lo alto" le da cierta tranquilidad, pasé bajándolo de mi cama a cada rato.
Llegó un momento en el que llovía más fuerte, que me desperté asustada porque sentí como mi cama temblaba, y era porque Lucas estaba sobre ella temblando del miedo. En ese momento, en mi cabeza somnolienta un pensamiento se cruzó: "tenele compasión, él realmente está asustado, no tiene a quién acudir para sentirse seguro" (escribo esto con lágrimas en mis ojos). El sueño se me fue y puse mi brazo sobre él para tratar de tranquilizarlo. No saben cuánto temblaba. Me acosté a la par suya y comencé a hablarle y a apretarlo para que se sintiera un poquito más seguro.
Él se tranquilizó un poco, aunque no del todo. Después de un rato, dejó de jadear con la lengua de fuera, temblaba menos y la lluvia paró y se bajó solito de la cama. Yo me pregunté de dónde había venido ese pensamiento y supe que era Dios queriendo darme una de esas lecciones que Él usualmente me da, valiéndose de cosas cotidianas que vivo. Y ésta vez usó a mi perro.
Porque para ser honesta, muchas veces me he comportado como Lucas. Enfrento situaciones a las que les temo demasiado, empiezo a pensar en todo lo malo que me puede pasar en el futuro y cuando menos siento, ya estoy hiperventilando y hasta con un ataque de ansiedad, abrumada por los "¿y que si´s?". La diferencia es que Lucas corre de inmediato a buscar a quien puede darle seguridad. Rasca la puerta y llama nuestra atención para que le ayudemos. Y yo no siempre hago eso. Yo trato de arreglármelas por mi cuenta, busco refugio en lugares equivocados, sólo para descubrir que eso no quita la ansiedad ni el miedo, ya que vuelven como fantasmas una y otra vez.
Pero ahí está Él. De hecho, nunca se ha ido. No le echa llave a su puerta para que no entremos cuando tengamos miedo. La puerta está abierta de par en par. Es más, creo que no le molesta que nos subamos a Su cama y queramos estar pegaditos a Él. Más bien, lo disfruta. Para Él está bien si llegamos temblando, llorando, gritando o sin poder respirar. Nos espera para tener compasión de nosotros. Porque Él sabe que estamos asustados, que somos unos miedosos y que necesitamos sentirnos seguros. Si un perrito puede despertar compasión en el corazón humano, cuánto más podemos encontrar en Su corazón!
¿Qué te ha estado produciendo ansiedad recientemente? Corre hacia el Único que puede darte paz y seguridad.
"¿Cómo podré dejarte, Efraín? ¿Cómo podré abandonarte, Israel?...¡Mi corazón está conmovido, lleno de compasión por ti! Oseas 11:8 DHH
De unos años para acá, empezó a mostrar un comportamiento extraño cuando llovía fuerte. Empezamos a notar que se ponía nervioso y buscaba estar cerca de nosotros hasta que la lluvia pasara.
Después, ese comportamiento comenzaba con sólo escuchar las primeras gotas de lluvia caer. A veces ni llovía fuerte, se trataba de una llovizna; pero él siempre tenía miedo.
Una cosa más que desarrolló fue que buscaba subirse a cualquier cosa que lo alejara del suelo. Se subía a los sillones, a las camas, etc. Un día estaba solo en casa y le tocó enfrentar una tormenta fuerte. Se subió a la parte de la casa que tiene segunda planta y se tiró adonde los vecinos para huir de la tormenta. Gracias a Dios no le pasó nada a pesar del salto considerable que hizo. Supongo que él se siente seguro cuando está a cierta altura.
Él no era así cuando estaba más pequeño. Desconozco qué evento lo marcó tanto como para traumarlo de esa manera. A veces quisiera que existiera un psicólogo de mascotas (algo como la Doctora Juguetes, pero de carne y hueso!) para que lo analizara y me dijera cómo podemos ayudarlo a superar su trauma.
Debo confesar que en muchas ocasiones me he enojado con él por esa conducta, e incluso hasta le hemos pegado en las madrugadas que llueve y él rasca desesperadamente la puerta para que lo dejemos entrar a la casa. Y no les hablo de unos cuantos aruñones a la puerta, me refiero a literalmente golpes, empujones y llantos sin parar que muchas veces nos han despertado a media noche y todo porque ha comenzado a llover. Dígamos que entre más fuerte es la lluvia, más desvelo tenemos.
Y ahora, que la temporada de invierno ya comenzó en nuestro país, se imaginarán.
Este último fin de semana yo estuve enferma. Me sentía bastante mal y literalmente pase un día entero acostada. Justo ese día que yo quería descansar estuvo lloviendo bastante. Y Lucas empezó a portarse como siempre. Como sólo estaba yo en la casa, ¿adivinen adónde corrió? ¡Exacto! ¡A mi cuarto! Y como estar en "lo alto" le da cierta tranquilidad, pasé bajándolo de mi cama a cada rato.
Llegó un momento en el que llovía más fuerte, que me desperté asustada porque sentí como mi cama temblaba, y era porque Lucas estaba sobre ella temblando del miedo. En ese momento, en mi cabeza somnolienta un pensamiento se cruzó: "tenele compasión, él realmente está asustado, no tiene a quién acudir para sentirse seguro" (escribo esto con lágrimas en mis ojos). El sueño se me fue y puse mi brazo sobre él para tratar de tranquilizarlo. No saben cuánto temblaba. Me acosté a la par suya y comencé a hablarle y a apretarlo para que se sintiera un poquito más seguro.
(Traté de tomar un par de fotos de su ataque de ansiedad. No salieron tan perfectas)
Él se tranquilizó un poco, aunque no del todo. Después de un rato, dejó de jadear con la lengua de fuera, temblaba menos y la lluvia paró y se bajó solito de la cama. Yo me pregunté de dónde había venido ese pensamiento y supe que era Dios queriendo darme una de esas lecciones que Él usualmente me da, valiéndose de cosas cotidianas que vivo. Y ésta vez usó a mi perro.
Porque para ser honesta, muchas veces me he comportado como Lucas. Enfrento situaciones a las que les temo demasiado, empiezo a pensar en todo lo malo que me puede pasar en el futuro y cuando menos siento, ya estoy hiperventilando y hasta con un ataque de ansiedad, abrumada por los "¿y que si´s?". La diferencia es que Lucas corre de inmediato a buscar a quien puede darle seguridad. Rasca la puerta y llama nuestra atención para que le ayudemos. Y yo no siempre hago eso. Yo trato de arreglármelas por mi cuenta, busco refugio en lugares equivocados, sólo para descubrir que eso no quita la ansiedad ni el miedo, ya que vuelven como fantasmas una y otra vez.
Pero ahí está Él. De hecho, nunca se ha ido. No le echa llave a su puerta para que no entremos cuando tengamos miedo. La puerta está abierta de par en par. Es más, creo que no le molesta que nos subamos a Su cama y queramos estar pegaditos a Él. Más bien, lo disfruta. Para Él está bien si llegamos temblando, llorando, gritando o sin poder respirar. Nos espera para tener compasión de nosotros. Porque Él sabe que estamos asustados, que somos unos miedosos y que necesitamos sentirnos seguros. Si un perrito puede despertar compasión en el corazón humano, cuánto más podemos encontrar en Su corazón!
¿Qué te ha estado produciendo ansiedad recientemente? Corre hacia el Único que puede darte paz y seguridad.
"¿Cómo podré dejarte, Efraín? ¿Cómo podré abandonarte, Israel?...¡Mi corazón está conmovido, lleno de compasión por ti! Oseas 11:8 DHH
martes, 29 de abril de 2014
¡Quiero Ser Niña Otra Vez!*
*El primer destello que tuve para escribir, allá por el año 2010.
Aprovechando las vacaciones, me detuve a ver la película de Jennifer
Garner "13 going on 30" (Si tuviera 30). Para aquellos de ustedes que
la han visto, recordarán un poco la loca trama en la que la protagonista siendo
una adolescente de 13 años desea con todo su corazón que el tiempo pase
rápidamente y convertirse en toda una mujer de 30. Su deseo le es concedido,
pero se da cuenta que su vida no ha sido del todo lo que ella esperaba. Aunque
ha alcanzado el éxito profesional y económico, descubre que se ha distanciado
demasiado de sus padres, tiene una mala fama por su relación con distintos
hombres, ha perdido al amor de su vida, etc.
Un día, ya no puede más porque no le gusta la vida que lleva: se siente sola,
decepcionada y culpable por todas sus fallas. En medio de ese "toque de
fondo" toma una sabia decisión: abordar un tren que la lleve a casa de sus
padres.
Al llegar, la casa está sola y ella observa desde fuera el lugar en el que se sentía realmente segura hace muchos años atrás. Luego entra y ve su cuarto, intacto como cuando ella era una niña. Finalmente, se esconde en el closet donde estuvo por última vez antes de que su deseo de ser adulta se le concediera, y ahí comienza a llorar como niña, como queriendo retroceder el tiempo.
Al llegar, la casa está sola y ella observa desde fuera el lugar en el que se sentía realmente segura hace muchos años atrás. Luego entra y ve su cuarto, intacto como cuando ella era una niña. Finalmente, se esconde en el closet donde estuvo por última vez antes de que su deseo de ser adulta se le concediera, y ahí comienza a llorar como niña, como queriendo retroceder el tiempo.
Repentinamente sus padres regresan a la casa y escuchan el ruido en el closet,
al llegar su padre abre la puerta y ella se lanza a sus brazos, y llora mucho
más y le dice: "TE EXTRAÑÉ TANTO". La actitud del papá fue abrazarla, consolarla y hacerle saber que estaba en el lugar correcto. Esa noche, la
protagonista durmió en la cama de sus padres porque necesitaba sentirse segura
en medio de una tormenta, a la mañana siguiente su mamá le cocina unos pancakes tal y
como se los hacía en su niñez.
Muchas veces me he sentido como ella, envuelta en mis propios asuntos, y sin darme cuenta me he alejado de mi Padre. Dentro de mí sé que la respuesta está en Él, pero suelo tardarme en buscarlo.
Que lindo es saber que no importa el estado de nuestras vidas, o que tan alejados estemos, o cuántos años han pasado, o incluso que tanto pecado hemos acumulado, SIEMPRE podemos correr a Él, siempre podemos llegar a Su Hogar, nuestro Hogar. Sin duda, siempre tendremos nuestro lugar en Su casa, y Él como el papá de esa película, sólo nos recibirá con los brazos abiertos, sin juzgar, sin señalar.
¡Vamos! Quizá es hora que regreses al Hogar de tu Padre.
Muchas veces me he sentido como ella, envuelta en mis propios asuntos, y sin darme cuenta me he alejado de mi Padre. Dentro de mí sé que la respuesta está en Él, pero suelo tardarme en buscarlo.
Que lindo es saber que no importa el estado de nuestras vidas, o que tan alejados estemos, o cuántos años han pasado, o incluso que tanto pecado hemos acumulado, SIEMPRE podemos correr a Él, siempre podemos llegar a Su Hogar, nuestro Hogar. Sin duda, siempre tendremos nuestro lugar en Su casa, y Él como el papá de esa película, sólo nos recibirá con los brazos abiertos, sin juzgar, sin señalar.
¡Vamos! Quizá es hora que regreses al Hogar de tu Padre.
"Vuélvanse al Señor, y Él tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar." Isaías 55:7 DHH
"Cuando (el hijo pecador) todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos" Lucas 15:21 DHH (énfasis agregado por mí)
viernes, 18 de abril de 2014
La Mujer Que Me Dio Una Lección En Esta Semana Santa
Tu hijo de 17 años te pidió permiso para ir a una fiesta una noche junto a unos amigos. Tú un poco dudosa le consultas a tu esposo y le dan el permiso. Antes de salir le das los consejos típicos: que se cuide, que no beba alcohol, que no se meta en problemas, que no llegue después de la medianoche, y pues, cosas por el estilo.
Tú como buena mamá no puedes dormirte porque tu hijo está fuera de la casa. Hay como un presentimiento que te dice que algo anda mal. Después de ver el reloj decenas de veces y dar otra decena de vueltas en la cama, suena el teléfono de tu casa. De un brinco tu esposo salta para responderlo. Su cara lo dice todo. Es una mala noticia. Empiezas a gritar porque sabes que se trata de tu hijo de 17 años.
Te informan que estuvo involucrado en una pelea callejera, de esas en las que cualquier muchachito de su edad se mete, sólo por ego, por la presión de grupo, por una chica o por los tragos. Un joven de 19 años lo apuñaló varias veces con un cuchillo de cocina. Lamentablemente tu hijo no sobrevivió.
Enfrentas el duelo amargo de una situación que a nadie se le desea. Nadie puede devolverte a tu niño. El único consuelo que te queda es que el asesino fue capturado y gracias a los testigos de la pelea, su condena es segura. No te pierdes ninguna de las audiencias del caso. Quieres justicia. La sangre de tu hijo debe ser vengada. Y después de más de un año de juicio, de acuerdo a las leyes de tu país, se condena al hombre de 19 años a la horca por haber matado a tu hijo.
La justicia parece tardar un poco, pues pasan años antes que se ejecute la condena. Y tú pasas los días pensando cómo sería si tu hijo aún viviera, y las noches llorando al recordar todo lo que pasaste aquella noche de pesadilla. Estás enfrentando el mayor dolor que según los psicólogos expertos un ser humano puede enfrentar: perder a un hijo, y si a eso le sumas la forma en que te lo arrebataron, el dolor es aún peor.
Finalmente, recibes el anuncio de tu abogado, la fecha de la condena ha sido fijada. Sucederá en la Semana Santa del 2014. Qué paradójico piensas, la Semana Santa, cuando los cristianos celebran que Jesús murió y resucitó. Pero bueno, tu hijo recibirá justicia de alguna manera.
Después de 7 años de aquella noche que cambió tu vida, el día llega. La gente se reúne en la plaza de tu ciudad. Te dicen que la soga ya ha sido preparada. Es hora de que vayas a la plaza a presenciar como muere el asesino de tu hijo. Tu esposo y tú se paran a solo unos pasos de la horca, para ver en primera fila como se hace justicia. Te llama la atención que una parte de la gente insulta al asesino, ahora de 26 años, y la otra parte llora y clama por perdón. Entre la multitud, notas que hay una mujer tirada en el piso de tierra, que llora desconsoladamente. La recuerdas, es la mamá de ese delincuente, la viste en el juicio. Las dos sufren con intensidad dos tipos de dolores muy diferentes. Pero ambos producidos por un hijo.
Cuando el asesino pasa a tu lado, ves que lleva los ojos vendados y las manos atadas. Sus gritos y llanto te dan escalofríos. Le escuchas orar encomendando su alma. Cuando es subido a una silla y le colocan la soga alrededor de su cuello, algo ocurre. De pronto, algo dentro de ti te estremece, empiezas a sudar y a temblar sin parar. Y con una seguridad profunda, entiendes que la ejecución de este hombre en la horca no te devolverá a tu hijo. Nada quitará tu dolor y habrá otra madre sufriendo igual que tú.
Sin pensarlo, corres a la horca. La multitud enmudece. Todos te miran. Pides que te acerquen una silla para poder estar frente a frente al asesino de tu hijo. Nadie entiende lo que pasa. Te llevan la silla y te paras en ella. Ahora sí, lo tienes cara a cara, aunque él está vendado y no puede verte y está confundido. No entiende quién está junto a él. De pronto sólo le das una bofetada y gritas la palabra más poderosa que éste asesino va a escuchar en su vida: "PERDONADO".
La gente no entiende, las autoridades no entienden, tu abogado no entiende, el asesino no entiende. Te preguntan si estás segura de lo que dijiste. Tú respondes que sí. Y como para no dejar lugar a dudas, tú y tu esposo quitan con sus propias manos la soga del cuello de ese hombre.
Empiezas a llorar con una profunda convicción que lo que hiciste era lo correcto. Te diriges a la multitud y les dices que lo has perdonado por matar a tu hijo. La mamá del asesino corre a abrazarte y agradecerte por lo que acabas de hacer. Sólo el corazón de una mamá que sufre puede conectarse con el corazón de otra en similares condiciones.
Sin darte cuenta, gracias a los medios de comunicación y las redes sociales, tu historia es conocida en todo el mundo en cuestión de horas. Tu nombre ahora es reconocido: Maryan Hosseinzadeh, la mujer iraní que le perdonó la vida a Balal, el asesino de su amado hijo Abdollah, en la provincia de Mazdanaran, en la ciudad de Noor.
Y quizá Maryan nunca te des cuenta que me has dado la mayor lección que pude haber recibido en esta Semana Santa. Me recordaste lo que Dios tuvo que pasar como Papá precisamente en una semana como ésta. Me hiciste valorar como tenía ratos de no hacerlo, el perdón que recibí de mi Dios, aún cuando todos sabían que yo era culpable y lo único que merecía era morir. Me demostraste que la sangre que Jesús derramó por mí es invaluable y nunca podré hacer nada para ganarla, tal y como la sangre de tu hijo no podía ser compensada con la justicia terrenal. Y finalmente me retaste. Si, porque has dado testimonio al mundo que el perdón si existe, que se requiere ser verdaderamente valiente para renunciar a tu derecho de vengarte y que de verdad el dolor de la pérdida de tu hijo transformó tu corazón lo suficiente como para que su muerte haya valido la pena.
Gracias Maryan por recordarme el sentido de ésta Semana Santa.
"Pero Él fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; Él sufrió en nuestro lugar, y gracias a sus heridas recibimos la paz y fuimos sanados" Isaías 53:5 TLA
"Sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo." Efesios 4:32 TLA
"Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla" Juan 3:16-17 TLA
Fuente: http://cnnespanol.cnn.com/2014/04/18/una-madre-irani-perdona-al-asesino-de-su-hijo-y-lo-salva-de-morir-en-la-horca/
Tú como buena mamá no puedes dormirte porque tu hijo está fuera de la casa. Hay como un presentimiento que te dice que algo anda mal. Después de ver el reloj decenas de veces y dar otra decena de vueltas en la cama, suena el teléfono de tu casa. De un brinco tu esposo salta para responderlo. Su cara lo dice todo. Es una mala noticia. Empiezas a gritar porque sabes que se trata de tu hijo de 17 años.
Te informan que estuvo involucrado en una pelea callejera, de esas en las que cualquier muchachito de su edad se mete, sólo por ego, por la presión de grupo, por una chica o por los tragos. Un joven de 19 años lo apuñaló varias veces con un cuchillo de cocina. Lamentablemente tu hijo no sobrevivió.
Enfrentas el duelo amargo de una situación que a nadie se le desea. Nadie puede devolverte a tu niño. El único consuelo que te queda es que el asesino fue capturado y gracias a los testigos de la pelea, su condena es segura. No te pierdes ninguna de las audiencias del caso. Quieres justicia. La sangre de tu hijo debe ser vengada. Y después de más de un año de juicio, de acuerdo a las leyes de tu país, se condena al hombre de 19 años a la horca por haber matado a tu hijo.
La justicia parece tardar un poco, pues pasan años antes que se ejecute la condena. Y tú pasas los días pensando cómo sería si tu hijo aún viviera, y las noches llorando al recordar todo lo que pasaste aquella noche de pesadilla. Estás enfrentando el mayor dolor que según los psicólogos expertos un ser humano puede enfrentar: perder a un hijo, y si a eso le sumas la forma en que te lo arrebataron, el dolor es aún peor.
Finalmente, recibes el anuncio de tu abogado, la fecha de la condena ha sido fijada. Sucederá en la Semana Santa del 2014. Qué paradójico piensas, la Semana Santa, cuando los cristianos celebran que Jesús murió y resucitó. Pero bueno, tu hijo recibirá justicia de alguna manera.
Después de 7 años de aquella noche que cambió tu vida, el día llega. La gente se reúne en la plaza de tu ciudad. Te dicen que la soga ya ha sido preparada. Es hora de que vayas a la plaza a presenciar como muere el asesino de tu hijo. Tu esposo y tú se paran a solo unos pasos de la horca, para ver en primera fila como se hace justicia. Te llama la atención que una parte de la gente insulta al asesino, ahora de 26 años, y la otra parte llora y clama por perdón. Entre la multitud, notas que hay una mujer tirada en el piso de tierra, que llora desconsoladamente. La recuerdas, es la mamá de ese delincuente, la viste en el juicio. Las dos sufren con intensidad dos tipos de dolores muy diferentes. Pero ambos producidos por un hijo.
Cuando el asesino pasa a tu lado, ves que lleva los ojos vendados y las manos atadas. Sus gritos y llanto te dan escalofríos. Le escuchas orar encomendando su alma. Cuando es subido a una silla y le colocan la soga alrededor de su cuello, algo ocurre. De pronto, algo dentro de ti te estremece, empiezas a sudar y a temblar sin parar. Y con una seguridad profunda, entiendes que la ejecución de este hombre en la horca no te devolverá a tu hijo. Nada quitará tu dolor y habrá otra madre sufriendo igual que tú.
Sin pensarlo, corres a la horca. La multitud enmudece. Todos te miran. Pides que te acerquen una silla para poder estar frente a frente al asesino de tu hijo. Nadie entiende lo que pasa. Te llevan la silla y te paras en ella. Ahora sí, lo tienes cara a cara, aunque él está vendado y no puede verte y está confundido. No entiende quién está junto a él. De pronto sólo le das una bofetada y gritas la palabra más poderosa que éste asesino va a escuchar en su vida: "PERDONADO".
La gente no entiende, las autoridades no entienden, tu abogado no entiende, el asesino no entiende. Te preguntan si estás segura de lo que dijiste. Tú respondes que sí. Y como para no dejar lugar a dudas, tú y tu esposo quitan con sus propias manos la soga del cuello de ese hombre.
Empiezas a llorar con una profunda convicción que lo que hiciste era lo correcto. Te diriges a la multitud y les dices que lo has perdonado por matar a tu hijo. La mamá del asesino corre a abrazarte y agradecerte por lo que acabas de hacer. Sólo el corazón de una mamá que sufre puede conectarse con el corazón de otra en similares condiciones.
Sin darte cuenta, gracias a los medios de comunicación y las redes sociales, tu historia es conocida en todo el mundo en cuestión de horas. Tu nombre ahora es reconocido: Maryan Hosseinzadeh, la mujer iraní que le perdonó la vida a Balal, el asesino de su amado hijo Abdollah, en la provincia de Mazdanaran, en la ciudad de Noor.
Y quizá Maryan nunca te des cuenta que me has dado la mayor lección que pude haber recibido en esta Semana Santa. Me recordaste lo que Dios tuvo que pasar como Papá precisamente en una semana como ésta. Me hiciste valorar como tenía ratos de no hacerlo, el perdón que recibí de mi Dios, aún cuando todos sabían que yo era culpable y lo único que merecía era morir. Me demostraste que la sangre que Jesús derramó por mí es invaluable y nunca podré hacer nada para ganarla, tal y como la sangre de tu hijo no podía ser compensada con la justicia terrenal. Y finalmente me retaste. Si, porque has dado testimonio al mundo que el perdón si existe, que se requiere ser verdaderamente valiente para renunciar a tu derecho de vengarte y que de verdad el dolor de la pérdida de tu hijo transformó tu corazón lo suficiente como para que su muerte haya valido la pena.
Gracias Maryan por recordarme el sentido de ésta Semana Santa.
"Pero Él fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; Él sufrió en nuestro lugar, y gracias a sus heridas recibimos la paz y fuimos sanados" Isaías 53:5 TLA
"Sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo." Efesios 4:32 TLA
"Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla" Juan 3:16-17 TLA
Fuente: http://cnnespanol.cnn.com/2014/04/18/una-madre-irani-perdona-al-asesino-de-su-hijo-y-lo-salva-de-morir-en-la-horca/
viernes, 11 de abril de 2014
Devolviendo Un Brazo Zafado A Su Lugar
Hace unos días presencié algo nunca antes visto. Me avisaron que algo le había pasado a uno de mis compañeros de trabajo. Corrí a su oficina y lo encontré agarrándose su brazo izquierdo y su pecho. Su esposa quien también trabaja ahí, estaba con él, evidentemente muy preocupada. Pregunté que ocurría y me dijeron que se le había zafado el brazo.
Yo estaba asustada, sin saber qué hacer. Lo que más me impactó fue ver la expresión de evidente dolor que mi compañero tenía, pues él suele ser una persona bastante tranquila que transmite mucha paz. Pero verlo sudar a chorros y retorcer su cara, fue suficiente para dejarme inmóvil.
De inmediato me dijeron que necesitaban una toalla grande. Yo ni idea tenía para qué, pero salí corriendo a buscar una. Ya luego, pensándolo mejor, realicé que no tenemos toallas así en el trabajo! Pero bueno...yo corrí para ver si ayudaba. Finalmente la esposa de él consiguió un mantel.
Regresamos a la oficina y él comenzó a dar instrucciones: necesitaba que le pusiéramos el mantel doblado bajo su brazo, que una persona le halara el brazo hacia arriba usando el mantel y que otra le empujara el brazo fuertemente de la forma y en el momento que él dijera. Tristemente, yo no pude hacer nada, me quedé inmóvil. No sé qué me pasó. Sólo me quedé ahí parada sin decir nada ni hacer movimiento alguno. Él necesitaba ayuda y yo no me atreví a tocarlo.
Gracias a Dios llegó la maestra de Educación Física y ella de una forma tan serena escuchó lo que él decía. Mientras él daba instrucciones a cada una de la forma, la intensidad y el momento de halar/empujar su brazo, yo estaba parada sin moverme. Lo único que pude hacer fue orar. Cuando menos sentí, me descubrí pidiendo en voz alta de todas las formas posibles, que Dios hiciera algo!
Después de unos minutos de presenciar semejante sufrimiento, escuché un tronido que nunca voy a olvidar. Fue algo como "trac, trac, trac". Inmediatamente mi compañero extendió su brazo y lo empezó a mover. Todos dimos un gran suspiro. Pero creo que el mío fue el más profundo y prolongado. Y eso que no hice nada!!
Luego, él empezó a contarme que sufrió una lesión hace varios años y le hicieron una cirugía. Pero que a pesar de eso, su brazo se le ha zafado muchas veces. Con el tiempo, él aprendió a "trabarlo" de nuevo y cada vez que le pasa él lo resuelve; pero necesita ayuda de un par de personas para lograrlo. Días después, platiqué con su esposa y me dijo que aunque él no quiera aceptarlo, necesita una nueva cirugía para corregir su problema, pues no puede vivir siempre así simplemente porque él ya aprendió a manejarlo.
Me impactaron las palabras que ella usó, porque de cierto modo todos tenemos áreas de nuestra vida en la que nos creemos los buenos y pensamos que tenemos control. Pero amigos, eso es una ilusión.
Así como mi compañero, puede ser que tengas situaciones en tu vida que ya aprendiste a "manejar" y que no han tenido mayores consecuencias. Pero eso no significa, que las consecuencias no vayan a llegar o que alguna vez se te van a salir de control.
No sé cuál sea esa área que has estado manejando por tu cuenta: una adicción, una relación sexual extra-marital, coqueteo con alguien que no es tu esposo/a, un resentimiento de años, un abuso que decidiste enterrar sin contarlo, una relación co-dependiente, por mencionar algunos ejemplos. El hecho es que llegará un momento en que ya no podrás manejarlo, se te va a salir de las manos. Y no porque yo lo diga; sino porque sé que Dios te ama, y te ama de una manera tan entrañable que no soporta verte manejar esas situaciones sin Él. No tolera que creas que siempre podrás por tus medios resolver y seguir viviendo con aquello que causa tanto dolor y que tarde o temprano no vas a poder restaurar sin Su intervención.
Mi mejor consejo para mi compañero es que deje de posponer las cosas y se deje operar para que ya no sufra con ese brazo. Mi consejo para ti es casi el mismo: Deja de creer que tienes el control y que sabes manejar esa situación, deja que intervenga El que todo lo puede. Ahórrate el dolor.
"No crean ustedes que pueden engañar a Dios. Cada uno cosechará lo que haya sembrado. Si seguimos nuestros malos deseos, moriremos para siempre; pero si obedecemos al Espíritu, tendremos vida eterna" Gálatas 6:7-8 TLA
"Porque todo lo que esté escondido se descubrirá, y todo lo que se mantenga en secreto llegará a conocerse" Lucas 6:17 TLA
Yo estaba asustada, sin saber qué hacer. Lo que más me impactó fue ver la expresión de evidente dolor que mi compañero tenía, pues él suele ser una persona bastante tranquila que transmite mucha paz. Pero verlo sudar a chorros y retorcer su cara, fue suficiente para dejarme inmóvil.
De inmediato me dijeron que necesitaban una toalla grande. Yo ni idea tenía para qué, pero salí corriendo a buscar una. Ya luego, pensándolo mejor, realicé que no tenemos toallas así en el trabajo! Pero bueno...yo corrí para ver si ayudaba. Finalmente la esposa de él consiguió un mantel.
Regresamos a la oficina y él comenzó a dar instrucciones: necesitaba que le pusiéramos el mantel doblado bajo su brazo, que una persona le halara el brazo hacia arriba usando el mantel y que otra le empujara el brazo fuertemente de la forma y en el momento que él dijera. Tristemente, yo no pude hacer nada, me quedé inmóvil. No sé qué me pasó. Sólo me quedé ahí parada sin decir nada ni hacer movimiento alguno. Él necesitaba ayuda y yo no me atreví a tocarlo.
Gracias a Dios llegó la maestra de Educación Física y ella de una forma tan serena escuchó lo que él decía. Mientras él daba instrucciones a cada una de la forma, la intensidad y el momento de halar/empujar su brazo, yo estaba parada sin moverme. Lo único que pude hacer fue orar. Cuando menos sentí, me descubrí pidiendo en voz alta de todas las formas posibles, que Dios hiciera algo!
Después de unos minutos de presenciar semejante sufrimiento, escuché un tronido que nunca voy a olvidar. Fue algo como "trac, trac, trac". Inmediatamente mi compañero extendió su brazo y lo empezó a mover. Todos dimos un gran suspiro. Pero creo que el mío fue el más profundo y prolongado. Y eso que no hice nada!!
Luego, él empezó a contarme que sufrió una lesión hace varios años y le hicieron una cirugía. Pero que a pesar de eso, su brazo se le ha zafado muchas veces. Con el tiempo, él aprendió a "trabarlo" de nuevo y cada vez que le pasa él lo resuelve; pero necesita ayuda de un par de personas para lograrlo. Días después, platiqué con su esposa y me dijo que aunque él no quiera aceptarlo, necesita una nueva cirugía para corregir su problema, pues no puede vivir siempre así simplemente porque él ya aprendió a manejarlo.
Me impactaron las palabras que ella usó, porque de cierto modo todos tenemos áreas de nuestra vida en la que nos creemos los buenos y pensamos que tenemos control. Pero amigos, eso es una ilusión.
Así como mi compañero, puede ser que tengas situaciones en tu vida que ya aprendiste a "manejar" y que no han tenido mayores consecuencias. Pero eso no significa, que las consecuencias no vayan a llegar o que alguna vez se te van a salir de control.
No sé cuál sea esa área que has estado manejando por tu cuenta: una adicción, una relación sexual extra-marital, coqueteo con alguien que no es tu esposo/a, un resentimiento de años, un abuso que decidiste enterrar sin contarlo, una relación co-dependiente, por mencionar algunos ejemplos. El hecho es que llegará un momento en que ya no podrás manejarlo, se te va a salir de las manos. Y no porque yo lo diga; sino porque sé que Dios te ama, y te ama de una manera tan entrañable que no soporta verte manejar esas situaciones sin Él. No tolera que creas que siempre podrás por tus medios resolver y seguir viviendo con aquello que causa tanto dolor y que tarde o temprano no vas a poder restaurar sin Su intervención.
Mi mejor consejo para mi compañero es que deje de posponer las cosas y se deje operar para que ya no sufra con ese brazo. Mi consejo para ti es casi el mismo: Deja de creer que tienes el control y que sabes manejar esa situación, deja que intervenga El que todo lo puede. Ahórrate el dolor.
"No crean ustedes que pueden engañar a Dios. Cada uno cosechará lo que haya sembrado. Si seguimos nuestros malos deseos, moriremos para siempre; pero si obedecemos al Espíritu, tendremos vida eterna" Gálatas 6:7-8 TLA
"Porque todo lo que esté escondido se descubrirá, y todo lo que se mantenga en secreto llegará a conocerse" Lucas 6:17 TLA
viernes, 4 de abril de 2014
La Honestidad Sale Cara
Después de muchos años, decidí volver a clases de Inglés para perfeccionarlo un poco. Hace un par de semanas nos tocaba hacer el examen final antes de graduarnos del último nivel. Llegamos puntualmente, ya que sabíamos que es un examen largo y queríamos tener todos los minutos posibles.
La primera parte del examen era el "Listening". En lo personal, es la parte que más me cuesta, así que me concentré de tal manera que sólo estaba pendiente de marcar la respuesta correcta, ya que la prueba era de opción múltiple y teníamos una hoja en la cual marcábamos nuestras respuestas.
A medida fui leyendo la segunda parte del examen descubrí lo impensable: mi examen tenía todas las respuestas correctas marcadas!!! Yo estaba confundida, primero pensé que Dios me ama tanto que hizo que me dieran las respuestas para que me graduara hasta con honores. Luego, comencé a ver a un par de compañeros y supe que todos teníamos la misma prueba (debo confesar que me dio tristeza no ser la única bendecida!).
Yo de verdad no sabía si confiarme, pensé que quizá era una trampa para ver si caíamos. Por eso decidí hacer todo el examen sólo para corroborar las respuestas. A medida avanzaba, el estrés iba desapareciendo y comprobaba que efectivamente las respuestas estaban resaltadas en negrita. Yo adrede "me equivoqué" en algunas, calculando que iba a sacar un 90.
Pero ya casi terminando, comenzó esa vocecita que estoy segura ustedes ya han escuchado: ¿No vas a decir nada? ¿Vas a aceptar esa nota que sabés que no es tuya? ¿Y no le dejás a tus estudiantes hacer trampa? ¿Vale la pena quedarse callada? ¿Esto es honestidad? En fin, entregué mi examen con una decisión tomada: independientemente de lo que mis amigos hicieran, yo enviaría un correo a la coordinadora para reportarle lo qué pasó.
Cuando salí del aula, cabizbaja y meditabunda, mi sorpresa fue que me encontré a algunos de mis compañeros que estaban discutiendo el asunto. Nos juntamos 4 de los 6 estudiantes. Yo les dí mi punto de vista y les dije que era auto-engañarnos y que era mejor que habláramos todos. Así que, casi en contra de mi voluntad, caminamos a la oficina de la coordinadora esa misma noche y le contamos lo ocurrido.
Ella no podía creerlo. Revisó las pruebas y comprobó lo que le dijimos. Alguien cometió ese error al sacar copias. Hubiésemos sido la generación con los más altos puntajes en la historia. Pero puntajes que no ganamos. Ella agradeció nuestra honestidad y nos felicitó y dijo que luego nos informarían qué medida se iba a tomar para evaluarnos.
Dos días después nos informaron que como premio a nuestra honestidad (estoy siendo sarcástica), realizaríamos el examen TOEIC (Test of English for International Communication), el cual tiene ciertos rangos de puntuación para medir tu manejo del idioma. Nosotros debíamos sumar un score de los rangos superiores.
Yo no podía creerlo, ser honestos no nos benefició, al contrario, nos perjudicó, porque nos avisaron 48 horas antes que haríamos un examen por el que la gente usualmente paga tres meses antes de tomarlo. Eso era injusto!! Y lo peor es que si no llegábamos al score necesario, no nos graduaríamos.
No tengo que decirles el estrés que viví en esas 48 horas, hice varias prácticas en linea tratando de prepararme aunque sea un poco, pero sentía que era insuficiente.
El día llegó y yo traté de hacer mi mejor esfuerzo. Yo pensé que si no llegaba al score requerido iba a reclamar porque me parecía injusto no haber sido preparada antes de esa prueba. Pero, una semana después nos dieron el resultado. Lo aprobé!!!...Fiuuuff!! Qué descanso!!
Sé que en la vida nos pasan cosas que prueban nuestra honestidad. Y quizá no son cosas tan grandes como un examen que definirá si serás promovido o no. Pero pueden ser cosas "pequeñas": una mentira blanca, un vuelto que no dimos, contar algo exagerando los detalles, inventar excusas por llegar tarde, comprometerte a algo sabiendo que no lo vas a hacer, contar tu versión a tu conveniencia, ser parcial para juzgar a alguien, pensar mal de la gente aunque no lo digamos.
Y por otro lado, conozco de muchos casos en los que la honestidad estuvo ausente y se pagó un alto precio por ello. Conozco de matrimonios que se acabaron o dañaron porque uno de los cónyuges no fue 100% honesto. Conozco de personas que perdieron su empleo por ser deshonestos. Conozco de cristianos que perdieron un gran ministerio por sus mentiras. Conozco de relaciones que se deterioraron porque la confianza fue traicionada. Conozco de personas que hoy se lamentan por haber escogido una doble vida antes de elegir la honestidad.
Sé que ser honesto muchas veces sale caro. En mi caso, cuando me dieron mi nota y mi diploma supe que había valido la pena.
Si has estado luchando con decir toda la verdad, no lo pienses más. Siempre será la mejor elección. ¿Con quién necesitas ser transparente hoy? ¿Tu pareja, tus padres, tu jefe, tus hijos, tus amigos? ¿Y qué hay de Dios?
El precio de la honestidad es alto; pero como una joya finísima, vale lo que cuesta.
"Tú quieres que yo sea sincero; por eso me diste sabiduría" Salmos 51:6 (TLA)
"Procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres" 2 Corintios 8:21 (RVR1960)
La primera parte del examen era el "Listening". En lo personal, es la parte que más me cuesta, así que me concentré de tal manera que sólo estaba pendiente de marcar la respuesta correcta, ya que la prueba era de opción múltiple y teníamos una hoja en la cual marcábamos nuestras respuestas.
A medida fui leyendo la segunda parte del examen descubrí lo impensable: mi examen tenía todas las respuestas correctas marcadas!!! Yo estaba confundida, primero pensé que Dios me ama tanto que hizo que me dieran las respuestas para que me graduara hasta con honores. Luego, comencé a ver a un par de compañeros y supe que todos teníamos la misma prueba (debo confesar que me dio tristeza no ser la única bendecida!).
Yo de verdad no sabía si confiarme, pensé que quizá era una trampa para ver si caíamos. Por eso decidí hacer todo el examen sólo para corroborar las respuestas. A medida avanzaba, el estrés iba desapareciendo y comprobaba que efectivamente las respuestas estaban resaltadas en negrita. Yo adrede "me equivoqué" en algunas, calculando que iba a sacar un 90.
Pero ya casi terminando, comenzó esa vocecita que estoy segura ustedes ya han escuchado: ¿No vas a decir nada? ¿Vas a aceptar esa nota que sabés que no es tuya? ¿Y no le dejás a tus estudiantes hacer trampa? ¿Vale la pena quedarse callada? ¿Esto es honestidad? En fin, entregué mi examen con una decisión tomada: independientemente de lo que mis amigos hicieran, yo enviaría un correo a la coordinadora para reportarle lo qué pasó.
Cuando salí del aula, cabizbaja y meditabunda, mi sorpresa fue que me encontré a algunos de mis compañeros que estaban discutiendo el asunto. Nos juntamos 4 de los 6 estudiantes. Yo les dí mi punto de vista y les dije que era auto-engañarnos y que era mejor que habláramos todos. Así que, casi en contra de mi voluntad, caminamos a la oficina de la coordinadora esa misma noche y le contamos lo ocurrido.
Ella no podía creerlo. Revisó las pruebas y comprobó lo que le dijimos. Alguien cometió ese error al sacar copias. Hubiésemos sido la generación con los más altos puntajes en la historia. Pero puntajes que no ganamos. Ella agradeció nuestra honestidad y nos felicitó y dijo que luego nos informarían qué medida se iba a tomar para evaluarnos.
Dos días después nos informaron que como premio a nuestra honestidad (estoy siendo sarcástica), realizaríamos el examen TOEIC (Test of English for International Communication), el cual tiene ciertos rangos de puntuación para medir tu manejo del idioma. Nosotros debíamos sumar un score de los rangos superiores.
Yo no podía creerlo, ser honestos no nos benefició, al contrario, nos perjudicó, porque nos avisaron 48 horas antes que haríamos un examen por el que la gente usualmente paga tres meses antes de tomarlo. Eso era injusto!! Y lo peor es que si no llegábamos al score necesario, no nos graduaríamos.
No tengo que decirles el estrés que viví en esas 48 horas, hice varias prácticas en linea tratando de prepararme aunque sea un poco, pero sentía que era insuficiente.
El día llegó y yo traté de hacer mi mejor esfuerzo. Yo pensé que si no llegaba al score requerido iba a reclamar porque me parecía injusto no haber sido preparada antes de esa prueba. Pero, una semana después nos dieron el resultado. Lo aprobé!!!...Fiuuuff!! Qué descanso!!
Sé que en la vida nos pasan cosas que prueban nuestra honestidad. Y quizá no son cosas tan grandes como un examen que definirá si serás promovido o no. Pero pueden ser cosas "pequeñas": una mentira blanca, un vuelto que no dimos, contar algo exagerando los detalles, inventar excusas por llegar tarde, comprometerte a algo sabiendo que no lo vas a hacer, contar tu versión a tu conveniencia, ser parcial para juzgar a alguien, pensar mal de la gente aunque no lo digamos.
Y por otro lado, conozco de muchos casos en los que la honestidad estuvo ausente y se pagó un alto precio por ello. Conozco de matrimonios que se acabaron o dañaron porque uno de los cónyuges no fue 100% honesto. Conozco de personas que perdieron su empleo por ser deshonestos. Conozco de cristianos que perdieron un gran ministerio por sus mentiras. Conozco de relaciones que se deterioraron porque la confianza fue traicionada. Conozco de personas que hoy se lamentan por haber escogido una doble vida antes de elegir la honestidad.
Sé que ser honesto muchas veces sale caro. En mi caso, cuando me dieron mi nota y mi diploma supe que había valido la pena.
Si has estado luchando con decir toda la verdad, no lo pienses más. Siempre será la mejor elección. ¿Con quién necesitas ser transparente hoy? ¿Tu pareja, tus padres, tu jefe, tus hijos, tus amigos? ¿Y qué hay de Dios?
El precio de la honestidad es alto; pero como una joya finísima, vale lo que cuesta.
"Tú quieres que yo sea sincero; por eso me diste sabiduría" Salmos 51:6 (TLA)
"Procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres" 2 Corintios 8:21 (RVR1960)
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