(Mi computadora se arruinó, por eso dejé de escribir. Pero me prestaron una y aquí estoy)
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Los días en La Palma fueron pasando casi todos iguales. Pero algo empezó a preocuparnos: nuestro estado de salud.
Lamentablemente las pruebas fueron aplicándose solo a pequeños grupos. Al preguntar a los médicos los criterios para seleccionar a estas personas, las respuestas eran escuetas y a veces, hasta contradictorias. En resumen, fuimos del último grupo al que le aplicaron el hisopado nasal y faringeo.
Luego, vinieron los días de espera por la respuesta. De acuerdo al manejo que las autoridades venían dando a los casos positivos dentro de un albergue, no habría que esperar recibir un resultado escrito o un informe de la boca del equipo de salud. Debíamos orar porque no llegara una ambulancia a sacarnos a cualquier hora del día para llevarnos a un hospital. Y por la gracia de Dios, eso no ocurrió. Desde el inicio nuestra petición fue que nuestro albergue saliera limpio...y así fue. Dios es fiel.
Los últimos días fueron muy difíciles. Por un lado, por la incertidumbre de no conocer a ciencia cierta sobre nuestra salud y por otro, porque el día 25, un grupo de compañeros fue enviado a casa. Se nos prometió a los que nos quedábamos que saldríamos al día siguiente. Durante 4 días al hilo, preparamos maletas y el resultado fue el mismo: NADA.
Tratábamos de mantenernos con fe, de orar, de no ser negativas; pero la verdad es que tuvimos momentos de lucha. Nos enojamos, lloramos, reclamamos. La impotencia era terrible. El hecho de que las autoridades, que están para protegerte, te den cero información y además usen la coacción y amenazas sutiles para callarte, no le hace ningún bien a la salud mental y emocional de alguien.
Pasaron un par de días más en la misma situación, pero nosotras decidimos ya no hacer maletas, decidimos dejar de esperar. Yo estaba enojada, lo confieso. Había puesto varias cosas en redes sociales para que alguien nos ayudara. Interpusimos un hábeas corpus en la Sala de lo Constitucional de nuestro país en forma conjunta. A mi mamá siempre le hablaba lo más normal que podía, sin embargo, por dentro luchaba mucho.
Luego, la penúltima noche que pasamos allí, volví a ver un rótulo desgastado que yo misma había hecho y puesto en nuestra puerta de forma personalizada: "Dios es nuestro amparo y fortaleza. Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Estad quietas y conoced que Yo soy Dios. Jehová de los ejércitos está con nosotras, nuestro refugio es el Dios de Jacob." Salmos 46:1, 10a, 11.
Esa noche, con las emociones revueltas leí eso y fue como una señal de ALTO de parte del Señor. Parecía estarme diciendo que dejara de pelear, de enojarme, de exigir respuestas; que simplemente me quedara quieta.
A la mañana siguiente, mi mamá me llama y me dice lo mismo. Me pidió que dejáramos de contar lo que estaba pasando y que ya no hiciéramos un movimiento más. Al rato, mi hermana me dice que había despertado con el mismo sentir. Todo eso fue una confirmación de que Dios me sigue teniendo misericordia y como sabe que suelo tardarme en entender, me lo recordaba de nuevo.
Eso fue todo. No contestamos llamadas ni mensajes de nadie más que nuestra familia y nuestro grupo de la iglesia que oraban a diario con y por nosotras. Dejamos de responder y de publicar cosas. Solo nos quedamos quietas. Recuerdo que hasta me sentía de buen humor, estaba confiando.
Esa noche mi hermana recibió un aviso de un funcionario amigo de una amiga suya: SALEN MAÑANA. Yo, la escéptica, me fui a dormir con un quién sabe en la cabeza.
Desperté temprano con mi alma inquieta, ya no pude dormir. Empecé a leer un poco la Biblia deseando encontrar una respuesta y tengo en mi diario dos versículos:
"Invócame en el día de la angustia; te libraré y tú me honrarás" Salmos 50:15
" ¿Por qué te abates oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle. salvación mía y Dios mío" Salmos 42:13
Y luego sentí una convicción de que sí saldríamos. A las 8:00 a.m. el médico que mejor se portó con nosotras me envió un mensaje: ¡Feliz viaje! Salté de mi cama y desperté a mi hermana. No puedo explicar la alegría que sentimos.
Después de 37 días, 5 de viaje y 32 de cuarentena, y un proceso que tomó horas para salir del albergue, finalmente, por la tarde llegamos cada una a su casa.
Las emociones de ese día eran muchas y sé que solo quienes lo han vivido me entienden. Pero esa noche, cuando no podía dormir por sentirme desbordada, agradecí al Señor por haberme puesto en quietud. A veces es todo lo que se necesita; dejar de exigir tus derechos, dejar de pelear, dejar de meter tus manos y confiar en ese Papá Soberano que tiene control absoluto, que te defiende y que obra mientras tú te callas y dejas de moverte en tus fuerzas.
Ese es mi Papá. Fue fiel en todo este proceso y me sigue mostrando su Gracia, aún cuando no entienda por completo todos Sus planes.
(Continuará...)
martes, 28 de abril de 2020
jueves, 26 de marzo de 2020
Cuarentena Parte 1: Perder el Control
Cumplimos el primer tercio de nuestra cuarentena.
Es increíble como en tan pocos días Dios puede enseñarte tanto. Recuerdo que estando en la universidad una tan sola vez hice interciclo. Para los que no saben, es un tiempo de aproximadamente 5 semanas en las que cursas una materia, que normalmente te tomaría verla en todo un ciclo de estudios. Es algo intensivo.
De esa manera me siento ahora. Un tiempo intensivo que Dios quiso apartar para tratar conmigo un montón de cosas.
Desde que nos bajamos del avión todo era muy incierto. El personal de migración te espera en la puerta del avión y te retiene el pasaporte y luego te forman en fila y te hacen caminar sin saber adónde vas. Me sentía como una presa recién llegada al reclusorio, que no tiene derecho a preguntar nada y solo debe seguir todo lo que le dicen si no quiere recibir una respuesta grosera o peor aún, ser ignorada.
Todo lo que queríamos era un poco de información: ¿cuál es el proceso? ¿cuánto demora? ¿y mi equipaje? ¿adónde nos van a llevar? ¿me van a separar de mi hermana? ¿nuestra familia podrá llevarnos provisiones?
Desde que pusimos un pie fuera del avión dejamos de tener control. A partir de ahí, no puedes decidir nada. NADA.
Ellos deciden a qué lugar te vas y por ende las condiciones en las que vivirás los siguientes 30 días, también la comida que vas a comer (un tema muy importante para mí).
No fue hasta que nos subieron a un autobús que supimos hacia donde nos dirigíamos: Chalatenango. Pero al llegar al albergue señalado no nos quisieron recibir. No saben qué feo se siente estar con todas tus maletas y decenas de desconocidos en un lugar extraño y a punto de oscurecer. Esos momentos de zozobra son los peores.
Más preguntas: ¿vamos a regresar al aeropuerto? ¿vamos a dormir en el bus? ¿quién nos va a dar cena?
Gracias a Dios nos trajeron a un lugar cercano al primer albergue; un hotel rústico muy bonito que nos ha hecho nuestra estadía menos traumática.
Y aunque nuestra familia nos envió muchas cosas que necesitábamos, estar acá sin poder salir ni 5 minutos para recibir el sol o estirar las piernas, es algo que me llena de impotencia.
Desde que estaba en la conferencia de mujeres en Monterrey, Dios me estaba preparando para soltar, para confiar, para renunciar al control. Sin embargo, jamás imaginé que el examen vendría tan rápido.
Aquí no tienes el control de nada. Ni de los vecinos bulliciosos, ni de la hora en que te traen comida o del menú a recibir, ni de los médicos que van a atenderte, ni de la libertad de movilización. Simplemente debes aceptar tu situación, rendirte y confiar.
No sé porqué, pero Dios quiso ponerme en una situación así. Él sabe que lo necesitaba.
Cada mañana dedico un buen tiempo para orar, leer y meditar en la Palabra. Es tan lindo no tener prisa y no hacerlo solo por cumplir. En ese tiempo Dios parece decirme a cada rato: "es necesario, confía, sigo en control, hay un propósito, ya verás."
Aunque anhelo que estos 20 días restantes pasen volando, también anhelo que Dios me siga hablando y mostrando más de Su carácter mientras me encuentro acá. Por ahora nos toca vivir un día a la vez.
"Torre fuerte es el nombre de Jehová; a Él correrá el justo y será levantado" Prov. 18:10
"Pero olvida todo eso; no es nada comparado con lo que voy a hacer. Pues estoy a punto de hacer algo nuevo. ¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves? Haré un camino a través del desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía. Sí, haré ríos en la tierra árida y baldía, para que mi pueblo escogido pueda refrescarse" Isaías 43: 18-20
Es increíble como en tan pocos días Dios puede enseñarte tanto. Recuerdo que estando en la universidad una tan sola vez hice interciclo. Para los que no saben, es un tiempo de aproximadamente 5 semanas en las que cursas una materia, que normalmente te tomaría verla en todo un ciclo de estudios. Es algo intensivo.
De esa manera me siento ahora. Un tiempo intensivo que Dios quiso apartar para tratar conmigo un montón de cosas.
Desde que nos bajamos del avión todo era muy incierto. El personal de migración te espera en la puerta del avión y te retiene el pasaporte y luego te forman en fila y te hacen caminar sin saber adónde vas. Me sentía como una presa recién llegada al reclusorio, que no tiene derecho a preguntar nada y solo debe seguir todo lo que le dicen si no quiere recibir una respuesta grosera o peor aún, ser ignorada.
Todo lo que queríamos era un poco de información: ¿cuál es el proceso? ¿cuánto demora? ¿y mi equipaje? ¿adónde nos van a llevar? ¿me van a separar de mi hermana? ¿nuestra familia podrá llevarnos provisiones? Desde que pusimos un pie fuera del avión dejamos de tener control. A partir de ahí, no puedes decidir nada. NADA.
Ellos deciden a qué lugar te vas y por ende las condiciones en las que vivirás los siguientes 30 días, también la comida que vas a comer (un tema muy importante para mí).
No fue hasta que nos subieron a un autobús que supimos hacia donde nos dirigíamos: Chalatenango. Pero al llegar al albergue señalado no nos quisieron recibir. No saben qué feo se siente estar con todas tus maletas y decenas de desconocidos en un lugar extraño y a punto de oscurecer. Esos momentos de zozobra son los peores.
Más preguntas: ¿vamos a regresar al aeropuerto? ¿vamos a dormir en el bus? ¿quién nos va a dar cena?
Gracias a Dios nos trajeron a un lugar cercano al primer albergue; un hotel rústico muy bonito que nos ha hecho nuestra estadía menos traumática.
Y aunque nuestra familia nos envió muchas cosas que necesitábamos, estar acá sin poder salir ni 5 minutos para recibir el sol o estirar las piernas, es algo que me llena de impotencia.
Desde que estaba en la conferencia de mujeres en Monterrey, Dios me estaba preparando para soltar, para confiar, para renunciar al control. Sin embargo, jamás imaginé que el examen vendría tan rápido.
Aquí no tienes el control de nada. Ni de los vecinos bulliciosos, ni de la hora en que te traen comida o del menú a recibir, ni de los médicos que van a atenderte, ni de la libertad de movilización. Simplemente debes aceptar tu situación, rendirte y confiar.
No sé porqué, pero Dios quiso ponerme en una situación así. Él sabe que lo necesitaba.
Cada mañana dedico un buen tiempo para orar, leer y meditar en la Palabra. Es tan lindo no tener prisa y no hacerlo solo por cumplir. En ese tiempo Dios parece decirme a cada rato: "es necesario, confía, sigo en control, hay un propósito, ya verás."
Aunque anhelo que estos 20 días restantes pasen volando, también anhelo que Dios me siga hablando y mostrando más de Su carácter mientras me encuentro acá. Por ahora nos toca vivir un día a la vez.
"Torre fuerte es el nombre de Jehová; a Él correrá el justo y será levantado" Prov. 18:10
"Pero olvida todo eso; no es nada comparado con lo que voy a hacer. Pues estoy a punto de hacer algo nuevo. ¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves? Haré un camino a través del desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía. Sí, haré ríos en la tierra árida y baldía, para que mi pueblo escogido pueda refrescarse" Isaías 43: 18-20
jueves, 19 de marzo de 2020
El Antes de la Cuarentena
Cuando salí de mi casa hacia el aeropuerto, jamás imaginé que esto iba a ocurrir y menos que pasaría tan rápido.
Desde julio del año pasado, con un grupo de amigas de la iglesia, empezamos a orar para que Dios nos permitiera asistir a la conferencia de mujeres del ministerio "Aviva Nuestros Corazones" que se realizaría el 13 y 14 de marzo en Monterrey, Nuevo León, México. Empezamos a cotizar hospedaje, vuelos y cosas así.
Al final, fuimos solamente mi hermana y yo; y se nos unió una amiga que vive en ciudad de México.
Debo decirles que no disfrutamos esos días. Nos sobrecogió la angustia por todo lo que estaba pasando en nuestro país. Pensamos en tomar un vuelo y volver de inmediato, o irnos a Guatemala a la casa de mi hermano o quedarnos en casa de nuestra amiga allá hasta que todo pasara y otras "soluciones" más. Pero en más de una ocasión el Señor nos hacía sentir que había sido Su voluntad llevarnos hasta allá y que debíamos asistir a ese evento.
Tomé el avión hacia Monterrey e iba orando en todo el camino. ¿Señor, valdrá la pena? ¿Por qué nos traes en medio de este torbellino? ¿Vamos a poder volver? ¿Qué va a pasar aquí que no iba a pasar en mi país?
Lo único que Dios me decía por diferentes medios era que ese fue Su plan, que nada de eso era sorpresa para Él y que Él había decidido llevarnos con un propósito. Simple.
Puedo decirles que desde el minuto uno en ese lugar, Dios se encargó de confirmarme que Él quería que estuviera allí; lo cual me conmueve, porque Él decidió llevarme a recibir lo que tenía para mí.
Ese tiempo fue suficiente para ser confrontada, desafiada, exhortada, consolada, animada. Pero sobre todo, el Señor me llamó a salir de mi comodidad y cuestionó mi pasividad e independencia de Él.
El lema de la conferencia era "Arraigadas". Y mientras escuchaba a cada mujer y hombre de Dios que subían a la plataforma, la voz del Espíritu Santo me decía: "es necesario, tenés que echar raíces más sólidas, tenés que avanzar"....y yo lloraba y lloraba.

¿No podrías probarme de otra forma Señor? ¿Por qué una cuarentena? ¿Por qué sacarme de mi país? ¿No podrías darme la lección sin estar encerrada?
Hoy por hoy sigo teniendo muchas preguntas, sigo sin entender el "para qué" tras esta situación. Yo estuve sentada dos días enteros escuchando y sabedora de lo que iba a enfrentar. No había vuelta atrás; Dios me llevó hasta allá porque quería darme un enfoque antes de regresar...y sólo Él sabe porqué.
Luego, me rendí. Dejé de cuestionar, acepté que Él es el Soberano y como nos enseñaron allá, mi única respuesta debía ser "SÍ, SEÑOR".
Continuará...
Desde julio del año pasado, con un grupo de amigas de la iglesia, empezamos a orar para que Dios nos permitiera asistir a la conferencia de mujeres del ministerio "Aviva Nuestros Corazones" que se realizaría el 13 y 14 de marzo en Monterrey, Nuevo León, México. Empezamos a cotizar hospedaje, vuelos y cosas así.
Al final, fuimos solamente mi hermana y yo; y se nos unió una amiga que vive en ciudad de México.
Debo decirles que no disfrutamos esos días. Nos sobrecogió la angustia por todo lo que estaba pasando en nuestro país. Pensamos en tomar un vuelo y volver de inmediato, o irnos a Guatemala a la casa de mi hermano o quedarnos en casa de nuestra amiga allá hasta que todo pasara y otras "soluciones" más. Pero en más de una ocasión el Señor nos hacía sentir que había sido Su voluntad llevarnos hasta allá y que debíamos asistir a ese evento.
Tomé el avión hacia Monterrey e iba orando en todo el camino. ¿Señor, valdrá la pena? ¿Por qué nos traes en medio de este torbellino? ¿Vamos a poder volver? ¿Qué va a pasar aquí que no iba a pasar en mi país?
Lo único que Dios me decía por diferentes medios era que ese fue Su plan, que nada de eso era sorpresa para Él y que Él había decidido llevarnos con un propósito. Simple.
Puedo decirles que desde el minuto uno en ese lugar, Dios se encargó de confirmarme que Él quería que estuviera allí; lo cual me conmueve, porque Él decidió llevarme a recibir lo que tenía para mí.
Ese tiempo fue suficiente para ser confrontada, desafiada, exhortada, consolada, animada. Pero sobre todo, el Señor me llamó a salir de mi comodidad y cuestionó mi pasividad e independencia de Él.
El lema de la conferencia era "Arraigadas". Y mientras escuchaba a cada mujer y hombre de Dios que subían a la plataforma, la voz del Espíritu Santo me decía: "es necesario, tenés que echar raíces más sólidas, tenés que avanzar"....y yo lloraba y lloraba.

¿No podrías probarme de otra forma Señor? ¿Por qué una cuarentena? ¿Por qué sacarme de mi país? ¿No podrías darme la lección sin estar encerrada?
Hoy por hoy sigo teniendo muchas preguntas, sigo sin entender el "para qué" tras esta situación. Yo estuve sentada dos días enteros escuchando y sabedora de lo que iba a enfrentar. No había vuelta atrás; Dios me llevó hasta allá porque quería darme un enfoque antes de regresar...y sólo Él sabe porqué.
Luego, me rendí. Dejé de cuestionar, acepté que Él es el Soberano y como nos enseñaron allá, mi única respuesta debía ser "SÍ, SEÑOR".
Continuará...
domingo, 12 de enero de 2020
Las Flores Me Hablaron
Aprovechando las vacaciones de fin de año, visité a mi hermano y su familia. El lugar donde viven me encanta, pues hay suficiente espacio donde realizar actividad física y caminar es mi favorita, porque mientras lo hago suelo orar. Sin embargo, debido al clima frío de esos días, no pude salir como hubiese querido.
Pero hubo una mañana en la que mi necesidad por salir era grande. Ese día amanecí muy cargada, pensando en un montón de cosas que me llenan de ansiedad y tienen que ver con la provisión material.
A medida hacía la primera parte del recorrido, escuchaba alabanzas y hablaba con el Señor y muy honestamente le preguntaba cómo le iba a hacer para ayudarme, le confesaba mis miedos en esa área y le oraba por una de Sus movidas milagrosas. Pero, como me pasa con frecuencia, no me detuve a escucharle lo suficiente, prácticamente hice de ese tiempo un monólogo.
Mientras caminaba de regreso, unas florecitas muy lindas llamaron mi atención, al punto que saqué mi teléfono y les tomé fotos. Seguí caminando y encontré otras por aquí y otras por allá.
Soy tan torpe que no me daba cuenta, Dios estaba usando esas flores para hablarme. ¿Cómo no las noté si ya había pasado por allí? Creo que porque iba tan centrada en mí misma.
Llegué a un lugar adonde descansé y lo entendí. Parecía que las flores me hablaban:
"Míranos, nadie nos plantó. Sólo nacimos aquí.
Míranos, sabemos que te encantan las flores.
Míranos, ¿verdad que tenemos colores hermosos?
Míranos, crecemos aún en medio de las piedras y la maleza.
Míranos, dependemos del Creador, sabemos que Él cuida de nosotras.
Míranos, ¿acaso no recuerdas lo que Su Palabra dice?
Míranos, vivimos poco, pero nuestra vida está en Sus manos.
Míranos, tú vales más que nosotras.
Míranos, puedes confiar en Él."
Está de más decir que me puse a llorar allí mismo. No había nadie más en medio de ese bosquecito; sólo Dios, las flores y yo.
¿Por qué soy tan carnal? ¿Por qué mi fe no es más fuerte y duradera? Fueron algunas preguntas que yo me hice después.
Sé que Dios planeó ese encuentro con las flores como un recordatorio concreto de Sus promesas. Ese día oré para que todo este 2020, cuando la preocupación material llegue, Él me recuerde a esas florecitas y lo que me dijeron.

Si has empezado este nuevo año con alguna situación económica que se sale de tus manos, te invito a que confiemos juntos en nuestro Creador, Sustentador, Proveedor y Padre; y ¿por qué no?, sal y mira las flores.
"No vivan pensando en qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner. La vida no consiste solamente en comer, ni Dios creó el cuerpo sólo para que lo vistan...Aprendan de las flores que están en el campo. Ellas no trabajan para hacerse sus vestidos. Sin embargo, les aseguro que ni el rey Salomón se vistió tan bien como ellas, aunque tuvo muchas riquezas. Si Dios hace tan hermosas a las flores, que viven tan poco tiempo, ¿acaso no hará MÁS por ustedes? ¡Veo que todavía no han aprendido a confiar en Dios! Ya no se preocupen por lo que van a comer, o lo que van a beber, o por la ropa que se van a poner...Ustedes tienen como padre a Dios que está en el cielo, y Él sabe lo que ustedes necesitan." Mateo 6:25,28-32 TLA
Pero hubo una mañana en la que mi necesidad por salir era grande. Ese día amanecí muy cargada, pensando en un montón de cosas que me llenan de ansiedad y tienen que ver con la provisión material.
A medida hacía la primera parte del recorrido, escuchaba alabanzas y hablaba con el Señor y muy honestamente le preguntaba cómo le iba a hacer para ayudarme, le confesaba mis miedos en esa área y le oraba por una de Sus movidas milagrosas. Pero, como me pasa con frecuencia, no me detuve a escucharle lo suficiente, prácticamente hice de ese tiempo un monólogo.Mientras caminaba de regreso, unas florecitas muy lindas llamaron mi atención, al punto que saqué mi teléfono y les tomé fotos. Seguí caminando y encontré otras por aquí y otras por allá.
Soy tan torpe que no me daba cuenta, Dios estaba usando esas flores para hablarme. ¿Cómo no las noté si ya había pasado por allí? Creo que porque iba tan centrada en mí misma.Llegué a un lugar adonde descansé y lo entendí. Parecía que las flores me hablaban:
"Míranos, nadie nos plantó. Sólo nacimos aquí.
Míranos, sabemos que te encantan las flores.
Míranos, ¿verdad que tenemos colores hermosos?
Míranos, crecemos aún en medio de las piedras y la maleza.
Míranos, dependemos del Creador, sabemos que Él cuida de nosotras.
Míranos, ¿acaso no recuerdas lo que Su Palabra dice?
Míranos, vivimos poco, pero nuestra vida está en Sus manos.
Míranos, tú vales más que nosotras.
Míranos, puedes confiar en Él."
Está de más decir que me puse a llorar allí mismo. No había nadie más en medio de ese bosquecito; sólo Dios, las flores y yo.¿Por qué soy tan carnal? ¿Por qué mi fe no es más fuerte y duradera? Fueron algunas preguntas que yo me hice después.
Sé que Dios planeó ese encuentro con las flores como un recordatorio concreto de Sus promesas. Ese día oré para que todo este 2020, cuando la preocupación material llegue, Él me recuerde a esas florecitas y lo que me dijeron.

Si has empezado este nuevo año con alguna situación económica que se sale de tus manos, te invito a que confiemos juntos en nuestro Creador, Sustentador, Proveedor y Padre; y ¿por qué no?, sal y mira las flores.
"No vivan pensando en qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner. La vida no consiste solamente en comer, ni Dios creó el cuerpo sólo para que lo vistan...Aprendan de las flores que están en el campo. Ellas no trabajan para hacerse sus vestidos. Sin embargo, les aseguro que ni el rey Salomón se vistió tan bien como ellas, aunque tuvo muchas riquezas. Si Dios hace tan hermosas a las flores, que viven tan poco tiempo, ¿acaso no hará MÁS por ustedes? ¡Veo que todavía no han aprendido a confiar en Dios! Ya no se preocupen por lo que van a comer, o lo que van a beber, o por la ropa que se van a poner...Ustedes tienen como padre a Dios que está en el cielo, y Él sabe lo que ustedes necesitan." Mateo 6:25,28-32 TLA
martes, 31 de diciembre de 2019
Mi único propósito para el 2020
Por años fui de las que escribía grandes testamentos por estas fechas; incluía agradecimientos y una lista de propósitos y peticiones para los siguientes doce meses.
Pero desde hace un par de años dejé de hacerlo; en parte por estar desanimada, porque mis listas casi eran un copy-paste de la lista pasada; en parte porque dejé de tener fe.
Y esta vez, desde hace algunas semanas, lo que he sentido es la necesidad apremiante de orar más. Soy buena encontrando excusas para justificar mi descuido de ese tiempo personal con Dios, pero el Espíritu Santo me ha hecho entender que creceré tanto como sea de constante mi vida de oración.
Es paradójico que los que estamos en la fe desde hace tanto tiempo sigamos luchando con esta disciplina espiritual, pero es una realidad que debemos cambiar.
Entiendo que aún las "ganas de orar" vienen de Él, pues es quien produce "todo lo que es bueno" (Santiago 1:17) en nosotros, por lo que mi dependencia tiene que ser mayor.
También he sentido el llamado a orar más en comunidad. Muchos milagros suceden cuando hay intercesores juntos, lo he vivido en carne propia y sin embargo, aquí estoy esquivando esas reuniones donde me preguntan mis peticiones de oración o ignorando las necesidades de otros para orar por ellos. Sé que Dios quiere que ore más con hermanas cercanas con las que podamos ser transparentes y compartir nuestras cargas y luchas.
Así que desde ayer he andado pensando si debo hacer mi famosa lista tradicional y he concluído que lo único que debo perseguir es eso, orar más. Y tengo la certeza que mi carácter se pulirá en ese tiempo, que mi ansiedad por las finanzas se disipará, que tendré un mejor ánimo para cuidar de mi salud, que Dios hará algo en mí para ayudarme en esas relaciones difíciles, que tendré ideas frescas inspiradas por Él para aplicarlas en mi trabajo y negocio, que se producirá en mí un hambre mayor por Su palabra, que pondrá en mí el "querer como el hacer" (Fil. 2:13) para cambiar en tantas áreas, que empezaré a fijarme en las necesidades de otros y dejaré de ser tan egocéntrica en mis oraciones, que habrá sanidad total y restauración para mí.
No me estoy jactando, para nada, ¡ni siquiera he empezado! Estoy escribiendo esto como una muestra de obediencia al Señor en lo que me ha estado inquietando a hacer. Y también para animarte a examinar tu lista de propósitos y que te asegures de que la disciplina espiritual sea tu prioridad.
Está bien si quieres perder peso, hacer más ejercicio, enojarte menos, ahorrar y cosas por el estilo. Pero no muevas del primer lugar tu relación más importante: tu relación con Cristo.
¿Qué te está llamando el Señor a entregarle en este nuevo año? ¿Tus propósitos le honran a Él? ¿En qué área te ha inquietado Dios?
Todavía tienes unas horas, tacha de la lista lo que es secundario y déjalo reinar a Él.
¡Que el 2020 sea un año de crecimiento espiritual para tí!
"Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y Él les dará todo lo que necesiten". Mateo 6:33 NTV
Pero desde hace un par de años dejé de hacerlo; en parte por estar desanimada, porque mis listas casi eran un copy-paste de la lista pasada; en parte porque dejé de tener fe.
Y esta vez, desde hace algunas semanas, lo que he sentido es la necesidad apremiante de orar más. Soy buena encontrando excusas para justificar mi descuido de ese tiempo personal con Dios, pero el Espíritu Santo me ha hecho entender que creceré tanto como sea de constante mi vida de oración. Es paradójico que los que estamos en la fe desde hace tanto tiempo sigamos luchando con esta disciplina espiritual, pero es una realidad que debemos cambiar.
Entiendo que aún las "ganas de orar" vienen de Él, pues es quien produce "todo lo que es bueno" (Santiago 1:17) en nosotros, por lo que mi dependencia tiene que ser mayor.
También he sentido el llamado a orar más en comunidad. Muchos milagros suceden cuando hay intercesores juntos, lo he vivido en carne propia y sin embargo, aquí estoy esquivando esas reuniones donde me preguntan mis peticiones de oración o ignorando las necesidades de otros para orar por ellos. Sé que Dios quiere que ore más con hermanas cercanas con las que podamos ser transparentes y compartir nuestras cargas y luchas.
Así que desde ayer he andado pensando si debo hacer mi famosa lista tradicional y he concluído que lo único que debo perseguir es eso, orar más. Y tengo la certeza que mi carácter se pulirá en ese tiempo, que mi ansiedad por las finanzas se disipará, que tendré un mejor ánimo para cuidar de mi salud, que Dios hará algo en mí para ayudarme en esas relaciones difíciles, que tendré ideas frescas inspiradas por Él para aplicarlas en mi trabajo y negocio, que se producirá en mí un hambre mayor por Su palabra, que pondrá en mí el "querer como el hacer" (Fil. 2:13) para cambiar en tantas áreas, que empezaré a fijarme en las necesidades de otros y dejaré de ser tan egocéntrica en mis oraciones, que habrá sanidad total y restauración para mí.No me estoy jactando, para nada, ¡ni siquiera he empezado! Estoy escribiendo esto como una muestra de obediencia al Señor en lo que me ha estado inquietando a hacer. Y también para animarte a examinar tu lista de propósitos y que te asegures de que la disciplina espiritual sea tu prioridad.
Está bien si quieres perder peso, hacer más ejercicio, enojarte menos, ahorrar y cosas por el estilo. Pero no muevas del primer lugar tu relación más importante: tu relación con Cristo.
¿Qué te está llamando el Señor a entregarle en este nuevo año? ¿Tus propósitos le honran a Él? ¿En qué área te ha inquietado Dios?
Todavía tienes unas horas, tacha de la lista lo que es secundario y déjalo reinar a Él.
¡Que el 2020 sea un año de crecimiento espiritual para tí!
"Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y Él les dará todo lo que necesiten". Mateo 6:33 NTV
martes, 24 de diciembre de 2019
Para los que viven una Navidad triste
Esta mañana platicaba con una amiga que perdió a su esposo muy joven. Ambas coincidíamos en que hay un sentimiento que se presenta sin avisar en estas fechas. No planeas despertar triste o con depresión; simplemente abres los ojos y está allí.
Escribo para aquellos que hoy están tristes, para quienes desean que este día no esté en el calendario. Escribo para los que hoy extrañan a ese ser amado, para los que terminaron una relación, para los que han enfrentado el divorcio o la viudez, para lo que no tienen empleo, para los que se alejaron de Dios y de su iglesia, para los que no tienen dinero para proveer lo que desean a sus hijos, para los que están luchando con el cáncer o cualquier otra enfermedad grave.
Sé que estas fiestas pueden ser una verdadera lucha, porque no quieres estar con nadie, porque no quieres que te pregunten cómo estás; pero quiero animarte a correr a los brazos del Señor. No quiero predicarte ni decir esas frases que los cristianos solemos decir mostrando cero empatía: "¡debes estar en victoria!", "¡reprenda la tristeza!", "agradezca por lo que tiene y deje de llorar", etc.
Mas bien escribo sólo para contarte que desde mi experiencia, no hay mejor lugar para encontrar consuelo que en la presencia de Dios. Encuentra un momento para pasar tiempo con Él, "¡No se desalienten ni entristezcan, porque el gozo del Señor es su fuerza!" (Nehemías 8:10). Ese gozo no se puede encontrar en otro lugar, más que a Su lado.
Sé lo que es estar rodeado de gente a tu alrededor, gente que te ama y no quiere verte mal y sin embargo, sentirte invadido de tristeza con ganas inexplicables de llorar. Quiero recordarte que Dios te entiende, Él te hizo y conoce esas luchas.
Y finalmente, quiero compartir contigo tres verdades que una amiga me recuerda cada vez que tengo momentos de crisis:
2. Dios te ama con locura. (1 Juan 4:19, Isaías 49:15, Jeremías 31:3).
3. Los planes de Dios son buenos (Jeremías 29:11), a pesar de que hoy por hoy no creas que sea así, en algún momento todo obrará para tu bien (Romanos 8:28).
Así que, mientras transcurre este día, oro porque sientas el abrazo de ese Consolador y porque un gozo que sobrepasa tus emociones y sentimientos te cubra.
Pronto, lee bien, pronto el mismo que enjuga tus lágrimas (Salmos 56:8), te dará muchas razones para celebrar y tu esperanza te será devuelta.
Te abrazo con fuerza. ¡Feliz Navidad!
"Tú llevas la cuenta de todas mis angustias y has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en Tu libro". Salmos 56:8 NTV
viernes, 13 de diciembre de 2019
Perdida en el Redil
Siempre he escuchado la metáfora que se hace sobre aquellos que alguna vez estuvieron en una iglesia y se fueron "al mundo". Se les compara al hijo pródigo que decidió irse de casa y se perdió lejos de su padre; o a aquella oveja que decidió seguir su rumbo y se extravió.
Es bien fácil identificar a esas ovejas y a esos hijos pródigos, pero ¿qué hay de aquellos que aún permaneciendo en la iglesia nos "perdemos"?
Quizás es más fácil explicarlo con mi caso: Desde pequeña he estado en una iglesia, nunca me he ido, nunca he dejado de congregarme, nunca me he sentido atraída por cosas que el mundo ofrece, como adicciones, fiestas y cosas parecidas. NO.
Sin embargo, me he perdido.
He vivido etapas en las que me he deslizado sutilmente. Dejé de oír la voz del Pastor, dejé de buscarle, dejé de anhelarle. Decidí algo sin consultarle y no me fue mal. Así que sin darme cuenta, empecé a independizarme de Su voluntad.
Poco a poco mis prioridades cambiaron. Y aunque no solía perderme un culto y seguía en mi ministerio; lo cierto es que ya no le amaba en primer lugar. Seguía físicamente dentro del redil, pero mi alma ya no se sujetaba ni confiaba en el Pastor.
He pensado en lo que llevó a la oveja de la parábola (Mateo 18:10-14) a perderse. ¿Dejó de oír la voz del pastor? ¿Buscó pastos en otro sitio? ¿Se peleó con otras ovejas? ¿Decidió irse voluntariamente? ¿Se rebeló? ¿Creyó que le iría mejor haciendo las cosas a su manera?
No lo sé con exactitud, pero Mateo señala que se había descarriado y se había ido a los montes. No estaba cerca, el pastor seguramente sabía que podría tomarle algún tiempo encontrarla y por ello fue solo a buscarle.
Ahora tengo claro que me perdí porque Él no me parecía suficiente. Quise llenarme, quise traer gozo a mi manera, deseé cosas y/o personas más que a Él.
Sé que puede no parecer grave, pero lo cierto es que hay un terreno peligroso cuando nuestras almas están insatisfechas, porque todos nuestros esfuerzos, deseos, pensamientos y energías, se desvían tras aquello que consideramos que nos falta. Nuestro corazón se pierde en esa búsqueda constante de ese "algo más" que creemos que nos completará.
Pienso en qué sintió la oveja al darse cuenta que estaba sola en medio de lugares desconocidos. Probablemente se llenó de temor, quizás pasó una noche con frío, quizás se resbaló y se lastimó porque no estaba su pastor quien la guiaba lejos de los peligros, quizás quiso encontrar inútilmente el camino de regreso a casa. Y aunque la Biblia no relata esos detalles, sí puedo afirmarte que así se siente una oveja que ha decidido emprender su propio camino y vivir su vida bajo sus propios términos.
De pronto, únicamente por la misericordia de Dios, reaccionas; te das cuenta que tu alma está vacía y más insatisfecha que al principio. La oscuridad te cubre, porque te alejaste de la verdadera fuente de Luz perpetua. El dolor de tomar tu rumbo es muy grande; la culpa y la vergüenza te sobrepasan. Pero es en ese estado; extraviado, con golpes, sucio; que entiendes que el redil es el lugar más seguro y conoces la Gracia que sólo el Pastor puede darte.
Si has dejado de amar al Señor, si has estado deseando pastos de otros lugares, si hay una insatisfacción que no se va; estoy aquí para exhortarte a no dejar el redil por nada. No corras ese riesgo, no permitas que tu corazón quiera llenarse con algo/alguien que no sea nuestro Pastor.
Y si abandonaste el redil, quiero que sepas que el Pastor te está buscando en este mismo instante. Él quiere que vuelvas al redil, va a recogerte con Sus propios brazos, te curará y te traerá de vuelta a casa. Ya no te resistas, escucha Su voz, grita tu nombre.
"[El Pastor] Se alegrará más por esa [la oveja perdida] que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Mateo 18:13 NTV
Es bien fácil identificar a esas ovejas y a esos hijos pródigos, pero ¿qué hay de aquellos que aún permaneciendo en la iglesia nos "perdemos"?
Quizás es más fácil explicarlo con mi caso: Desde pequeña he estado en una iglesia, nunca me he ido, nunca he dejado de congregarme, nunca me he sentido atraída por cosas que el mundo ofrece, como adicciones, fiestas y cosas parecidas. NO.
Sin embargo, me he perdido.
He vivido etapas en las que me he deslizado sutilmente. Dejé de oír la voz del Pastor, dejé de buscarle, dejé de anhelarle. Decidí algo sin consultarle y no me fue mal. Así que sin darme cuenta, empecé a independizarme de Su voluntad.
Poco a poco mis prioridades cambiaron. Y aunque no solía perderme un culto y seguía en mi ministerio; lo cierto es que ya no le amaba en primer lugar. Seguía físicamente dentro del redil, pero mi alma ya no se sujetaba ni confiaba en el Pastor.
He pensado en lo que llevó a la oveja de la parábola (Mateo 18:10-14) a perderse. ¿Dejó de oír la voz del pastor? ¿Buscó pastos en otro sitio? ¿Se peleó con otras ovejas? ¿Decidió irse voluntariamente? ¿Se rebeló? ¿Creyó que le iría mejor haciendo las cosas a su manera?No lo sé con exactitud, pero Mateo señala que se había descarriado y se había ido a los montes. No estaba cerca, el pastor seguramente sabía que podría tomarle algún tiempo encontrarla y por ello fue solo a buscarle.
Ahora tengo claro que me perdí porque Él no me parecía suficiente. Quise llenarme, quise traer gozo a mi manera, deseé cosas y/o personas más que a Él.
Sé que puede no parecer grave, pero lo cierto es que hay un terreno peligroso cuando nuestras almas están insatisfechas, porque todos nuestros esfuerzos, deseos, pensamientos y energías, se desvían tras aquello que consideramos que nos falta. Nuestro corazón se pierde en esa búsqueda constante de ese "algo más" que creemos que nos completará.
Pienso en qué sintió la oveja al darse cuenta que estaba sola en medio de lugares desconocidos. Probablemente se llenó de temor, quizás pasó una noche con frío, quizás se resbaló y se lastimó porque no estaba su pastor quien la guiaba lejos de los peligros, quizás quiso encontrar inútilmente el camino de regreso a casa. Y aunque la Biblia no relata esos detalles, sí puedo afirmarte que así se siente una oveja que ha decidido emprender su propio camino y vivir su vida bajo sus propios términos.
De pronto, únicamente por la misericordia de Dios, reaccionas; te das cuenta que tu alma está vacía y más insatisfecha que al principio. La oscuridad te cubre, porque te alejaste de la verdadera fuente de Luz perpetua. El dolor de tomar tu rumbo es muy grande; la culpa y la vergüenza te sobrepasan. Pero es en ese estado; extraviado, con golpes, sucio; que entiendes que el redil es el lugar más seguro y conoces la Gracia que sólo el Pastor puede darte.
Si has dejado de amar al Señor, si has estado deseando pastos de otros lugares, si hay una insatisfacción que no se va; estoy aquí para exhortarte a no dejar el redil por nada. No corras ese riesgo, no permitas que tu corazón quiera llenarse con algo/alguien que no sea nuestro Pastor.
Y si abandonaste el redil, quiero que sepas que el Pastor te está buscando en este mismo instante. Él quiere que vuelvas al redil, va a recogerte con Sus propios brazos, te curará y te traerá de vuelta a casa. Ya no te resistas, escucha Su voz, grita tu nombre.
"[El Pastor] Se alegrará más por esa [la oveja perdida] que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Mateo 18:13 NTV
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