martes, 24 de julio de 2018

¡Qué fea persona soy!

Había pasado un par de días estresantes y llenos de preocupación. Mientras hacía unos mandados, pasé frente a una sorbetería y se me antojó un capuchino de vainilla...mmm...(ya lo estoy saboreando de nuevo). Me dije que me lo merecía como recompensa por esos días difíciles.

Lo compré en el autoservicio y me fui despacito y con cuidado en el carro para disfrutarlo. Al llegar a un semáforo un joven que limpia parabrisas y al que he visto en diferentes puntos de la capital, se me acercó. Rápidamente le hice señas con mi mano para indicarle que no quería que limpiara el vidrio. Él se paró al lado de mi ventana y me pidió-dos veces- el sorbete que llevaba a medias.

¿Qué hubieran hecho ustedes? ¿Cuál creen que fue mi respuesta?

Para serles honesta, fueron un par de segundos de duda...finalmente decidí ignorarlo y adelantar el carro un poquito para que no fuera tan molesto tenerlo justo al lado. ¡Mi sorbete estaba tan rico...y no me pude desprender de él!

No les puedo explicar la inmediata vergüenza que sentí. Cuando el semáforo se puso en verde y avancé, el Espíritu Santo me redarguyó de una manera tan directa. Dejé de disfrutar el sorbete, se me hizo un nudo en la garganta y terminé pidiéndole perdón al Señor con lágrimas en los ojos.

El pensamiento que más recuerdo es: "¡que fea persona soy!". Dios usó ese evento para recordarme que no soy buena ni cuando estoy dormida. El egoísmo está tan arraigado en mí que necesito desesperadamente Su presencia cada día. Imagínense, si no soy capaz de renunciar a un sorbete, ¿cómo voy a ser capaz de perdonar, de amar genuinamente, de negarme a mí misma? Es IMPOSIBLE sin Su ayuda y Su obra de santificación en mi vida.

En realidad no entiendo cómo Él puede amarme así como soy. 

¿Es en serio Señor? ¿Me amas con todo lo feo que el pecado ha causado en mí? ¿Te merezco? ¿Aún tengo esperanza de cambiar aunque sea una poquito? ¿No te avergüenza tenerme como hija? 

Lo cierto es que sí, soy fea persona. Sin Él estoy perdida (Juan 15:5). No soy capaz de hacer nada bueno ni justo (Rom. 3:10). Soy egoísta hasta el tuétano y me cuesta buscar el bien de los demás (1 Cor. 10:24). Para mí es bien fácil detectar, señalar, diagnosticar y hasta recetar la cura para los defectos de otros, pero me cuesta horriblemente hacer lo mismo conmigo. Por eso, Dios se ocupa de mostrarme a través de episodios como el que les cuento, que no puedo creerme un producto terminado; sino que debo buscarle cada día y depender de Su ayuda.

Si has estado sintiendo como que nunca vas a cambiar, te animo a tener esperanza, Dios no ha terminado Su obra en tu vida (Fil- 1:6), Él sigue otorgándonos Gracia a todos aquellos que la necesitamos (Hebreos 4:16).


Oro por volver a encontrarme a ese joven en algún semáforo de la ciudad y poder bendecirlo aunque sea con algo pequeño...y oro porque Dios siga haciéndome ver mi profunda necesidad de Él a diario.


"Dios nos salvó y nos llamó a ser Su pueblo santo. No lo hizo por lo bueno que habíamos hecho, sino porque así lo quiso por su generoso amor. Ese amor nos lo dio antes del inicio del tiempo mediante Jesucristo" 2 Timoteo 1:9 PDT

"Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" Filipenses 1:6  RVR60

viernes, 1 de junio de 2018

Temporada de Preguntas Sin Respuesta

He leído el libro de Job a consciencia y completito solamente dos veces en mi vida: Recién falleció mi papá y hace algunas semanas, pues estaba programado en el plan de lectura de mi iglesia. Debí haberlo leído en un mes, pero la verdad es que tardé más. 

La razón de ese retraso fue que "disfruté" de esos capítulos como nunca antes. Y con disfrutar me refiero a que lloré y lloré mientras los leía, mientras imaginaba las escenas que se narran, mientras entendía a la perfección las emociones de Job, mientras le ponía nombre a "mis amigos" (si, también tengo de esos), mientras recorría lo que parecía ser un listado de preguntas, reproches y cuestionamientos que Job me copió. Fue duro, hasta podría decir doloroso, leer sobre ese hombre y sentirme plenamente identificada con él.

La conclusión del libro es preciosa y esperanzadora. Muchos solo nos podemos la desgracia rotunda del inicio y la restauración del final...pero se nos olvida profundizar en todo lo que ocurrió en el medio. Debo decir que lo que más me impactó es que el libro termina y Job no recibió UNA sola respuesta a sus preguntas. Nada. Ni pío. 

Dios dio grandes lecciones a Job por supuesto, pero nunca reveló el por qué de Su soberana decisión de permitir que su siervo atravesara semejante prueba. Job terminó rindiéndose ante ese Dios grande a pesar de que sus preguntas no fueron respondidas.


Creo que todos los cristianos hemos vivido o viviremos temporadas así, cuando el peso de las pruebas nos derrumbará y no encontraremos sentido a lo que nos pasa...pero me llena de paz ver que el Señor no desechó a Job aún cuando le cuestionó (30:20-21), aún cuando llegó a sentirse abandonado al punto de desear no haber nacido (3:1-26). 

¿Dios escuchó todas las preguntas de Job? ¡Claro que sí! (38-41); sin embargo, cuando decidió hablarle no se las contestó, simplemente le recordó quién era Él y Job no pudo más que arrepentirse por su insolencia.


Si estás atravesando una temporada así, ten ánimo, no eres el único. 

- Primero, te recuerdo que precisamente por eso le llamamos 'temporada'; no durará para siempre (Hebreos 12:11).

- Segundo, te recuerdo que el mismo Dios Omnipotente y Soberano de Job es tu Dios; y su habilidad para controlar todo lo que te ocurre y cumplir Sus propósitos sigue intacta (Salmos 46:10, Jeremías 29:11). 

- Tercero, nuestro Señor es un experto restaurador y vindicador. Aunque no puedo prometerte que te dará exactamente el doble de todo lo que has perdido como lo hizo con Job (42:10), sí puedo asegurarte que se encargará de restaurar tu fe y tu relación con Él; porque eso es lo que a Él le importa más. 

- Cuarto, lo más probable es que el 99.99% de tus preguntas hechas con dolor y tristeza, no van a ser respondidas. Sin embargo, eso no significa que hayan sido ignoradas. Él conoce todo (42:2) y lo más importante, te entiende y sigue amándote porque es un Dios compasivo que entiende nuestra humanidad (Salmos 103:8, 14).

- Quinto, hay una promesa que me consuela mientras atravieso una temporada así: "El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza" Salmos 34:18. Hazla tuya.


Oro porque sientas la presencia del Señor a tu lado en medio de tu prueba. Oro porque seas consolado AÚN cuando tus preguntas no sean respondidas. Oro porque conozcas al Señor más que nunca y como Job puedas afirmar:


"Yo hablaba lo que no entendía...De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven" Job 42: 3, 5.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Honrando La Confianza Del Hermano Que Sufre

En las últimas semanas he coincidido con varias personas que están atravesando pruebas difíciles. A mi alrededor hay diagnósticos médicos inesperados, infidelidad, divorcio, aflicciones económicas, etc.

Es natural que cuando enfrentamos pruebas tan duras busquemos ayuda. De hecho, es saludable y bíblico que lo hagamos ("¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor" Santiago 5:14). Pero me he entristecido al darme cuenta que a veces, quizás sin percatarnos, manejamos mal la confianza que el amigo o hermano en la fe nos ha tenido.

No sé si es la cultura de mi país o peor aún, de las iglesias; pero he descubierto que cuando alguien nos comparte una prueba dolorosa, no cuidamos con amor ese "secreto". Parece que nos sentimos con derecho de comentar con otros la situación del que sufre. Pienso que aún cuando hayan dos personas que sepan de ese problema, no es leal que comenten entre ellos al respecto; mucho menos que se comente con alguien que no está ni enterado.

¿Por qué creemos que tenemos permiso de contarle a terceros lo que alguien-amigo, familia, hermano en Cristo- nos ha confiado? ¿No crees que esa persona debería ELEGIR con quién hablar? (Y si te eligió, deberías sentirte honrado!!) ¿En qué mejorará la situación de ellos si lo comentamos con más gente? ¿No sería más sabio y amoroso dedicarte a orar por esa persona y su prueba?

Yo misma he fallado en este tema. No fue hasta uno de estos días que me dí cuenta que he caído en este error muchas veces. Pero ahora, que me ha tocado estar del otro lado, sé lo que se siente.

Considero que la prueba del prójimo es suficientemente dolorosa-y muchas veces, vergonzosa-como para añadirle pizcas de chisme o murmuración.

"El chismoso revela secretos; el que es digno de confianza guarda el secreto." Proverbios 11:13


Créeme, hay pruebas que apenas te dejan fuerzas para levantarte cada mañana y enfrentar tu rutina, y en muchas ocasiones hay luchas hasta para confiar en alguien; y no es agradable ni edificante saber que tu vida se anda comentando en un círculo de amigos o en la iglesia.

Sé que podemos tener las mejores intenciones al compartir la situación del hermano con otros, sé que quizás queramos más apoyo en oración o guía para aconsejarle mejor...pero antes de abrir nuestra boca, deberíamos preguntarnos si nuestro amigo o hermano que sufre desearía que esa otra persona esté enterada de su situación.


Si conoces a alguien que está atravesando una dura prueba actualmente y ha tenido la confianza de abrir su corazón contigo, honra esa confianza. Asegúrate de darle la seguridad de que puede apoyarse en ti. Y si la situación requiere la intervención de algún líder o pastor (casos de maltrato, adicciones, etc), pídele permiso para comentarlo.

"Lo que hace atractiva a una persona en su lealtad" Proverbios 19:22



Que el Señor nos ayude a ser cristianos confiables, que cuidan amorosamente al que sufre y honran con lealtad a los que buscan nuestra ayuda.


"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" Gálatas 6:2 

"No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad (del momento), para que imparta gracia a los que escuchan." Efesios 4:29 (LBLA)

sábado, 17 de febrero de 2018

Vuelve y Haz Tu Tarea

El libro de Nehemías habla del proceso de reconstrucción de los muros de la ciudad de Jerusalén, que había sido destruida por la invasión babilónica años atrás.

Debes saber que esa labor no fue fácil. Este era ya el tercer intento por reconstruir los muros de la ciudad. Nehemías enfrentó gran oposición de parte de algunos gobernadores vecinos (Nehemías 2:10). A lo largo del libro se narran siete intentos de estos hombres y algunos judíos nobles, de parar la labor de reconstrucción. Fraguaron todo tipo de estrategias para hacer decaer el ánimo del pueblo y de sus líderes, pero vez tras vez, Dios usó a Nehemías para liderarlos a cumplir con la meta.

El capítulo 4 muestra que estos enemigos se enojaron al saber que los muros se levantaban y por ello idearon una invasión a la ciudad. Algunos del pueblo se sentían debilitados por la labor exhaustiva que realizaban;  y si a esto le sumamos el temor de una invasión inminente, era hasta normal que ellos quisieran 'tirar la toalla' y dejar de reparar los muros...por tercera vez.

La Biblia narra que Nehemías se dirigió al pueblo y les dio palabras de ánimo, les recordó que el Señor estaba de su lado y les pidió que no temieran:

"Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. Y cuando oyeron esto nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea" (4:14-15)


Mientras leía, pensaba en lo que esa gente pudo sentir en esos días. Era natural que sintieran temor, conocían de sus enemigos, sabían el poder que ellos tenían; además, ya habían hecho un par de intentos de levantar los muros antes y no lo habían completado. ¿Qué garantía podía darles Nehemías? ¿Qué pasaría con sus familias y su ciudad si los invadían? ¿Sería más fácil bajar los brazos para llevar la fiesta en paz con los malos?

Sin embargo, CONFIARON y PERSEVERARON. Nehemías fue un gran instrumento sin duda; pero fue Dios quien les respaldó. 

Si lees bien notarás que no se tomaron días libres, no se retiraron a orar para saber si era la voluntad de Dios que siguieran en su labor, no lloraron delante de Nehemías ni le echaron la culpa por haberlos metido en esa situación. NO!! Simplemente decidieron seguir haciendo su tarea a pesar de la amenaza latente.


Si eres como yo, sabrás que en los momentos de prueba siempre se nos cruza por la mente casi como primera opción, 'tirar la toalla'. Es muy común que dejemos de orar, de ir a la iglesia, que aventemos nuestros ministerios, que dejemos de leer la Biblia, etc., porque sentimos que Dios nos ha fallado o ha sido injusto al permitir una prueba grande en nuestra vida.

Recientemente he tenido impulsos de ese tipo. He querido 'hacer una pausa' y dejar de hacer lo que hago para el Señor. Pero he entendido que lo único que una decisión así provocará, será darme tiempo y espacio para lloriquear, auto-conmiserarme y centrarme solo en MI problema y no en MI Dios.


Así que te animo a no rendirte. No importa cuál sea tu prueba o tu amenaza actual, sigue! No bajes los brazos, no te engañes creyendo que no podrás hacerlo. Las fuerzas que necesitas vendrán de Él. Mantente haciendo lo que es correcto, no dejes de ir a tu iglesia por muy duros que sean tus días, no renuncies a tu ministerio, no te aísles. Pero sobre todo, no dejes de buscar a diario a la Fuente de fortaleza, al Consolador, al Dios Omnipotente. 


El muro de Jerusalén fue terminado en tan solo cincuenta y dos días (6:15). El propósito se cumplió. Ignoro cuánto tiempo nos tomará entender el propósito del Señor en nuestra propia prueba, pero estoy convencida que Él no deja nada a medias (Filipenses 1:6); y un día, cercano o lejano, levantaremos nuestra mirada y veremos todo lo que Él reconstruyó a nuestro alrededor (como los muros alrededor de la ciudad de Jerusalén) y sabremos que valió la pena no haber renunciado. Y esa obra, Su obra, será mejor que lo que había antes, seremos como esos muros redoblados: más seguros, más fuertes, más firmes.

Por mucho que duela hoy, por muy oscuro que luzca tu panorama, por muy agotado que estés...no bajes los brazos. Vuelve y haz lo que el Señor te ha llamado a hacer.


"No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos" Gálatas 6:9

"No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza" Nehemías 8:10

jueves, 8 de febrero de 2018

Cuando Una Injusticia Toca Tu Vida

Es bien fácil llenarse de ira e impotencia cuando sientes que estás en medio de una injusticia.


Recientemente, me sentí así, cuando llegué a una oficina a pedir ayuda en una situación personal y no recibí la solución que esperaba. Me indigné, porque no estaba ahí por mi culpa, si no, por la irresponsabilidad de alguien más. Tenía ganas de mandar a la policía a traer a esa persona para que diera la cara y resolviera el asunto. Pero no podía...


Creo que casi todos hemos experimentado alguna vez una injusticia: una promoción laboral que le fue dada a otro que no la merecía, una traición, pagar una deuda que no es tuya, difamación, abandono, promesas que no se cumplieron, etc.


Mientras manejaba de regreso en esa ocasión, iba llorando y presentando mi caso delante de Dios. De inmediato, recordé aquel encuentro que el profeta Natán tuvo con el rey David (2 Samuel 12). Cuando David pensó que se había librado de la consecuencia de sus pecados-asesinato y adulterio- Dios envió al profeta a contarle una especie de parábola. 

"Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él" (vv 1-4)


La Biblia narra que David se indignó contra aquel hombre rico de la historia y Natán le respondió: "ese hombre eres tú" (vv. 7). Dios le hizo ver que cometió un terrible pecado e injusticia al poner sus ojos en Betsabé, la esposa de Urías heteo y mandar a matarlo para quedarse con ella. David era el rey, él podía tener las mujeres que quisiera y era próspero materialmente; pero injustamente destruyó un matrimonio y confabuló para asesinar a Urías.


Me tranquilizó recordar que mi Dios es Justo. La justicia no es una mera cualidad que Él posee, es parte de Su naturaleza, es quien es Él. Urías estaba muerto, nadie se había dado cuenta de la verdad, pero Dios, el Justo, no lo pasó desapercibido, Él entró en acción para ejercer justicia.


Me he encontrado con muchos cristianos que me predican y me dicen que si Jesús mismo sufrió injusticias, ¿qué estoy esperando yo? Tienen razón, sé que a veces voy a recibir injusticias y no seré recompensada en lo absoluto. Pero Dios también me ha demostrado en muchas ocasiones, que Él es fiel a Sus promesas, a pesar de mi infidelidad (2 Timoteo 2:13). También sé que hay leyes espirituales que siempre se cumplen y que todo lo que sembramos, cosecharemos (Gálatas 6:7).


Lo único que debo recordar-y es la parte que menos me gusta-es que no me corresponde a mí meter las manos y buscar hacer justicia. 


Hay situaciones específicas en las que simplemente no podemos hacer nada. Solamente hay que renunciar a nuestro derecho de pelear, de reclamar o de exigir y dar un paso al lado. Dios obra a Su manera: "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, Yo pagaré, dice el Señor" (Romanos 12:19)

Si has sido objeto de una injusticia, te entiendo, sé lo que se siente. Conozco la lucha con las ganas de desquitarse, comprendo ese impulso para buscar una forma de ser compensado, sé lo que es llorar de rabia...pero también he vivido en el pasado la vindicación del Señor...sé de primera mano que Él cumple Su Palabra, que Él pelea por nosotros (Éxodo 14:14), que Él no tolerará que uno de Sus hijos quede avergonzado por causa de alguien que actuó injustamente.

Probablemente ni tú ni yo veremos lo que Dios hará con la fuente de injusticia, y es más, quizás no va a actuar como tú y yo quisiéramos, porque Él da Gracia infinitamente más allá de lo que nosotros entendemos. Pero ese ya no es nuestro asunto. Dejémoslo a Él. 

Lo que sí nos corresponde hacer es presentar nuestra causa en Su presencia y renunciar a diario a nuestro derecho de venganza. Luego, confiemos con expectativa que Él traerá justicia a nuestra vida, Él nos compensará, Él nos restituirá mucho más de lo que perdimos (Job 42:10), Él hará una sanidad completa y genuina, no sólo remiendos; Él nos dará razones para sentirnos bendecidos, tanto así, que la injusticia recibida quedará opacada. Sólo es cuestión de tiempo, sigue esperando en la justicia de tu Padre.


"Él hará resplandecer tu inocencia como el amanecer, y la justicia de tu causa brillará como el sol del mediodía" Salmos 37:6 (NTV)

"Ningún arma que te ataque triunfará. Silenciarás cuanta voz se levante para acusarte. Estos beneficios los disfrutan los siervos del Señor; Yo seré quien los reivindique. ¡Yo, el Señor, he hablado!" Isaías 54:17 (NTV)

miércoles, 31 de enero de 2018

La Roca

Por primera vez en mucho tiempo, inicié el año sin hacer el acostumbrado ritual de escribir mis peticiones o metas. Hay temporadas en la vida en las que podemos ver todo muy incierto. Podemos sentir que solo hay neblina frente a nosotros y no estamos seguros de qué paso dar y cuándo hacerlo.

En medio de sentimientos de esa naturaleza, Dios se ha estado ocupando de recordarme una y otra vez que aún cuando parezca que no estoy parada sobre tierra firme, Él es mi roca.

He estado leyendo el libro de los Salmos y hasta ahora, no había notado cuántas veces el rey David y otros salmistas, le llaman al Señor, su roca.

"Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré" Salmos 18:2 

"A Ti clamaré, oh Jehová. Roca mía..." Salmos 28:1


"Mi Padre eres Tú, mi Dios, y la roca de mi salvación" Salmos 89:26




¿Por qué uno de nosotros buscaría una roca alguna vez?

Bueno...si hay agua a nuestro alrededor, subirnos a una roca nos da la sensación de estar a salvo.
Si hemos recorrido un largo camino o hemos hecho mucho esfuerzo, sentarnos en una roca para descansar un momento, es de mucha ayuda.
Si queremos tener una mejor vista o una perspectiva diferente de nuestro entorno, podemos subirnos a una roca para conseguirlo.

Todo eso ES Dios, nuestra Roca. 

En esa Roca podemos resguardarnos. "Me ocultará en lo reservado de Su morada; sobre una roca me pondrá en alto" Salmos 27:5

Ahí, podemos ir cuando estamos débiles. "Sé Tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme" Salmos 31:2

Él es la Roca que nos consuela y sostiene cuando sufrimos. "Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y porción es Dios para siempre" Salmos 73:26

En esa Roca encontramos un apoyo que no tiene fin, "porque el Señor Dios es la Roca eterna" Isaías 26:4, podemos recurrir a ella continuamente. (Salmos 71:3)

Me encanta que David se refiere al Señor como "la roca que es más alta que yo" (Salmos 61:2). Me imagino arriba de esa alta Roca, donde puedo respirar profundamente aliviada, donde piso suelo firme, donde lo que está allá abajo se ve tan pequeñito, donde no estoy sola-aunque no haya otra persona-, donde hay un silencio que me hace sentir conectada con Él, donde el viento me acaricia recordándome Quien me ama, donde el cielo luce imponente como evidencia del poder que mi Roca tiene. ¿No es reconfortante tener semejante lugar para nosotros?


¿En qué situación de tu vida necesitas estabilidad, fortaleza, descanso, paz ó consuelo?

Cada una de esas cosas se pueden encontrar en la Roca de Israel (Isaías 30:29). Ya deja de hacerlo a tu manera, sólo corre a la Roca inconmovible y quédate ahí el tiempo que sea necesario.



"Desde el cabo de la tierra clamaré a Ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo" Salmos 61:2

"Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho" Salmos 62:2

jueves, 30 de noviembre de 2017

Mis Trapos de Inmundicia

No sé ustedes, pero yo soy de las que entra a la casa e inmediatamente se pone ropa cómoda. A veces, debo admitirlo, parezco pordiosera. Pero no me importa, me ayuda a sentir que ya es tiempo de bajar la guardia y descansar.

Hay una camiseta que me gusta. La uso, la lavo rápido y la vuelvo a usar. No es una 'para salir'; es de esos trapos frescos para estar en casa. Pero desde hace unas semanas que llovió mucho y casi no hubo sol sentí que olía mal. Desde entonces, no me explico por qué, no deja de oler así, a pesar de que la he lavado varias veces. 

Finalmente, una mañana de estas acepté que ya no podría usarla y se la di a la chica que me ayuda en la casa, para que la use para limpiar o algo así. Ella me dijo que quizás es la tela, que una vez 'se hiede, ya no se le quita'.

Recordé lo que la Biblia dice de nuestras buenas obras: 

"Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia*; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento" Isaías 64:6 (*La Biblia MacArthur señala que Isaías usó esta ilustración, refiriéndose a los paños menstruales que las mujeres usaban) 

Es absurdo. Soy absurda. No me atrevería a salir a la calle con una camisa que huele mal, pero he vivido buenas temporadas creyéndome en silencio, más justa que muchos. Me he presentado delante de Dios, con cierto humito de buena, argumentando en mi oración que merezco que me bendiga o que no me haga esperar, o que me defienda de otro-a mi manera-, o le recuerdo que soy cristiana desde chiquita, que nunca me he perdido, que nunca fui de esas que trasnochaba y tenía adicciones; por mencionar algunas cosas. (La verdad es que me da pena contarles todo lo que he sido capaz de decirle a Dios).

Pero Él, así como es, a veces muy suave, a veces de forma categórica; me recuerda que no hay UN justo en la tierra (Romanos 3:10), que el estándar que pretendo alcanzar es el de Su Hijo (Efesios 4:13), que aunque viva mil años esforzándome por hacer cosas buenas, mis obras seguirán apestando.

"Pues no reconocen que es Dios quien hace justo a los hombres, y pretenden ser justos por sí mismos; y así no se han sometido a lo que Dios estableció para hacernos justos" Romanos 10:3 DHH

Muchas veces, he recurrido a ponerme mis trapos de nuevo, para parecer justa ante Él o ante otros. Y parece que el Señor con Sus propias manos me quita esa ropa maloliente y me quiere vestir con la ropa blanquísima y reluciente de Cristo. Y yo, he seguido de necia, halando fuerte mis trapos, negándome a que me los quite. Y Él, me muestra y me recuerda-pues sabe que lo necesito a cada rato- que soy una humana hecha de una tela que se llama pecado, que una vez 'se hiede, ya no se le quita'. 

Les confieso que lucho enormemente en esta área. Crecí creyéndome, sintiéndome no tan mala; siempre encuentro fallas en otros y me pongo como juez con mucha facilidad. Pero Dios ha estado hablándome mucho de eso. 

Debo entenderlo y aceptarlo. NO soy buena. NO soy justa. NO tengo un pelo de bondad en mí. Mis buenas obras apestan. Así como yo me llevo la mano a mi nariz rápidamente cuando pasa cerca de mí el camión de la basura, el Señor hace lo mismo cuando llego a Su presencia pretendiendo usar mis trapos de justicia. Aunque haga mi esfuerzo más sincero, seguiré necesitando usar la ropa de justicia que Cristo me compró.

Te digo lo mismo: Tira tus trapos. Lo siento, pero apestan. Deshazte de tu propias buenas obras y tu propia justicia, desecha los pensamientos de creerte más bueno que otro-por muy sutiles que éstos sean. Vístete de Él. Usa esa ropa que nunca se ensucia.



"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él" 2 Corintios 5:21 RVR60

"Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de un solo muchos serán constituidos justos." Romanos 5:18.19 NVI