jueves, 16 de diciembre de 2021

Cisternas Rotas

Basado en Jeremías 2:13


Soy como el pueblo de Israel

Infiel y desleal;

Muy rápido me olvidé de Tu Bondad

Y quise saciarme con algo más.


Desvié mi corazón a cosas vanas

Creí saber lo que necesitaba

No me dí cuenta que, entre más cisternas cavaba

De Tu Presencia silenciosamente me alejaba


Mi alma necia insistía

En buscar agua viva

Apartándome de la única Fuente

Que mi sed saciaría


Dolor, frustración y culpa

Fueron impregnando mis días

No me daba cuenta que las grietas

Nada permanente retenían


El agua que el mundo te da

Es un espejismo, es vanidad

Y el vacío que produce

Es un profundo y oscuro espiral


Pero el Amado de mi alma

Esperó para tener misericordia

No se cansó de llamar

Y ofrecer Redención a mi infidelidad


Cuando finalmente me rendí

Y grité desesperada, casi muerta de sed

La Fuente de Agua Viva

Me ofreció Gracia a granel


Soy como el pueblo de Israel

Infiel y desleal;

Mas Él me hizo libre de la cautividad

Mostrándome que sabe restaurar


No hay forma de resistir

Al que es amplio en perdonar

El agua de Su Gracia

Es suficiente para toda alma saciar




lunes, 15 de noviembre de 2021

Una Conversión Improbable

Nunca me había detenido a meditar en Hechos 16. No fue hasta hace unos días que quedé impactada por el relato de varias conversiones sucesivas.


Un centurión romano era alguien clasificado como de clase media. Contaba con un ingreso que le permitía vivir con solvencia. Aunque la Biblia no nos da mayores detalles, sabemos que el Espíritu Santo había comenzado a tocar muchos corazones en la ciudad de Filipos. La voz se había corrido y mucha gente había escuchado ya de Silas y Pablo.


Los "dueños" de una muchacha poseída por un espíritu de adivinación, habían tergiversado los hechos de su liberación, para acusar a estos dos misioneros falsamente (v.16-22). Como consecuencia, fueron a parar a la prisión (v.23).


Dios orquestaba soberanamente todos estos sucesos para llevar la salvación a un hombre: el centurión que cuidaba la cárcel. Este hombre era muy cumplido con su deber. Obedeció las órdenes y metió a Pablo y Silas en el calabozo de más adentro (del que era casi imposible salir) y además les colocó un cepo para mayor resguardo. (v.24).


La Biblia describe que a medianoche, mientras estos hombres de Dios cantaban y oraban en voz alta y el centurión dormía, sobrevino un terremoto. No sabemos con exactitud si el terremoto solo ocurrió en la cárcel o en la ciudad entera. Lo que sí es cierto, es que había sucedido algo extraordinario: las cadenas y celdas se abrieron por sí solas (v.25-26).


Considera que en ese sitio habían hombres que merecían estar allí. Pero Pablo y Silas, no. Si algunos merecían salir corriendo hacia su libertad, eran ellos. Sin embargo, como sabiendo que el Señor tenía un plan Mayor, se quedaron y sin duda, influyeron a que ninguno huyera.


Déjame contarte que de acuerdo a la tradición militar romana, un soldado que dejara escapar a un preso, debía pagar con su propia vida (Hch.12:19, 27:42). Por ello, entendemos que la primera reacción del centurión al despertar y ver las celdas abiertas, fue sacar su espada para acabar con su vida (v.27).


Estamos hablando de honor, de dignidad. 

Sin embargo, Pablo gritó desde el fondo: "¡No lo hagas! ¡Todos estamos acá!" (v.28).


No conocemos los detalles, pero sabemos que el Señor ya había elegido a este hombre y había preparado su corazón para este momento. Quizás escuchó que el Dios de Pablo y Silas hacía milagros. Tal vez vio algo diferente en sus miradas y en su forma de comportarse. O puede ser que les escuchó hablarle a otros pesos y ese mensaje tocó su vida. No lo sabemos con certeza; pero sabemos que el momento había llegado. 


"Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silas y después de sacarlos, dijo: 'Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?'. Ellos respondieron: 'Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y toda tu casa'.." v.30-31 NBLA



Pablo y Silas le presentaron el Evangelio a él y a los de su casa (familia, huéspedes y siervos). Ellos creyeron y además, fueron bautizados. Y no solo eso, como un signo inmediato de su conversión, este hombre les lavó las heridas y les dio de comer a esos dos prisioneros (v.32-34).


¿No te parece increíble? Un soldado romano con cierto rango, lavando las heridas de estos dos hombres. Él no tenía porqué servirles, él tenía una imagen y un trabajo que cuidar. Podía meterse en problemas por ayudar y mostrar deferencia a estos dos hombres que la multitud había azotado y encarcelado.


Pero la Gracia irresistible había llegado a su vida y ese gozo no tenía comparación (v.34). Había cambiado para siempre. El que encarcelaba y velaba porque los malvados recibieran su merecido, se había dado cuenta de su propia maldad y que tampoco merecía misericordia. Ahora conocía la verdadera libertad, aquella que supera el ser sacado de un calabozo.

 

Lo que más me conmueve de este relato, es que muchas veces olvido que Dios sigue haciendo milagros de conversión. He considerado a muchas personas que conozco como "insalvables". Pero el Señor me recuerda en Su Palabra que a quién Él escoge se encarga de atraer, conquistar y salvar con Su Gracia inexplicable (Ef.1:4-7). Yo, al igual que Pablo y Silas, solo estoy llamada a hacer mi parte; el milagro de la salvación es obra Suya.


¿Por la conversión de qué persona debes orar hoy?

sábado, 28 de agosto de 2021

Conserva el Asombro

Trato de no estar tan pendiente de las noticias porque sé que pueden afectarme mucho. Sin embargo, en las últimas semanas me ha costado un poco. Como si estar viviendo una pandemia no fuera suficiente, alrededor del mundo y en mi propio país, están ocurriendo tantas cosas, que me resulta imposible desconectarme de esos hechos.

Basta entrar cinco minutos a cualquier red social para perder la paz y a veces, hasta un poco de esperanza. Pero en los últimos días, el Señor se ha ocupado de llamarme a no dejar de asombrarme. 

Es cierto, el mundo es un caos. Mientras escribo, luchamos con un virus en todo el planeta; varios países se preparan para recibir a un huracán muy poderoso; el terrorismo nos ha dejado una semana llena de luto; y por si fuera poco, las familias siguen siendo atacadas espiritualmente de toda forma posible.
Oraba y me daba cuenta de todo el ruido que estos acontecimientos actuales generan. Pareciera que he vivido poniendo mis ojos, oídos y corazón más en todo eso, que en Dios y Su Verdad. Pero no perdamos de vista una realidad poderosa: Nuestro Dios sigue sentado en Su trono (Salmo 11:4), Él sigue gobernando (Daniel 4:26) y Él continúa siendo quien es (Salmo 102:27).


¿Por qué ya no nos asombra que...

-...Él sigue haciendo sanidades milagrosas, aun cuando el mundo está viviendo dominado por un virus que parece invencible?

- ...Él sigue atrayendo almas y llamando a salvación a muchas vidas?
Una de ellas, un familiar que por diversas circunstancias tuvo que emigrar y pedir asilo en otro país. No olvidemos que Dios no desperdicia nuestro dolor. 

- ...Él sigue restaurando familias?

- ...Él sigue rompiendo cadenas de pecado?

- ...Él sigue levantando siervos dispuestos incluso a entregar sus vidas si eso fuese necesario?

- ...Él sigue llenando nuestras congregaciones de Su presencia?

- ...Él sigue hablándonos de la manera exacta que nuestras almas lo necesitan, cada vez que somos expuestos a Su Palabra?

- ...Él nos ame y quiera salvarnos?


Seamos como niños pequeños. Asombrémonos al ver la obra de Dios en otras personas. Deleitémonos con maravilla al ver la Creación (Salmo 8:3, 19:1, 74:16). Susurremos una alabanza cuando un pecador se arrepienta.


¡Tenemos a un Dios Todopoderoso, Inmutable, Soberano, Fiel y Milagroso! Y ese Dios nos eligió para salvarnos y darnos una eternidad junto a Él.


¿Ya dejaste de asombrarte?


"Oh Señor, honraré y alabaré Tu Nombre, porque Tú eres mi Dios. ¡Tú haces cosas maravillosas! Las planeaste hace mucho tiempo y ahora las has realizado" Isaías 25:1


"Te daré gracias porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien" Salmo 139:14

jueves, 12 de agosto de 2021

Bendita Debilidad

El fin de semana, en familia, hicimos una expedición al supermercado. Me encantó que mi sobrina de 4 años se metió al baúl del carro para "ayudar" a acomodar las compras y luego también descargó varias cajas cuando llegamos. Por supuesto que los adultos le agradecimos y felicitamos por su ayuda. Pero nos ocupamos de darle cosas que ella podía manejar. En más de una ocasión cuando le decíamos lo fuerte que era, ella dijo: "es porque como vegetales". 


En realidad, nosotros los adultos estamos conscientes de la fuerza limitada que ella posee y estábamos allí para dosificarle lo que quería cargar; y nos tocó decirle que NO a algunas cosas (¡como los huevos!) a pesar de su insistencia.


Por otro lado, en las últimas semanas el Señor ha estado hablándome sobre admitir mi debilidad en muchos aspectos de mi vida. Creo que muchas veces me he comportado como mi sobrinita, creyéndome autosuficiente, estirando el resorte del "yo puedo sola" hasta que no da más. 

Supongo que parte de mi problema es que me cuesta admitir, incluso ante el Señor, que no puedo, que es duro o que se me ha salido de las manos alguna situación.


El pastor Paul Washer dice al respecto: "El problema no es que seamos débiles; el problema es que no sabemos cuán débiles somos y por lo tanto, cuánto necesitamos orar"


Tan solo trabajar un fin de semana, me recuerda que mi cuerpo es débil y se cansa con facilidad. Una mala noticia hace tambalear mi mundo y debilita mi fe. Un mal entendido con alguien me debilita emocionalmente. Un problema que no se resuelve hace que mi mente dé vueltas pensando en todo lo que puede salir mal si mis soluciones no dan resultado...¡qué agotador!


Soy débil, esa es la verdad. Mi alma, mente y cuerpo son limitados, imperfectos y frágiles. 


Debo aprender a correr a Dios cada día, porque no fui diseñada para "manejar" mi vida. Debo estar consciente de mi debilidad en todo aspecto y no esperar hasta que todo se arruine para ir a Él.


Es simple: cada vez que creo que "puedo" o que "sé" o que lo "resolveré", no estoy reconociendo mis limitaciones y estoy dejando al Señor al margen. 


Por eso, Él me ha estado enseñando a recordar que soy débil y que ¡está bien admitirlo! 


Es solo en la debilidad que puedo vivir Su fortaleza. Es solo en la debilidad que me doy cuenta de cuánto lo necesito. Es solo en la debilidad que me convenzo de que mis sueños de independencia de Él no son más que una falacia. ¡Bendita debilidad!


Yo no nací, no soy ni podré ser fuerte alguna vez; al menos no por cuenta propia. Él es la fuente de fuerza que se necesita para vivir la vida cristiana (Éxodo 15:2). Sin Él, no somos nada (Juan 15:5).


¿Qué cosas has creído tener bajo control? ¿Admites con frecuencia delante del Señor tus limitaciones y lo débil que eres? Quizás es momento de rendirte y dejar que tu debilidad te lleve a descansar a Sus brazos fuertes, inagotables y firmes.


Bendice a Dios por tu debilidad y corre a recibir Su fortaleza.


"Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque Mi poder se perfecciona en la debilidad". 2 Corintios 12:9

jueves, 17 de junio de 2021

A los padres: Lo que tus hijos necesitan

Un padre que ame al Señor con todo su corazón (Mr. 12:30) y que haya rendido su vida por completo a Él.


Un padre que ore por y con ellos (1 Tes. 5:17).


Un padre que lea y conozca la Palabra y se las recuerde constantemente (Deut. 6:6-9).


Un padre que tenga un consistente tiempo a diario con el Señor (Sal. 5:3).


Un padre que se someta a sus autoridades (1 Pe. 2:13).


Un padre que crea en rendir cuentas de su vida espiritual y sea transparente (Sal. 51, Prov. 28:13).


Un padre que se deje pastorear.


Un padre que crea en el diseño divino y la santidad del matrimonio (Gén. 2:24).


Un padre que ame a su esposa como Cristo amó a la iglesia (Ef. 5:25).


Un padre que no deje la responsabilidad de la crianza y disciplina de los hijos a su esposa.


Un padre que provea responsablemente para el hogar y modele como buen administrador de las bendiciones materiales (1 Tim. 5:8).


Un padre que les vea a los ojos todos los días y les pregunte cómo están.


Un padre que con sus actos les demuestre que el trabajo/ los hobbies/ los amigos/el ministerio NO son lo más importante.


Un padre que juegue lo que a ellos les gusta, aun si eso implica mojarte, ensuciarte o tirarte al suelo,


Un padre que tenga dominio propio y sea capaz de dejar su celular o la televisión a un lado para ESCUCHAR y estar PRESENTE.


Un padre que se siente a la mesa todos los días para compartir al menos un tiempo de comida en familia.


Un padre que admita cuando se ha equivocado y sea capaz de pedir perdón.


Un padre que trate a los de casa igual o mejor que como trata a los de fuera.


Un padre que conozca los temores, gustos y desafíos de sus hijos.


Un padre que provoque que sus hijas deseen casarse con un esposo como él y que sus hijos anhelen ser como ellos cuando formen una familia.


Un padre que abrace y diga te amo todos los días.



"Los justos caminan con integridad; benditos los hijos que siguen sus pasos" Proverbios 20:7


"Dirige a tus hijos por el camino correcto, y cuando sean mayores, no lo abandonarán" Proverbios 22:6

domingo, 9 de mayo de 2021

La Maternidad: Un Anhelo Desconocido

Después de más de un año en pandemia, he tratado de entender porqué sentía algunas cosas nunca antes vividas. Fue hasta hace unos días, luego de una visita a mi ginecóloga, que me encontré diciendo en voz alta lo que no había podido decir: he estado viviendo un duelo, un duelo por la maternidad. 

Todo empezó en diciembre 2019, cuando llegué a mis 40 años. Luego la cuarentena y el turbulento 2020 ayudaron a enterrar el sentimiento. Pero ahora que muchas cosas retornan  a la normalidad, me he descubierto en ese lugar tan desconocido, llevando por dentro ese anhelo silencioso y caminando al estado de aceptación-por no decir resignación- en el que debo expresar fuerte y claro: no voy a ser mamá.

Nunca sentiré pataditas en mi estómago, nunca lloraré al oír latiditos en una ultrasonografía, nunca me harán un baby shower, nunca recibiré una manualidad un 10 de mayo. Aunque sé que tenemos a un Dios milagroso, lo más probable es que nunca ocurra.

Sé que no soy la única que atraviesa por este valle. Conozco de mujeres que por razones físicas y a pesar de años de intentarlo, no lo han conseguido. Sé de otras, que debido a una prolongada soltería,  están luchando con renunciar no solo a un matrimonio, sino también, al deseo de ser madres. Todas viviendo un duelo, cada una a su manera.

En este camino, he intentado en más de una ocasión abordar el tema con amigos o hermanos en Cristo. Lamentablemente, no todos pueden entender lo que tú vives. He recibido palabras llenas de buenas intenciones, pero con poca gracia, en las que me han hecho sentir que quizá esta es una consecuencia de mi pecado pasado. Otros, simplemente no saben manejar el tema y evaden la conversación. 

Así que de pronto te encuentras como en una isla, un pedacito de tierra en el que pocas han estado y que los demás desconocen, porque en su vida nunca les tocó transitar por allí.  

Es curioso, ¿cómo puedes sentir duelo por algo que nunca has tenido? 
Entonces, ¿Proverbios 31 nunca se aplicará para mí?, ¿si los hijos son Su herencia y símbolo de bendición (Salmo 127:3-5), significa que no soy una mujer bendecida?

Si soy honesta, me cuesta hablarlo aún con el Señor. Aunque sé que Él me conoce y entiende, me es difícil admitir en Su presencia que duele, que no lo entiendo y que necesito consuelo de alguna forma.

Porque...¿y si sí es consecuencia de mis metidas de pata y mi pecado? 

A pesar de que apenas estoy empezando a lidiar con esto, el Señor me ha hecho ver que la respuesta es la misma, para una mujer estéril como para una llena de hijos; para una viuda como para una soltera; para una joven como para una abuela. La respuesta es Él. 

Él es todo-suficiente (Salmo 23:1). Él es la porción que el alma de toda mujer necesita (Salmo 73:26), Él sabe manejar la vergüenza, el dolor y la tristeza de cualquiera de nosotras (Isaías 54:4), Él sabe llenar los vacíos y nunca abandona (Isaías 49:15-16). 

Él nos creó con ese instinto maternal, con esa naturaleza inclinada a cuidar, dar vida y proteger. Me consuela recordar, que ÉL SABE lo que atravieso, aunque yo no pueda pronunciar una palabra al respecto.

Por ahora, aunque no comprenda por qué los planes de Dios no incluyen darme hijos (al menos, no biológicos), voy a pedirle ayuda para hacer lo que toda mujer debe hacer: aferrarme a Él, a Sus promesas, al Evangelio, a la Verdad. 

Para toda mujer con ese anhelo de ser mamá: no estás sola. Te entiendo, pero nuestro Dios te entiende más. Refúgiate en Sus brazos, Él puede lidiar con lo que sentimos, con nuestras preguntas y cuestionamientos. Deja que Él te llene hoy.


"Ciertamente el Señor consolará a Sion (pon tu nombre), consolará todos sus lugares desolados. Convertirá su desierto en Edén, y sus lugares desolados en huerto del Señor. Gozo y alegría se encontrarán en ella, acciones de gracias y voces de alabanza" Isaías 51:3

"¿A quién tengo yo en los cielos sino a Ti? Fuera de Ti, nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre" Salmo 73:25-26

sábado, 3 de abril de 2021

Las preguntas de ese sábado

El Maestro había sido sepultado; le dieron la muerte más humillante y dolorosa que podían darle. Sus ojos habían atestiguado el sufrimiento y la vergüenza que le hicieron pasar. Seguramente ellos, quienes le amaban y le habían seguido, derramaron muchas lágrimas mientras todo ocurría. Pero aquel viernes cuando atardecía y se resolvía adónde sepultar el cuerpo de Jesús (Mateo 27:57-60) ellos tuvieron que volver a casa pues el día de reposo iba a comenzar (Marcos 15:42).

¿Se imaginan ir a casa con ese dolor en su pecho, con esa incertidumbre sobre el futuro y con todas las preguntas sobre lo que acababan de presenciar?

Esta mañana trataba de imaginar lo que las mujeres que seguían a Jesús y vieron de lejos su muerte y sepultura (Mateo 27:55,56, 61) sentían. Pensaba también en lo que sus discípulos atravesaron.

La Biblia no nos dice lo que ocurrió ese sábado. Parece que sólo hubo silencio.

Pero estoy segura que mientras estaban angustiados y encerrados en aquel día de reposo, muchas preguntas llenaron sus mentes.

¿Así se supone que iba a terminar? ¿Eso fue todo? ¿Para eso vino y lo seguimos por tres años? ¿Por qué tuvo que morir así? ¿Qué va a pasar con nosotros? ¿Seremos los próximos? ¿Por qué nos dejó? ¿Estaremos solos desde ahora? Él tenía el poder para acabar con ellos, ¿por qué no lo usó? 

La Biblia apunta que los discípulos tuvieron miedo y estaban encerrados (Juan 20:19). Nadie parecía recordar lo que Él había prometido (Mateo 17:22-23), nadie le daba ánimo a sus hermanos mientras aguardaban lo que venía. Todo era duda y temor, una espera dolorosa, angustia y duelo.


Pero en Su bondad, el Señor no dejaría que esto se prolongara. Sólo era cuestión de horas para que ese día glorioso comenzara tal como había dicho (Mateo 28:6). Contra toda ley natural, contra toda fuerza del infierno, contra todo gobierno humano.


Me resulta fácil cuestionar a estas personas: ¿por qué olvidaron tan fácilmente lo que les había prometido? Pero el Espíritu Santo me recuerda que soy igual que ellos. No me gustan los tiempos de silencio, mi corazón se angustia con facilidad cuando Él decide que ocurran cosas que no me gustan. Olvido con ligereza las promesas de Aquel que no miente. Me lleno de miedo cuando Él me hace esperar. Asoman cientos de preguntas que cuestionan Sus planes y Su bondad y las contemplo una y otra vez.

Pero un día como hoy me recuerda que Sus planes siguen llevándose a cabo a pesar del silencio y de la espera que me duele. Su gloria llegará, Sus promesas han de cumplirse, las razones para celebrar me serán dadas pronto. Él hará que eventualmente todo cobre sentido. E incluso, aunque no lo entienda de este lado del cielo, sé que en la eternidad lo haré.

Nuestras vidas pueden estar llenas de sábados como hoy, días de preguntas y temor, días de espera e incertidumbre, días de aparente derrota y desesperanza...pero hay motivos para confiar: Él es el motivo. Porque no miente, porque cumple, porque es Todopoderoso, porque siempre vence, porque la muerte no puede contenerlo.

No importan las preguntas y el silencio de la espera, el día de resurrección se acerca.


"Ustedes, no teman; porque yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, tal como Él dijo" Mateo 28:5-6