sábado, 19 de septiembre de 2020

Para Una Mujer Que Se Pregunta Si Todavía Puede Tener Esperanza

Pocas veces he hecho esto, pero en esta ocasión quiero compartir algo que está en mi diario de oración. Tengo el fuerte impulso de hacerlo, por todas aquellas mujeres que hoy día, por la razón que sea, se sienten solas, abandonadas, sin rumbo, dolidas o tristes. Lean y que Dios hable de la manera exacta que sus corazones lo necesitan.


(8 de Septiembre, 2020)

¿Todavía puedo tener esperanza? ("Aún llenará tu boca de risa, y tus labios de júbilo." Job 8:20)


El Señor no ha acabado Su obra, en el nombre de Jesús, tendremos nuevas razones para reír, para celebrar. Voy a hablar, voy a cantar con gozo. Dios es bueno y veré aún más manifestaciones de esa bondad. Veré a mi mami reír con gozo de nuevo. Levantarás esa "nube gris invisible" que parece que no se va. Esa tristecita silenciosa, ese dolorcito, esa frustración, esa desesperanza, esa oscuridad...llévatela Padre. En mi mami y en mí, y en cualquier persona que se sienta como nosotras.


Que esto acabe Señor, que las marcas que la viudez, las relaciones rotas o la pérdida hayan dejado en nuestra alma, sean quitadas Padre. Sánanos, límpianos, restáuranos. Danos esperanza, danos fe, danos propósito, danos visión.


Yo no quiero que pasen los días y los años solo por pasar y para ir tachándolos; quiero tener rumbo, tener propósito, tener algo por lo cual levantarme cada mañana, motivada, sabiendo que es lo que Tú quieres para nosotras. Llévate ese despropósito, llévate esa sensación de solo ir pasándola.


Me rehúso a vivir así, solo por vivir. Quiero hacer algo más, quiero crecer, quiero prosperar; pero también quiero servirte, quiero que me uses. Por ahora me siento amarrada, tan sin sentido...


Pero pongo en Tus manos esos sueños, esos anhelos rotos, suspendidos, pisoteados...Todo lo que no pudo durar, todo lo que se destruyó, todo lo que arruiné, todo lo que no se llevó a cabo, todo lo que nunca ocurrirá.

Esa mañana, terminé de escribir lo anterior y uno de los versículos que tengo en mi cuarto llamó mi atención; así que el Señor me llevó a Su Palabra. Jeremías 31.


"Hace tiempo el Señor le dijo a Israel (Dome): Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a Mí.         Yo te reedificaré, mi virgen Israel (Dome). Volverás a ser feliz y con alegría danzarás con las panderetas.


De nuevo plantarás tus viñedos sobre las montañas de Samaria (tu tierra) y allí comerás de tus propios huertos.


Por sus rostros correrán lágrimas de alegría, y con mucho cuidado los guiaré a casa. Caminarán junto a arroyos quietos y por caminos llanos donde no tropezarán. Pues soy el padre de Israel (Dome).          El Señor que dispersó a Su pueblo,  lo reunirá y lo cuidará como hace un pastor con su rebaño.


Vendrán a su tierra y entonarán canciones de alegría en las alturas de Jerusalén. Estarán radiantes debido a los buenos regalos del Señor: abundancia de grano, vino nuevo y aceite de oliva, y los rebaños y las manadas saludables. Su vida será como un jardín bien regado y desaparecerán todas sus tristezas.


Las jóvenes danzarán de alegría y los hombres-jóvenes y viejos-se unirán a la celebración. Convertiré su duelo en alegría.


Pero ahora esto dice el Señor: No llores más, porque te recompensaré-dice el Señor-. Tus hijos volverán a ti desde la tierra lejana del enemigo. Hay esperanza para tu futuro -dice el Señor-. Tus hijos volverán a su propia tierra.


¿No es aún Israel (Dome) mi hija, mi hija querida?-dice el Señor. A menudo tengo que castigarla (taann cierto!) pero aún así la amo. Por eso mi corazón la anhela y ciertamente le tendré misericordia." Jeremías 31:3-5, 9, 10b, 12-13, 16-17, 20 NTV      


                   

No tengo que decir cuánto lloré. Tenía ratos de no sentir como el Señor me hablaba así de directo y de inmediato a través de Su Palabra. Cada letra saltaba a mis ojos y estaba segura que era para mí. El mismo Dios que hace muchísimos años profetizó a través de Jeremías y dio esperanza a Su pueblo en cautiverio, es el Dios que estaba en mi cuarto trayendo el consuelo que mi alma necesitaba en el instante preciso.


 Así que, estimada mujer; si recientemente te has preguntado ¿todavía puedo tener esperanza? Estás leyendo tu respuesta.


Pronto vamos a ser reedificadas, conoceremos una restauración permanente y los años de duelo o pena quedarán atrás.     


sábado, 12 de septiembre de 2020

¿HABLARLE A MI ALMA?

Suelo hablar conmigo todo el tiempo. Me comento cosas como: “¡qué pena!”, “¿qué acabas de hacer?”, “tranquila, relájate, no perdás el control”, “¿qué tal si haces esto o aquello?”, etc. Es más, hasta me río de mí…¡conmigo! Si la gente pudiera escuchar todo lo que hablo conmigo misma, seguro no volverían a acercarse.


Recientemente, Dios me ha estado invitando a hablarle no solamente a Él, sino también a mi alma. Lo he escuchado de diversas fuentes y no entendía bien a qué se referían. Pero como soy aficionada al libro de los Salmos, me he dado cuenta de cómo el rey David y otros autores recurrían continuamente a esta práctica:


"Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de Él es mi esperanza" Salmo 62:5

"Bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de Sus beneficios" Salmo 103:2


Si haces un recorrido por los Salmos, notarás cuantas veces y en cuantas diferentes circunstancias, los salmistas aconsejaban a sus propias almas a confiar en Dios, a esperar en Él, a no desesperarse, a recordar Sus promesas y a persistir con fe.

En tiempos de incertidumbre como los que vive el mundo actualmente, creo que todos necesitamos aprender a hablarle a nuestra alma. Por supuesto debemos hablar con el Señor y depender de Él. Pero muchas situaciones de nuestra vida requieren que nos recordemos a nosotros mismos, a esa parte inquieta y ansiosa de nuestro ser, todas las bondades y promesas del Señor.


"Aguarda a Jehová; Esfuérzarte y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová." Salmo 27:14

"¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío." Salmo 43:5


Durante estos meses tan extraños que hemos vivido, me he descubierto a mí misma dando cabida a pensamientos de angustia y de preocupación; he dejado que mi corazón se llene de miedo y mi mente, de muchos "¿y qué si's?". Pero he encontrado que debo volver a la Palabra cada vez y hablarme a mí misma para recordarme todo lo que el Señor es y me ha prometido.


"Vuelve, oh alma mía, a tu reposo. Porque Jehová te ha hecho bien" Salmo 116:7

" Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor, no hay para mí bien fuera de Ti" Salmo 16:2


Hay días en los que termino exhausta, cargada y de mal humor; y muchas veces concluyo que es porque dejé que mi alma se acelerara fijándose en cada circunstancia alrededor, en lugar de detenerse a contemplar al Señor y a recordar Su verdad.


En ocasiones parece que necesito tranquilizarme como a un bebé y decirme:


Sshh, sshh, tranquila, respira.

Sshh, sshh, descansa, confía.

Sshh, sshh, míralo a Él.

Sshh, sshh, suelta las preguntas.

Sshh, sshh, esto también pasará (2 Corintios 4:17)

Sshh, sshh, Él sigue sentado en el trono (Apocalipsis 7:10)

Sshh, sshh, Sus planes siguen siendo buenos (Jeremías 29:11, Romanos 8:28)}

Sshh, sshh, Sus promesas son Verdad.


¿Qué necesitas recordarle a tu alma hoy? Tómate unos minutos y aconseja a tu propio corazón a recordar en Quien ha confiado.

domingo, 23 de agosto de 2020

PARA LOS AFLIGIDOS POR LA PROVISIÓN

 

Han sido meses difíciles. Estoy segura que todos nos hemos preocupado por nuestra situación económica o la de alguien más.

Muchas de mis oraciones durante esta pandemia han sido relacionadas a la provisión material, pero en varias ocasiones el Señor me ha recordado Su fidelidad pasada. Y hoy quiero compartirles una que fue épica:

 

En el 2005 por razones de seguridad, tuvimos que buscar una casa a la cual mudarnos. Encontramos la que es nuestra vivienda actualmente; yo, porque unos amigos me llevaron a visitar varias opciones y de casualidad pasamos por allí y tomé nota de número telefónico que anunciaba el alquiler. Y mi mamá, que había estado viendo los clasificados, encontró una casa que le llamó la atención, porque cumplía algunas características que buscábamos…¿y adivinen qué? ¡ERA LA MISMA!


Eso debería decirnos algo.


Conseguimos rentar la casa y nos mudamos un 20 de Agosto de 2005. En Junio 2006 mi papá falleció y meses después nos dijeron que debíamos dejar la casa, pues la iban a vender. Nos angustiamos, solo éramos mi mamá, que nunca antes había trabajado; mi hermana, que  acababa de conseguir un trabajo y yo, la que tenía un trabajo más estable.


Les resumo diciendo que llamé o fui a todos los bancos del país para ver si nos daban un préstamo hipotecario. Algunas veces ni le comentaba a mi familia lo que me decían, pues no quería sumar preocupación.


Teníamos que aceptarlo, debíamos volver a nuestro apartamento en una zona poca segura o debíamos buscar una nueva casa que estuviera en nuestras posibilidades comprar/rentar.


Recuerdo que orábamos mucho por este tema, le pedíamos al Señor que nos ayudara, que nos proveyera, que hiciera un milagro.


Nos hablaron de un lugar al que no habíamos aplicado, pues la decepción por “no calificar” nos tenía desinfladas. Pero por alguna razón fuimos, llevamos todos nuestros documentos y a esperar de nuevo.


Un viernes al mediodía la ejecutiva asignada nos llamó a mi hermana y a mí y nos dijo que era urgente que llegáramos esa misma tarde a su oficina. Llegamos junto con mi mamá, casi pronunciando en mi mente el mismo discurso de ocasiones anteriores: “no califican”, “ganan muy poco” y cosas así.


La ejecutiva nos recibió y recuerdo casi cada palabra que nos dijo:

“No me explico porqué, pero el comité de créditos decidió aprobarles el préstamo que están solicitando. No entiendo, porque sus salarios juntos no suman el mínimo requerido, pero son jóvenes y el banco va a apoyarles”.

De inmediato mi mamá le dijo: “Yo sí sé por qué. Es que somos hijas de Dios”.

 

Yo recuerdo que contenía el llanto y aunque estaba sentada en una silla en ese cubículo, mi corazón saltaba de alegría dentro de mí. Dios lo hizo, ese Dios que prometió ser nuestro Padre y esposo cuando mi papá terrenal se fue al cielo, estaba cumpliendo y nos dejó con la boca abierta.

 

En medio de la pandemia y las consecuencias financieras derivadas, Dios me ha recordado ese milagro, ese movimiento divino que Él hizo y que resultaba inexplicable para esa ejecutiva experimentada.


Y también me ha invitado a volver a creer, a confiar en Sus jugadas milagrosas, en Sus sorpresas, en Su amor, en Su paternidad responsable.


Hoy por hoy, nuestros ingresos familiares se han reducido de forma drástica debido a la pandemia;  y si soy honesta, no tengo idea de cómo haremos para lograr ponernos al día con todo (incluida la casa); pero cuando comienzo a hacer números en mi cabeza y las palpitaciones se aceleran y el insomnio se asoma; mi Dios me recuerda esa oficina y a esa ejecutiva y me invita a creer que Él puede hacer lo que le plazca porque sigue siendo Dueño de todo y sigue teniendo recursos ilimitados; pero sobre todo, que sigue siendo mi Papá y cuida de mí.


¿Te está costando confiar? ¿Estás preocupado por tu situación financiera? Descansa, Dios sigue haciendo milagros y seguramente ya tiene nuestras respuestas en el horno. Pronto vamos a volver a testificar de Su provisión.


"Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante Su gran poder, que actúa en nosotros." Efesios 3:20 NTV

miércoles, 12 de agosto de 2020

El Salmo 119 y mi sorbete de Chocoalmendras

En mi país, la que a mi parecer es la mejor sorbetería, cerró desde que inició la cuarentena. Hace unos días descubrí que una sucursal del interior del país sí está funcionando y una persona está trayendo producto por encargo hasta la capital.

Así que encargué mi sabor favorito: chocoalmendras. Habíamos establecido un día de entrega y a última hora, me cancelaron. La espera se alargó 24 horas más.

Les confieso que no me aguantaba por probarlo. Casi lo podía saborear y planeaba comerme un vaso lleno de él.


*****


He estado leyendo los Salmos desde hace un par de meses, y justo me tocó leer el capítulo cuyo tema único es exaltar la Palabra de Dios el día que recibí mi anhelado sorbete. 


"En Tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré Tu Palabra. Tus estatutos son mi deleite; son también mis consejeros." Salmo 119:16, 24.


Mientras leía vino de la nada una pregunta a mi mente: ¿Me deleito en Su Palabra tanto como en comer ese sorbete?

Cualquiera puede decir que no hay parámetro de comparación, pero creo que sí lo hay...y es en el corazón. 


Me ha costado mucho a lo largo de los años disponer un tiempo con disciplina para leer la Biblia; muchas veces he leído para tachar un pendiente y para "cumplir" con la cuota diaria. Otras, ni siquiera recuerdo qué decía lo que leí ni me detengo a meditar aunque sea en UN versículo y así darle tiempo al Espíritu Santo para que me hable.


En realidad no, no me deleito en Su Palabra como debería. No disfruto cada probadita ni saboreo cada pedacito que leo. Les confieso que me como el sorbete con una cuchara pequeña, según yo para que me dure más...pero con la Palabra casi siempre corro. Estuve dispuesta a pagar extra para que alguien me trajera mi chocoalmendras hasta casa, pero muchos días saltarme la lectura de las Escrituras, no me duele nada.


Se trata del corazón...y mi corazón urge de deleitarse y saborear todos los tesoros que mi Dios ha dejado en Su Verdad, para nutrirme como es debido y para conducirme como le agrada a Él.


¿Qué hay de ti? ¿En qué te deleitas? 


Creo que este tiempo en el que casi no salimos de casa es muy apropiado para sumergirnos más en Su Palabra y encontrar que ella puede satisfacernos en cada área de nuestra vida. Solo siéntate, abre tu Biblia, dispón tu corazón, ora y empieza a deleitarte.


"¡Oh! cuánto amo yo Tu ley. Todo el día es ella mi meditación" Salmo 119:97

"Vivíficame oh Jehová conforme a Tu Palabra" Salmo 119:107

miércoles, 29 de julio de 2020

Mis Confesiones: La niña de las "Tally Marks"

Siempre, por la Gracia de Dios, fui una buena estudiante. Crecí acostumbrada a sobresalir y recibir medallas y diplomas al final del año escolar. Y ahora sé que eso no siempre te hace bien.

Por alguna razón, esto me ayudaba a ser amiga de mis maestros. Con frecuencia, cuando alguno de ellos tenía que salir del aula mencionaban mi nombre y me dejaban como "encargada" del grupo. Si yo hubiese sido un pavo real, cuando me levantaba de mi asiento para dirigirme al escritorio del docente, mis plumas se hubieran extendido en todo su esplendor. Ustedes me entienden, yo me sentía la más importante y la mejor de la clase. 

No sé quién se inventó esta práctica, pero parte de mis funciones al vigilar a mis compañeros, era anotar en la pizarra los nombres de los que se portaban mal o no trabajaban; y si ellos persistían en esa conducta, pues les ponía "palitos" o "tally marks" por cada falta que cometían. 

A mí no me importaba caerle mal a los demás, me importaba más quedar bien con mis maestros y conservar mi estatus de la mejor estudiante. Cuando el docente regresaba, yo me aseguraba de que viera los nombres y los palitos al lado de cada uno. ¡Qué gran sensación, no hay nada como la satisfacción de un trabajo bien hecho!


He pasado en la iglesia desde los 11 años y no fue hasta hace un par de años que realmente conocí y experimenté la plena gracia de Dios. En ese proceso, Dios ha venido tratando conmigo muchísimas áreas y una de ellas es la "buenitis".

Hace poco, Dios me recordó mis tiempos de "registradora de tally marks" y sentí como me revelaba que también fui así en mi caminar cristiano.

Pasé casi toda mi vida observando la conducta de otros, viendo cómo metían la pata, cuán pecadores eran...y mentalmente fui poniendo palitos y más palitos a esas personas. ¿Qué produjo eso en mí? Pues aquella vieja sensación conocida..."¡Ahhh, qué buena soy!".

Siempre me fue fácil compararme con otros y encontrar que mi pecado no era tan grande ni tan escandoloso como el de ellos. 

No fue hasta que me estrellé con mi buenitis y que Dios, por Su bondad, permitió que se orquestaran una serie de situaciones en mi vida, que mi mundo se derrumbó y sucedió algo extrañísimo: fue como tener un espejo para verme por dentro y de pronto, me dí cuenta...yo tenía las mismas "tally marks" o incluso más que muchos de los nombres que escribí en mi pizarra mental.

Vergüenza, culpa, frustración...pero todo eso era necesario para ver mi propia necesidad de Él y de Su gracia. ¿Cómo vas a amar y valorar el perdón, si nunca te has sentido ofensor? ¿Cómo vas a agradecer la Gracia, si nunca te has sentido tan pecador? ¿Cómo vas a recibir libertad, si nunca te has dado cuenta que estás atado? ¿Cómo vas a aceptar ayuda, si creciste creyendo que no la necesitabas tanto como el resto? 

Al final, el Único que puede borrar esos palitos que marcan el pecado en nuestra vida es Cristo con Su sangre. Y ¿saben qué? Nunca más alguien puede volver a escribir una de esas marcas en nuestro nombre. Su obra es completa y eterna. ¡Esa es la mejor sensación de todas! Libertad, Favor y Gracia.


"Hace tiempo ustedes estaban espiritualmente muertos a causa de sus pecados y sus ofensas contra Dios. Antes vivían pecando igual que todo el mundo...Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos" Efesios 2:1-2, 4-5

"Estamos todos infectados por el pecado y somos impuros. Cuando mostramos nuestros actos de justicia, no son más que trapos sucios" Isaías 64:6

"Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo" Isaías 30:18

sábado, 18 de julio de 2020

Cuarentena Parte 6: Hacer Memoria

                                                       
                                                                                                                                           ¿Desechará el Señor para siempre, 
   y no volverá más a sernos propicio?
¿Ha cesado para siempre Su misericordia? 
¿Se ha acabado perpetuamente Su promesa?
¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? 
¿Ha encerrado con iras Sus piedades? Salmo 77:7-9

Estoy segura que todos hemos enfrentado aunque sea un momento de preocupación, incertidumbre, impotencia o angustia durante estos meses de pandemia. Supongo que es normal, al estar viviendo una situación desconocida para esta humanidad.

Tengo un grupo de amigas cercanas, con las que coincidimos en que hemos pasado días complicados de vez en cuando. Yo les he compartido a ellas que estos meses para mí han sido como vivir en los Salmos. Puedo irme a dormir con una gran paz y despertar en la madrugada con una presión en el pecho. O puedo empezar el día con mucha tranquilidad y de repente recibir un mensaje de alguien que necesita oración urgente y empiezo a temer lo peor. Parezco el rey David o cualquiera de los salmistas, que experimentaban esos cambios abruptos de emociones y pensamientos.

Precisamente debido a esa montaña rusa de emociones he estado leyendo los Salmos. Hace poco me detuve en el 77, pues algunos comentaristas bíblicos le llaman "una cura para la depresión" (Trata de leerlo completo para que entiendas de lo que te hablo). Pude identificarme casi con cada cosa que el escritor decía, pero al llegar al verso 10, como es usual en los Salmos, el discurso da un giro:

Dije: Enfermedad mía es esta. 
Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo.
Me acordaré de las obras de JAH; 
sí, haré memoria de Tus maravillas antiguas.
Meditaré en todas Tus obras,  
y hablaré de Tus hechos. vv. 10-12

¿Qué debo hacer cuando me sienta como el autor se sentía al inicio de ese capítulo?

1. Hacer memoria (vv.10 y 11), acordarme de las cosas que la diestra del Altísimo (término que exalta Su poder) ha hecho por mí en el pasado. ¿Cuántas veces hizo algo imposible? ¿De cuántos peligros me ha librado? ¿Cuántas peticiones respondió? Y sobre todo, ¿cómo cambió mi vida cuando me salvó?

2. Meditar en Sus obras (v.12 a). Implica ir más profundo que solo recordar. Meditar quiere decir pensar con detenimiento, contemplar, analizar sin prisa, pensar una y otra vez. 

Muchas veces no he meditado en las maravillas que el Señor ha hecho conmigo. Fácilmente tiendo a mirar todo lo malo en el presente y lo negro que se ve el futuro; y olvido recordarle a mi alma que Su Dios le ha cuidado y sostenido en el pasado; y que ese Dios no cambia.

3. Hablar de Sus hechos (v. 12b). ¿Se han fijado como todo el mundo habla del tema del momento? ¿Por qué ocurre? Porque es lo que todos andamos en la mente.

Lo mismo pasa con Sus hechos poderosos del pasado; cuando hemos meditado en ellos y los andamos en nuestra mente de forma constante, con naturalidad hablaremos de ellos. Pero nuestra boca difícilmente contará Sus maravillas si nuestra mente y corazón no las tienen presentes.



Mientras meditaba en ese Salmo, empecé a escribir muchas de aquellas cosas que el Señor ha hecho por mí y por mi familia y sé que me quedé corta. Cada cosa que recordaba era una evidencia de Su poder ilimitado, de Su amor, de Su misericordia y de Su fidelidad...Entonces ¿por qué voy a dudar ahora?

La pandemia no hace a mi Dios menos poderoso o menos bueno, Él es constante, inmutable (Santiago 1:17) y fiel por la eternidad (2 Timoteo 2:13). 


Asaf, también escribió el Salmo 78 y nos dice cuál es el propósito de recordar todo lo que nuestro Dios ha hecho antes:

"Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos. A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios" Salmo 78:6-7

¿Te está costando confiar en esta temporada? ¡Haz memoria y medita en lo que Él ya hizo! ¡y confía en que lo volverá a hacer!


"Bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de Sus beneficios" Salmo 103:2

"Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta Ti en Tu santo templo" Jonás 2:7

jueves, 2 de julio de 2020

Cuarentena Parte 5: Sueños y Planes Rotos

Sé que todos, en mayor o menor medida, hemos experimentado algún tipo de aplazamiento, suspensión o fin de algo en esta pandemia. Vidas, trabajos, la salud, negocios, sueños, planes...son muchas cosas.

Yo había estado enfocada en que mi familia estuviera bien y había tratado de no pensar en lo demás. Pero esta semana empecé a sentir cierto duelo por una de las cosas que más emocionaba al iniciar este año:

Soy maestra y desde hace un par de años tenía el deseo de iniciar un club de tareas y refuerzo escolar que ofreciera el servicio de asistencia a hijos de padres muy ocupados, que necesitaran ayuda con las responsabilidades académicas de sus chicos.
Mi mamá me apoyó desde que la idea surgió y poco a poco empezamos a concretizarla. Viví todo ese proceso: ponerle nombre al proyecto, un amigo me diseñó toda la linea gráfica para el mercadeo, remodelamos una parte de la casa para que allí funcionara el local para atender a los niños, compramos el mobiliario, una amiga me ayudó a decorar; en fin...iniciamos el mes de febrero...y el sueño me duró 6 semanas. Sólo 6 semanas.


¿Nos faltó orar? ¡Vaya que sí oramos! Le pedí apoyo a mis hermanos y a un par de familias muy cercanas desde meses atrás. Oramos en todo el proceso y Dios fue guiando cada paso. Todo nos decía que podíamos seguir avanzando.

¿Me equivoqué? Ya lo he pensado. Quizás no era el momento. Quizás me precipité. Pero cuando repaso todo el camino, sé que no fue así.

¿Es algo temporal y volveré pronto? No lo sé. He querido pensar así. Pero no tengo garantía. Dios no me lo ha confirmado y cada vez parece más lejano revivir el proyecto. Probablemente pasará más de un año antes de que se reanuden las clases y se nos otorgue permiso de aperturar este tipo de negocios. Y para mientras hay una inversión congelada y pagos que deben hacerse y no tengo idea de cómo vamos a cubrir todo sin estar operando.

Ni siquiera había querido tocar el tema con Dios en estos meses. Cuando veía las sillas y las mesas de mi club, me sacudía la cabeza y trataba de pensar en otra cosa. Pero ya me golpeó la realidad y aunque agradezco infinitamente que es eso lo que perdí y no la salud o la vida de mi familia; no deja de ser triste. Sin embargo, me da paz saber que Dios entiende cómo me siento y también que esto es parte del Plan.


He estado leyendo los libros de Samuel y de Reyes simultáneamente con los Salmos. Me encanta leerlos de esa manera, pues mientras entiendes la historia y el orden cronológico de los hechos, vas dándote cuenta del corazón del rey David en todo ese proceso. Una promesa fue suficiente para que él esperara tanto tiempo en el Señor. Nada se le dio fácil. Se ganó enemigos de gratis, su vida corrió peligro muchas veces, fue asaltado por el miedo y la duda otras tantas, fue traicionado, su reinado no llegó de golpe. 

Cuando lees diversos salmos te das cuenta que el rey David podía empezar a escribir acongojado, casi dándose por muerto y preguntando al Señor cuándo le haría justicia...pero terminaba alabando al Señor, recordando todas Sus maravillas, Su fidelidad pasada y rendido a Su voluntad, confiando en Su providencia.

Una y otra vez, veo en toda la Biblia que nuestro Dios cumple, que Sus promesas son sí y amén (2 Corintios 1:20). Él es capaz de agarrar los pedazos de nuestros planes rotos y rehacerlos en un instante. O bien, puede deshacerlos de la noche a la mañana y dejarlos así. Él es Dios, Él es Soberano. Yo le di mi vida y hace un tiempo confié en Él y le dije que reinara y lo hace muy bien.

Mucha gente dice que Dios nos dará el doble de lo que hemos perdido, cual Job (Job 42:10). Me gusta mucho eso y sé que el Señor puede hacerlo si lo desea. ¿Pero y si no? Bueno, Él tendrá algo mejor en mente.

Lo que sí sé es que Él ya probó ser fiel muchas veces en el pasado y no me ha dado motivos para dudar. Él hará camino, Él puede hacer mucho más allá de mis sueños más temerarios (Efesios 3:20), aunque Sus sueños no sean precisamente los que yo creía, Él puede abrir una puerta inesperada, Él tiene un propósito superior en medio de mis sueños rotos. 

El Señor es el restituidor por excelencia. No lo olvides. Entreguemos todo lo que esta pandemia nos arruinó y confiemos en Su providencia.


"¿Por qué te abates oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle. Salvación mía y Dios mío." Salmo 42:11

"Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera a Jehová" Salmo 27:13-14