jueves, 8 de septiembre de 2022

AMIGOS QUE ESTORBAN

En mi lista de agradecimientos con frecuencia aparecen mis amigos. No sé cómo, pero por alguna razón he sido capaz de conservar amistades por 10, 20 y hasta casi 30 años. La verdad es que soy una persona complicada y aun así varios han decidido quererme y aceptarme en sus vidas y las de sus hijos.


Sé que me he portado mal con algunos de ellos; no fui paciente, no valoré lo suficiente la relación, no quise que me preguntaran sobre mis problemas, entre algunas de las razones que puedo mencionar. También, puedo enumerar a varias amistades que se portaron mal conmigo, que no fueron transparentes y que decidieron alejarse (y doy gracias a Dios por ello).


Sin embargo, el Señor me ha enseñado en los últimos meses a valorar mucho más a los amigos que vienen de Él. Hablo de esos amigos que te edifican, que te alimentan, con los que puedes abrir el corazón recíprocamente sin problema. Hablo de esos que la Biblia llama “hermanos en la angustia” (Prov. 17:17).


Les confieso que cuando he estado en medio de decisiones necias, viviendo fuera de la voluntad de Dios; han llegado algunos de estos amigos fieles y me han caído mal, he rechazado sus consejos o llamados de atención, me he resentido silenciosa o descaradamente y he preferido evadirles porque me incomodan.

Pero ¿adivinen qué?...siempre han tenido la razón.

No es hasta que estás en medio del dolor que pudiste haber evitado o pagando las consecuencias de tus decisiones insensatas, que valoras a esos amigos, esos a los que yo llamo “amigos que estorban”. ¿Estorbo? Sí, porque son los que Dios usa para hacerte notar tu pecado, son los que te recuerdan la Palabra cuando la estás ignorando, los que te señalan el camino correcto, los que te advierten si vas directo a un despeñadero (Prov. 12:26).


No sé si es la madurez que llega con la edad, pero agradezco muchísimo por los amigos que me estorban para pecar y para equivocarme. He decidido que no quiero amigos que celebran mis metidas de pata, que no son capaces de mostrarme que me he desviado o que no me hagan acercarme al propósito de Dios para mí.


Pero por otro lado también quiero convertirme en una amiga así, una amiga piadosa, una amiga que estorba, que advierte, que lleva a sus amigos a los principios de la Palabra, que no es testigo pasivo del debacle espiritual de los demás (Prov 27:9). No quiero que se me demande por no haber estorbado a mis amigos (Prov. 27:17). Quiero, con amor y humildad, ser de las que se ganan el derecho de reprender y amonestar a los amigos que están presentes en mi vida.


¿Qué tipo de amigos estamos siendo? ¿Somos de los que estorban a los demás en su pecado? ¿O somos de los que por llevar la fiesta en paz, nos quedamos callados?


Te invito a examinar tus amistades en oración y que le pidas ayuda a Dios para ser la clase de amiga que acerca a sus amigos a Jesús.


“Los justos dan buenos consejos a sus amigos, los perversos los llevan por mal camino”. Proverbios 12:26


Publicado originalmente en el blog de Cefad Women, El Salvador.

jueves, 16 de diciembre de 2021

Cisternas Rotas

Basado en Jeremías 2:13


Soy como el pueblo de Israel

Infiel y desleal;

Muy rápido me olvidé de Tu Bondad

Y quise saciarme con algo más.


Desvié mi corazón a cosas vanas

Creí saber lo que necesitaba

No me dí cuenta que, entre más cisternas cavaba

De Tu Presencia silenciosamente me alejaba


Mi alma necia insistía

En buscar agua viva

Apartándome de la única Fuente

Que mi sed saciaría


Dolor, frustración y culpa

Fueron impregnando mis días

No me daba cuenta que las grietas

Nada permanente retenían


El agua que el mundo te da

Es un espejismo, es vanidad

Y el vacío que produce

Es un profundo y oscuro espiral


Pero el Amado de mi alma

Esperó para tener misericordia

No se cansó de llamar

Y ofrecer Redención a mi infidelidad


Cuando finalmente me rendí

Y grité desesperada, casi muerta de sed

La Fuente de Agua Viva

Me ofreció Gracia a granel


Soy como el pueblo de Israel

Infiel y desleal;

Mas Él me hizo libre de la cautividad

Mostrándome que sabe restaurar


No hay forma de resistir

Al que es amplio en perdonar

El agua de Su Gracia

Es suficiente para toda alma saciar




lunes, 15 de noviembre de 2021

Una Conversión Improbable

Nunca me había detenido a meditar en Hechos 16. No fue hasta hace unos días que quedé impactada por el relato de varias conversiones sucesivas.


Un centurión romano era alguien clasificado como de clase media. Contaba con un ingreso que le permitía vivir con solvencia. Aunque la Biblia no nos da mayores detalles, sabemos que el Espíritu Santo había comenzado a tocar muchos corazones en la ciudad de Filipos. La voz se había corrido y mucha gente había escuchado ya de Silas y Pablo.


Los "dueños" de una muchacha poseída por un espíritu de adivinación, habían tergiversado los hechos de su liberación, para acusar a estos dos misioneros falsamente (v.16-22). Como consecuencia, fueron a parar a la prisión (v.23).


Dios orquestaba soberanamente todos estos sucesos para llevar la salvación a un hombre: el centurión que cuidaba la cárcel. Este hombre era muy cumplido con su deber. Obedeció las órdenes y metió a Pablo y Silas en el calabozo de más adentro (del que era casi imposible salir) y además les colocó un cepo para mayor resguardo. (v.24).


La Biblia describe que a medianoche, mientras estos hombres de Dios cantaban y oraban en voz alta y el centurión dormía, sobrevino un terremoto. No sabemos con exactitud si el terremoto solo ocurrió en la cárcel o en la ciudad entera. Lo que sí es cierto, es que había sucedido algo extraordinario: las cadenas y celdas se abrieron por sí solas (v.25-26).


Considera que en ese sitio habían hombres que merecían estar allí. Pero Pablo y Silas, no. Si algunos merecían salir corriendo hacia su libertad, eran ellos. Sin embargo, como sabiendo que el Señor tenía un plan Mayor, se quedaron y sin duda, influyeron a que ninguno huyera.


Déjame contarte que de acuerdo a la tradición militar romana, un soldado que dejara escapar a un preso, debía pagar con su propia vida (Hch.12:19, 27:42). Por ello, entendemos que la primera reacción del centurión al despertar y ver las celdas abiertas, fue sacar su espada para acabar con su vida (v.27).


Estamos hablando de honor, de dignidad. 

Sin embargo, Pablo gritó desde el fondo: "¡No lo hagas! ¡Todos estamos acá!" (v.28).


No conocemos los detalles, pero sabemos que el Señor ya había elegido a este hombre y había preparado su corazón para este momento. Quizás escuchó que el Dios de Pablo y Silas hacía milagros. Tal vez vio algo diferente en sus miradas y en su forma de comportarse. O puede ser que les escuchó hablarle a otros pesos y ese mensaje tocó su vida. No lo sabemos con certeza; pero sabemos que el momento había llegado. 


"Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silas y después de sacarlos, dijo: 'Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?'. Ellos respondieron: 'Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y toda tu casa'.." v.30-31 NBLA



Pablo y Silas le presentaron el Evangelio a él y a los de su casa (familia, huéspedes y siervos). Ellos creyeron y además, fueron bautizados. Y no solo eso, como un signo inmediato de su conversión, este hombre les lavó las heridas y les dio de comer a esos dos prisioneros (v.32-34).


¿No te parece increíble? Un soldado romano con cierto rango, lavando las heridas de estos dos hombres. Él no tenía porqué servirles, él tenía una imagen y un trabajo que cuidar. Podía meterse en problemas por ayudar y mostrar deferencia a estos dos hombres que la multitud había azotado y encarcelado.


Pero la Gracia irresistible había llegado a su vida y ese gozo no tenía comparación (v.34). Había cambiado para siempre. El que encarcelaba y velaba porque los malvados recibieran su merecido, se había dado cuenta de su propia maldad y que tampoco merecía misericordia. Ahora conocía la verdadera libertad, aquella que supera el ser sacado de un calabozo.

 

Lo que más me conmueve de este relato, es que muchas veces olvido que Dios sigue haciendo milagros de conversión. He considerado a muchas personas que conozco como "insalvables". Pero el Señor me recuerda en Su Palabra que a quién Él escoge se encarga de atraer, conquistar y salvar con Su Gracia inexplicable (Ef.1:4-7). Yo, al igual que Pablo y Silas, solo estoy llamada a hacer mi parte; el milagro de la salvación es obra Suya.


¿Por la conversión de qué persona debes orar hoy?

sábado, 28 de agosto de 2021

Conserva el Asombro

Trato de no estar tan pendiente de las noticias porque sé que pueden afectarme mucho. Sin embargo, en las últimas semanas me ha costado un poco. Como si estar viviendo una pandemia no fuera suficiente, alrededor del mundo y en mi propio país, están ocurriendo tantas cosas, que me resulta imposible desconectarme de esos hechos.

Basta entrar cinco minutos a cualquier red social para perder la paz y a veces, hasta un poco de esperanza. Pero en los últimos días, el Señor se ha ocupado de llamarme a no dejar de asombrarme. 

Es cierto, el mundo es un caos. Mientras escribo, luchamos con un virus en todo el planeta; varios países se preparan para recibir a un huracán muy poderoso; el terrorismo nos ha dejado una semana llena de luto; y por si fuera poco, las familias siguen siendo atacadas espiritualmente de toda forma posible.
Oraba y me daba cuenta de todo el ruido que estos acontecimientos actuales generan. Pareciera que he vivido poniendo mis ojos, oídos y corazón más en todo eso, que en Dios y Su Verdad. Pero no perdamos de vista una realidad poderosa: Nuestro Dios sigue sentado en Su trono (Salmo 11:4), Él sigue gobernando (Daniel 4:26) y Él continúa siendo quien es (Salmo 102:27).


¿Por qué ya no nos asombra que...

-...Él sigue haciendo sanidades milagrosas, aun cuando el mundo está viviendo dominado por un virus que parece invencible?

- ...Él sigue atrayendo almas y llamando a salvación a muchas vidas?
Una de ellas, un familiar que por diversas circunstancias tuvo que emigrar y pedir asilo en otro país. No olvidemos que Dios no desperdicia nuestro dolor. 

- ...Él sigue restaurando familias?

- ...Él sigue rompiendo cadenas de pecado?

- ...Él sigue levantando siervos dispuestos incluso a entregar sus vidas si eso fuese necesario?

- ...Él sigue llenando nuestras congregaciones de Su presencia?

- ...Él sigue hablándonos de la manera exacta que nuestras almas lo necesitan, cada vez que somos expuestos a Su Palabra?

- ...Él nos ame y quiera salvarnos?


Seamos como niños pequeños. Asombrémonos al ver la obra de Dios en otras personas. Deleitémonos con maravilla al ver la Creación (Salmo 8:3, 19:1, 74:16). Susurremos una alabanza cuando un pecador se arrepienta.


¡Tenemos a un Dios Todopoderoso, Inmutable, Soberano, Fiel y Milagroso! Y ese Dios nos eligió para salvarnos y darnos una eternidad junto a Él.


¿Ya dejaste de asombrarte?


"Oh Señor, honraré y alabaré Tu Nombre, porque Tú eres mi Dios. ¡Tú haces cosas maravillosas! Las planeaste hace mucho tiempo y ahora las has realizado" Isaías 25:1


"Te daré gracias porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien" Salmo 139:14

jueves, 12 de agosto de 2021

Bendita Debilidad

El fin de semana, en familia, hicimos una expedición al supermercado. Me encantó que mi sobrina de 4 años se metió al baúl del carro para "ayudar" a acomodar las compras y luego también descargó varias cajas cuando llegamos. Por supuesto que los adultos le agradecimos y felicitamos por su ayuda. Pero nos ocupamos de darle cosas que ella podía manejar. En más de una ocasión cuando le decíamos lo fuerte que era, ella dijo: "es porque como vegetales". 


En realidad, nosotros los adultos estamos conscientes de la fuerza limitada que ella posee y estábamos allí para dosificarle lo que quería cargar; y nos tocó decirle que NO a algunas cosas (¡como los huevos!) a pesar de su insistencia.


Por otro lado, en las últimas semanas el Señor ha estado hablándome sobre admitir mi debilidad en muchos aspectos de mi vida. Creo que muchas veces me he comportado como mi sobrinita, creyéndome autosuficiente, estirando el resorte del "yo puedo sola" hasta que no da más. 

Supongo que parte de mi problema es que me cuesta admitir, incluso ante el Señor, que no puedo, que es duro o que se me ha salido de las manos alguna situación.


El pastor Paul Washer dice al respecto: "El problema no es que seamos débiles; el problema es que no sabemos cuán débiles somos y por lo tanto, cuánto necesitamos orar"


Tan solo trabajar un fin de semana, me recuerda que mi cuerpo es débil y se cansa con facilidad. Una mala noticia hace tambalear mi mundo y debilita mi fe. Un mal entendido con alguien me debilita emocionalmente. Un problema que no se resuelve hace que mi mente dé vueltas pensando en todo lo que puede salir mal si mis soluciones no dan resultado...¡qué agotador!


Soy débil, esa es la verdad. Mi alma, mente y cuerpo son limitados, imperfectos y frágiles. 


Debo aprender a correr a Dios cada día, porque no fui diseñada para "manejar" mi vida. Debo estar consciente de mi debilidad en todo aspecto y no esperar hasta que todo se arruine para ir a Él.


Es simple: cada vez que creo que "puedo" o que "sé" o que lo "resolveré", no estoy reconociendo mis limitaciones y estoy dejando al Señor al margen. 


Por eso, Él me ha estado enseñando a recordar que soy débil y que ¡está bien admitirlo! 


Es solo en la debilidad que puedo vivir Su fortaleza. Es solo en la debilidad que me doy cuenta de cuánto lo necesito. Es solo en la debilidad que me convenzo de que mis sueños de independencia de Él no son más que una falacia. ¡Bendita debilidad!


Yo no nací, no soy ni podré ser fuerte alguna vez; al menos no por cuenta propia. Él es la fuente de fuerza que se necesita para vivir la vida cristiana (Éxodo 15:2). Sin Él, no somos nada (Juan 15:5).


¿Qué cosas has creído tener bajo control? ¿Admites con frecuencia delante del Señor tus limitaciones y lo débil que eres? Quizás es momento de rendirte y dejar que tu debilidad te lleve a descansar a Sus brazos fuertes, inagotables y firmes.


Bendice a Dios por tu debilidad y corre a recibir Su fortaleza.


"Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque Mi poder se perfecciona en la debilidad". 2 Corintios 12:9

jueves, 17 de junio de 2021

A los padres: Lo que tus hijos necesitan

Un padre que ame al Señor con todo su corazón (Mr. 12:30) y que haya rendido su vida por completo a Él.


Un padre que ore por y con ellos (1 Tes. 5:17).


Un padre que lea y conozca la Palabra y se las recuerde constantemente (Deut. 6:6-9).


Un padre que tenga un consistente tiempo a diario con el Señor (Sal. 5:3).


Un padre que se someta a sus autoridades (1 Pe. 2:13).


Un padre que crea en rendir cuentas de su vida espiritual y sea transparente (Sal. 51, Prov. 28:13).


Un padre que se deje pastorear.


Un padre que crea en el diseño divino y la santidad del matrimonio (Gén. 2:24).


Un padre que ame a su esposa como Cristo amó a la iglesia (Ef. 5:25).


Un padre que no deje la responsabilidad de la crianza y disciplina de los hijos a su esposa.


Un padre que provea responsablemente para el hogar y modele como buen administrador de las bendiciones materiales (1 Tim. 5:8).


Un padre que les vea a los ojos todos los días y les pregunte cómo están.


Un padre que con sus actos les demuestre que el trabajo/ los hobbies/ los amigos/el ministerio NO son lo más importante.


Un padre que juegue lo que a ellos les gusta, aun si eso implica mojarte, ensuciarte o tirarte al suelo,


Un padre que tenga dominio propio y sea capaz de dejar su celular o la televisión a un lado para ESCUCHAR y estar PRESENTE.


Un padre que se siente a la mesa todos los días para compartir al menos un tiempo de comida en familia.


Un padre que admita cuando se ha equivocado y sea capaz de pedir perdón.


Un padre que trate a los de casa igual o mejor que como trata a los de fuera.


Un padre que conozca los temores, gustos y desafíos de sus hijos.


Un padre que provoque que sus hijas deseen casarse con un esposo como él y que sus hijos anhelen ser como ellos cuando formen una familia.


Un padre que abrace y diga te amo todos los días.



"Los justos caminan con integridad; benditos los hijos que siguen sus pasos" Proverbios 20:7


"Dirige a tus hijos por el camino correcto, y cuando sean mayores, no lo abandonarán" Proverbios 22:6

domingo, 9 de mayo de 2021

La Maternidad: Un Anhelo Desconocido

Después de más de un año en pandemia, he tratado de entender porqué sentía algunas cosas nunca antes vividas. Fue hasta hace unos días, luego de una visita a mi ginecóloga, que me encontré diciendo en voz alta lo que no había podido decir: he estado viviendo un duelo, un duelo por la maternidad. 

Todo empezó en diciembre 2019, cuando llegué a mis 40 años. Luego la cuarentena y el turbulento 2020 ayudaron a enterrar el sentimiento. Pero ahora que muchas cosas retornan  a la normalidad, me he descubierto en ese lugar tan desconocido, llevando por dentro ese anhelo silencioso y caminando al estado de aceptación-por no decir resignación- en el que debo expresar fuerte y claro: no voy a ser mamá.

Nunca sentiré pataditas en mi estómago, nunca lloraré al oír latiditos en una ultrasonografía, nunca me harán un baby shower, nunca recibiré una manualidad un 10 de mayo. Aunque sé que tenemos a un Dios milagroso, lo más probable es que nunca ocurra.

Sé que no soy la única que atraviesa por este valle. Conozco de mujeres que por razones físicas y a pesar de años de intentarlo, no lo han conseguido. Sé de otras, que debido a una prolongada soltería,  están luchando con renunciar no solo a un matrimonio, sino también, al deseo de ser madres. Todas viviendo un duelo, cada una a su manera.

En este camino, he intentado en más de una ocasión abordar el tema con amigos o hermanos en Cristo. Lamentablemente, no todos pueden entender lo que tú vives. He recibido palabras llenas de buenas intenciones, pero con poca gracia, en las que me han hecho sentir que quizá esta es una consecuencia de mi pecado pasado. Otros, simplemente no saben manejar el tema y evaden la conversación. 

Así que de pronto te encuentras como en una isla, un pedacito de tierra en el que pocas han estado y que los demás desconocen, porque en su vida nunca les tocó transitar por allí.  

Es curioso, ¿cómo puedes sentir duelo por algo que nunca has tenido? 
Entonces, ¿Proverbios 31 nunca se aplicará para mí?, ¿si los hijos son Su herencia y símbolo de bendición (Salmo 127:3-5), significa que no soy una mujer bendecida?

Si soy honesta, me cuesta hablarlo aún con el Señor. Aunque sé que Él me conoce y entiende, me es difícil admitir en Su presencia que duele, que no lo entiendo y que necesito consuelo de alguna forma.

Porque...¿y si sí es consecuencia de mis metidas de pata y mi pecado? 

A pesar de que apenas estoy empezando a lidiar con esto, el Señor me ha hecho ver que la respuesta es la misma, para una mujer estéril como para una llena de hijos; para una viuda como para una soltera; para una joven como para una abuela. La respuesta es Él. 

Él es todo-suficiente (Salmo 23:1). Él es la porción que el alma de toda mujer necesita (Salmo 73:26), Él sabe manejar la vergüenza, el dolor y la tristeza de cualquiera de nosotras (Isaías 54:4), Él sabe llenar los vacíos y nunca abandona (Isaías 49:15-16). 

Él nos creó con ese instinto maternal, con esa naturaleza inclinada a cuidar, dar vida y proteger. Me consuela recordar, que ÉL SABE lo que atravieso, aunque yo no pueda pronunciar una palabra al respecto.

Por ahora, aunque no comprenda por qué los planes de Dios no incluyen darme hijos (al menos, no biológicos), voy a pedirle ayuda para hacer lo que toda mujer debe hacer: aferrarme a Él, a Sus promesas, al Evangelio, a la Verdad. 

Para toda mujer con ese anhelo de ser mamá: no estás sola. Te entiendo, pero nuestro Dios te entiende más. Refúgiate en Sus brazos, Él puede lidiar con lo que sentimos, con nuestras preguntas y cuestionamientos. Deja que Él te llene hoy.


"Ciertamente el Señor consolará a Sion (pon tu nombre), consolará todos sus lugares desolados. Convertirá su desierto en Edén, y sus lugares desolados en huerto del Señor. Gozo y alegría se encontrarán en ella, acciones de gracias y voces de alabanza" Isaías 51:3

"¿A quién tengo yo en los cielos sino a Ti? Fuera de Ti, nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre" Salmo 73:25-26

sábado, 3 de abril de 2021

Las preguntas de ese sábado

El Maestro había sido sepultado; le dieron la muerte más humillante y dolorosa que podían darle. Sus ojos habían atestiguado el sufrimiento y la vergüenza que le hicieron pasar. Seguramente ellos, quienes le amaban y le habían seguido, derramaron muchas lágrimas mientras todo ocurría. Pero aquel viernes cuando atardecía y se resolvía adónde sepultar el cuerpo de Jesús (Mateo 27:57-60) ellos tuvieron que volver a casa pues el día de reposo iba a comenzar (Marcos 15:42).

¿Se imaginan ir a casa con ese dolor en su pecho, con esa incertidumbre sobre el futuro y con todas las preguntas sobre lo que acababan de presenciar?

Esta mañana trataba de imaginar lo que las mujeres que seguían a Jesús y vieron de lejos su muerte y sepultura (Mateo 27:55,56, 61) sentían. Pensaba también en lo que sus discípulos atravesaron.

La Biblia no nos dice lo que ocurrió ese sábado. Parece que sólo hubo silencio.

Pero estoy segura que mientras estaban angustiados y encerrados en aquel día de reposo, muchas preguntas llenaron sus mentes.

¿Así se supone que iba a terminar? ¿Eso fue todo? ¿Para eso vino y lo seguimos por tres años? ¿Por qué tuvo que morir así? ¿Qué va a pasar con nosotros? ¿Seremos los próximos? ¿Por qué nos dejó? ¿Estaremos solos desde ahora? Él tenía el poder para acabar con ellos, ¿por qué no lo usó? 

La Biblia apunta que los discípulos tuvieron miedo y estaban encerrados (Juan 20:19). Nadie parecía recordar lo que Él había prometido (Mateo 17:22-23), nadie le daba ánimo a sus hermanos mientras aguardaban lo que venía. Todo era duda y temor, una espera dolorosa, angustia y duelo.


Pero en Su bondad, el Señor no dejaría que esto se prolongara. Sólo era cuestión de horas para que ese día glorioso comenzara tal como había dicho (Mateo 28:6). Contra toda ley natural, contra toda fuerza del infierno, contra todo gobierno humano.


Me resulta fácil cuestionar a estas personas: ¿por qué olvidaron tan fácilmente lo que les había prometido? Pero el Espíritu Santo me recuerda que soy igual que ellos. No me gustan los tiempos de silencio, mi corazón se angustia con facilidad cuando Él decide que ocurran cosas que no me gustan. Olvido con ligereza las promesas de Aquel que no miente. Me lleno de miedo cuando Él me hace esperar. Asoman cientos de preguntas que cuestionan Sus planes y Su bondad y las contemplo una y otra vez.

Pero un día como hoy me recuerda que Sus planes siguen llevándose a cabo a pesar del silencio y de la espera que me duele. Su gloria llegará, Sus promesas han de cumplirse, las razones para celebrar me serán dadas pronto. Él hará que eventualmente todo cobre sentido. E incluso, aunque no lo entienda de este lado del cielo, sé que en la eternidad lo haré.

Nuestras vidas pueden estar llenas de sábados como hoy, días de preguntas y temor, días de espera e incertidumbre, días de aparente derrota y desesperanza...pero hay motivos para confiar: Él es el motivo. Porque no miente, porque cumple, porque es Todopoderoso, porque siempre vence, porque la muerte no puede contenerlo.

No importan las preguntas y el silencio de la espera, el día de resurrección se acerca.


"Ustedes, no teman; porque yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, tal como Él dijo" Mateo 28:5-6

lunes, 15 de febrero de 2021

Mis zapatos y mis miedos

En mi niñez yo me sentía muy importante cuando mi papá me llevaba a un lugar llamado La Cooperativa de la Fuerza Armada. En una ocasión fuimos para comprarnos zapatos a mis hermanos y a mí. Yo elegí unos loafers deportivos marca OP (Ocean Pacific).


Recuerdo que llegamos a la casa y sentí que un zapato me quedaba más flojo que el otro; descubrimos que me habían entregado una caja con dos zapatos de tallas diferentes. Mi papá me dijo que los llevaría a cambiar y yo con mi mente de niña no quise. Estoy segura que lo único que produjo esa decisión era mi miedo a ya no tener los zapatos que me encantaban. Mi pensamiento infantil era que quizás no hallarían el otro zapato de mi talla y tendríamos que devolverlos o cambiarlos; y por supuesto yo no quería que eso ocurriera.


No sé por qué Dios me recordó ese incidente, quizás para mostrarme que desde hace muchos años he tenido luchas en esta área y que debo aprender a confiar. Constantemente me comporto como esa niña: aferrada a lo que Su papá le dio y con miedo a desprenderse de ello; porque duda de que Él va a cumplir o proveer lo suficiente y a tiempo.

Pensaba: ¿me quedé con un zapato que me tallaba grande solo porque no quería perderlo? ¿será que mi papá hubiese vuelto con el número adecuado o con un estilo mejor? ¡No lo sé! ¡Y nunca voy a saberlo! Pues tuve miedo de confiar en que su intención no era dejarme sin zapatos, sino, traer algo adecuado.


Ya siendo adulta sigo luchando: ¿y si Dios no provee? ¿y si no me alcanza? ¿y si se cierra esta fuente de ingreso? ¿y si pierdo esto o aquello? ¿y si envejezco pagando deudas? ¿esto va a durar para siempre? 


¡Qué injusta soy! El Señor jamás me ha fallado. No tengo porqué cerrar mi mano para retener con miedo lo que tengo hoy, pues Él también me dará para mañana (Mateo 6:34). Olvido con facilidad Quién es Él, olvido que es Su naturaleza ser fiel (Deuteronomio 7:9) y que Su carácter no le permite echarse para atrás, hacerse el desentendido o "quitarme" lo que tengo. Él es un Padre Bueno (Mateo 7:11) y responsable, Él sigue cumpliendo promesas, Él no cambia (Hebreos 13:8).


Recuerdo que una vez escuché a un pastor de mi iglesia decir que si el Señor planeara llevarme al cielo mañana en la noche, Él se ocupará de darme el desayuno y el almuerzo de ese día, porque va a cuidar de mí hasta el último instante que esté en esta tierra. 


Así que, aunque todo lo que mis ojos vean hoy sean pérdidas materiales, números rojos y facturas apiladas, puedo seguir confiando. Mi Papá suplirá (Filipenses 4:19), Él está a cargo de mí (Salmo 56:9), Él tiene infinitamente más de lo que había en esa Cooperativa a la que mi papá me llevaba, Sus promesas siguen vigentes (Salmo 34:9-10, 37:19) y la bondad más grande que pude recibir de Él, ya la tengo (Efesios 1:5). Él es todo suficiente (Salmo 23:1).



"Ellos nunca sufrirán cuando lleguen los malos momentos, y siempre tendrán comida en tiempos de escasez" Salmo 37:19 PDT


"Porque Él mismo ha dicho: Nunca te dejaré ni te desampararé" Hebreos 13:5

martes, 29 de diciembre de 2020

Oración para cerrar el 2020

Señor:


Recuerdo la oración que mi familia hizo en la sala de mi casa a la medianoche del 31 de diciembre del año 2019. Una de las cosas que más te pedimos fue que no nos probaras en la salud. Ahora que lo pienso, nos respondiste. 


Gracias por Tu fidelidad a lo largo de este año. Gracias por demostrarnos una vez más que Tus promesas son Verdad (Salmo 89:34).


Gracias por la pandemia, porque de no ocurrir, muchos no hubiéramos doblado nuestras rodillas ni rendido nuestra voluntad a Ti, de la forma que lo hicimos.


Gracias por aislarnos y poner una pausa obligada a la vida tan poco piadosa que llevábamos. Gracias por llamar nuestra atención para que dejáramos nuestras rutinas que normalmente no te incluían o te incluían muy poco.


Gracias por recordarnos que eres Soberano (Daniel 4:35). Muchos conocíamos ese atributo Tuyo de forma básica, pero este año nos ha quedado claro que eres el que decide y decreta (Salmo 115:3). Que no hay gobierno humano ni ciencia ni poder económico que pueda cambiar lo que Tú determinas.

Gracias porque sigues sentado en el trono y nada de esto te tomó por sorpresa (Isaías 46:10). Gracias por conocer el final desde el principio y no mover ni un ápice Tu plan. Gracias porque eres el que gobierna (Daniel 4:26) y por reducir nuestro ego enseñándonos cuanta pecaminosidad había en aquello que llamábamos nuestros planes. Perdónanos por la soberbia de trazar nuestros días como dueños de ellos, olvidando que el Único dueño eres Tú (Proverbios 16:9).


Gracias por llamarnos al arrepentimiento y la revisión obligada de nuestros estilos de vida (Isaías 1:18). Gracias por sacudir nuestras prioridades, las cuales debemos admitir, no estaban en el orden correcto.


Gracias por convocarnos a volver nuestros corazones a Tu Palabra y mostrarnos que sin ella nuestras almas se desgastarían (Salmo 119:25 y 28). Gracias por enseñarme que sin ella, hubiese sido imposible sobrellevar estos largos meses.


Gracias por volver a mostrarnos que el ministerio más importante que podemos-y debemos- tener es nuestra familia. Ayúdanos a tener familias que te honren y te hagan verdadero Señor de ellas.


Gracias por quitar de nuestra vida muchas banalidades que habíamos dejado filtrarse y desviaban nuestros ojos de lo que verdaderamente importa y te agrada.


Gracias por llevarnos a considerar de nuevo la perspectiva de la eternidad (Filipenses 3:20). Gracias por recordarnos que lo que este mundo tiene es pasajero y que hay una realidad mayor, trascendente y poderosa, y es desde esa perspectiva que debemos vivir. Que nuestros corazones anhelen esa realidad más que lo que anhelan lo que hay en este mundo caído.


Gracias por el dolor que este año ha traído, pues a través de él hemos recordado que solo somos humanos incapaces de sanarse a sí mismos y que necesitamos desesperadamente el Consuelo que solo Tú ofreces.


Gracias porque te hemos conocido más a través del desierto y nos has enseñado a depender más de Ti y no de nuestro propio entendimiento (Proverbios 3:5).


Gracias por ponernos en una situación ante la cual somos impotentes y limitar nuestro margen de maniobra, para mostrarnos que aquí el Omnipotente (Job 42:1-2) y el que tiene la última palabra eres Tú (Isaías 14:27).


Gracias por la incertidumbre con la que estamos viviendo, pues eso enseña a nuestra alma a buscar a Aquel que es Inmutable (Malaquías 3:6) y nuestra Roca de seguridad (Salmo 18:31). Gracias porque la única certeza que tenemos eres Tú.


Gracias porque no solo conoces lo que pasará en el 2021, sino también porque Tú diseñaste el 2021. Por lo tanto, podemos anclarnos con confianza en Quién eres Tú y en Tu Palabra (Salmo 19:9, Mateo 24:35). Gracias porque Tu diestra seguirá sosteniéndonos y Tu buen propósito se cumplirá en nosotros (Salmo 138:8).


Gracias porque eres el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Hebreos 13:8). Eres nuestro Padre Eterno (Isaías 9:6) en el cual no hay mudanza ni sombra de variación (Santiago 1:17) y lo único que necesitamos para iniciar un nuevo año, ya lo tenemos en Ti.


Sea lo que sea que has establecido para nosotros en los próximos doce meses, confiamos en Ti. Amén.


miércoles, 23 de diciembre de 2020

Al que sufre en Navidad

Pudiera enumerar todo lo que salió mal para mí y para mi familia en este año 2020. Pero Dios se ha encargado de poner frente a mis narices las realidades de otras personas cuyo dolor o pérdida superan con creces los míos.


Quisiera que, con recitar algunos versículos bíblicos o decir palabras que luzcan apropiadas, el pesar se vaya. Pero sé que no tengo el poder ni las habilidades para sanar la herida de alguno; mas conozco a Uno que puede sanar, acompañar y crear esplendor donde por ahora solo existe ceniza (Isaías 61:3).


No puedo sacar de mi mente a aquellos que tendrán una silla vacía en sus mesas en la cena de Nochebuena; no dejo de pensar en las video llamadas que no se van realizar, los números telefónicos que no se van a marcar, los mensajes que no se enviarán, los regalos que no se entregarán, las recetas que no se cocinarán, los abrazos que no podremos dar, las risas que no podremos escuchar, las manos que no se podrán sostener, los nietos que preguntarán por sus abuelos y todas las oraciones que no se podrán hacer.


Este año ha dolido, lo sé; por momentos ha parecido que la pesadilla nunca va a acabar y que nuestras fuerzas sí lo harán. Hay mucha gente viviendo alguna clase de duelo, pero supongo que al mismo tiempo, no hay una mejor época para recordar todas aquellas promesas que Aquel bebé nacido en Belén materializó (Lucas 1:72-73) al humillarse y nacer en un cuerpo caído como el nuestro.


Hay una razón para seguir teniendo Esperanza: Él. 


Cristo, que experimentó toda clase de dolor y sufrimiento (Isaías 53:3) sabe y entiende lo que tu corazón siente hoy. Él lee cada pensamiento que no te has atrevido a decir en voz alta y guarda cada lágrima que ha salido de tus ojos en público y en privado (Salmo 56:8). Aunque te parece que no, ha escuchado cada pregunta y Su oído no ha dejado de estar atento a tus oraciones (Salmo 34:15).


Este es un buen momento para que acompañemos a aquellos que sufren. Oremos por y con ellos, recordémosles esas promesas que sostienen nuestra fe, hagamos saber que pueden contar con nosotros y estemos allí si ellos lo solicitan. No prediquemos, no teologicemos, no sermoneemos. Tan solo acompañemos, aun con la distancia que esta pandemia nos ha impuesto.


Mientras quisieras saltarte estas fechas especiales, quiero que sepas que el Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3) sigue presente y que Sus manos saben sanar y consolar como una madre (Isaías 66:13) y Él nunca ignora tu tristeza. Ve a Él como estés, háblale de la forma que sabes hacerlo y pídele que te "vuelva a dar vida" y "vuelva a consolarte" (Salmo 71:20-21). 


Una cosa más: el dolor que no se va es un recordatorio de que este mundo no es nuestro final. Siempre estaremos insatisfechos y expuestos al sufrimiento de este lado del cielo. Pero hay algo más, hay una eternidad que Él diseñó para que experimentemos Su gloria y perfección de forma plena. Y no pudiéramos aguardar a esa eternidad si Él no hubiese venido para pagar el precio de llevarnos allá.


Oro para que durante estas fiestas sientas la presencia cercana del Señor en medio de tu dolor y tristeza, tal y como lo ha prometido (Salmo 34:17-18).



"Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho" Isaías 25:8


"Aunque me has hecho ver muchas desgracias y aflicciones, me harás vivir de nuevo; me levantarás de lo profundo de la tierra...y volverás a consolarme" Salmo 71:20-21

sábado, 12 de diciembre de 2020

Gracia en el pozo

El sol refulgía en su máximo esplendor. No era la hora más conveniente para ir a traer agua y caminar con algo pesado que te agotara más. Pero era la hora más segura para no encontrarte con miradas acusadoras, murmuraciones o gente que cambiara de camino para no tenerte cerca.


Si hubiesen existido las redes sociales en ese momento, quizás muy pocas mujeres la hubieran querido tener entre sus contactos y además, supervisarían constantemente que sus maridos tampoco lo hicieran. Tal vez, hasta le hubiesen creado un hashtag #laquitamaridos #larompehogares o algo por el estilo. 


Él no necesitaba de una red social para conocerla o enterarse de su vida. Él ya la conocía, Él sabía todo de ella. Él orquestó todo para propiciar un encuentro a solas; uno que cambiaría su vida para siempre y la de otros también.


Ella hablaba como alguien que creía en lo que sus padres le habían enseñado. Quiso recordarle a ese judío que estaban a la espera del Mesías. Cualquiera podía pensar que una mujer que estaba a la expectativa de un Cristo, no tenía nada que ocultar.


Él sabía que ella necesitaba ser transformada. Su pecado no lo alejó. Fue y la buscó. 

Él, a diferencia de los habitantes de esa ciudad, conocía que había una necesidad profunda en su alma que había querido satisfacer muchas veces; y también sabía que cada intento había fracasado llevándola al estatus que ahora tenía.


Ella lo ignoraba, pero su alma estaba a punto de ser satisfecha, de una vez y para siempre. Cualquiera que aceptaba el ofrecimiento del judío era saciado y dejaba de buscar un algo más, para conocer la libertad.


Él hizo preguntas directas y quien no Le conociera, podía pensar que fue severo. Pero no, Él solamente preparaba el corazón de ella para mostrarle cuán vacía estaba su vida y cuanta necesidad tenía de Él.


Él la amaba y por eso confrontó su pecado. El secreto a voces parecía seguir costándole caro. Sin embargo, esta vez era diferente. Ella no lo negó, no pretendió delante de Él. Fue quedándole claro que Él no estaba allí para echarle en cara su vida desordenada. Él había llegado para salvarla.


Cuando la gente le daba miradas de condenación; Él la miró con amor.

Cuando las mujeres cambiaban de camino para no encontrarse con ella; Él la esperó en el pozo.

Cuando sus vecinos murmuraban y no le dirigían la palabra; Él quiso hablarle.

Cuando los hombres la irrespetaban por su fama; Él llegó para redimirla.

Cuando parecía que ella no valía nada; Él la usó para anunciar las Buenas Nuevas a los habitantes de su ciudad (Juan 4:39).


La sed de toda mujer por ser amada, la misma que la había llevado a buscar saciarse en cisternas rotas, hoy había cambiado. Y es que ella no podía seguir siendo igual después de ese encuentro. 

Cada vez que fuera con su cántaro a ese sitio, recordaría que ya había recibido el Agua de Vida. Ese pozo ya no simbolizaba una tradición religiosa; ese pozo ahora representaba la profunda Gracia en la que fue sumergida y la cambió para siempre.


"Mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Jesús, porque la mujer les había dicho: Él sabe todo lo que he hecho en la vida. Por eso, cuando la gente del pueblo llegó a donde estaba Jesús, le rogó que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, y muchas otras personas creyeron al oír lo que Él decía. La gente le dijo a la mujer: Ahora creemos, no por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído, y sabemos que en verdad Él es el Salvador de mundo" Juan 4:39-42

miércoles, 2 de diciembre de 2020

¡Cuidado con las películas navideñas!

Hallmark Channel y Studio Universal son expertas en producir películas navideñas con tramas que te atrapan rápido. En las últimas semanas Netflix me recomienda varias también.


Al analizar un poquito las historias, casi todas suelen tratarse de perfectas historias de amor, de mujeres que dejan sus rutinarias vidas y se dejan llevar por sus corazonadas, de protagonistas que chocan de casualidad con la pareja perfecta y se enamoran en tres días, de personas que buscan esperanza en la época más linda del año y bueno, ustedes ya saben.


Es bien fácil que esas tramas te atrapen y te hagan soñar un poco y hasta llegar a creer, aunque no lo admitas, que eso también te puede pasar a ti. ¡Vamos! Necesitamos olvidar un poco lo que hemos vivido este año.

Pero, ¡cuidado! No alimentemos nuestro espíritu con ideas falsas de lo que la Navidad es ni de la perfección de las festividades. En medio de nuestras imperfectas vidas y de la ausencia de esa falsa magia que nos venden en la pantalla, podemos tener esperanza.


Aun cuando nuestras familias no están juntas

Aun si hay escasez económica

Aun cuando haya dolor en nuestro corazón

Aun si el futuro es incierto

Aun cuando tengamos que celebrar en medio de una pandemia

Aun si el Señor parece guardar silencio


Él es nuestra razón para celebrar. Y ninguna de esas películas te habla de ello.


No esperemos a tener un ascenso, las deudas canceladas, los matrimonios perfectos, a esa persona cambiada, el trabajo ideal, la pareja de nuestros sueños o la vejez asegurada.


Celebremos tenerlo a Él y a Su gracia. Dejemos de buscar motivos en otro lado, Él es nuestro motivo. 


Aun cuando estés solo en una mesa cenando y no recibas un regalo de nadie, nuestro Dios es todo lo que necesitas para que estas fechas tengan sentido.


No busques esperanza en fuentes temporales, ve a la fuente de Esperanza verdadera.


"Guíame y enséñame tu Verdad, porque Tú eres mi Dios y Salvador, y en ti pongo siempre toda mi esperanza" Salmo 25:5 PDT


"Yo esperaré en el Señor, que está escondiendo su rostro del pueblo de Jacob. Tengo puestas mis esperanzas en Él" Isaías 8:17 PDT

sábado, 21 de noviembre de 2020

Pandemia: Inventario de Pérdidas

Me encanta el libro de Job. Lo he leído varias veces en mi vida, sobre todo en temporadas de mucho dolor y prueba. Durante esta pandemia volví a leerlo. He oído a líderes cristianos decir que Dios nos va a restaurar y restituir lo que perdimos -al doble-tal y como hizo con Job (42:10); y eso me ha inspirado y alentado.


Sin embargo, ahora creo que no siempre pasará así. Hay pérdidas que fueron permitidas por el Señor y que nunca serán restituidas, al menos, no de la forma literal que esperamos.


Esta pandemia nos produjo pérdidas a todos; de todo tipo y duración. Algunas han sido temporales: reducción del salario por unos meses, cierre momentáneo de un negocio, lejanía de gente que queremos; por mencionar algunas. Pero también han habido pérdidas permanentes: seres amados que murieron, amigos que emigraron y de los cuales no pudimos despedirnos, bienes materiales que se perdieron y sueños que tuvimos que dejar ir.


Hace unos días me sentía triste y desanimada y no sabía del todo porqué. Fue después de como tres días que el Señor me hizo sentir que podía hacer duelo con libertad por cualquier cosa tangible o intangible que lamentara haber perdido o que extrañaba. Decidí hacer un inventario de algunas de ellas y mientras escribía, empecé a llorar como niña; y fue cuando entendí que la voz del Espíritu Santo me había guiado. Él, que me conoce mejor y que sabe desenredar las emociones "entelarañadas" con las que vivo, sabía que necesitaba entregar mi duelo.


- Me entristece muchísimo haber terminado el año escolar sin poder ver y abrazar a mis estudiantes.

- Me duele no poder hacer planes de pasar la Navidad con toda mi familia.

- Extraño escribir un mensaje a alguna amiga cercana para ir por un café y ponernos al día con nuestras vidas.

- Extraño abrazar y besar a mis sobrinos sin temor.

- Extraño ir al parque al que solía ir a caminar.

- No me gusta ir a mi iglesia y sentir todo tan impersonal, sin poder acercarme para orar o conversar con alguien.

- Lamento que el campus en el que estaba sirviendo y que estaba dando muestras de crecimiento, no pueda reabrirse.

- Me frustra haber tenido que ajustar drásticamente el presupuesto familiar, por las consecuencias económicas que esta crisis ha generado.

- He hecho duelo por mi proyecto soñado (https://destellos7.blogspot.com/2020/07/cuarentena-parte-5-suenos-y-planes-rotos.html)


Éstas son solo algunas cosas que escribí en mi lista.


He empezado a aceptar que muchas cosas no volverán a ser como eran antes, aun cuando la pandemia termine. Dios no me ha garantizado que recibiré de nuevo todo lo que perdí. Y no quiero buscarle solo porque quiero que me devuelva lo que ya no tengo.


Más bien, quiero renovar mi fe y confiar en que aún cuando este año ha sido tan duro, Él es bueno y solo hace cosas buenas (Salmo 119:68). Aún cuando no reciba todo el tiempo, el dinero, las relaciones y los eventos que perdí; quiero seguir descansado en Su Providencia y dejar que sea mi porción (Salmo 73:26, Salmo 119:57, Lamentaciones 3:24), mi herencia (Salmo 16:5) y mi sustento (Salmo 55:22).


Sé que en Él siempre tendré esperanza (Romanos 15:13, Salmo 71:5); pero también sé que no todo será restaurado o renovado en esta vida. A pesar de ello, puedo seguir confiándole mi futuro incierto, mis preguntas sin respuesta, mis visiones nubladas, mis pedazos de sueños, mis metas frustradas, mis renuncias obligadas y mis manos que quedaron sin mucho que retener.


Traigamos el luto de nuestra alma a Sus pies y dejemos que nuestro Dueño y Creador nos consuele.


"Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo." Romanos 15:13 RVR60


"Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras" Salmo 73:28 RVR60

lunes, 28 de septiembre de 2020

Resistiendo al llamado de Dios

En el 2018 estuve desempleada. Hice una búsqueda intensiva para encontrar un trabajo. Por la gracia de Dios, tengo dos títulos académicos y decidí que quería trabajar en algo más relacionado con mi carrera de Administración de Empresas; después de haber pasado años en el área educativa.

Perdí la cuenta del número de entrevistas a las que fui, las plazas a las que apliqué y las razones que me di a mí misma y a otros para buscar espacio en esa área laboral.


Después de varios meses de frustraciones, Dios me hizo entender que estaba buscando mal, que debía escudriñar cuál era mi verdadera pasión y mi llamado; y que hacia allí debía encaminarme. No fue fácil, me resistía; me atraía ser exitosa en una corporación muy importante, tener nuevas metas y hasta quería vestirme de forma diferente para ir al trabajo.


Pero con dolor de por medio, reconocí cuál era la voluntad del Señor para mí y Él se encargó de mover las piezas y ajustar las circunstancias y volví a hacer lo que Él quiere: enseñar. Tuve la oportunidad de estar de nuevo en las aulas, cercana a los niños, dándome cuenta de primera mano de sus dificultades y solo puedo decir que lo amé. Muchas mañanas sentada en un escritorio, con montones de tareas y libros que revisar, Dios me recordaba cuál era Su propósito para esta temporada de mi vida. Cuando alguno de los chicos me compartía sus necesidades o problemas muy serios en casa, el Espíritu Santo parecía hablarme y decirme: para esto te traje de regreso a enseñar.


Hoy en día, mientras la labor educativa enfrenta muchísimos desafíos, sigo pensando que el Señor ha querido tenerme haciendo esto. Y nuevamente, cuando mi corazón quiere desviarse a perseguir otros logros, Él me recuerda aquella temporada en la que me sentí a la deriva, cuando forcejeé y puse resistencia, queriendo usar mis habilidades para algo distinto a lo que Él diseñó para mí.

Por eso, si actualmente estás luchando con decidir el rumbo que tu vida debe tomar, te invito a hacer algo de esto:


1. Ir con honestidad en oración y consultar con Dios si estás yendo en la dirección correcta o si estás encaminando todos tus dones y tus talentos hacia el lugar que Él sueña para ti (Salmo 32:8, Proverbios 16:1). No esperes recibir una respuesta inmediata, en ocasiones es necesario orar por algún tiempo esta petición hasta que el Señor transforma nuestro corazón y nos persuade a seguir lo que Él desea.


2. Analiza en oración y a la luz de la Palabra qué motivaciones hay detrás de esos cambios que quieres traer a tu vida (Salmo 19:12): ¿te sientes atrapado en una rutina? ¿quieres ganar más dinero? ¿quieres reconocimiento o estatus? ¿no te quieres sentir estancado al compararte con tus contemporáneos? ¿es tu ego el que necesita ir a "otro nivel"?


3. Considera conversar con un líder maduro que te conozca lo suficiente como para decirte la verdad, aunque eso te incomode. En mi caso, Dios usó a un par de personas para llamar mi atención y cuestionarme sobre lo que deseaba versus lo que el Señor me había llamado a hacer.


4. Responde: ¿Qué te apasiona? ¿Qué es aquello que puedes pasar haciendo por horas y no te pesa hacerlo? ¿Qué disfrutas hacer? ¿Qué conmueve tu corazón y te hace querer ayudar? ¿Qué grupo de personas (niños, ancianos, mujeres maltratadas, madres solteras, viudas, personas con discapacidad, etc.) produce una carga en tu vida? ¿Para qué eres bueno (dones y talentos)? 

Te pido que respondas esto, pues son preguntas clave que pueden ayudarte a identificar si estás haciendo lo que Dios te ha llamado a hacer, o si es necesario dirigirte en otra dirección.


5. Asegúrate de tener paz. En mi experiencia y la de otras personas cercanas a mí; que han tomado decisiones temerarias por seguir el llamado de Dios a sus vidas; puedo comprobar que cuando te decides por lo mismo que el Señor desea, llega Su paz. Es inexplicable, pero aún cuando ganes menos salario, aún cuando renuncies a un título, aún cuando parece que te degradas o renuncias a tu felicidad, tu alma tiene paz al saberse dentro de la misma voluntad del Señor.


6. De ser necesario, pide a una o dos personas de tu entera confianza que oren por ti en ese proceso.


Siempre he temido envejecer y ver hacia atrás en mi vida y descubrir que desperdicié mis años haciendo algo diferente a lo que Dios quería. Pero ese año de desierto fue usado por el Señor para afirmar mi llamado y reiterar mi compromiso a servirle en lo que hago; ya sea detrás de un escritorio, calificando exámenes, grabando video clases, contando historias para los niños de la iglesia, animando a otros docentes, escribiendo notas a los padres o simplemente escuchando las ocurrencias de los chicos. Hoy por hoy, es lo que mi Dios me ha llamado a hacer/ser y la certeza de que estoy obedeciéndole supera cualquiera de mis dudas.


Antes de tomar un rumbo diferente, por favor, asegúrate de que es lo que tu Padre Celestial quiere.


"Podemos hacer nuestros propios planes, pero la respuesta correcta viene del Señor. La gente puede considerarse pura según su propia opinión, pero el Señor examina sus intenciones. Pon todo lo que hagas en manos del Señor, y tus planes tendrán éxito" Proverbios 16:1-3 NTV

sábado, 19 de septiembre de 2020

Para Una Mujer Que Se Pregunta Si Todavía Puede Tener Esperanza

Pocas veces he hecho esto, pero en esta ocasión quiero compartir algo que está en mi diario de oración. Tengo el fuerte impulso de hacerlo, por todas aquellas mujeres que hoy día, por la razón que sea, se sienten solas, abandonadas, sin rumbo, dolidas o tristes. Lean y que Dios hable de la manera exacta que sus corazones lo necesitan.


(8 de Septiembre, 2020)

¿Todavía puedo tener esperanza? ("Aún llenará tu boca de risa, y tus labios de júbilo." Job 8:20)


El Señor no ha acabado Su obra, en el nombre de Jesús, tendremos nuevas razones para reír, para celebrar. Voy a hablar, voy a cantar con gozo. Dios es bueno y veré aún más manifestaciones de esa bondad. Veré a mi mami reír con gozo de nuevo. Levantarás esa "nube gris invisible" que parece que no se va. Esa tristecita silenciosa, ese dolorcito, esa frustración, esa desesperanza, esa oscuridad...llévatela Padre. En mi mami y en mí, y en cualquier persona que se sienta como nosotras.


Que esto acabe Señor, que las marcas que la viudez, las relaciones rotas o la pérdida hayan dejado en nuestra alma, sean quitadas Padre. Sánanos, límpianos, restáuranos. Danos esperanza, danos fe, danos propósito, danos visión.


Yo no quiero que pasen los días y los años solo por pasar y para ir tachándolos; quiero tener rumbo, tener propósito, tener algo por lo cual levantarme cada mañana, motivada, sabiendo que es lo que Tú quieres para nosotras. Llévate ese despropósito, llévate esa sensación de solo ir pasándola.


Me rehúso a vivir así, solo por vivir. Quiero hacer algo más, quiero crecer, quiero prosperar; pero también quiero servirte, quiero que me uses. Por ahora me siento amarrada, tan sin sentido...


Pero pongo en Tus manos esos sueños, esos anhelos rotos, suspendidos, pisoteados...Todo lo que no pudo durar, todo lo que se destruyó, todo lo que arruiné, todo lo que no se llevó a cabo, todo lo que nunca ocurrirá.

Esa mañana, terminé de escribir lo anterior y uno de los versículos que tengo en mi cuarto llamó mi atención; así que el Señor me llevó a Su Palabra. Jeremías 31.


"Hace tiempo el Señor le dijo a Israel (Dome): Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a Mí.         Yo te reedificaré, mi virgen Israel (Dome). Volverás a ser feliz y con alegría danzarás con las panderetas.


De nuevo plantarás tus viñedos sobre las montañas de Samaria (tu tierra) y allí comerás de tus propios huertos.


Por sus rostros correrán lágrimas de alegría, y con mucho cuidado los guiaré a casa. Caminarán junto a arroyos quietos y por caminos llanos donde no tropezarán. Pues soy el padre de Israel (Dome).          El Señor que dispersó a Su pueblo,  lo reunirá y lo cuidará como hace un pastor con su rebaño.


Vendrán a su tierra y entonarán canciones de alegría en las alturas de Jerusalén. Estarán radiantes debido a los buenos regalos del Señor: abundancia de grano, vino nuevo y aceite de oliva, y los rebaños y las manadas saludables. Su vida será como un jardín bien regado y desaparecerán todas sus tristezas.


Las jóvenes danzarán de alegría y los hombres-jóvenes y viejos-se unirán a la celebración. Convertiré su duelo en alegría.


Pero ahora esto dice el Señor: No llores más, porque te recompensaré-dice el Señor-. Tus hijos volverán a ti desde la tierra lejana del enemigo. Hay esperanza para tu futuro -dice el Señor-. Tus hijos volverán a su propia tierra.


¿No es aún Israel (Dome) mi hija, mi hija querida?-dice el Señor. A menudo tengo que castigarla (taann cierto!) pero aún así la amo. Por eso mi corazón la anhela y ciertamente le tendré misericordia." Jeremías 31:3-5, 9, 10b, 12-13, 16-17, 20 NTV      


                   

No tengo que decir cuánto lloré. Tenía ratos de no sentir como el Señor me hablaba así de directo y de inmediato a través de Su Palabra. Cada letra saltaba a mis ojos y estaba segura que era para mí. El mismo Dios que hace muchísimos años profetizó a través de Jeremías y dio esperanza a Su pueblo en cautiverio, es el Dios que estaba en mi cuarto trayendo el consuelo que mi alma necesitaba en el instante preciso.


 Así que, estimada mujer; si recientemente te has preguntado ¿todavía puedo tener esperanza? Estás leyendo tu respuesta.


Pronto vamos a ser reedificadas, conoceremos una restauración permanente y los años de duelo o pena quedarán atrás.