miércoles, 23 de diciembre de 2020

Al que sufre en Navidad

Pudiera enumerar todo lo que salió mal para mí y para mi familia en este año 2020. Pero Dios se ha encargado de poner frente a mis narices las realidades de otras personas cuyo dolor o pérdida superan con creces los míos.


Quisiera que, con recitar algunos versículos bíblicos o decir palabras que luzcan apropiadas, el pesar se vaya. Pero sé que no tengo el poder ni las habilidades para sanar la herida de alguno; mas conozco a Uno que puede sanar, acompañar y crear esplendor donde por ahora solo existe ceniza (Isaías 61:3).


No puedo sacar de mi mente a aquellos que tendrán una silla vacía en sus mesas en la cena de Nochebuena; no dejo de pensar en las video llamadas que no se van realizar, los números telefónicos que no se van a marcar, los mensajes que no se enviarán, los regalos que no se entregarán, las recetas que no se cocinarán, los abrazos que no podremos dar, las risas que no podremos escuchar, las manos que no se podrán sostener, los nietos que preguntarán por sus abuelos y todas las oraciones que no se podrán hacer.


Este año ha dolido, lo sé; por momentos ha parecido que la pesadilla nunca va a acabar y que nuestras fuerzas sí lo harán. Hay mucha gente viviendo alguna clase de duelo, pero supongo que al mismo tiempo, no hay una mejor época para recordar todas aquellas promesas que Aquel bebé nacido en Belén materializó (Lucas 1:72-73) al humillarse y nacer en un cuerpo caído como el nuestro.


Hay una razón para seguir teniendo Esperanza: Él. 


Cristo, que experimentó toda clase de dolor y sufrimiento (Isaías 53:3) sabe y entiende lo que tu corazón siente hoy. Él lee cada pensamiento que no te has atrevido a decir en voz alta y guarda cada lágrima que ha salido de tus ojos en público y en privado (Salmo 56:8). Aunque te parece que no, ha escuchado cada pregunta y Su oído no ha dejado de estar atento a tus oraciones (Salmo 34:15).


Este es un buen momento para que acompañemos a aquellos que sufren. Oremos por y con ellos, recordémosles esas promesas que sostienen nuestra fe, hagamos saber que pueden contar con nosotros y estemos allí si ellos lo solicitan. No prediquemos, no teologicemos, no sermoneemos. Tan solo acompañemos, aun con la distancia que esta pandemia nos ha impuesto.


Mientras quisieras saltarte estas fechas especiales, quiero que sepas que el Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3) sigue presente y que Sus manos saben sanar y consolar como una madre (Isaías 66:13) y Él nunca ignora tu tristeza. Ve a Él como estés, háblale de la forma que sabes hacerlo y pídele que te "vuelva a dar vida" y "vuelva a consolarte" (Salmo 71:20-21). 


Una cosa más: el dolor que no se va es un recordatorio de que este mundo no es nuestro final. Siempre estaremos insatisfechos y expuestos al sufrimiento de este lado del cielo. Pero hay algo más, hay una eternidad que Él diseñó para que experimentemos Su gloria y perfección de forma plena. Y no pudiéramos aguardar a esa eternidad si Él no hubiese venido para pagar el precio de llevarnos allá.


Oro para que durante estas fiestas sientas la presencia cercana del Señor en medio de tu dolor y tristeza, tal y como lo ha prometido (Salmo 34:17-18).



"Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho" Isaías 25:8


"Aunque me has hecho ver muchas desgracias y aflicciones, me harás vivir de nuevo; me levantarás de lo profundo de la tierra...y volverás a consolarme" Salmo 71:20-21

sábado, 12 de diciembre de 2020

Gracia en el pozo

El sol refulgía en su máximo esplendor. No era la hora más conveniente para ir a traer agua y caminar con algo pesado que te agotara más. Pero era la hora más segura para no encontrarte con miradas acusadoras, murmuraciones o gente que cambiara de camino para no tenerte cerca.


Si hubiesen existido las redes sociales en ese momento, quizás muy pocas mujeres la hubieran querido tener entre sus contactos y además, supervisarían constantemente que sus maridos tampoco lo hicieran. Tal vez, hasta le hubiesen creado un hashtag #laquitamaridos #larompehogares o algo por el estilo. 


Él no necesitaba de una red social para conocerla o enterarse de su vida. Él ya la conocía, Él sabía todo de ella. Él orquestó todo para propiciar un encuentro a solas; uno que cambiaría su vida para siempre y la de otros también.


Ella hablaba como alguien que creía en lo que sus padres le habían enseñado. Quiso recordarle a ese judío que estaban a la espera del Mesías. Cualquiera podía pensar que una mujer que estaba a la expectativa de un Cristo, no tenía nada que ocultar.


Él sabía que ella necesitaba ser transformada. Su pecado no lo alejó. Fue y la buscó. 

Él, a diferencia de los habitantes de esa ciudad, conocía que había una necesidad profunda en su alma que había querido satisfacer muchas veces; y también sabía que cada intento había fracasado llevándola al estatus que ahora tenía.


Ella lo ignoraba, pero su alma estaba a punto de ser satisfecha, de una vez y para siempre. Cualquiera que aceptaba el ofrecimiento del judío era saciado y dejaba de buscar un algo más, para conocer la libertad.


Él hizo preguntas directas y quien no Le conociera, podía pensar que fue severo. Pero no, Él solamente preparaba el corazón de ella para mostrarle cuán vacía estaba su vida y cuanta necesidad tenía de Él.


Él la amaba y por eso confrontó su pecado. El secreto a voces parecía seguir costándole caro. Sin embargo, esta vez era diferente. Ella no lo negó, no pretendió delante de Él. Fue quedándole claro que Él no estaba allí para echarle en cara su vida desordenada. Él había llegado para salvarla.


Cuando la gente le daba miradas de condenación; Él la miró con amor.

Cuando las mujeres cambiaban de camino para no encontrarse con ella; Él la esperó en el pozo.

Cuando sus vecinos murmuraban y no le dirigían la palabra; Él quiso hablarle.

Cuando los hombres la irrespetaban por su fama; Él llegó para redimirla.

Cuando parecía que ella no valía nada; Él la usó para anunciar las Buenas Nuevas a los habitantes de su ciudad (Juan 4:39).


La sed de toda mujer por ser amada, la misma que la había llevado a buscar saciarse en cisternas rotas, hoy había cambiado. Y es que ella no podía seguir siendo igual después de ese encuentro. 

Cada vez que fuera con su cántaro a ese sitio, recordaría que ya había recibido el Agua de Vida. Ese pozo ya no simbolizaba una tradición religiosa; ese pozo ahora representaba la profunda Gracia en la que fue sumergida y la cambió para siempre.


"Mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Jesús, porque la mujer les había dicho: Él sabe todo lo que he hecho en la vida. Por eso, cuando la gente del pueblo llegó a donde estaba Jesús, le rogó que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, y muchas otras personas creyeron al oír lo que Él decía. La gente le dijo a la mujer: Ahora creemos, no por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído, y sabemos que en verdad Él es el Salvador de mundo" Juan 4:39-42

miércoles, 2 de diciembre de 2020

¡Cuidado con las películas navideñas!

Hallmark Channel y Studio Universal son expertas en producir películas navideñas con tramas que te atrapan rápido. En las últimas semanas Netflix me recomienda varias también.


Al analizar un poquito las historias, casi todas suelen tratarse de perfectas historias de amor, de mujeres que dejan sus rutinarias vidas y se dejan llevar por sus corazonadas, de protagonistas que chocan de casualidad con la pareja perfecta y se enamoran en tres días, de personas que buscan esperanza en la época más linda del año y bueno, ustedes ya saben.


Es bien fácil que esas tramas te atrapen y te hagan soñar un poco y hasta llegar a creer, aunque no lo admitas, que eso también te puede pasar a ti. ¡Vamos! Necesitamos olvidar un poco lo que hemos vivido este año.

Pero, ¡cuidado! No alimentemos nuestro espíritu con ideas falsas de lo que la Navidad es ni de la perfección de las festividades. En medio de nuestras imperfectas vidas y de la ausencia de esa falsa magia que nos venden en la pantalla, podemos tener esperanza.


Aun cuando nuestras familias no están juntas

Aun si hay escasez económica

Aun cuando haya dolor en nuestro corazón

Aun si el futuro es incierto

Aun cuando tengamos que celebrar en medio de una pandemia

Aun si el Señor parece guardar silencio


Él es nuestra razón para celebrar. Y ninguna de esas películas te habla de ello.


No esperemos a tener un ascenso, las deudas canceladas, los matrimonios perfectos, a esa persona cambiada, el trabajo ideal, la pareja de nuestros sueños o la vejez asegurada.


Celebremos tenerlo a Él y a Su gracia. Dejemos de buscar motivos en otro lado, Él es nuestro motivo. 


Aun cuando estés solo en una mesa cenando y no recibas un regalo de nadie, nuestro Dios es todo lo que necesitas para que estas fechas tengan sentido.


No busques esperanza en fuentes temporales, ve a la fuente de Esperanza verdadera.


"Guíame y enséñame tu Verdad, porque Tú eres mi Dios y Salvador, y en ti pongo siempre toda mi esperanza" Salmo 25:5 PDT


"Yo esperaré en el Señor, que está escondiendo su rostro del pueblo de Jacob. Tengo puestas mis esperanzas en Él" Isaías 8:17 PDT

sábado, 21 de noviembre de 2020

Pandemia: Inventario de Pérdidas

Me encanta el libro de Job. Lo he leído varias veces en mi vida, sobre todo en temporadas de mucho dolor y prueba. Durante esta pandemia volví a leerlo. He oído a líderes cristianos decir que Dios nos va a restaurar y restituir lo que perdimos -al doble-tal y como hizo con Job (42:10); y eso me ha inspirado y alentado.


Sin embargo, ahora creo que no siempre pasará así. Hay pérdidas que fueron permitidas por el Señor y que nunca serán restituidas, al menos, no de la forma literal que esperamos.


Esta pandemia nos produjo pérdidas a todos; de todo tipo y duración. Algunas han sido temporales: reducción del salario por unos meses, cierre momentáneo de un negocio, lejanía de gente que queremos; por mencionar algunas. Pero también han habido pérdidas permanentes: seres amados que murieron, amigos que emigraron y de los cuales no pudimos despedirnos, bienes materiales que se perdieron y sueños que tuvimos que dejar ir.


Hace unos días me sentía triste y desanimada y no sabía del todo porqué. Fue después de como tres días que el Señor me hizo sentir que podía hacer duelo con libertad por cualquier cosa tangible o intangible que lamentara haber perdido o que extrañaba. Decidí hacer un inventario de algunas de ellas y mientras escribía, empecé a llorar como niña; y fue cuando entendí que la voz del Espíritu Santo me había guiado. Él, que me conoce mejor y que sabe desenredar las emociones "entelarañadas" con las que vivo, sabía que necesitaba entregar mi duelo.


- Me entristece muchísimo haber terminado el año escolar sin poder ver y abrazar a mis estudiantes.

- Me duele no poder hacer planes de pasar la Navidad con toda mi familia.

- Extraño escribir un mensaje a alguna amiga cercana para ir por un café y ponernos al día con nuestras vidas.

- Extraño abrazar y besar a mis sobrinos sin temor.

- Extraño ir al parque al que solía ir a caminar.

- No me gusta ir a mi iglesia y sentir todo tan impersonal, sin poder acercarme para orar o conversar con alguien.

- Lamento que el campus en el que estaba sirviendo y que estaba dando muestras de crecimiento, no pueda reabrirse.

- Me frustra haber tenido que ajustar drásticamente el presupuesto familiar, por las consecuencias económicas que esta crisis ha generado.

- He hecho duelo por mi proyecto soñado (https://destellos7.blogspot.com/2020/07/cuarentena-parte-5-suenos-y-planes-rotos.html)


Éstas son solo algunas cosas que escribí en mi lista.


He empezado a aceptar que muchas cosas no volverán a ser como eran antes, aun cuando la pandemia termine. Dios no me ha garantizado que recibiré de nuevo todo lo que perdí. Y no quiero buscarle solo porque quiero que me devuelva lo que ya no tengo.


Más bien, quiero renovar mi fe y confiar en que aún cuando este año ha sido tan duro, Él es bueno y solo hace cosas buenas (Salmo 119:68). Aún cuando no reciba todo el tiempo, el dinero, las relaciones y los eventos que perdí; quiero seguir descansado en Su Providencia y dejar que sea mi porción (Salmo 73:26, Salmo 119:57, Lamentaciones 3:24), mi herencia (Salmo 16:5) y mi sustento (Salmo 55:22).


Sé que en Él siempre tendré esperanza (Romanos 15:13, Salmo 71:5); pero también sé que no todo será restaurado o renovado en esta vida. A pesar de ello, puedo seguir confiándole mi futuro incierto, mis preguntas sin respuesta, mis visiones nubladas, mis pedazos de sueños, mis metas frustradas, mis renuncias obligadas y mis manos que quedaron sin mucho que retener.


Traigamos el luto de nuestra alma a Sus pies y dejemos que nuestro Dueño y Creador nos consuele.


"Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo." Romanos 15:13 RVR60


"Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras" Salmo 73:28 RVR60

lunes, 28 de septiembre de 2020

Resistiendo al llamado de Dios

En el 2018 estuve desempleada. Hice una búsqueda intensiva para encontrar un trabajo. Por la gracia de Dios, tengo dos títulos académicos y decidí que quería trabajar en algo más relacionado con mi carrera de Administración de Empresas; después de haber pasado años en el área educativa.

Perdí la cuenta del número de entrevistas a las que fui, las plazas a las que apliqué y las razones que me di a mí misma y a otros para buscar espacio en esa área laboral.


Después de varios meses de frustraciones, Dios me hizo entender que estaba buscando mal, que debía escudriñar cuál era mi verdadera pasión y mi llamado; y que hacia allí debía encaminarme. No fue fácil, me resistía; me atraía ser exitosa en una corporación muy importante, tener nuevas metas y hasta quería vestirme de forma diferente para ir al trabajo.


Pero con dolor de por medio, reconocí cuál era la voluntad del Señor para mí y Él se encargó de mover las piezas y ajustar las circunstancias y volví a hacer lo que Él quiere: enseñar. Tuve la oportunidad de estar de nuevo en las aulas, cercana a los niños, dándome cuenta de primera mano de sus dificultades y solo puedo decir que lo amé. Muchas mañanas sentada en un escritorio, con montones de tareas y libros que revisar, Dios me recordaba cuál era Su propósito para esta temporada de mi vida. Cuando alguno de los chicos me compartía sus necesidades o problemas muy serios en casa, el Espíritu Santo parecía hablarme y decirme: para esto te traje de regreso a enseñar.


Hoy en día, mientras la labor educativa enfrenta muchísimos desafíos, sigo pensando que el Señor ha querido tenerme haciendo esto. Y nuevamente, cuando mi corazón quiere desviarse a perseguir otros logros, Él me recuerda aquella temporada en la que me sentí a la deriva, cuando forcejeé y puse resistencia, queriendo usar mis habilidades para algo distinto a lo que Él diseñó para mí.

Por eso, si actualmente estás luchando con decidir el rumbo que tu vida debe tomar, te invito a hacer algo de esto:


1. Ir con honestidad en oración y consultar con Dios si estás yendo en la dirección correcta o si estás encaminando todos tus dones y tus talentos hacia el lugar que Él sueña para ti (Salmo 32:8, Proverbios 16:1). No esperes recibir una respuesta inmediata, en ocasiones es necesario orar por algún tiempo esta petición hasta que el Señor transforma nuestro corazón y nos persuade a seguir lo que Él desea.


2. Analiza en oración y a la luz de la Palabra qué motivaciones hay detrás de esos cambios que quieres traer a tu vida (Salmo 19:12): ¿te sientes atrapado en una rutina? ¿quieres ganar más dinero? ¿quieres reconocimiento o estatus? ¿no te quieres sentir estancado al compararte con tus contemporáneos? ¿es tu ego el que necesita ir a "otro nivel"?


3. Considera conversar con un líder maduro que te conozca lo suficiente como para decirte la verdad, aunque eso te incomode. En mi caso, Dios usó a un par de personas para llamar mi atención y cuestionarme sobre lo que deseaba versus lo que el Señor me había llamado a hacer.


4. Responde: ¿Qué te apasiona? ¿Qué es aquello que puedes pasar haciendo por horas y no te pesa hacerlo? ¿Qué disfrutas hacer? ¿Qué conmueve tu corazón y te hace querer ayudar? ¿Qué grupo de personas (niños, ancianos, mujeres maltratadas, madres solteras, viudas, personas con discapacidad, etc.) produce una carga en tu vida? ¿Para qué eres bueno (dones y talentos)? 

Te pido que respondas esto, pues son preguntas clave que pueden ayudarte a identificar si estás haciendo lo que Dios te ha llamado a hacer, o si es necesario dirigirte en otra dirección.


5. Asegúrate de tener paz. En mi experiencia y la de otras personas cercanas a mí; que han tomado decisiones temerarias por seguir el llamado de Dios a sus vidas; puedo comprobar que cuando te decides por lo mismo que el Señor desea, llega Su paz. Es inexplicable, pero aún cuando ganes menos salario, aún cuando renuncies a un título, aún cuando parece que te degradas o renuncias a tu felicidad, tu alma tiene paz al saberse dentro de la misma voluntad del Señor.


6. De ser necesario, pide a una o dos personas de tu entera confianza que oren por ti en ese proceso.


Siempre he temido envejecer y ver hacia atrás en mi vida y descubrir que desperdicié mis años haciendo algo diferente a lo que Dios quería. Pero ese año de desierto fue usado por el Señor para afirmar mi llamado y reiterar mi compromiso a servirle en lo que hago; ya sea detrás de un escritorio, calificando exámenes, grabando video clases, contando historias para los niños de la iglesia, animando a otros docentes, escribiendo notas a los padres o simplemente escuchando las ocurrencias de los chicos. Hoy por hoy, es lo que mi Dios me ha llamado a hacer/ser y la certeza de que estoy obedeciéndole supera cualquiera de mis dudas.


Antes de tomar un rumbo diferente, por favor, asegúrate de que es lo que tu Padre Celestial quiere.


"Podemos hacer nuestros propios planes, pero la respuesta correcta viene del Señor. La gente puede considerarse pura según su propia opinión, pero el Señor examina sus intenciones. Pon todo lo que hagas en manos del Señor, y tus planes tendrán éxito" Proverbios 16:1-3 NTV

sábado, 19 de septiembre de 2020

Para Una Mujer Que Se Pregunta Si Todavía Puede Tener Esperanza

Pocas veces he hecho esto, pero en esta ocasión quiero compartir algo que está en mi diario de oración. Tengo el fuerte impulso de hacerlo, por todas aquellas mujeres que hoy día, por la razón que sea, se sienten solas, abandonadas, sin rumbo, dolidas o tristes. Lean y que Dios hable de la manera exacta que sus corazones lo necesitan.


(8 de Septiembre, 2020)

¿Todavía puedo tener esperanza? ("Aún llenará tu boca de risa, y tus labios de júbilo." Job 8:20)


El Señor no ha acabado Su obra, en el nombre de Jesús, tendremos nuevas razones para reír, para celebrar. Voy a hablar, voy a cantar con gozo. Dios es bueno y veré aún más manifestaciones de esa bondad. Veré a mi mami reír con gozo de nuevo. Levantarás esa "nube gris invisible" que parece que no se va. Esa tristecita silenciosa, ese dolorcito, esa frustración, esa desesperanza, esa oscuridad...llévatela Padre. En mi mami y en mí, y en cualquier persona que se sienta como nosotras.


Que esto acabe Señor, que las marcas que la viudez, las relaciones rotas o la pérdida hayan dejado en nuestra alma, sean quitadas Padre. Sánanos, límpianos, restáuranos. Danos esperanza, danos fe, danos propósito, danos visión.


Yo no quiero que pasen los días y los años solo por pasar y para ir tachándolos; quiero tener rumbo, tener propósito, tener algo por lo cual levantarme cada mañana, motivada, sabiendo que es lo que Tú quieres para nosotras. Llévate ese despropósito, llévate esa sensación de solo ir pasándola.


Me rehúso a vivir así, solo por vivir. Quiero hacer algo más, quiero crecer, quiero prosperar; pero también quiero servirte, quiero que me uses. Por ahora me siento amarrada, tan sin sentido...


Pero pongo en Tus manos esos sueños, esos anhelos rotos, suspendidos, pisoteados...Todo lo que no pudo durar, todo lo que se destruyó, todo lo que arruiné, todo lo que no se llevó a cabo, todo lo que nunca ocurrirá.

Esa mañana, terminé de escribir lo anterior y uno de los versículos que tengo en mi cuarto llamó mi atención; así que el Señor me llevó a Su Palabra. Jeremías 31.


"Hace tiempo el Señor le dijo a Israel (Dome): Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a Mí.         Yo te reedificaré, mi virgen Israel (Dome). Volverás a ser feliz y con alegría danzarás con las panderetas.


De nuevo plantarás tus viñedos sobre las montañas de Samaria (tu tierra) y allí comerás de tus propios huertos.


Por sus rostros correrán lágrimas de alegría, y con mucho cuidado los guiaré a casa. Caminarán junto a arroyos quietos y por caminos llanos donde no tropezarán. Pues soy el padre de Israel (Dome).          El Señor que dispersó a Su pueblo,  lo reunirá y lo cuidará como hace un pastor con su rebaño.


Vendrán a su tierra y entonarán canciones de alegría en las alturas de Jerusalén. Estarán radiantes debido a los buenos regalos del Señor: abundancia de grano, vino nuevo y aceite de oliva, y los rebaños y las manadas saludables. Su vida será como un jardín bien regado y desaparecerán todas sus tristezas.


Las jóvenes danzarán de alegría y los hombres-jóvenes y viejos-se unirán a la celebración. Convertiré su duelo en alegría.


Pero ahora esto dice el Señor: No llores más, porque te recompensaré-dice el Señor-. Tus hijos volverán a ti desde la tierra lejana del enemigo. Hay esperanza para tu futuro -dice el Señor-. Tus hijos volverán a su propia tierra.


¿No es aún Israel (Dome) mi hija, mi hija querida?-dice el Señor. A menudo tengo que castigarla (taann cierto!) pero aún así la amo. Por eso mi corazón la anhela y ciertamente le tendré misericordia." Jeremías 31:3-5, 9, 10b, 12-13, 16-17, 20 NTV      


                   

No tengo que decir cuánto lloré. Tenía ratos de no sentir como el Señor me hablaba así de directo y de inmediato a través de Su Palabra. Cada letra saltaba a mis ojos y estaba segura que era para mí. El mismo Dios que hace muchísimos años profetizó a través de Jeremías y dio esperanza a Su pueblo en cautiverio, es el Dios que estaba en mi cuarto trayendo el consuelo que mi alma necesitaba en el instante preciso.


 Así que, estimada mujer; si recientemente te has preguntado ¿todavía puedo tener esperanza? Estás leyendo tu respuesta.


Pronto vamos a ser reedificadas, conoceremos una restauración permanente y los años de duelo o pena quedarán atrás.     


sábado, 12 de septiembre de 2020

¿HABLARLE A MI ALMA?

Suelo hablar conmigo todo el tiempo. Me comento cosas como: “¡qué pena!”, “¿qué acabas de hacer?”, “tranquila, relájate, no perdás el control”, “¿qué tal si haces esto o aquello?”, etc. Es más, hasta me río de mí…¡conmigo! Si la gente pudiera escuchar todo lo que hablo conmigo misma, seguro no volverían a acercarse.


Recientemente, Dios me ha estado invitando a hablarle no solamente a Él, sino también a mi alma. Lo he escuchado de diversas fuentes y no entendía bien a qué se referían. Pero como soy aficionada al libro de los Salmos, me he dado cuenta de cómo el rey David y otros autores recurrían continuamente a esta práctica:


"Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de Él es mi esperanza" Salmo 62:5

"Bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de Sus beneficios" Salmo 103:2


Si haces un recorrido por los Salmos, notarás cuantas veces y en cuantas diferentes circunstancias, los salmistas aconsejaban a sus propias almas a confiar en Dios, a esperar en Él, a no desesperarse, a recordar Sus promesas y a persistir con fe.

En tiempos de incertidumbre como los que vive el mundo actualmente, creo que todos necesitamos aprender a hablarle a nuestra alma. Por supuesto debemos hablar con el Señor y depender de Él. Pero muchas situaciones de nuestra vida requieren que nos recordemos a nosotros mismos, a esa parte inquieta y ansiosa de nuestro ser, todas las bondades y promesas del Señor.


"Aguarda a Jehová; Esfuérzarte y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová." Salmo 27:14

"¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío." Salmo 43:5


Durante estos meses tan extraños que hemos vivido, me he descubierto a mí misma dando cabida a pensamientos de angustia y de preocupación; he dejado que mi corazón se llene de miedo y mi mente, de muchos "¿y qué si's?". Pero he encontrado que debo volver a la Palabra cada vez y hablarme a mí misma para recordarme todo lo que el Señor es y me ha prometido.


"Vuelve, oh alma mía, a tu reposo. Porque Jehová te ha hecho bien" Salmo 116:7

" Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor, no hay para mí bien fuera de Ti" Salmo 16:2


Hay días en los que termino exhausta, cargada y de mal humor; y muchas veces concluyo que es porque dejé que mi alma se acelerara fijándose en cada circunstancia alrededor, en lugar de detenerse a contemplar al Señor y a recordar Su verdad.


En ocasiones parece que necesito tranquilizarme como a un bebé y decirme:


Sshh, sshh, tranquila, respira.

Sshh, sshh, descansa, confía.

Sshh, sshh, míralo a Él.

Sshh, sshh, suelta las preguntas.

Sshh, sshh, esto también pasará (2 Corintios 4:17)

Sshh, sshh, Él sigue sentado en el trono (Apocalipsis 7:10)

Sshh, sshh, Sus planes siguen siendo buenos (Jeremías 29:11, Romanos 8:28)}

Sshh, sshh, Sus promesas son Verdad.


¿Qué necesitas recordarle a tu alma hoy? Tómate unos minutos y aconseja a tu propio corazón a recordar en Quien ha confiado.