viernes, 13 de diciembre de 2019

Perdida en el Redil

Siempre he escuchado la metáfora que se hace sobre aquellos que alguna vez estuvieron en una iglesia y se fueron "al mundo". Se les compara al hijo pródigo que decidió irse de casa y se perdió lejos de su padre; o a aquella oveja que decidió seguir su rumbo y se extravió.

Es bien fácil identificar a esas ovejas y a esos hijos pródigos, pero ¿qué hay de aquellos que aún permaneciendo en la iglesia nos "perdemos"?

Quizás es más fácil explicarlo con mi caso: Desde pequeña he estado en una iglesia, nunca me he ido, nunca he dejado de congregarme, nunca me he sentido atraída por cosas que el mundo ofrece, como adicciones, fiestas y cosas parecidas. NO.

Sin embargo, me he perdido.

He vivido etapas en las que me he deslizado sutilmente. Dejé de oír la voz del Pastor, dejé de buscarle, dejé de anhelarle. Decidí algo sin consultarle y no me fue mal. Así que sin darme cuenta, empecé a independizarme de Su voluntad.

Poco a poco mis prioridades cambiaron. Y aunque no solía perderme un culto y seguía en mi ministerio; lo cierto es que ya no le amaba en primer lugar. Seguía físicamente dentro del redil, pero mi alma ya no se sujetaba ni confiaba en el Pastor.


He pensado en lo que llevó a la oveja de la parábola (Mateo 18:10-14) a perderse. ¿Dejó de oír la voz del pastor? ¿Buscó pastos en otro sitio? ¿Se peleó con otras ovejas? ¿Decidió irse voluntariamente? ¿Se rebeló? ¿Creyó que le iría mejor haciendo las cosas a su manera?

No lo sé con exactitud, pero Mateo señala que se había descarriado y se había ido a los montes. No estaba cerca, el pastor seguramente sabía que podría tomarle algún tiempo encontrarla y por ello fue solo a buscarle.


Ahora tengo claro que me perdí porque Él no me parecía suficiente. Quise llenarme, quise traer gozo a mi manera, deseé cosas y/o personas más que a Él. 

Sé que puede no parecer grave, pero lo cierto es que hay un terreno peligroso cuando nuestras almas están insatisfechas, porque todos nuestros esfuerzos, deseos, pensamientos y energías, se desvían tras aquello que consideramos que nos falta. Nuestro corazón se pierde en esa búsqueda constante de ese "algo más" que creemos que nos completará.


Pienso en qué sintió la oveja al darse cuenta que estaba sola en medio de lugares desconocidos. Probablemente se llenó de temor, quizás pasó una noche con frío, quizás se resbaló y se lastimó porque no estaba su pastor quien la guiaba lejos de los peligros, quizás quiso encontrar inútilmente el camino de regreso a casa. Y aunque la Biblia no relata esos detalles, sí puedo afirmarte que así se siente una oveja que ha decidido emprender su propio camino y vivir su vida bajo sus propios términos.

De pronto, únicamente por la misericordia de Dios, reaccionas; te das cuenta que tu alma está vacía y más insatisfecha que al principio. La oscuridad te cubre, porque te alejaste de la verdadera fuente de Luz perpetua. El dolor de tomar tu rumbo es muy grande; la culpa y la vergüenza te sobrepasan. Pero es en ese estado; extraviado, con golpes, sucio; que entiendes que el redil es el lugar más seguro y conoces la Gracia que sólo el Pastor puede darte.

Si has dejado de amar al Señor, si has estado deseando pastos de otros lugares, si hay una insatisfacción que no se va; estoy aquí para exhortarte a no dejar el redil por nada. No corras ese riesgo, no permitas que tu corazón quiera llenarse con algo/alguien que no sea nuestro Pastor. 

Y si abandonaste el redil, quiero que sepas que el Pastor te está buscando en este mismo instante. Él quiere que vuelvas al redil, va a recogerte con Sus propios brazos, te curará y te traerá de vuelta a casa. Ya no te resistas, escucha Su voz, grita tu nombre.


"[El Pastor] Se alegrará más por esa [la oveja perdida]  que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Mateo 18:13 NTV

domingo, 27 de octubre de 2019

Llorar con los que lloran

Hace cuatro días falleció el papá de uno de mis estudiantes a causa de un cáncer que había vuelto a inicios de este año. Aunque sabíamos de su condición, pasamos orando por él todos estos meses y no dejó de entristecernos la noticia.

El viernes a primera hora tuve una plática con mi grupo. Escuché a un par de niñas comentar que no sabían qué decirle a su compañero o qué hacer por él. Y las entendí perfectamente, porque el jueves en la noche mientras me conducía a la funeraria, pensaba lo mismo.

¿Qué le digo? ¿Cómo le ayudo? ¿Cuáles son las mejores palabras en este momento que se quedó sin papá a sus doce años?

Lo único que vino a mi mente fue: "llorar con los que lloran".  

De hecho me remonté años atrás, cuando mi papá falleció. Soy honesta, no recuerdo ni el 5% de las palabras que la gente me dijo -y fueron muchas-, sólo recuerdo a los que estuvieron allí, sólo recuerdo los abrazos sinceros, llenos de amor que recibí, y sí, también recuerdo muchas de las lágrimas que se derramaron compartiendo nuestro dolor.

Así que el único consejo que pude darle a mis estudiantes fue ese: "lloren con él".


Que Dios me ayude a recordar eso siempre, porque les confieso que la cristiana espiritualoide dentro de mí quiere predicar, lanzar un gran sermón y pedir que sean "fuertes" a aquellos que sufren, sólo porque creo que es lo más "bíblico" o espiritual que puedo hacer.

Pero no, la gente que acaba de perder a un ser querido, a un bebé, un trabajo, una pareja, no siempre necesita eso. Hay tiempo para todo  (Ecl. 3:4) y cuando acabas de perder a alguien que amas puedes llorar. 

No hay nada de pecaminoso en llorar. No es menos espiritual el que sufre por el duelo. Me consuela sobremanera saber que Jesús me entiende, porque se conmovió con el dolor de María por perder a su hermano Lázaro (Juan 11:33-34) y  Él mismo lloró por su amado amigo (Juan 11:35).

Por favor, no prediquemos al que llora o está triste por perder a alguien. No les digamos que deben ser fuertes como si estar tristes baja su espiritualidad. 

Sólo estemos allí, sólo abracemos, sólo lloremos con ellos. 


"Lloren con los que lloran" Romanos 12:15 NTV

domingo, 29 de septiembre de 2019

La Carta de mi Vecino Testigo de Jehová

Mi mamá sacó del buzón la correspondencia. Llamó nuestra atención un sobre blanco que traía algo escrito a mano.

Les comparto su contenido en las imágenes.





Decidí guardar el sobre. Lo encontré de nuevo este fin de semana y volví a sentir la misma vergüenza de cuando lo ví por primera vez.

Me parece increíble que una persona que no tiene la verdad sobre el Evangelio y sobre Cristo, se tome tan en serio  su labor de evangelizar. De hecho, en mi colonia semanalmente vemos cuadrillas de personas de su denominación que andan tocando puertas y no se dan por vencidos.


¿Hace cuánto no le hablo del Señor a alguien? ¿Hace cuánto dejé de sentir carga por los que no Le conocen? ¿Cuándo dejé de sentir pasión por predicar del Evangelio?



Mauricio, mi vecino  está comprometido con lo que cree y con su iglesia. Es notorio. Y yo, me conformo con poner versículos en mis redes sociales.


El reto es grande,  el llamado está hecho (Mateo 28:19-20). Es mi responsabilidad hablar, ser luz, ser ejemplo. No quiero que la sangre de la gente a mi alrededor me sea demandada (Ezequiel 3:18). Sé que estoy llamada a ser sal en el lugar en el que me encuentre. Sé que siempre hay alguien necesitado cerca, quizás sólo esperando una palabra, una oración, un rayo de esperanza.


Si al igual  que yo has estado muy pasivo en cuanto al Evangelismo, te invito a orar juntos por eso y a pedirle al Señor que encienda nuestro corazón  de nuevo, para no quedarnos callados, para dejar de estar centrados en nosotros mismos y para compartir Su verdad.


Señor, no nos dejes en paz, inquiétanos, cárganos por aquellos que aún no te conocen. Que nunca se apague en nosotros la pasión por contarles a otros de Tí. ¡Haznos luz!





"Cuando Yo dijere al impio: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva,  el impío morirá de su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano" Ezequiel 3:18


¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Romanos 10:14

viernes, 20 de septiembre de 2019

Rindiendo Mis Finanzas

Mi hermano me bendijo este año y me patrocinó un curso de finanzas personales. Al iniciar esperaba un montón de técnicas, ideas prácticas, calculadoras y cosas así, que me ayudaran a pagar todas mis deudas y a que MI dinero abundara.

Lo que hicieron con nosotros las primeras semanas fue algo inesperado. Nos pusieron a leer mil versículos bíblicos relacionados al dinero y  a devorar libros que dolían como cachetadas. Empezaron a cuestionar sobre cómo habíamos estado viviendo nuestra vida financiera hasta ahora.


¿Quién es el Dueño? ¿Dios o yo? ¿De verdad es Él el REY de esa área de mi vida?


Descubrí que nunca he dejado gobernar al Señor en mis finanzas. Me he creído dueña de mi vida, de mis posesiones y de mi dinero (¡Absurdo! ¡Si TODO es Suyo!). Dejé de agradecer por las bendiciones materiales que Dios me daba. Dí por sentadas muchas cosas, cosas como un empleo seguro o como tener el dinero para pagar una cuota a final de mes; me olvidé de alabar al Señor por Su fidelidad en lo material.



Tuve que admitir que soy una egoísta y malagradecida. Siempre he pensado en mí, siempre se ha tratado de mí; de satisfacerme, de hacerme sentir bien con lo que compro o como, de darme palmaditas invisibles con el poder adquisitivo que alguna vez tuve.

Puedo afirmar que NUNCA consulté con seriedad mis decisiones financieras con el Señor. Quizás alguna vez oré sólo por cumplir, pero nunca he esperado con toda consciencia un SI o un NO de Su parte. He hecho lo que he querido.

He diezmado la mayor parte de mi vida, y aun así he experimentado crisis financiera, no porque Dios no sea fiel, sino por mi propio desorden. He orado pidiendo un “rescate” de parte del Señor y ha llegado muchas veces por pura misericordia, pero creo que llegó un  momento en el que era tiempo de santificarme y pulirme en esa área y por ello permitió una situación tan complicada,en la que sólo Él pudiera ayudarme.


La Conexión entre la Integridad y las Bendiciones.

Hace unas semanas alguien-cristiano-me cuestionó en público, cuando dije que no veía películas piratas. Empezó a lanzarme un montón de preguntas: 

¿Y vas a decir que nunca has bajado cosas en Internet sin pagarlas? ¿Tus antivirus son originales? ¿Nunca has comprado réplicas?, etc, etc.

Su propósito era claro, quería demostrarme ante los demás que yo no era tan "honesta". Por un momento me quedé callada. Pero luego le respondí y le dije: 

Sí, he comprado réplicas, he bajado cosas en Internet sin pagarlas, he incumplido leyes de tránsito, etc. ¿Pero sabés qué? Eso era antes, ahora entiendo que Dios no puede bendecirme si sigo siendo partícipe de ese tipo de cosas...

(Me entristeció mucho que un cristiano vea como normal y aceptable que hagamos ese tipo de cosas)

Ahora temo, por decirlo de alguna forma, comprar, vender, o realizar cosas salpicadas de deshonestidad. No quiero ver películas “piratas”, no quiero cobrar más del precio justo, no quiero mentir a mis acreedores, no quiero vivir sin dar cuentas. Fui confrontada por el Señor, comprendí que no es la naturaleza de Dios bendecir al tramposo (Job 15:34), al deshonesto, al que no tiene "pesas cabales" (Prov. 20:10), al que no declara impuesto (Mateo 22:21), al que no cumple con la ley.

Fidelidad en las Cosas Pequeñas

Creo que Dios es un padre que se compadece de Sus hijos (Lamentaciones 3:22) y yo debo mantenerme haciendo mi parte, confiando en que Él sabe hacer la Suya. Debo mantenerme diezmando, orando por mi situación, dando con bondad dentro de mis posibilidades, siendo ordenada y diligente con mis gastos y presupuesto, dando la cara a mis acreedores, buscando diferentes alternativas para aumentar mis ingresos, etc. 

Esas pequeñas cosas, eso que yo SÍ puedo controlar, es muchísimo en las manos del Señor. Él ama la fidelidad y la recompensa. Y yo quiero ser fiel, quiero mantenerme haciendo lo que Él me ha mandado a hacer y dejarle el resto a Él.


Si estás en un hoyo financiero o muy preocupado por ese aspecto, te animo a confiar en el Señor y en todas Sus promesas. Pero también, te animo a examinar tu vida; a revisar con suma honestidad quién es el verdadero dueño de tus finanzas; revisa si has fallado con tu diezmo, si has dejado que la deshonestidad permee tu vida aunque sea un poco, si nos has sido fiel en lo poco, si no eres un trabajador que honra a sus patrones, si no eres transparente con tu cónyuge en las finanzas, etc.

En ese seminario escuché testimonios tan alentadores de gente que estuvo alguna vez sumergida en terribles y pronunciados valles financieros y yo quiero ser uno de ellos pronto, quiero dar testimonio a otros de lo que Dios hace cuando auténticamente rendimos nuestras finanzas a Él y le dejamos reinar por completo.

Oro porque el Señor reine y sane tu vida financiera también.


"Señor, sólo a Tí te corresponden la grandeza y el poder, la gloria, el esplendor y el honor. Porque a Tí te pertenece todo lo que existe en el cielo y en la tierra. Tú, Señor, eres el único soberano y Tuyo es el reino. La riqueza y el honor vienen de Tí; Tú lo gobiernas todo. Tienes en Tus manos el poder y la fuerza. También está en Tus manos el poder de decidir a quién hacer grande y poderoso." 1 Crónicas 29:11-12

martes, 30 de julio de 2019

EL MILAGRO QUE NO DESEABA


(Por Brenda Maeda de Ramos)

 FEBRERO 2014
Empecé a tener síntomas extraños a la hora de comer y dormir, mi calidad de vida era muy mala y empeoraba cada día. Después de buscar ayuda en varios lugares, fui diagnosticada con “Acalasia”. Esta es una rara enfermedad que hace al esófago  incapaz de contraerse y empujar el alimento hasta el estómago, provocando que la parte que se une al estómago se vaya cerrando poco a poco.
Tuve que ser operada de emergencia, viviendo un dolor inexplicable y una recuperación angustiosa. Todo pasó y aunque sabía que las secuelas son parte de la enfermedad, me fui acostumbrando a ello.

DESDE ENERO 2019
Alimentos que se me atoraban, vómitos frecuentes, dolores en el pecho que me doblegaban, despertares abruptos al sentir que me ahogaba. Volví a tener los síntomas con más frecuencia y más intensidad, justo como hace cinco años.
Después de muchas citas y exámenes médicos, después de mucho pánico, escuché las palabras que le había pedido a Dios no escuchar: “Brenda, no hay otra alternativa más que una segunda cirugía pues de no hacerlo su vida se expone a consecuencias fatales de forma súbita”.
Yo no quería, no era lo que yo había orado. 
Dios, ¡habíamos quedado que con la primera operación esto se iba a acabar!
Dios, ¿por qué no me hiciste el milagro?

Esas eran mis preguntas y Dios solo contestó: “Esto es parte del plan”.


JULIO 2019
Fui operada por segunda vez. Le rogué a Dios que no me doliera tanto como la primera vez. Al despertar, lo primero que razoné es que no me dolía, que milagrosamente no me sentía tan mal como la primera vez. ¡Dios estaba obrando!
Al salir de la sala de recuperación me enteré que mi operación se alargó por casi ocho horas, que lo que encontraron era peor de lo que imaginábamos y que además tuve una rasgadura en el esófago. Eso significó alargar mi hospitalización por una semana y ser alimentada por sonda pues no podía comer ni beber ni una gota de agua.
El día más feliz  fue cuando después de un examen muy importante me confirmaron que todo estaba bien, que la rasgadura había cerrado, que ya podía tomar líquidos e ir a casa. 

(Sonriendo porque me acababan de informar que me quitarían la sonda)  



MI HOY…
La recuperación ha sido lenta y seguirá por unos meses más, he tenido que hacer cambios importantes en mi vida para asegurar mi bienestar.
Como ya pudieron leer, mi milagro no se trata de que Dios me evitara la enfermedad o que me sanara abruptamente. Mi milagro se trata de Dios glorificándose a través de un duro proceso.  Mi milagro no es el que yo quería, pero es el que El Señor quiso y eso es suficiente para sentirme bendecida.


En este proceso he aprendido cinco cosas que quiero compartir contigo:

1.  Dios es “sanador y poderoso” aún cuando me permita atravesar la enfermedad.  Muchas veces nos permitirá pasar las pruebas, pero el milagro será que nos fortalecerá, nos consolará y se glorificará en nuestra vida.
      
2. Soy pecadora e inmerecedora de la gracia de Dios pero Él me bendice porque Él es bueno. Estando en el hospital, una amiga me compartió estos versículos que resumen lo que el Señor ha hecho en mí:
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lamentaciones 3: 22-23)

3. Con esta enfermedad Dios está ordenando mis prioridades. He entendido que mi corazón y fuerza estaban enfocados en  cosas que no son tan importantes como mi familia y mi relación con Dios. Además, he entendido que cuidarme a mí misma es parte de honrar a Dios y que ni el trabajo ni los afanes deben anteponerse a esto.

4. Si una enfermedad o una prueba te acercan a Dios, eso ya es una bendición. Estoy segura que Dios está usando este proceso para santificarme aunque sea un poquito. ¡Bendito quebranto que me acercó a Él!

5. He valorado el amor de la familia, de mi iglesia, de mis amigos. Ese amor también sana y Dios lo usa para fortalecernos en la prueba.

No sé lo que tú estés viviendo, pero ten por seguro que aunque Dios no te responda como tú quieres, el milagro que Él te dará será más hermoso, más grande y más glorioso que el que tú deseabas. 
¡Espero puedas abrazar ese milagro!

¡Gracias por leerme!


(Mi primera comida después de muchos días sin comer. ¡Bendita gelatina!)

martes, 21 de mayo de 2019

De Mi Lista de "Relaciones Rotas"

Dios ha estado tratando diversas cosas conmigo, y entre ellas, me he dado cuenta que hay relaciones que merecen ser sanadas, recuperadas o restauradas; y al mismo tiempo, he aceptado que otras deben ser desechadas.

En ese proceso, he ido poco a poco acercándome a personas que extrañaba tener en mi vida, pues yo misma las había excluido mientras estuve ciega, por decirlo de una manera. Agradezco al Señor la gracia que he recibido de parte de esas amigas, casi hermanas, que me han recibido de nuevo, cual amiga pródiga. 

Hace más de un año hice una lista de relaciones que SABÍA que necesitaban ser restauradas; y si eso no era posible, al menos necesitaba acercarme una vez para admitir que había fallado y debía pedir perdón de alguna forma. He ido avanzando en esa lista. Pero venía posponiendo hablar con una persona a la que saqué abruptamente de mi vida, alguien que venía a mi casa semanalmente a una célula de la iglesia y a quien conozco desde hace casi 25 años. De toda mi lista, era uno de los nombres a los que más temía.

Aunque hice un intento de acercamiento, decidí no seguir insistiendo. PERO Dios se ocupa de limpiar tu vida y cuando Él quiere cumplir Su voluntad, lo hace y ya.

El fin de semana anterior me encontré "por casualidad" a esa persona. La vi haciendo una fila y lo supe instantáneamente. No entretuve mucho la decisión, sólo caminé hacia donde ella estaba. La saqué de la fila y la abracé prolongadamente. No pude decir una palabra, no pude ensayar un discurso...sólo la abracé y aguanté las lágrimas.

Creo que ella entendió (¡eso espero!), no fue necesario decir nada, sólo terminamos con los ojos muy llorosos hablando mil palabras por minuto, tratando de evadir preguntas difíciles.

Aunque fue un encuentro fugaz, SÉ que fue Dios quien lo permitió. Él sabía que no había otra forma y que yo soy demasiado terca o demasiado cobarde como para buscar acercarme. Él se toma en serio el hecho de sanarme en toda área y por eso me coloca en situaciones de las que no puedo escapar. Todo lo que pasó ese rato llevaba Su firma (hasta me imagino que sonreía mientras esto ocurría).

Mientras conducía después de ese encuentro, hablaba con Dios y entre una sonrisa y cierto nerviosismo le pedía que no me pusiera en una situación así, sin previo aviso, nuevamente. Pero entiendo que Él es Señor sobre mi vida y tengo claro que rendirme a Él implica rendir mi orgullo y dejarle limpiar cada rincón, por muy doloroso o incómodo que pueda ser. Incluso recordé cuantas veces le he pedido que me santifique...¡pues ahí está! ¡Él se toma en serio cada oración que le digo!


Y comparto esto porque creo que es lo mismo para muchos. Si has estado posponiendo esa conversación incómoda, esa llamada (¡porque hay muchas probabilidades de que no te contesten o te cuelguen!), esa reunión, ese mensaje...ya no lo hagas. Si está a tu alcance, procura la restauración. Si no, no te preocupes, Dios va a ingeniárselas para que eso suceda.

Pon en oración esos nombres y estoy segura que en Su presencia vas a saber cuáles relaciones merecen ser restauradas. El Señor es tan bueno y tan paciente que irá contigo paso a paso en el proceso de sanar cada una de esas relaciones quebrantadas.


"Por lo tanto, si presentas una ofrenda en el altar del templo y de pronto recuerdas que alguien tiene algo contra ti, deja la ofrenda allí en el altar. Anda y reconcíliate con esa persona. Luego ven y presenta tu ofrenda a Dios" Mateo 5:23-24 NTV

"El perdón restaura la amistad, el rencor la termina" Proverbios 17:9 PDT

jueves, 21 de febrero de 2019

Nosotros los "diositos"

Seguimos dándote la gloria con nuestros labios y en las redes sociales, pero dentro de nosotros continuamos dándonos palmaditas y recibiendo la gloria...aunque sea una porción de ella.

Seguimos sin darnos cuenta, haciéndonos pequeños dioses. "Diositos" que quieren dirigir sus vidas, que deciden sin consultarte, que ya han determinado hacer su voluntad aún cuando oran para buscar la Tuya. "Diositos" que se creen soberanos y quieren gobernar la vida de otros, sin comprender completamente que rendirlos a Ti es la verdadera fórmula para que ellos estén bien.

Seguimos viviendo en desbalance; conmoviéndonos por la gente que sufre en las calles o que vemos en las noticias, pero olvidando conmovernos por el hermano que sufre, por ese pariente que está pasando una prueba y que necesita de nuestro cristianismo en acción.

Seguimos usurpando tu lugar de Juez, creyéndonos lo suficientemente justos para emitir una sentencia y una condena a los demás. Y no nos damos cuenta que estás ahí, al lado del acusado, desempeñando el rol de abogado defensor; Aquel que nunca ha dejado que condenen a sus defendidos.

Seguimos yendo a la iglesia con la actitud incorrecta; y pecamos al "evaluar" lo que ocurre frente a nosotros o a los que nos dirigen. Nos falta humildad para admitir que somos nosotros los primeros que no deberíamos haber entrado, y nos sobra orgullo para no reconocer que eres Tú el que llama y usa a quien se le antoje...porque sí, porque eres Dios, porque eres Señor, porque pagaste el precio.

Seguimos auto engañándonos, considerándonos lo suficientemente fuertes como para negociar nuestro cuidado espiritual. Nos sigue siendo más fácil renunciar a un domingo en Tu casa o a un grupo que nos alimente en la semana, que decirle que no a ese hábito. "No es para tanto", nos decimos. "Yo sigo conectado con Él", repetimos. Y es que en realidad la soberbia nos rebalsa, porque nosotros, esos "diositos" queremos independencia.

Seguimos dándonos permiso de coquetear con el pecado. Creemos que caminar en la orilla y mojarnos los pies no nos pone en peligro. Nos rehúsamos a soltar a ese grupo de amigos, o esa relación, o esa adicción. Nos seguimos sintiendo en control. No nos damos cuenta que la marea puede subir intempestivamente y de pronto podemos encontrarnos con el agua al cuello, cubiertos de un pecado que parecía inofensivo.

Seguimos cuestionándote en medio de las pruebas, pensando que tenemos el derecho de recibir una explicación. Se nos olvida que Tú eres Dios y nosotros...pues sólo somos nosotros. Ese "diosito" que nos hemos levantado exige saber porqué está sufriendo, tan sólo porque cree que no se lo merece. Si, eso creemos y se lo reclamamos a Aquel que vivió el sufrimiento más grande de la historia.

Seguimos batallando con nuestro ego, ese que se opone a los cambios que quieres hacer en nosotros. Ese, que no nos deja pedir ayuda y hablar con franqueza sobre las áreas en las que somos más débiles que el tallo de una florcita. Ese, que nos seduce para guardar secretos y conservar nuestro estatus de cristianos y "diositos" que los demás conocen y hasta admiran.

Seguimos salpicándonos del mundo con lo que vemos, con lo que leemos, con el vocabulario que usamos, con los lugares que frecuentamos, con las personas a las que dejamos estar cerca y cuya oscuridad es más potente que la luz que se supone deberíamos emanar; con lo que practicamos en secreto, con los pensamientos y fantasías que nos permitimos tener.

Seguimos sintiéndonos merecedores de Tu Gracia y capaces de elegir a quién y en qué proporción dársela. Se nos olvida que aquí el Padre que ama a los pródigos eres Tú y nosotros más bien encajamos en el perfil del hermano mayor...los que no son ni inventores ni dueños de la Gracia y mucho menos receptores monopolistas.

Seguimos añorando la gloria pasajera, el éxito laboral, el ascenso, las riquezas, el estatus, los aplausos. El mundo ha hecho bien su trabajo y ha logrado distraer nuestra mirada, pero sobre todo, desviar nuestro corazón de la gloria eterna, la que trasciende, la que se encuentra sólo en Ti, la que viviremos a tu lado algún día...quizás antes de lo que imaginamos.


Perdónanos Señor por no dejarte gobernar, por no desearte más que a cualquier cosa o persona, por jalonear el timón de Tus manos, por el deleite que aún nos produce pecar. Necesitamos de Tu Gracia hoy, necesitamos que nos recuerdes cada día nuestra miserable condición sin Ti, necesitamos que destruyas a esos "diositos"...aquí estamos Señor. Amén.