lunes, 22 de junio de 2020

Gracias por llevarte a mi papi

Hace 14 años una llamada telefónica cambió nuestra vida para siempre. Un accidente de tránsito, pérdida total del vehículo y un adiós para el que no estábamos listos.

Hoy me desperté con las memorias revoloteando en mi cabeza, no quería salir de la cama, pero me urgía hablar con Dios. Solo me senté y sentí que me decían: Da gracias solamente.

Busqué música y lo primero que encontré fue el vídeo de un cantante cristiano hablando del agradecimiento en una sesión acústica desde su casa en cuarentena. No era casualidad, Dios quería que le agradeciera y nada más.

Empecé a escribir, pues es mi vía de comunicación más natural. Reviví muchas escenas de ese día, pero el Señor me guió para enumerar las cosas por las que estaba agradecida, luego de la partida de mi papá.
                                           
Su fidelidad, Su provisión, Su protección, Su fortaleza, Su presencia constante, Su amor incambiable, Su rol de papá y esposo, Sus promesas que son verdad, Su sanidad, Su consuelo, Su sustento, Su voz.

Siempre testifico que conocí mucho más al Señor después de decirle adiós a mi papi. Estoy convencida que hay cambios que no ocurren, a menos que sea mediante el dolor. Veo para atrás y el rastro de la mano de Dios está en todo momento y en cada detalle. 

Sigo teniendo instantes en los que me pregunto porqué mis hermosos sobrinos no pudieron tener a su abuelo, o porqué mi mami tiene que envejecer sola, o porqué no se pudo fundar su iglesia filial soñada en Sonsonate, o porqué no pudimos devolverle un poco de lo mucho que siempre nos proveyó. Pero termino siempre agachando la cabeza y reconociendo que Dios es Soberano y que Sus planes nunca dejaron de ser buenos, ni con la muerte.

Escribo esto para aquellos que están llenos de dolor actualmente. Estoy aquí para decirte que el amor de Dios es mayor que tu sufrimiento y que Él puede con tu duelo. Él se conmueve con los que lloramos por alguien que perdimos (Juan 11:33, 35), hasta puedo afirmar que Él respeta nuestro luto y no nos pide ser fuertes o tener fe. No, simplemente permanece cerca (Salmos 34:18), guarda silencio cuando hay que guardarlo, te abraza y recoge una a una tus lágrimas y las guarda en un frasco que lleva tu nombre (Salmos 56:8).

Si alguien me hubiera dicho en el 2006, que algún día yo escribiría para agradecerle al Señor por la muerte de mi papá, yo probablemente me hubiera enojado y hubiera dicho un par de insultos. Y aunque no soy nadie para cuestionar a nuestro Dios, ahora entiendo que como siempre, Sus caminos son mejores que los míos (Isaías 55:9) y que sigue teniendo mi bienestar en mente (Jeremías 29:11).

Y confío en Su bondad, por eso te garantizo que permaneciendo cerca de Él, llegará un momento en el que también agradecerás por todo lo que Él está haciendo en tu vida en medio de la tristeza, la desesperanza y el dolor.

Descansemos en nuestro Dios, que es la roca de nuestro corazón y nuestra porción para siempre (Salmos 73:26).


"El Señor está cerca para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza". Salmo 34:18 

domingo, 14 de junio de 2020

Cuarentena Parte 4: Orar o Morir

Varios amigos muy cercanos y muy queridos han recibido suspensión en sus contratos de trabajo o reducción de sus salarios, debido a la situación actual.

Algunos conocidos han sido contagiados con el virus y han pasado o están pasando días difíciles.

Una de mis mejores amigas está varada en otro país junto a su nena de 4 años y sus padres adultos mayores; y por ahora no se ve cercano su regreso.

Mi mamá no trabaja desde hace 3 meses exactos y eso ha impactado fuertemente en nuestra economía familiar, como muchos otros casos.

El domingo 31 de mayo casi no dormí. Las fuertes lluvias y un viento que jamás había escuchado me mantuvieron alerta casi toda la madrugada. Las horas iban pasando y las noticias se actualizaban con los desastres causados por la tormenta Amanda. Una semana entera de lluvias es demasiado para un país tan frágil como el mío.


"Pero Tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo" Nehemías 9:33


Desde que inició la cuarentena, Dios me ha estado llamando a orar. Pero indudablemente este llamado ha sido más fuerte en estas últimas semanas.

Sé que los tiempos de prueba nos hacen orar más; pero debemos tener claro que no solo se trata de orar para que el virus no llegue a nuestra familia. La oración no es un un amuleto que sirve para ahuyentar los males; no, la oración es un llamado a interceder, a derramar el corazón por las necesidades a nuestro alrededor y para reconocer que el Único que puede con todo lo que está pasando es el Señor.

Estoy convencida que parte del propósito de Dios para Sus hijos en medio de esta pandemia es mostrarnos que a pesar de que hemos vivido años siendo fríos en nuestra disciplina de oración, ha llegado el momento en que reconozcamos que no hay otra forma de sobrellevar esta temporada más que doblando nuestras rodillas...y nuestro ego.
                                                                             
NADIE lo sabía. NADIE ha encontrado una solución aún. NADIE puede darnos una fecha para que esto termine. Pero conocemos al que tiene todas las respuestas, al Soberano, al que sigue gobernando el universo, entonces ¿no sería absurdo tratar de vivir esta etapa sin buscarle?

"Este es el consejo que está acordado sobre toda la tierra, y esta, la mano extendida sobre las naciones. Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?" Isaías 14:26-27


Yo soy experta en llenarme de ansiedad con facilidad y estos meses he tenido varios días al límite. Mi alma se ha angustiado por tanto ruido en los medios de comunicación, en las redes sociales y en la boca de la gente; pero el Señor ha estado allí, mostrándome que no hay otra forma, que es en Su presencia solamente donde mi alma puede ser calmada y guardar silencio mientras espera en Él (Salmo 62:5).  

"Él es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre es Su misericordia" Salmo 136:23


Si no podía antes con la rutina y el estrés habitual de un día "normal", mucho menos podría llevar esta temporada de incertidumbre si no oro, si no me congrego virtualmente, si no intercedo con mi grupo de oración y compartimos nuestras cargas. La respuesta no cambia: orar, orar y orar.

¿Qué tiene a tu alma ansiosa hoy? Corre a Su presencia. La única garantía para sobrevivir y enfrentar este tiempo es orando, quizás como nunca antes lo hemos hecho.


"Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová" Salmo 27:8

"Pero en el tiempo de su tribulación clamaron a Ti, y Tú desde los cielos los oíste" Nehemías 9:27

viernes, 15 de mayo de 2020

Cuarentena Parte 3: Confrontación y Arrepentimiento

Nadie imaginaba la dimensión de todo esto. Ni las naciones más poderosas, ni las organizaciones más influyentes. Sólo lo sabía nuestro soberano Dios. Y henos aquí, con la vida detenida en muchos sentidos, con una pausa obligada, con incertidumbre, con cansancio emocional extremo, observando con incredulidad lo que ocurre.

Estando en cuarentena en un centro de contención le pregunté muchas veces al Señor cuál era Su propósito, pero casi siempre lo hice pensando individualmente. ¿Cuál es tu propósito para mí? Sin embargo, estando en casa, adoptando una nueva rutina, Dios me ha mostrado que debo dejar de fijarme únicamente en mi vida. Sí, hay muchas áreas que necesitan confesión y perdón; pero también debía empezar a clamar por mis seres queridos, por mi iglesia, por mi país, por el mundo.


"¡Las naciones se encuentran en un caos, y sus reinos se desmoronan! ¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios! Toda nación me honrará. Seré honrado en el mundo entero." Salmo 46:6,10. NTV

Estoy convencida que este es un trato del Señor con todos, a nivel personal y a nivel global. 

Muchas veces oré diciéndole al Señor que se levantara de Su trono e hiciera algo definitivo con tanta maldad (violencia, aborto, depravación sexual, etc). Oré de esa manera porque en el fondo me sentía moralmente superior a esa gente "mala", y recientemente Él me recordó esa petición. Parece que me escuchó; se levantó de Su trono y está haciendo algo, pero con el mundo entero y eso me incluye.

Cada vez más el Señor me convence de la necesidad que nuestra tierra tenía de esto. Se nos ha olvidado que es Dios, Señor, Rey. Hemos vivido nuestra vida creyéndonos dueños y qué equivocados estábamos. 

"¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra? Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar" Salmo 113:5-7

Hemos guardado con recelo nuestras agendas, nuestras billeteras y hasta nuestros pecados; porque son cosas con las que nadie puede meterse. Hemos tenido una fe de plastilina, que se ha ido moldeando a la cultura, a las creencias actuales, aún a aquellas que ofenden la santidad de Dios (Isaías 61:3). Hemos dejado de llamar al pecado por su nombre. Hemos dejado de dolernos por el perdido y el necesitado (Salmo 41:1). Hemos dejado de amar la presencia del Señor, hemos buscado llenarnos con muchas otras cosas que en sí mismas pueden no ser malas, pero se convierten en ídolos cuando remplazan a nuestro Dios celoso (Éxodo 20:4-5). Y aún estando en una iglesia, nos enfocamos más en estar activos y servirle a Él sin pasar tiempo con Él.

No, no son nuestros gobiernos; este es Su plan providencial. Esta temporada de confinamiento es Su manera de llamar nuestra atención, de confrontarnos y por qué no decirlo, de disciplinarnos. Ya no quiere mi obediencia a medias, ya no quiere que elija Su voluntad a conveniencia, ya no quiere que evalúe lo bueno y lo malo bajo mi criterio; sino, bajo el Suyo. 

Quiere que mi corazón arda por Su presencia y por Su Palabra, quiere que mis pasiones lo honren a Él, quiere que le tema de forma reverente como el Santo de Israel (Salmo 89:18), quiere pulverizar mi ego, quiere que deje de creerme que puedo. La verdad es que no, no puedo; un virus puede matarme, así que no sé nada, no soy nadie; y Él es (Éxodo 3:14, Isaías 43:13) y lo puede TODO (Jeremías 32:27).


Sería un desperdicio espiritual que esta pandemia acabe y yo siga igual, y vuelva a la rutina que me absorbía, y de nuevo me cueste confesar mi pecado, y otra vez ignore lo que Él dice, y mis prioridades estén de cabeza como antes, y mi corazón se deleite en cosas vanas, y deje de darle toda la gloria porque dentro de mí creo que me merezco una parte de ella.

He sentido miedo del virus varias veces durante estos meses; pero ahora, el Señor me ha mostrado que debo temer concebirlo menos Santo de lo que es. Él se levantó de Su trono y es momento que callemos, nos arrepintamos y le devolvamos la gloria que le pertenece.


"Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos." Apocalipsis 5:13

martes, 28 de abril de 2020

Cuarentena Parte 2: Impotencia y Quietud

(Mi computadora se arruinó, por eso dejé de escribir. Pero me prestaron una y aquí estoy)
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Los días en La Palma fueron pasando casi todos iguales. Pero algo empezó a preocuparnos: nuestro estado de salud.

Lamentablemente las pruebas fueron aplicándose solo a pequeños grupos. Al preguntar a los médicos los criterios para seleccionar a estas personas, las respuestas eran escuetas y a veces, hasta contradictorias. En resumen, fuimos del último grupo al que le aplicaron el hisopado nasal y faringeo.

Luego, vinieron los días de espera por la respuesta. De acuerdo al manejo que las autoridades venían dando a los casos positivos dentro de un albergue, no habría que esperar recibir un resultado escrito o un informe de la boca del equipo de salud. Debíamos orar porque no llegara una ambulancia a sacarnos a cualquier hora del día para llevarnos a un hospital. Y por la gracia de Dios, eso no ocurrió. Desde el inicio nuestra petición fue que nuestro albergue saliera limpio...y así fue. Dios es fiel.

Los últimos días fueron muy difíciles. Por un lado, por la incertidumbre de no conocer a ciencia cierta sobre nuestra salud y por otro, porque el día 25, un grupo de compañeros fue enviado a casa. Se nos prometió a los que nos quedábamos que saldríamos al día siguiente. Durante 4 días al hilo, preparamos maletas y el resultado fue el mismo: NADA.

Tratábamos de mantenernos con fe, de orar, de no ser negativas; pero la verdad es que tuvimos momentos de lucha. Nos enojamos, lloramos, reclamamos. La impotencia era terrible. El hecho de que las autoridades, que están para protegerte, te den cero información y además usen la coacción y amenazas sutiles para callarte, no le hace ningún bien a la salud mental y emocional de alguien.

Pasaron un par de días más en la misma situación, pero nosotras decidimos ya no hacer maletas, decidimos dejar de esperar. Yo estaba enojada, lo confieso. Había puesto varias cosas en redes sociales para que alguien nos ayudara. Interpusimos un hábeas corpus en la Sala de lo Constitucional de nuestro país en forma conjunta. A mi mamá siempre le hablaba lo más normal que podía, sin  embargo, por dentro luchaba mucho.


Luego, la penúltima noche que pasamos allí, volví a ver un rótulo desgastado que yo misma había hecho y puesto en nuestra puerta de forma personalizada: "Dios es nuestro amparo y fortaleza. Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Estad quietas y conoced que Yo soy Dios. Jehová de los ejércitos está con nosotras, nuestro refugio es el Dios de Jacob." Salmos 46:1, 10a, 11. 

Esa noche, con las emociones revueltas leí eso y fue como una señal de ALTO de parte del Señor. Parecía estarme diciendo que dejara de pelear, de enojarme, de exigir respuestas; que simplemente me quedara quieta.

A la mañana siguiente, mi mamá me llama y me dice lo mismo. Me pidió que dejáramos de contar lo que estaba pasando y que ya no hiciéramos un movimiento más. Al rato, mi hermana me dice que había despertado con el mismo sentir. Todo eso fue una confirmación de que Dios me sigue teniendo misericordia y como sabe que suelo tardarme en entender, me lo recordaba de nuevo.

Eso fue todo. No contestamos llamadas ni mensajes de nadie más que nuestra familia y nuestro grupo de la iglesia que oraban a diario con y por nosotras. Dejamos de responder y de publicar cosas. Solo nos quedamos quietas. Recuerdo que hasta me sentía de buen humor, estaba confiando.

Esa noche mi hermana recibió un aviso de un funcionario amigo de una amiga suya: SALEN MAÑANA. Yo, la escéptica, me fui a dormir con un quién sabe en la cabeza. 

Desperté temprano con mi alma inquieta, ya no pude dormir. Empecé a leer un poco la Biblia deseando encontrar una respuesta y tengo en mi diario dos versículos:

"Invócame en el día de la angustia; te libraré y tú me honrarás" Salmos 50:15

" ¿Por qué te abates oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle. salvación mía y Dios mío" Salmos 42:13



Y luego sentí una convicción de que sí saldríamos. A las 8:00 a.m. el médico que mejor se portó con nosotras me envió un mensaje: ¡Feliz viaje! Salté de mi cama y desperté a mi hermana. No puedo explicar la alegría que sentimos.


Después de 37 días, 5 de viaje y 32 de cuarentena, y un proceso que tomó horas para salir del albergue, finalmente, por la tarde llegamos cada una a su casa.

Las emociones de ese día eran muchas y sé que solo quienes lo han vivido me entienden. Pero esa noche, cuando no podía dormir por sentirme desbordada, agradecí al Señor por haberme puesto en quietud. A veces es todo lo que se necesita; dejar de exigir tus derechos, dejar de pelear, dejar de meter tus manos y confiar en ese Papá Soberano que tiene control absoluto, que te defiende y que obra mientras tú te callas y dejas de moverte en tus fuerzas.

Ese es mi Papá. Fue fiel en todo este proceso y me sigue mostrando su Gracia, aún  cuando no entienda por completo todos Sus planes. 

(Continuará...)

jueves, 26 de marzo de 2020

Cuarentena Parte 1: Perder el Control

Cumplimos el primer tercio de nuestra cuarentena.

Es increíble como en tan pocos días Dios puede enseñarte tanto. Recuerdo que estando en la universidad una tan sola vez hice interciclo. Para los que no saben, es un tiempo de aproximadamente 5 semanas en las que cursas una materia, que normalmente te tomaría verla en todo un ciclo de estudios. Es algo intensivo.

De esa manera me siento ahora. Un tiempo intensivo que Dios quiso apartar para tratar conmigo un montón de cosas. 

Desde que nos bajamos del avión todo era muy incierto. El personal de migración te espera en la puerta del avión y te retiene el pasaporte y luego te forman en fila y te hacen caminar sin saber adónde vas. Me sentía como una presa recién llegada al reclusorio, que no tiene derecho a preguntar nada y solo debe seguir todo lo que le dicen si no quiere recibir una respuesta grosera o peor aún, ser ignorada.

Todo lo que queríamos era un poco de información: ¿cuál es el proceso? ¿cuánto demora? ¿y mi equipaje? ¿adónde nos van a llevar? ¿me van a separar de mi hermana? ¿nuestra familia podrá llevarnos provisiones? 

Desde que pusimos un pie fuera del avión dejamos de tener control. A partir de ahí, no puedes decidir nada. NADA.

Ellos deciden a qué lugar te vas y por ende las condiciones en las que vivirás los siguientes 30 días, también la comida que vas a comer (un tema muy importante para mí). 

No fue hasta que nos subieron a un autobús que supimos hacia donde nos dirigíamos: Chalatenango. Pero al llegar al albergue señalado no nos quisieron recibir. No saben qué feo se siente estar con todas tus maletas y decenas de desconocidos en un lugar extraño y a punto de oscurecer. Esos momentos de zozobra son los peores.

Más preguntas: ¿vamos a regresar al aeropuerto? ¿vamos a dormir en el bus? ¿quién nos va a dar cena? 

Gracias a Dios nos trajeron a un lugar cercano al primer albergue; un hotel rústico muy bonito que nos ha hecho nuestra estadía menos traumática. 

Y aunque nuestra familia nos envió muchas cosas que necesitábamos, estar acá sin poder salir ni 5 minutos para recibir el sol o estirar las piernas, es algo que me llena de impotencia.

Desde que estaba en la conferencia de mujeres en Monterrey, Dios me estaba preparando para soltar, para confiar, para renunciar al control. Sin embargo, jamás imaginé que el examen vendría tan rápido. 

Aquí no tienes el control de nada. Ni de los vecinos bulliciosos, ni de la hora en que te traen comida o del menú a recibir, ni de los médicos que van a atenderte, ni de la libertad de movilización. Simplemente debes aceptar tu situación, rendirte y confiar.


No sé porqué, pero Dios quiso ponerme en una situación así. Él sabe que lo necesitaba. 

Cada mañana dedico un buen tiempo para orar, leer y meditar en la Palabra. Es tan lindo no tener prisa y no hacerlo solo por cumplir. En ese tiempo Dios parece decirme a cada rato: "es necesario, confía, sigo en control, hay un propósito, ya verás."

Aunque anhelo que estos 20 días restantes pasen volando, también anhelo que Dios me siga hablando y mostrando más de Su carácter mientras me encuentro acá. Por ahora nos toca vivir un día a la vez.


"Torre fuerte es el nombre de Jehová; a Él correrá el justo y será levantado" Prov. 18:10

"Pero olvida todo eso; no es nada comparado con lo que voy a hacer. Pues estoy a punto de hacer algo nuevo. ¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves? Haré un camino a través del desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía. Sí, haré ríos en la tierra árida y baldía, para que mi pueblo escogido pueda refrescarse" Isaías 43: 18-20

jueves, 19 de marzo de 2020

El Antes de la Cuarentena

Cuando salí de mi casa hacia el aeropuerto, jamás imaginé que esto iba a ocurrir y menos que pasaría tan rápido. 

Desde julio del año pasado, con un grupo de amigas de la iglesia, empezamos a orar para que Dios nos permitiera asistir a la conferencia de mujeres del ministerio "Aviva Nuestros Corazones" que se realizaría el 13 y 14 de marzo en Monterrey, Nuevo León, México. Empezamos a cotizar hospedaje, vuelos y cosas así.

Al final, fuimos solamente mi hermana y yo; y se nos unió una amiga que vive en ciudad de México. 

Debo decirles que no disfrutamos esos días. Nos sobrecogió la angustia por todo lo que estaba pasando en nuestro país. Pensamos en tomar un vuelo y volver de inmediato, o irnos a Guatemala a la casa de mi hermano o quedarnos en casa de nuestra amiga allá hasta que todo pasara y otras "soluciones" más. Pero en más de una ocasión el Señor nos hacía sentir que había sido Su voluntad llevarnos hasta allá y que debíamos asistir a ese evento.

Tomé el avión hacia Monterrey e iba orando en todo el camino. ¿Señor, valdrá la pena? ¿Por qué nos traes en medio de este torbellino? ¿Vamos a poder volver? ¿Qué va a pasar aquí que no iba a pasar en mi país?

Lo único que Dios me decía por diferentes medios era que ese fue Su plan, que nada de eso era sorpresa para Él y que Él había decidido llevarnos con un propósito. Simple. 


Puedo decirles que desde el minuto uno en ese lugar, Dios se encargó de confirmarme que Él quería que estuviera allí; lo cual me conmueve, porque Él decidió llevarme a recibir lo que tenía para mí.

Ese tiempo fue suficiente para ser confrontada, desafiada, exhortada, consolada, animada. Pero sobre todo, el Señor me llamó a salir de mi comodidad y cuestionó mi pasividad e independencia de Él.

El lema de la conferencia era "Arraigadas". Y mientras escuchaba a cada mujer y hombre de Dios que subían a la plataforma, la voz del Espíritu Santo me decía: "es necesario, tenés que echar raíces más sólidas, tenés que avanzar"....y yo lloraba y lloraba.


¿No podrías probarme de otra forma Señor? ¿Por qué una cuarentena? ¿Por qué sacarme de mi país? ¿No podrías darme la lección sin estar encerrada?

Hoy por hoy sigo teniendo muchas preguntas, sigo sin entender el "para qué" tras esta situación. Yo estuve sentada dos días enteros escuchando y sabedora de lo que iba a enfrentar. No había vuelta atrás; Dios me llevó hasta allá porque quería darme un enfoque antes de regresar...y sólo Él sabe porqué.

Luego, me rendí. Dejé de cuestionar, acepté que Él es el Soberano y como nos enseñaron allá, mi única respuesta debía ser "SÍ, SEÑOR".


Continuará...

domingo, 12 de enero de 2020

Las Flores Me Hablaron

Aprovechando las vacaciones de fin de año, visité a mi hermano y su familia. El lugar donde viven me encanta, pues hay suficiente espacio donde realizar actividad física y caminar es mi favorita, porque mientras lo hago suelo orar. Sin embargo, debido al clima frío de esos días, no pude salir como hubiese querido.

Pero hubo una mañana en la que mi necesidad por salir era grande. Ese día amanecí muy cargada, pensando en un montón de cosas que me llenan de ansiedad y tienen que ver con la provisión material. 

A medida hacía la primera parte del recorrido, escuchaba alabanzas y hablaba con el Señor y muy honestamente le preguntaba cómo le iba a hacer para ayudarme, le confesaba mis miedos en esa área y le oraba por una de Sus movidas milagrosas. Pero, como me pasa con frecuencia, no me detuve a escucharle lo suficiente, prácticamente hice de ese tiempo un monólogo.

Mientras caminaba de regreso, unas florecitas muy lindas llamaron mi atención, al punto que saqué mi teléfono y les tomé fotos. Seguí caminando y encontré otras por aquí y otras por allá. 

Soy tan torpe que no me daba cuenta, Dios estaba usando esas flores para hablarme. ¿Cómo no las noté si ya había pasado por allí? Creo que porque iba tan centrada en mí misma.

Llegué a un lugar adonde descansé y lo entendí. Parecía que las flores me hablaban:

"Míranos, nadie nos plantó. Sólo nacimos aquí. 
Míranos, sabemos que te encantan las flores.
Míranos, ¿verdad que tenemos colores hermosos?
Míranos, crecemos aún en medio de las piedras y la maleza.
Míranos, dependemos del Creador, sabemos que Él cuida de nosotras.
Míranos, ¿acaso no recuerdas lo que Su Palabra dice?
Míranos, vivimos poco, pero nuestra vida está en Sus manos.
Míranos, tú vales más que nosotras.
Míranos, puedes confiar en Él."

Está de más decir que me puse a llorar allí mismo. No había nadie más en medio de ese bosquecito; sólo Dios, las flores y yo.

¿Por qué soy tan carnal? ¿Por qué mi fe no es más fuerte y duradera? Fueron algunas preguntas que yo me hice después.

Sé que Dios planeó ese encuentro con las flores como un recordatorio concreto de Sus promesas. Ese día oré para que todo este 2020, cuando la preocupación material llegue, Él me recuerde a esas florecitas y lo que me dijeron.


Si has empezado este nuevo año con alguna situación económica que se sale de tus manos, te invito a que confiemos juntos en nuestro Creador, Sustentador, Proveedor y Padre; y ¿por qué no?, sal y mira las flores.


"No vivan pensando en qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner. La vida no consiste solamente en comer, ni Dios creó el cuerpo sólo para que lo vistan...Aprendan de las flores que están en el campo. Ellas no trabajan para hacerse sus vestidos. Sin embargo, les aseguro que ni el rey Salomón se vistió tan bien como ellas, aunque tuvo muchas riquezas. Si Dios hace tan hermosas a las flores, que viven tan poco tiempo, ¿acaso no hará MÁS por ustedes? ¡Veo que todavía no han aprendido a confiar en Dios! Ya no se preocupen por lo que van a comer, o lo que van a beber, o por la ropa que se van a poner...Ustedes tienen como padre a Dios que está en el cielo, y Él sabe lo que ustedes necesitan." Mateo 6:25,28-32 TLA