jueves, 21 de febrero de 2019

Nosotros los "diositos"

Seguimos dándote la gloria con nuestros labios y en las redes sociales, pero dentro de nosotros continuamos dándonos palmaditas y recibiendo la gloria...aunque sea una porción de ella.

Seguimos sin darnos cuenta, haciéndonos pequeños dioses. "Diositos" que quieren dirigir sus vidas, que deciden sin consultarte, que ya han determinado hacer su voluntad aún cuando oran para buscar la Tuya. "Diositos" que se creen soberanos y quieren gobernar la vida de otros, sin comprender completamente que rendirlos a Ti es la verdadera fórmula para que ellos estén bien.

Seguimos viviendo en desbalance; conmoviéndonos por la gente que sufre en las calles o que vemos en las noticias, pero olvidando conmovernos por el hermano que sufre, por ese pariente que está pasando una prueba y que necesita de nuestro cristianismo en acción.

Seguimos usurpando tu lugar de Juez, creyéndonos lo suficientemente justos para emitir una sentencia y una condena a los demás. Y no nos damos cuenta que estás ahí, al lado del acusado, desempeñando el rol de abogado defensor; Aquel que nunca ha dejado que condenen a sus defendidos.

Seguimos yendo a la iglesia con la actitud incorrecta; y pecamos al "evaluar" lo que ocurre frente a nosotros o a los que nos dirigen. Nos falta humildad para admitir que somos nosotros los primeros que no deberíamos haber entrado, y nos sobra orgullo para no reconocer que eres Tú el que llama y usa a quien se le antoje...porque sí, porque eres Dios, porque eres Señor, porque pagaste el precio.

Seguimos auto engañándonos, considerándonos lo suficientemente fuertes como para negociar nuestro cuidado espiritual. Nos sigue siendo más fácil renunciar a un domingo en Tu casa o a un grupo que nos alimente en la semana, que decirle que no a ese hábito. "No es para tanto", nos decimos. "Yo sigo conectado con Él", repetimos. Y es que en realidad la soberbia nos rebalsa, porque nosotros, esos "diositos" queremos independencia.

Seguimos dándonos permiso de coquetear con el pecado. Creemos que caminar en la orilla y mojarnos los pies no nos pone en peligro. Nos rehúsamos a soltar a ese grupo de amigos, o esa relación, o esa adicción. Nos seguimos sintiendo en control. No nos damos cuenta que la marea puede subir intempestivamente y de pronto podemos encontrarnos con el agua al cuello, cubiertos de un pecado que parecía inofensivo.

Seguimos cuestionándote en medio de las pruebas, pensando que tenemos el derecho de recibir una explicación. Se nos olvida que Tú eres Dios y nosotros...pues sólo somos nosotros. Ese "diosito" que nos hemos levantado exige saber porqué está sufriendo, tan sólo porque cree que no se lo merece. Si, eso creemos y se lo reclamamos a Aquel que vivió el sufrimiento más grande de la historia.

Seguimos batallando con nuestro ego, ese que se opone a los cambios que quieres hacer en nosotros. Ese, que no nos deja pedir ayuda y hablar con franqueza sobre las áreas en las que somos más débiles que el tallo de una florcita. Ese, que nos seduce para guardar secretos y conservar nuestro estatus de cristianos y "diositos" que los demás conocen y hasta admiran.

Seguimos salpicándonos del mundo con lo que vemos, con lo que leemos, con el vocabulario que usamos, con los lugares que frecuentamos, con las personas a las que dejamos estar cerca y cuya oscuridad es más potente que la luz que se supone deberíamos emanar; con lo que practicamos en secreto, con los pensamientos y fantasías que nos permitimos tener.

Seguimos sintiéndonos merecedores de Tu Gracia y capaces de elegir a quién y en qué proporción dársela. Se nos olvida que aquí el Padre que ama a los pródigos eres Tú y nosotros más bien encajamos en el perfil del hermano mayor...los que no son ni inventores ni dueños de la Gracia y mucho menos receptores monopolistas.

Seguimos añorando la gloria pasajera, el éxito laboral, el ascenso, las riquezas, el estatus, los aplausos. El mundo ha hecho bien su trabajo y ha logrado distraer nuestra mirada, pero sobre todo, desviar nuestro corazón de la gloria eterna, la que trasciende, la que se encuentra sólo en Ti, la que viviremos a tu lado algún día...quizás antes de lo que imaginamos.


Perdónanos Señor por no dejarte gobernar, por no desearte más que a cualquier cosa o persona, por jalonear el timón de Tus manos, por el deleite que aún nos produce pecar. Necesitamos de Tu Gracia hoy, necesitamos que nos recuerdes cada día nuestra miserable condición sin Ti, necesitamos que destruyas a esos "diositos"...aquí estamos Señor. Amén.

sábado, 26 de enero de 2019

"Tu Papá no te quiere"

Gracias a Dios tengo la oportunidad de estar enseñando de nuevo en un aula. Y yo siempre he afirmado que los niños son los que mejores lecciones me dan. 

Así que esta semana escuché disimuladamente una plática entre un grupo de unos 6 chicos. El tema era sobre quién es el más enojado en casa, papá o mamá; y sobre los tipos de castigos que reciben. Cada uno fue hablando de su caso, pero era hora de despacho y se fueron yendo de a poco; por lo que al final sólo quedaron dos varones platicando.

La conversación fue más o menos de esta manera:

- En mi casa la enojada es mi mamá. Me cae bien mi papá...
- (Interrumpe) ¿Por qué te cae bien?
- Porque nunca me regaña, nunca me pega, nunca me grita...
- ¡Entonces no te quiere!
- (Callado...no pude ver su cara porque hubiera sido bien obvio que les estaba escuchando)
- Siii, no te quiere!! Porque si te quisiera, te corrigiera...

Me sorprendió la conclusión del segundo chico; sobre todo, porque conozco un poco a su papá y sé que es muy estricto y no le deja pasar nada. Y justo él, un niño con una disciplina bien establecida en casa afirmó muy convencido que una muestra de amor de los padres es que se nos corrija y discipline.

Me quedé pensando en esas palabras. Quizá mi alumno no usó el tono más amigable...pero lo que dijo está lleno de verdad.

"¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos? Él dijo:
<<Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor y no te des por vencido cuando te corrige. Pues el Señor disciplina a los que ama y castiga a todo el que recibe como hijo>>". Hebreos 12: 5-6


En mi caso,  cuando me encuentro en medio de una prueba siempre tiendo a pensar que el Señor me está disciplinando por algo. A pesar de tener años de ser cristiana, soy tentada a creer que los silencios y los "no" de Dios son su método de castigo. 
Pero estoy siendo enseñada a confiar en el carácter del Señor y a poner mi mirada en Quien es Él. Al final, Él también es un Padre y cualquiera que sea el propósito que tiene en mente para mi prueba, santificarme o disciplinarme, lo cierto es que tiene como fin algo bueno para mí.

Así que si crees que el amor de Dios se manifiesta solo cuando no te corrige y hay purititas bendiciones en tu vida, lamento decir que ese no es nuestro Padre. Puede permitirte temporadas de bienestar y bonanza, pero con frecuencia Él también va a dejar que las pruebas nos toquen para pulirnos, para sacar las impurezas del alma, para sanar nuestras relaciones, para tratar con nuestros pecados ocultos, para hacernos parecer un poquito más a Él.

Sé que es difícil, pero aceptemos la disciplina del Señor cuando llegue. Admitamos con humildad nuestras fallas, rindamos esas áreas en las que Él no gobierna y tengamos en mente que es nuestro Padre y nos ama con locura.


"Al soportar esta disciplina divina, recuerden que Dios los trata como a sus propios hijos. ¿Acaso alguien oyó hablar de un hijo que nunca fue disciplinado por su padre?" Hebreos 12:7

jueves, 10 de enero de 2019

Cómo Ayudar a Alguien Desempleado

Debido a una publicación reciente sobre el desempleo, varias personas me escribieron o me han hecho comentarios al respecto. Por eso quiero compartir ahora, ideas prácticas de cómo podemos bendecir a alguien que no cuenta con empleo, considerando que esta persona NO quiere o no buscó estar en esa condición.

1. Orar.
Suena lógico, pero por experiencia personal a muchos se nos olvida orar por las necesidades de otros, sobre todo si el desempleo ha durado mucho tiempo. Normalmente oramos con fervor cuando la prueba recién inicia, pero a medida va pasando el tiempo, no recordamos con frecuencia que hay un hermano necesitando provisión de un  trabajo y que no tiene para cubrir sus necesidades básicas o las de su familia. Lo primordial que podemos hacer por alguien desempleado es mantenerlo en nuestras oraciones cada día; y no solo orar porque Dios le dé un trabajo, sino también para que sea fortalecido (Salmo 37:39), para que el propósito de la prueba se cumpla (Salmo 138:8), para que su carácter se pula en ese proceso (Hebreos 12:11), para que conozca a Dios mejor, para que su fe no decrezca (Lucas 22:32), para que se suplan sus necesidades materiales (Filipenses 4:19), etc.


2. Ser de edificación.
Hay gente que nos quiere genuinamente y en su afán de animarnos, nos dicen muchas cosas que no edifican.
Agradezco a aquellos que me han "predicado", incluso a aquellos que me han insinuado que estoy en pecado. La verdad es que hasta que estás atravesando ese camino, se pueden entender las luchas de fe que  se enfrentan. 
Varias personas han sido más pragmáticas y me han dicho que me ubique en la realidad del país, pues acá todo mundo debe esperar de uno a dos años para poder encontrar una plaza. (¿No se dan cuenta que eso es como decirle a un enfermo de cáncer: "Mira, el 95% de la gente que padece de tu tipo de cáncer se muere, así que ubícate y no tengas tantas expectativas"?). Y lo más triste de esto, es que algunos son hermanos en la fe. Así que mi cerebro da vueltas tratando de entender por qué mis hermanos no me estaban animando o abonando a mi fe. ¿No se nos ha enseñado que Dios lo puede todo y es Dios de imposibles? ¿Debo dejar mi fe de un lado y "ubicarme" en la realidad en vez de en el Señor?

Si quieres ayudar a alguien sin empleo, escúchale, pregunta si puedes hacer algo por él/ella, mántente en comunicación ocasional para mostrarle que estás ahí, recuérdale quien es Dios y oren juntos por teléfono o en persona. (Yo doy gracias al Señor porque he tenido ese tipo de personas en mi vida...no saben cuánto ayuda!)


3. Ayudar de forma práctica.
Con algo tan simple como reenviar la hoja de vida de esa persona a todos tus contactos, alertarle sobre cualquier plaza disponible que conozcas, animarle a iniciar un proyecto de emprendimiento o trabajar de forma independiente...todas ellas son cosas prácticas y fáciles que podemos hacer por aquellos que estimamos y atraviesan una condición de desempleo.

He sabido de personas que han recibido compras del supermercado, útiles escolares para sus hijos, ofrendas y otro tipo de bendiciones que Dios les manda a través de familiares y/o amigos. Personalmente he sido sorprendida al ser recipiente de provisiones milagrosas, las cuales agradezco infinitamente. Por lo que si el Señor te mueve genuinamente a bendecir a alguien desempleado de forma material no dudes en hacerlo (Santiago 2:15-16).



Todos conocemos o conoceremos a alguien sin empleo. Probablemente en nuestras iglesias hay hermanos así y lo ignoramos. Lo importante es que a partir de ahora seamos un poco más sensibles a las necesidades que atraviesan y pongamos en práctica algunas de estas cosas para bendecirles. 

Créeme; una palabra de aliento, mostrarse empático, una oración y otros actos sencillos como esos, pueden darle esperanza a tu hermano en medio de días de incertidumbre y preocupación por la ausencia de trabajo.

Somos el cuerpo de Cristo, interesémonos más por ellos y estemos presentes en su tiempo de necesidad.


"Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo." Gálatas 6:2

lunes, 31 de diciembre de 2018

2018: Mi Año "Puente"

Estaba tratando de pensar en lo más significativo del año para plasmarlo en un último blog.

Esta mañana desayuné con mi hermana y ella me confirmó de cierta manera mi sentir. Me expresó que considera que este había sido un "año puente" para mí. Y sí, ya no estoy donde estaba hace 12 meses. Eventos y circunstancias  permitidas por el Señor en Su soberanía sacudieron mi estabilidad. Ese puente por el que he caminado no es estático; para describirlo mejor, es de esos puentes colgantes que se sacuden con un viento fuerte o con los pasos de quienes lo transitan. 

Muchas veces he querido regresarme al punto de partida; otras, me he quedado paralizada por el temor a proseguir; algunas más, he pensado en tirarme al vacío sin importar lo que pase.

Pero lo cierto es que Dios ha estado ahí siempre, en cada paso hacia adelante, en cada paso hacia atrás, en cada silencio y soledad.

Ignoro la longitud del puente y también lo que hay del otro lado. Sigo allí, pasé todo el año sobre él y empiezo uno nuevo cruzándolo.

Quizás viviste un año similar, probablemente estás terminando el 2018 y sientes que algún área de tu vida- o toda ella- es como ese puente colgante.

Quiero compartir una de las porciones que más me sostuvo en ese camino en estos meses:

"Recordar mi sufrimiento y no tener hogar es tan amargo que no encuentro palabras.
Siempre tengo presente este terrible tiempo mientras me lamento por mi pérdida.
No obstante, AÚN ME ATREVO a tener esperanza cuando recuerdo lo siguiente:
¡El fiel amor del Señor nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana.
Me digo: «El Señor es mi herencia, por lo tanto, ¡esperaré en Él!» 
Lamentaciones 3:19‭-‬24

Finalizando el año y pensando todo lo que ha salido tan diferente a lo planeado; decido seguir creyendo...aún me atrevo a confiar mi camino en Sus manos, aún me atrevo a seguir atravesando ese puente colgante, aún me atrevo a creer que Sus planes son mejores que los míos, aún me atrevo a mantener la esperanza.

Cualquier cosa que el 2019 nos traiga, debes saber que Dios ya la conoce, a Él no le tomará por sorpresa. Atrévete a seguir creyendo. Cada una de las 365 mañanas que vas a vivir tendrás Sus misericordias garantizadas.

Pronto llegaremos al otro lado de ese puente. Confiemos juntos en lo que el nuevo año nos traerá. Confiemos en nuestro Papá. 

viernes, 14 de diciembre de 2018

La Realidad del Desempleo

El año 2018 ha sido difícil para mí en muchos sentidos, pero principalmente en el área económica y laboral.

Me encontré en situación de desempleo de forma inesperada. Tenía determinados planes que se supone se llevarían a cabo, pero como uno planea y la palabra final la tiene el Señor (Proverbios 16:1), las cosas no ocurrieron así.

La última vez que había estado sin empleo fue hace más de una década, recién graduada de la universidad y contando con el apoyo financiero de mi papá; pero ahora, siendo una mujer adulta, con compromisos serios que hay que pagar cada mes; el panorama se volvió muy complicado.

En medio de ese desierto le he preguntado al Señor cuál es Su propósito...para ser franca, sigo sin tenerlo totalmente claro, pero una de las cosas que aprendí es a tener empatía con la gente que como yo, está sin empleo. NADIE sabe lo que se siente hasta que está en esos zapatos. NADIE, por muy buenas intenciones que tenga, puede decirte: "hay que seguir orando, hay que seguir confiando" y pretender hacerte sentir bien, pues tu realidad llega cada 15 y cada 30 de mes, y aunque ores con todas tus fuerzas, sigues con los bolsillos y las cuentas de banco vacíos.

En este proceso he conocido mucha gente que está o ha estado en la misma situación. Es como si habláramos el mismo lenguaje. Dios me ha permitido estar más consciente de la dura realidad que hay en nuestro país y sensibilizarme un poco más. Esa dura situación que antes solo escuchaba de segunda mano, que leía de reojo en las noticias, pero que no me afectaba mayor cosa, pues yo daba por sentadas muchas bendiciones gracias al empleo que tenía.

La verdad es que mucha gente sufre en mi país por la falta de ingresos fijos. Hay jóvenes rogando por una oportunidad para adquirir la "experiencia" que paradójicamente se exige a sus cortos 20-22 años. Hay adultos mayores que siguen teniendo responsabilidades financieras y anhelan espacios laborales. Hay personas que como yo, ya no cumplimos el requisito de "no mayor de 35 años" y nos sentimos discriminados por ello. Hay empresas que no tienen la seriedad y el profesionalismo suficiente como para al menos darte las gracias por participar en sus procesos de reclutamiento y juegan con tus expectativas y necesidades dejándote sin información.

En fin, abrir los ojos ante la realidad nacional es necesario y parte de mi viaje en este año.


Pero también quiero resaltar que a través de este estado, he aprendido a depender del Señor como nunca antes. Él me ha enseñado que es un buen Padre y que Su fidelidad es real y algo que nunca va a faltarme.

Hoy por hoy puedo testificar que no me ha faltado nada. He luchado por mantenerme contenta con "tener suficiente comida y abrigo" (1 Timoteo 6:8). He visto el amor de Dios materializado a través de mi mamá, que me ha apoyado de una forma que solo las madres pueden hacerlo, cubriendo mis necesidades más importantes sin tener por qué. Han ocurrido "milagros" de provisión por medio de amigas que adoro y a las cuales no podré pagarles nunca (dicho sea de paso, Dios ha trabajado mi humildad para aceptar ayuda, porque me cuesta muchísimo). Aunque han habido problemas de salud generados por el estrés, Dios ha provisto para esos gastos. Incluso, he iniciado de forma un poco atropellada un pequeño negocio, que estoy segura no hubiera realizado, de encontrarme trabajando.

Es duro estar desempleado, durísimo...pero también es la plataforma ideal para experimentar a Dios como proveedor y sustentador, para entender lo que es vivir un día a la vez  (Mateo 6:34) y para comprobar que si buscas primero Su reino, las añadiduras vendrán (Mateo 6:33).

La pastora Aixa de López escribió esto en su blog y me impactó: "...Que nuestros hijos de vez en cuando nos oigan orar en la mesa por más que comida y las cosas que ven...'Señor, gracias por la cruz. Aún si en este momento no tuviéramos nada en la mesa, ni ropa ni techo o salud, por lo que hiciste en la cruz, te tendríamos para siempre y eso bastaría. Gracias'..."

¿Amo a Dios lo suficiente como para adorarle aun cuando no reciba un salario? ¿Confío en Él plenamente como para descansar sabiendo que de alguna manera se las arreglará para que no me falte lo básico? ¿Le conozco lo suficiente como para entender Quién es Él y que tenerlo es lo que realmente importa? ¿Valoro Su presencia tanto como para sentirme plena en Él? ¿Le creo a Sus promesas como para entregarle toooodooos mis afanes y preocupaciones? ¿Le he experimentado como Padre (Mateo 7:11) como para saber que simplemente porque me ama y soy hija Suya no me dejará ni me abandonará (Hebreos 13:5)? ¿Puedo entender que para Él es más importante mi santificación que mi satisfacción material?

Si, he sido confrontada este año, he descubierto cuán materialista soy, cuán desordenadas estaban mis prioridades, cuán poca fe tengo y todo lo que me falta para parecerme más a Él. Han habido momentos difíciles, en los cuales me he derrumbado dudando de la bondad y el amor del Señor, y en medio de esa oración ahogada en llanto, lo he sentido frente a mí y parece que todo lo que me recuerda es: "soy Tu Papá, sé cumplir muy bien con mi rol, se está haciendo a Mi manera, pero verás mi bondad y no vas a ser la misma cuando esto acabe....porque sí, va a acabar".


Sigo en el proceso, este año está a punto de terminar y no recibí la respuesta que esperaba. Sigo sin entender muchas cosas. 

Sin embargo, por eso decidí escribir esto, porque es importante para mí que este mensaje llegue a más personas que están sin empleo...ya sea que estés cerca de Dios o no, quiero que sepas que te entiendo, que a Dios sí le importa lo que estás pasando, que no estamos solos, que Él quiere que confiemos en que Su provisión llegará; a veces, solo está esperando pulirnos un poco, antes de abrir esa puerta que anhelamos.

No puedo garantizarte que en el 2019 estaremos en el trabajo de nuestros sueños, pero sí puedo asegurar que en la medida que dejemos que el Señor nos acompañe en esta prueba, le conoceremos, creceremos y aprenderemos cosas que no aprenderíamos de otra manera. Él sigue siendo bueno (Nahúm 1:7), Él sigue siendo fiel (Deuteronomio 7:9), Él sigue oyendo tus oraciones (Salmos 34:15), Él sigue cumpliendo promesas, Él sigue trabajando aunque haya silencio aparente, Él sigue haciendo milagros, Él continúa siendo el Dios de recursos ilimitados y respuestas creativas...sólo asegúrate de darle toda la gloria a Él cuando este desierto haya terminado...porque sí, va a terminar...



"Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación" Habacuc 3:16-17

"Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien". Salmo 34:9-10

sábado, 13 de octubre de 2018

Arpas Colgadas

No me canso de leer el libro de Salmos. Hace poco llamó mi atención el 137. Estoy segura que lo leí antes, pero esta vez el sentimiento que se transmite capturó mi alma y pude identificarme con él. 

Este capítulo describe el lamento que el pueblo de Israel, cautivo en Babilonia, tenía. Ellos anhelaban su tierra, querían volver a Jerusalén, deseaban tener libertad para ir a su ciudad amada. La frase que más me impactó fue: "Colgamos nuestras arpas". 

"Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas." (vv. 1-2)

Los babilonios incluso les pedían que cantaran sus canciones alegres (al parecer eran conocidas); pero los israelitas se rehusaban (v.3)

"¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? (v.4)

Trata de imaginar: Habían perdido todo. No eligieron emigrar; los forzaron (2 Crónicas 36:17-21). Encima de eso, fueron llevados a una nación pagana, que no conocía ni amaba a Jehová como ellos. Y ya no tenían su templo para reunirse y adorar.

Las arpas eran un instrumento de alegría (Isaías 24:8). Pero ese salmo refleja la abrumadora tristeza, el duelo, el desánimo y la desesperanza que ellos sentían...al punto que decidieron colgarlas. No había razones para cantar, no encontraban motivos para sonreír o estar alegres, el gozo se había esfumado, su situación no merecía que una sola nota musical fuera emitida.


¿Qué hay de ti? ¿Ya te has sentido así? ¿Tu situación ha drenado tu alegría? ¿Te cuesta encontrar motivos para alabar? ¿Has colgado tu arpa?

Te entiendo. Hay pruebas en nuestra vida que nos hacen sentir así. Despiertas en la mañana y tratas de convencerte para levantarte. Luchas por encontrar motivos suficientes para seguir, para intentarlo una vez más, para continuar apretando los dientes, para mantener la fe...quizás tu panorama luce tan desolador como esos ríos en Babilonia donde el pueblo cautivo se sentaba a llorar (v.1). Pero una cosa que me ha sostenido en cada momento así es saber que mi situación es temporal y que tengo muchas promesas en Su Palabra de las cuales agarrarme mientras todo pasa. 

Que tu dolor no te ciegue y te haga olvidar que tienes a un Dios fiel que sigue teniendo planes buenos para tu vida (Jeremías 29:11) y que cumplirá Su propósito en ti (Salmos 138:8). Aún si por ahora no encuentras razones para usar tu arpa y alabarle, debes saber que el tiempo de esta prueba pasará, tal y como ocurrió con este pueblo que pudo volver a su amada Sión (Esdras 1:1-4).

Mi oración es que cada día el Señor te dé motivos para tener gozo, que Él sea tu deleite y que la alegría de Su salvación no te sea quitada por nada. Tengo la certeza que pronto, Dios te dará tantas razones para que corras a descolgar tu arpa y le alabes de tal forma, que muchos se gozarán contigo y con Él por Su restauración.

Toma tu arpa. Prepárate para cantar.


"Cuando el Señor trajo a los desterrados de regreso a Jerusalén, ¡fue como un sueño! Nos llenamos de risa y cantamos de alegría. Y las otras naciones dijeron: <<Cuántas maravillas ha hecho el Señor por ellos>>. ¡Así es, el Señor ha hecho maravillas por nosotros! ¡Qué alegría! Restaura nuestro bienestar Señor, como los arroyos que renuevan el desierto. Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha" Salmo 126 NTV

sábado, 6 de octubre de 2018

Acumuladores

Casi no veo televisión. Pero hace poco me detuve a ver un capítulo de ese reality show que pasan en el cable. Básicamente se trata de personas que por diferentes circunstancias en su vida empiezan a acumular cualquier cantidad y clase de cosas. 

Vi el caso de una señora que vivió de una relación abusiva a otra. Su última pareja además de maltratarla, le fue infiel. En venganza, ella decidió usar las tarjetas de crédito que él pagaba, para comprar sin reparos. Allí comenzó su hábito de acumular. Lo hacía para mitigar ese dolor emocional que nunca aprendió a manejar. 
Ese hombre la dejó hace años. Ella ahora es una anciana que vive sola rodeada de cosas inservibles, cosas nuevas que nunca utilizó, basura que nunca saca de casa y encima de eso, con muchos perros que ensucian por doquier; obviamente, eso nunca se limpia.

Sus hijas fueron entrevistadas. A pesar de varios intentos no han logrado convencer a su mamá de limpiar y ordenar su casa o de aceptar ayuda profesional.


Para el público es evidente que esa señora tiene asuntos no resueltos de su pasado. La compulsión de acumular cosas es solo la cara externa de su realidad. Esa casa en la que apenas hay espacio para caminar, esos platos sucios de meses atrás, las heces de sus mascotas abajo de la alfombra...son todos síntomas de una enfermedad más profunda.


Pero Dios me ha hecho entender que habemos muchos acumuladores en el alma. Esa compulsión es más difícil de detectar, porque nadie la mira; pero está ahí.

Muchos empezamos como esa mujer; cierto dolorcito que no pudimos manejar y lo dejamos ahí, a un lado, para ponerle atención después...luego, vino esa relación que nos dañó; después, esas palabras que nos marcaron para siempre; esa traición que nos mutiló por dentro; ese resentimiento al que nunca le dimos el tratamiento adecuado...sin darnos cuenta, por dentro estamos tan llenos de cosas que hemos ido acumulando, nos acostumbramos a vivir con todo eso y ya no sabemos cómo sanar.

En mi caso, el Señor me ha estado recordando una y otra vez que debo dejar esa compulsión de tener "guardaditos" contra otros. Para ser honesta, me cuesta horrores. Pero ya no quiero vivir así; quiero experimentar la verdadera sanidad y libertad que trae únicamente Cristo y estoy en el proceso de aceptar que no hay otra alternativa más que dejarlo a Él limpiar a través del perdón. 

Quiero que el Espíritu Santo, que vive dentro mio (1 Corintios 3:16), pueda desplazarse sin estorbos en mi alma, mi mente y mi corazón. Quiero disfrutar las relaciones sanas y edificantes que por Su gracia tengo sin llenarlas de la basura que otras relaciones dejaron. Quiero servir a otros con libertad, sin sentir que hay demasiada suciedad escondida en mi vida. Quiero ver hacia el pasado y no encontrar pilas y pilas de memorias dolorosas que fui dejando esparcidas por aquí y allá.

La única manera para que eso suceda es admitiendo todo lo que he estado acumulando. "Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que Él quien es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad." 1 Juan 1:9 TLA.
Otra, es ponerme en evidencia con otros y pedir ayuda de ser necesario. "Confesaos vuestras ofensas unos a otros; y orad unos por otros, para que seáis sanados" Santiago 5:16

Sé que el dolor puede ser agudo, sé que puedes pensar que nunca lograrás soltar ese resentimiento, sé que probablemente no quieras hacerlo, sé que perdonar ni siquiera se te pasa por la cabeza...pero repito, es la única forma para que seamos verdaderamente libres. 

El Señor es experto en limpiar, liberar, sanar y traer orden a almas acumuladoras como la mía. Sólo acepta Su ayuda. Él se encargará de sacudir hasta el último rincón y lo hará con amor.

¿Qué hay acumulado en tu alma?


"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial" Mateo 6:14