sábado, 6 de febrero de 2016

El Gran Pequeño: Fe que Mueve Montañas

Por recomendación de una amiga vi la película "Little Boy" (El Gran Pequeño). Me tocó verla sola, pero eso fue lo mejor, porque lloré inconsolablemente por buen rato. Días después senté a mi familia en la sala para que la vieran y....volvimos a llorar!

No voy a describir la película entera acá, para no arruinarte la sorpresa (cosa que detesto). Pero quiero contarte lo que aprendí de ella y la enorme lección práctica que vi.


Pepper, alias Little Boy, admira a un súper héroe de paquín muy de moda de su época. De alguna manera, él llega a creer que tiene el poder de mover cosas al igual que este súper hombre. El domingo en la iglesia, el sermón de la semilla de mostaza captura su atención. En su mente infantil, quiere combinar el súper poder de mover cosas con la fe representada por esa minúscula semilla.

El sacerdote de su iglesia escucha con curiosidad las creencias, un poco distorsionadas, del niñito. Pone una botella en su escritorio y lo reta a moverla. Pepper estira sus manos hacia ella y hace todas las fuerzas posibles para lograrlo. Nada pasa. El religioso lo reta de nuevo. El niño intenta con más ahínco...y de pronto...el sacerdote mueve la botella con sus propias manos!!! Little Boy no entiende por qué hizo eso, parece molesto. Pero el sacerdote le responde "Yo la moví, pero tú me hiciste moverla"

Increíble. Cuando ese hombre vio a Pepper apretar sus dientes, hacer fuerza con todo su cuerpecito y tratar de mover la botella con todas las energías, se conmovió, no pudo resistirse, simplemente hizo por él lo que él no podía lograr solo y por eso decidió mover la botella.


De eso se trata la fe, ¿no es cierto? Una lección tan sencilla que una película me recordó. 

Cuando uno de nosotros insiste e insiste, cuando no podemos sacarnos ese anhelo del corazón y de la mente, cuando oramos y oramos, nuestro Padre es conmovido, no puede resistirse y mueve lo que nosotros no podemos mover solos.

El problema es que muchas veces no insistimos tanto, renunciamos rápido, o somos intermitentes, una semana tratamos con todas las fuerzas y la siguiente ni tratamos. El chiquitín de esa película me enseñó que debo creer de forma constante, que debo ser atrevida, que no importa si parezco loca creyendo que cosas imposibles pueden suceder ¿y eso qué? al final, mi fe está puesta en Aquel cuya mano SI puede mover la montaña que sea.

Entonces ¿qué montaña necesitas que sea movida? ¿cuán fuerte estás tratando? ¿cuán constante es tu fe? 

No confíes en tu propia fe, aunque tenerla agrada a Dios y es necesaria para nuestra vida cristiana, la verdad es que es Él el que mueve las montañas. Es Él el que observa a Sus hijos insistiendo con todas sus fuerzas, es Él, el que como ese sacerdote, no puede resistirse más cuando uno de nosotros está creyendo como niño. 

Así que atrévete, aférrate a esa semillita de mostaza, sigue creyendo, insiste, haz ruido en tus oraciones, confía, quizá falta poco para que tu fe logre que Él mueva lo que necesitas que sea removido.

Recuerda, Él lo mueve, pero tú lo haces moverlo.



"En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que sea acerca a Dios tiene que creer que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan" Hebreos 11:6 NVI

"Jesús le dijo: -¿No te dije que si creías ibas a ver la grandeza de Dios?" Juan 11.40 PDT

domingo, 24 de enero de 2016

Carta a Las Mujeres Viudas

Siento una empatía especial por ustedes, pues siempre he estado rodeada de mujeres que han perdido a sus esposos. Mi familia vivió de cerca la muerte de un par de hombres que dejó muy golpeadas a sus familias. Pero todo cambió cuando mi mamá se convirtió en una de ustedes. Como todo fue repentino, pienso que el golpe fue mayor. 

Quiero contarles que recuerdo perfectamente el torbellino de emociones cuando recibimos la noticia del accidente de tránsito que mató a mi papá de inmediato. Recuerdo que llegaron muchas personas a mi casa, a medida la mala noticia se corría. Sobre todo recuerdo a esas dos viudas a las que habíamos apoyado años atrás, al lado de mi mamá, viviendo ahora el otro lado de la moneda, simplemente estando ahí. Después entendería lo valioso que eso es...estar ahí.

Las primeras semanas de duelo se trataron de mi mamá. No dejarla sola, hacer algo para que se sintiera mejor, orar y orar. La mayor parte del tiempo me sentía responsable por ella. Creía que era mi labor esforzarme por hacer algo para ayudarla.
Sin embargo, todavía recuerdo un momento que lo cambió todo. Fue durante una reunión de jóvenes, a la que llegué muy cargada por el dolor y la incertidumbre que conllevaban haber perdido a mi papá. Estaba orando-bueno, llorando sobre todo-cuando Dios de forma clara, como pocas veces me ha ocurrido, trajo un pensamiento a mi mente:

"Ahora que tu papá no está, soy Yo el que ha hecho los votos matrimoniales con tu mamá. Yo he jurado amarla, serle Fiel, estar con ella en las alegrías y las tristezas, en la salud y en la enfermedad, en prosperidad y en escasez...Yo soy su esposo..."

De verdad, eso lo cambió todo. El Señor se aseguró de que yo supiera que no era mi trabajo "hacerme cargo" de mi mami, sino Suyo.

Por eso hoy quiero escribirte para recordarte, que cualquiera que sean las circunstancias en las que perdiste a tu pareja, o los años que tengas sola, Dios está contigo. 

Quiero decirte que te admiro por ser una mujer fuerte. Sé que el Señor no nos da pruebas que no seamos capaces de llevar, así que ser una mujer viuda te convierte en súper mujer para mí.

Probablemente estás llena de preguntas. Quizá incluso resientes que Dios se haya llevado a tu esposo. Yo no puedo garantizarte que algún día obtendrás todas las respuestas que quieres, lo que sí puedo decirte, es que le he visto a Él, sostener la vida de mi mamá y de otras viudas más, UN DÍA A LA VEZ, UNA PRUEBA A LA VEZ.

En mi familia han habido momentos duros, no lo puedo negar. Mi mamá ha estado hospitalizada varias veces después de perder a mi papá, en algún momento nos dieron un plazo para desalojar la casa que rentábamos y la vi muy angustiada, han habido momentos en que el dinero no alcanza como quisiéramos, gente que supuestamente le eran leales le han fallado, personas que juraron estar con nosotros por amor a mi papá, simplemente desaparecieron...y podría continuar enumerando cosas.

Pero, el objetivo de escribirte hoy es afirmarte de parte del Señor que no estás sola. No, no lo estás. Dios tiene cuidado de ti, de tus hijos -cualquiera que sea la edad de ellos-, de tus deudas, de tus compromisos económicos, de tu salud, de tu futuro. Entrega cada una de tus preguntas, todos los "¿y que si...?", todos tus miedos, todo.
Hay promesas especiales en la Biblia, reservadas solamente para las mujeres que han perdido a su pareja. Tú eres receptora de ellas. Conócelas, memorízalas, aférrate a ellas, vive con ellas, reclámalas sin reparo. ¡Son tuyas! ¡Fueron escritas para ti! ¡Te pertenecen! 

Te reitero que desde el momento en que perdiste a tu esposo, Dios hizo sus votos matrimoniales contigo.  Los mismos votos que hizo con mi mamá hace casi 10 años. Él ha jurado amarte, serte fiel, estar contigo en las alegrías y las tristezas, en la salud y en la enfermedad, en prosperidad y en escasez...Él es tu esposo.

¿Y sabes cuál es la mejor parte de esos votos? Que el "hasta que la muerte nos separe" no existe. Vas a estar con Él para siempre.

Oro porque conozcas ese lado de Dios, que mi mamá ha conocido, y que vivas cada día como la esposa del mejor esposo del mundo. 

Un abrazo para ti, mujer valiente. El Favor, la Gracia y el Amor apasionado de Tu hacedor están sobre ti.

Con cariño, Dome



"Dios, que vive en Su santo templo, cuida a los huérfanos y defiende a las viudas" Salmos 68:5 TLA

"El Señor acaba con las posesiones del orgulloso, pero protege las posesiones de la viuda" Proverbios 15:25 PDT

"El Señor protege a los extranjeros y sostiene a los huérfanos y a las viudas" Salmos 146:9 DHH

"No temas, ya no vivirás avergonzada. No tengas temor, no habrá más deshonra para ti. Ya no recordarás la vergüenza de tu juventud ni las tristezas de tu viudez. Pues tu Creador será tu marido; ¡el Señor de los Ejércitos Celestiales es Su nombre! Él es tu Redentor, el Santo de Israel, el Dios de toda la tierra" Isaías 54:4-5 NTV

sábado, 16 de enero de 2016

¿Confías en mí?

El año escolar acaba de iniciar. Los niños ya llegaron y esa convivencia que tanto disfruto, ha comenzado también.

Cada año hay cambios; a veces pequeños, a veces significativos. Hay decisiones que se toman en consenso con el equipo docente, por estrategia disciplinaria o académica y que pueden afectar a más de alguno. 

Esta vez, en medio del ajetreo del primer día de clases, una maestra me interceptó para decirme que un chico no quería entrar a su salón. Y que ni ella ni la mamá habían logrado que entrara. Es más, se había ido a meter a otra aula, donde sus antiguos compañeros estaban.

Me dirigí al aula en la que el niño estaba y le pedí que saliera con todas sus cosas. Él fue muy obediente y lo hizo de inmediato. Pero antes de que entrara al aula que le correspondía, quise conversar con él.

Estábamos en el pasillo y yo me arrodillé, de tal manera que pudiéramos estar frente a frente. Solo dije unas cuantas palabras y sus ojitos de inmediato se llenaron de lágrimas. Éstas empezaron a salir sin parar y honestamente me conmovió muchísimo. Él es un niño fuerte, enérgico, muy activo, de carácter firme, por lo que nunca imaginé que reaccionaría de esa manera. Yo le limpiaba su carita mientras trataba de encontrar las mejores palabras para que él entendiera el por qué de este cambio. Noté que su mamá estaba escondida viendo lo que pasaba, con una preocupación natural al saber que su hijo no la estaba pasando bien.
Yo le pedía que me viera a los ojos, él me esquivaba, como dolido conmigo. No recuerdo con exactitud lo que le dije, pero me esforcé en dejarle claro que no era un castigo, que no había hecho nada malo, que estábamos pensando en lo mejor para él, que creíamos que ese cambio le sentaría bien. No puedo explicar cómo, pero empezó a mirarme intermitentemente-como que mis argumentos estaban funcionando- y finalmente le dije "te pido que confíes en mí, yo no voy a tomar una decisión que te haga daño"

Debo admitir que ya no tenía nada que decirle y él seguía sin moverse, con menos lágrimas, pero inmóvil. Luego, le pregunté sin pensarlo mucho "¿confías en mí?" Él, se quedó pensando por unos segundos, que para mí fueron eternos...pero, de pronto movió su cabeza y  sin decir una palabra, afirmó que sí. 

No saben lo enternecedor e importante que fue. Él estaba confiando en mí! ¿Saben lo significativo que eso es para un niño de 8 años? Yo le pedí que me dejara abrazarlo. Lo apreté mucho. Era mi forma de decirle que valoraba su confianza y que lo quería, porque en realidad es así, es un niño al que quiero mucho.

Por fin entró a su aula muy calmado. Y estuve pendiente el resto del día. Sé que le tomará un tiempo adaptarse y hacerse  de nuevos amigos, pero también sé que no es una decisión arbitraria o carente de criterio, sino pensando en su bienestar. Si él pudiera tener la perspectiva que nosotros como docentes tenemos, estoy segura que entendería todo.
Anoche, fui a correr un poco para liberar el estrés del día ajetreado que tuve. Mientras recordaba lo ocurrido, no saben cómo me sentí. En ese lapso en el que sólo éramos Dios y yo corriendo, tuve muchas ganas de llorar. Así, de la nada, sin más. Y fue porque yo he sido ese chico muchas veces. Es más, yo creo que todos hemos sido este chico alguna vez.

No nos parece lo que Dios ha decidido en nuestra vida. Nos rehusamos a los cambios que duelen. Nos resentimos con Él y no queremos ni hablarle. Creemos que nos ha fallado. Sentimos que lo que nos ha ocurrido es demasiado para enfrentarlo. Tenemos tantas preguntas por esos desvíos inesperados en la vida...Y nuestro Dios, tan Fiel como es, está ahí hablándonos, pidiéndonos que confiemos en Su voluntad, rogándonos que le veamos, tratando de convencernos que todo ese dolor tiene un propósito, diciéndonos que Él tiene una perspectiva que nosotros no tenemos, que sólo es cuestión de tiempo para que veamos las cosas mejorar, está recordándonos que nos ama y que Sus planes jamás nos harán daño.

Desconozco tu situación actual. Quizás estás como mi estudiante, llorando, sin entender lo que está pasando, negándote a someterte a Su voluntad, dolido, lleno de incertidumbre...pero aunque no puedas verlo por ahora, te aseguro que tu Dios, tu Papá, está frente a ti, diciéndote "te pido que confíes en mí, yo no voy a tomar una decisión que te haga daño". Él está preguntándote "¿confías en mí?"

Espero que como este chico, puedas responderle que SI.



"El Señor le dijo: <<Confía en Mí, porque Yo estoy contigo>>" Jueces 6:16 RVC

"Yo sé lo que estoy haciendo. Tengo todo resuelto-son planes para cuidarte, no para abandonarte, planes para darte el futuro que esperas" Jeremías 29:11 (The Message Version-Traducción Personal)

jueves, 31 de diciembre de 2015

2016 En Construcción

Tuve la bendición de visitar Panamá recientemente. Debo decir que es un país precioso y próspero. El lugar que más me gustó fue el Casco Antiguo. Como su nombre lo dice, es una parte de la ciudad en la que se pueden encontrar muchas edificaciones que datan de muchos años atrás. Puedes caminar entre las angostas calles y disfrutar la vista de cada inmueble, conocer la historia de cada uno de ellos, y, si a eso le sumas que el mar está a sólo unos metros, la experiencia se vuelve excepcional.


Primero, fui por cuenta propia e hice un recorrido corto y aleatorio. Pero, al día siguiente, cuando una guía turística nos iba explicando la historia de varias edificaciones, la cosa cambió. Me llamaron la atención muchos datos detrás de algunas casas, monumentos, iglesias, etc.

Es notorio, desde que llegas, que no todas las edificaciones están en la misma condición, Si bien es cierto, la ciudad tiene más de 300 años, unas cosas están relucientes y son muy atractivas y otras están en otro proceso. Ves como algunos inmuebles están en restauración, con parches, con material de construcción esparcido dentro o frente a ellos, con andamios o soportes, con el acceso restringido, cubiertos con plásticos o mallas, etc. A primera vista, no tienen mayor atractivo, sobre todo si lo comparas con aquellos hoteles, restaurantes, oficinas de gobierno y demás, que lucen impecables y que resaltan en cada cuadra.


Pero, me dio curiosidad y noté que en dos de ellos habían unos rótulos. Al acercarme pude leer que esa propiedad estaba en proceso de restauración y la dirigía un arquitecto, como dando fe de que alguien que sabe lo que hace, estaba a cargo de todo el trabajo. Rápido pensé que quisiera volver pronto para ver el resultado de esa labor.


A tan sólo unas horas para que el año finalice, trataba de pensar de qué escribir en el último post del 2015. Revisando las fotos del viaje lo supe. 

Si cada uno de nosotros tomara forma de una edificación, seguramente seríamos una multitud de casas en proceso de restauración. Nos veríamos como muchas de esas propiedades del Casco Viejo.

Probablemente este año no ha sido lo que esperabas. Quizá enfrentaste mucho dolor. No obtuviste lo que soñabas.  No recibiste las respuestas a oraciones específicas. Tal vez tiraste la toalla en alguna situación de tu vida. Incluso, puede ser que hasta hayas dejado de orar y de ir a tu iglesia, simplemente dejaste de tener fe y esperanza...pero quiero que sepas, antes que el nuevo año inicie, que todo esto era necesario, es parte del Plan. 

Si pudieras verte como Dios te ve, te darías cuenta que estás en el proceso, que la restauración ha comenzado, que hay que echar abajo algunas cosas que ya no lucen bien en ti, que hay que fortalecer algunas bases débiles para aguantar lo que vendrá después, que hay que limpiar desde adentro, que hay que usar nuevo material para seguirte construyendo...Y si, el proceso es largo, toma tiempo, quizá has pasado en eso todo el 2015, quizá no ves mayores cambios todavía, quizá ha sido doloroso que te arranquen algunas partes...pero, desde fuera se puede leer, hay una señal sobre ti. Alguien te ha elegido para hacerte mejor, más fuerte, más bello, y ha puesto Su Nombre como respaldo, se ha hecho cargo del trabajo de restaurarte...Si pudieras verlo...


Quizás el 2016 sea el año en que la restauración termine, quizás se prolongará. Lo que es cierto es que ese trabajo está en las manos del mejor Arquitecto de todos. No temas, no vas a quedar a medias, no vas a ser una obra abandonada, ese Arquitecto se encargará de seguirte perfeccionando en lo que sea que el nuevo año traiga a tu vida. 

Mi oración es que en medio de tu proceso, sientas las preciosas manos del Arquitecto sosteniéndote y dándote la forma necesaria para que llegues a ser la obra que Él ha planeado.

¡Que el 2016 sea un año lleno del Señor!  


"Yo los veré con buenos ojos y los traeré de regreso a esta tierra. Los restauraré y no los volveré a destruir; los plantaré y no los arrancaré más" Jeremías 24:6 PDT

"Has permitido que sufra muchas privaciones, pero volverás a darme vida y me levantarás de las profundidades de la tierra. Me restaurarás incluso a mayor honor y me consolarás una vez más" Salmos 71:20-21 NTV

martes, 22 de diciembre de 2015

¿Adivina quién viene en Navidad?

El fin de semana me encontré a uno de mis estudiantes de primer grado. Su nombre es Daniel. Al saludarnos recordé algo que él me dijo en las últimas semanas, antes de salir de vacaciones.

Me buscó un día para contarme que su mamá había tenido un sueño y que en ese sueño, alguien le decía que el Señor ya estaba por volver, y que debíamos ponernos a cuenta con Él para estar listos en su segunda venida.

Siendo sincera, me sorprendió que un niño de 7 años hablara con naturalidad de un evento que todos los cristianos sabemos que va a ocurrir, ya que parecía entenderlo a la perfección. Pero, lo que me impactó más, fue lo siguiente que me dijo Daniel.

Él me pidió permiso para ir a buscar a un chico de la otra sección de primer grado (Este niño presentó serios problemas de conducta en todo el año y estaba en una situación disciplinaria grave dentro del colegio). Me dijo que quería hablar con él y contarle lo del sueño de su mamá, pues no quería que su compañerito no se fuera al cielo cuando el Señor volviera.

Yo lo abracé muy fuerte y le di el permiso que me solicitaba. Lo felicité por lo que quería hacer y le dije que me acababa de dar una gran lección. Corrí adonde una amiga a contarle lo que ese niño me acaba de decir y le confesé que hasta tenía ganas de llorar por ese corazón precioso.
Creo que es un buen momento para compartir, entre todos, la carga de Daniel. En ésta época del año, cuando  mucha gente está abierta al mensaje de Jesús, deberíamos sentirnos como mi estudiante. Deberíamos correr a contarles a todos que ese bebé cuyo nacimiento recordamos, ha prometido volver pronto y que es un buen tiempo para hacer arreglos en nuestras vidas y darle espacio de trabajar en nosotros.

Muchos vemos con pasividad cómo, personas que amamos, están lejos de Dios y no hacemos nada por ellos, incluso ni intercedemos por su salvación. Parece que vivimos creyendo que la venida del Señor va a tardarse muchísimo todavía, por lo tanto, hemos perdido ese sentido de URGENCIA por pasar el mensaje, e incluso, hemos descuidado nuestras propias vidas espirituales, porque no parece que el Señor vaya a volver pronto.
Aprovecha la celebración de Navidad y sé luz. Recuérdales a todos que el bebé Jesús va a volver en gloria y esplendor de un momento a otro. Ama lo suficiente a tu familia y amigos, como para no callar el mensaje. Siente la carga, lucha por sus almas, intercede para que puedas verlos en el Cielo en la eternidad.

Dicen que la mejor forma de celebrar la Navidad es demostrándole a los demás que los amas. Yo agregaría que la mejor forma de demostrarle a los demás que los amo es presentándoles a Jesús como Salvador personal.

NO TE CALLES...¡¡FELIZ NAVIDAD!!


"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, Yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a Mí mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis" Juan 14:1-4 RVR60

"Cuando Yo, el Hijo del Hombre, venga, no me esconderé. Todos me verán, pues mi venida será como un relámpago que ilumina todo el cielo" Mateo 24:27 TLA

"El Señor mismo vendrá de los cielos. En ese momento dará Su orden con voz de mando, de arcángel, sonará la trompeta de Dios y los que hayan muerto en Cristo resucitarán primero. Luego, nosotros los que estemos vivos en ese momento. subiremos a las nubes con los resucitados para encontrarnos con el Señor en el aire, y así estaremos con el Señor para siempre. Anímense entonces unos a otros con estas palabras" 1 Tesalonicenses 4:16-18 PDT

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Cortos de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI)

Como compartí antes, en el mes de Octubre pasado, falleció mi abuelita materna. Todo ocurrió súbitamente, enfermó de gravedad y lo que pensamos que se trataría de una visita a la sala de emergencias o como mucho, una noche en el hospital, terminó siendo un ingreso a la UCI. Ahí, no duró ni 24 horas.

En ese lapso, prácticamente todos los miembros de la familia estuvimos ahí. Debo confesar que nadie imaginó tal desenlace. No estábamos listos. Fue todo muy rápido.

Mientras estás sentado en la sala de espera de la UCI, es casi inevitable no conversar con aquellos que están como tú, esperando, por ratos con la fe arriba y por otros sin esperanza.  Todos orando, todos esperando un milagro, todos aguardando el turno para  hablar del "suyo", todos respondiendo las mismas preguntas: ¿y el suyo qué tiene? ¿y desde cuándo está acá? ¿y qué le han dicho los doctores?

Conocí a una mamá, cuyo hijo, un muchacho de 26 años, tenía 33 días de estar ahí, debido a que el parásito del cerdo había causado daño cerebral. Pude verlo, pues estaba en el cuarto al lado de mi abuelita, estaba ahí, en estado vegetal, con los ojos bien abiertos, pero con la mirada perdida, dirigida al techo. 
La noche que mi abuela pasó en ese lugar, falleció otra paciente. Una señora de unos 60 años. Ya estaba en la sala de cuidados intermedios. Dicen que hasta ya se sentaba en su cama para comer. Pero algo ocurrió esa noche. Varios médicos corrieron a atenderla, tristemente, no la salvaron.

Otra señora que estuvo ingresada en la misma fecha, fue dada de alta porque la deshauciaron. Por un amigo en común, supe que falleció unos días después en su casa.

Es horrible estar ahí. Se respira un ambiente de muerte. El solo estar ahí te baja las esperanzas. Oír tantas historias con finales fatales, te debilita. No sé cómo explicarlo, solo se drenan tus fuerzas. Si has vivido esa experiencia con un ser amado, me entenderás.

Pienso que los hospitales deberían tener un grupo de apoyo permanente, para auxiliar a los familiares de los pacientes que están luchando por su vida. Aunque sin quererlo, cuando te ves cara a cara con los demás y sabes que son compañeros de batalla, intercambiar experiencias es natural y te sirve como terapia.

Una de las veces que entré a ver a mi abuela, mientras seguía el protócolo y me colocaba la mascarilla y las demás cosas que te exigen usar, di una mirada a mi alrededor, susurrando una oración por las personas que estaban ahi. Algunas conectadas a máquinas que hacen ruidos que te resuenan en los oídos y te generan ansiedad de inmediato, otras aparentemente sin mayor problema, parecen dormidas y sanas. A veces, es la expresión del familiar la que te revela el estado de cada paciente. Con sólo ver sus caras, sabes.


Si tu vida pendiera de un hilo, ¿qué te gustaría hacer? ¿qué palabras dirías? ¿a quiénes desearías ver? 

Y si fuera un ser amado el que se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos, ¿qué harías diferente? ¿qué les dirías? ¿qué te asegurarías que ellos supieran? 

Probablemente, hablar de muerte no es el mensaje apropiado para esta Navidad. Pero, la vida es así, puede acabarse de pronto y a veces necesitamos una dosis de realidad para tener un corazón agradecido y para valorar a quienes amamos y nos aman.

Así que no esperes estar en una sala de Cuidados Intensivos para hacer y decir lo que sabes que debes.



"Ustedes son como una neblina que aparece por un momento y en seguida desaparece...Lo que deben decir es 《Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello》..." Santiago 4:14-15 DHH


lunes, 7 de diciembre de 2015

Mis Confesiones: Lo Que Dios me dijo en mi Cumpleaños

Confieso que el mes de Diciembre no me simpatiza mucho. La razón es simple: llegar acá es un incómodo recordatorio de que el año está a punto de terminar y hay varias-por no decir montones de-cosas a las que Dios aún no responde.

Además, hay muchas fechas muy especiales en este mes, por lo que extraño a aquellos seres amados que están lejos o ya se fueron de la tierra.

En víspera de una de esas fechas-mi cumpleaños- le expresé al Señor cómo me sentía ayer en mi iglesia. Él, como tenía ratos de no hacerlo, trajo un escenario a mi mente mientras oraba. Vi a alguien acostado en un flotador largo, sobre lo que parecía ser un río. Por un momento creí que era la necedad de mi mente, distrayéndome de la ministración. Sin embargo, no podía dejar de verla.

Luego, vi otra escena. En el río, alguien a bordo de una pequeña canoa, usando sus remos para dirigirse al rumbo deseado. Por momentos, remando contra corriente y con todas las fuerzas posibles.
Créanme que no soy alguien muy espiritual, ni mucho menos santa, de hecho, llegué ayer a mi iglesia con un tono un poco desafiante delante del Señor, casi que reclamándole por esas cosas que al cumplir otro año, siguen en pausa en mi vida.

No puedo explicar cómo, pero mientras trataba de entender esas dos escenas, sentí a Dios pidiéndome que dejara de ser la de la canoa. Si, que dejara de remar para apurar el recorrido o para ir por el rumbo que yo quiero...y que fuera como la del flotador, que simplemente me abandonara y dejara que el rumbo lo decidiera Él, que no pusiera resistencia.

Lloré en Su presencia, porque Él tiene toda la razón. La mayor parte del tiempo, soy como la de la canoa; remo a mi antojo, gasto mis fuerzas y al final termino agotada, decepcionada, resentida, con una fe débil y sin rumbo, habiendo avanzado apenas un poco, aunque haya remado con todas las ganas.


Y las pocas veces en las que he sido como la del flotador y he confiado en que Él me lleve por donde quiera sin poner resistencia, he comprobado que es la mejor manera de llegar adonde tengo que ir. Quizás el viaje no haya sido tan rápido, ni tan placentero, ni bajo mis condiciones, pero dejarme llevar por el Señor sin meter mis manos, es en definitiva la mejor opción.

Si te identificas conmigo y hay asuntos en tu vida actual que has querido manejar como si fueras en la canoa, te pido que hagas una pausa y mejor te pases al flotador, y dejes que sea el Maestro, dueño de tu vida y diseñador del mejor plan, quien te lleve por donde Él desea, para que Su propósito se cumpla en ti.

Aunque mi cumpleaños ha sido muy diferente a lo que yo esperaba y aunque duelan las esperas y los procesos por los que Él me está haciendo pasar, al final,  siempre llego a la misma conclusión: no tengo adonde ir, soy nada sin Él, mejor confío, mejor espero, mejor sigo dependiendo de Él. Él es mi esperanza.

Hay un flotador esperándote ¿Te subes?


"Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor" Salmos 78:53 RVR60

"Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de Él procede nuestra fe y Él es quien la perfecciona" Hebreos 12:2 DHH

"Sé muy bien lo que tengo planeado para ustedes, dice el Señor, son planes para su bienestar, no para su mal. Son planes de darles un futuro y una esperanza" Jeremías 29:11 PDT