martes, 1 de octubre de 2013

El Susto de Mi Vida

El domingo anterior, fuimos con varios amigos de mi grupo de la iglesia al Lago de Coatepeque, para participar en una carrera. Ya pronto  les contaré de esa aventura, pero ahora les quiero contar algo que pasó al regreso de Santa Ana.

De los cuatro carros que fuimos a la carrera, dos se regresaron temprano y los que veníamos en los otros dos decidimos ir a tomar café antes de volver a San Salvador. Pasadas las 4:00 p.m. nos despedimos y junto con mis amigos Ana y César fuimos los primeros en salir. En su carro también venían su hija Sofía y Samuel, su sobrino. Los niños y yo veníamos en el asiento trasero. Yo sentada atrás del asiento del co-piloto.

Recuerdo que recosté mi cabeza en el asiento y cerré los ojos, durante varios minutos escuchaba lo que los niños venían diciendo. De repente, sólo recuerdo que escuché un estruendo terrible, y fui lanzada hacia el lado izquierdo, sobre los niños. El carro comenzó a avanzar a gran velocidad y yo sólo sentía que golpeábamos contra algo a cada segundo. El carro saltaba y nosotros también. Mi reacción inmediata fue tratar de proteger a los niños. Recuerdo que extendí mi brazo derecho para cubrirlos y que no se golpearan. Estaba sobre Samuel, tratando de agarrar a Sofi. Pero los tres éramos sacudidos sin parar. Yo nunca pude levantar la cabeza para ver contra qué chocábamos, porque estuve sobre el asiento todo el tiempo.

Algo que nunca voy a olvidar son los gritos de mi amiga Ana. Ella venía dormida, y el primer estruendo la despertó. Sus gritos eran gritos de terror. Todo sucedió como en las películas. Todo se sacude sin parar y nadie puede detenerse. La fuerza con la que el carro va es impresionante y los golpes, crueles.

De repente, después de otro golpe fuerte, el carro finalmente se detuvo. Levanté la cabeza e inmediatamente vi a los niños. Ellos estaban bien, asustados, pero bien. Al sentarme de nuevo, no sé de dónde, pero ya estábamos rodeados de varias personas. Nos abrieron las puertas, nos ayudaron a salir, nos preguntaban una y otra vez si estábamos bien. Recuerdo que un señor corrió a abrir el capó del carro y a cortar  no sé que porque dijo que el carro podía echar chispas y agarrar fuego. Yo tocaba a los niños, los veía a cada rato para asegurarme que estaban bien. Nos abrazamos todos y comenzamos a orar en la calle y le dimos gracias a Dios por cuidarnos.

En ese momento nada me dolía. Otro señor que nos ayudó me dijo que tenía algo en mi ojo derecho, yo ni caso le hice porque en realidad no me dolía nada. Yo estaba desorientada preguntando ¿dónde estamos?. Luego supe que estábamos frente a Unicentro de Lourdes, Colón. Le llamé a mis amigos Nelson y Alejandra, que venían en el otro carro atrás de nosotros y llegaron a auxiliarnos. 



¿Qué pasó? No lo sé con seguridad. La teoría es que se reventó la llanta derecha delantera y eso provocó el accidente. Después, Nelson y mi cuñado Alex trataron de ver en la carretera el recorrido que el carro hizo, calculan que fueron unos doce metros que patinamos en todo el arriate de la carretera llevándonos varios postes delgados de concreto, plantas y arrancamos un árbol de mediano tamaño. Nos detuvimos a solo un par de metros de una parada de buses. 

Luego, fuimos al hospital, nos chequearon y gracias a Dios, los daños no son nada comparados con cómo el carro quedó. Sofi sufrió una pequeña fractura en la clavícula. Ana tiene golpes en varias partes del cuerpo. Yo por ahora tengo inmovilizada mi rodilla derecha y me cosieron la boca por una herida interna. Llevé un golpe fuerte en la cara, pero ya espero que se desinflame con el reposo y las medicinas. Milagrosamente los chicos, César y Samuel no tienen absolutamente nada.

Anoche, me vinieron a visitar mis amigos Nelson y Alejandra. Y cuando conversaba con ellos entendí muchos "pequeños" detalles que Dios tuvo con nosotros y que no permitieron que esto fuese peor. Dice Nelson que por donde nos subimos al arriate, pasamos literalmente a tan solo centímetros de un poste de alumbrado eléctrico. De hecho, ese poste arrancó el espejo retrovisor derecho. Si el carro hubiese impactado con ese poste grandote de concreto, probablemente fuese otro el cuento. Ana hubiese sufrido mayores lesiones, el parabrisas hubiese estallado sobre ella y César, o el golpe nos hubiese regresado a la carretera de nuevo y otros carros nos hubiesen golpeado. Pero no fue así gracias a Dios. 

Algunos amigos que han visto las fotos del carro me dicen que no saben cómo nadie se quebró un hueso, o cómo no nos golpeamos las cabezas o perdimos la consciencia. Yo no puedo responder esas preguntas. Mi respuesta es: Dios es Bueno.

Esa noche al volver a casa después del hospital, estaba tan asustada y nerviosa, que le pedí a mi mami que oráramos dos veces, porque no me bajaba el susto. Pero, antes de dormir, leí mi devocional de esa fecha y me impactó lo que decía:
"¡Bendeciré al Señor a todas horas; mis labios siempre lo alabarán! El hombre justo pasa por muchos males, pero el Señor lo libra de todos ellos. Él le protege todos los huesos; ni uno solo le romperán." (Salmos 34: 1, 19-20 DHH). 
Al leer eso, sentí que Dios me decía: ¿Ves? Estuve ahí con ustedes. No les fallé.


Por ahora, estoy obligadamente descansando en casa. Pero al estar acá he recordado que nada en la vida de un hijo de Dios pasa por casualidad. Sé que TODO nos ayuda para bien. Aunque ahorita no entiendo del todo qué ocurrió. Confío en que hay un propósito Suyo tras todo esto. Y pronto Él en Su misericordia nos lo dejará saber. Mientras tanto, seguiré contándole a todos que mi Dios es Bueno.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Con el corazón triturado...

Un viernes más en el colegio. Alrededor de las 11:30 a.m. entra a mi oficina una maestra para decirme que cierta chica se había salido del aula y al ir a buscarla la encontró sentada en el pasillo llorando. La niña no quería regresar al aula en esas condiciones, por lo que le dije a la maestra que la trajera a mi oficina.

La chica entró, se sentó en el sofá y simplemente con la mirada perdida y la carita triste comenzó a llorar de nuevo. Sin hacer ni un sonido, sólo vi lágrimas caer de su cara. Rápidamente adiviné cuál podía ser el motivo de su estado: sus papás se están divorciando.

Pasaron unos minutos y me sentía tan inútil. No sabía qué hacer, qué decirle, si debía abrazarla o no. Finalmente a cierta distancia le pregunté si me daba permiso de sentarme junto a ella y accedió. Luego, le pregunté si podía abrazarla, me dijo que si. Después de un rato, le consulté si me quería contar qué pasaba. Ella respiró hondo y me dijo: "mis papás ya no están juntos". Le dije que lo sentía mucho, y que imaginaba lo triste que era eso.

Posteriormente comenzó a contarme de una manera increíblemente madura y abierta sobre la situación de sus padres. Habló de lo poco que ahora ve a papá, habló de lo mucho que trabaja mamá, habló de que su hermana al parecer ya no está triste, y que la única triste es ella. No puedo dar detalles acá, sólo les digo que en toda mi vida docente, nunca me había sentido tan impotente ante el dolor de un niño.

Y es en serio, yo tenía ganas de gritarle a los papás y decirles que por más "civilizados" que luzcan, están aplastando la vida de sus hijas, tenía ganas de llevármela a mi casa, tenía ganas de tener una pastilla mágica que la hiciera estar alegre.


Lo único que pude hacer fue leerle esto: "El Señor está cerca de los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza." (Salmos 34:18 DHH). Le puse en las palabras más simples cómo Dios estaba con ella y que a pesar de las decisiones de sus papás, Él no se había ido. 

Ella me escuchó y se calmó por un rato. Luego, oramos juntas. Se quedó sentada unos minutos más y ya estaba tranquila. Antes de irse, le dije:

- Recuerde lo que leímos. Dios está cerca de los que....
- ...tenemos el corazón triturado. Completó mi frase poniendo el mensaje en sus propias palabras.

No saben cuánto me dolió lo que dijo, porque sé que esa es la manera en la que ella se siente. ¿Se imaginan? Un corazón triturado. Se supone que un niño no debería de sentirse así. ¿Verdad?

Pero sé que eso que leímos es una promesa de Dios, y sé que ella a sus 8 añitos la está experimentando. Sé que ella tiene más fe que yo y sentirá a Dios más que nunca.

No sé si te has sentido de esa manera. ¿Con el corazón triturado?. Esa promesa también es cierta para tu vida. Él está ahí, contigo. Una de sus especialidades es sacar vida, de lo que ha sido destrozado.


 "El Señor está cerca de los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza." (Salmos 34:18 DHH)



viernes, 13 de septiembre de 2013

¡Deja de quejarte!

El fin de semana anterior mi mami comenzó a sentirse un poco mal. Le tomaron la presión arterial y resulta que se le había "disparado". Estaba alta, bastante arriba de los límites normales. Decidimos salirnos de la iglesia e irnos-un día domingo- al grandioso Seguro Social.

A pesar que una doctora amiga nos recomendó con uno de los médicos de turno, nos tocó esperar mucho tiempo. Si ustedes conocen el ISSS, sabrán de lo que les habló. PACIENCIA es una buena palabra para describir lo que desarrollas estando ahí. Y parece que el día domingo todo sucede aún más lento.

Mientras esperábamos que el eficiente equipo de médicos almorzara (todos se fueron al mismo tiempo), les confieso que empecé a quejarme en voz alta, pero sobre todo, dentro de mí. Empecé a quejarme de todo: del pésimo servicio, de que la gente ni te ve a los ojos, de que el seguro privado de mi mami no le cubre los problemas asociados a la hipertensión, que mucho se tardan, etc, etc.



 De pronto, no sé por qué, pero empecé a fijarme en la gente a mi alrededor: Una joven con un evidente problema neurológico que no dejaba de saltar en su silla; un joven con dos ancianitos, cada uno en su silla de ruedas, y él atendiéndolos a los dos; una señora acostada en una camilla a medio pasillo quejándose del dolor, con un suero en su brazo. 

Pero lo que más llamó mi atención fue un señor de unos 50 años, con una camisa tipo polo con rayas blancas y amarillas, que andaba caminando por un rato, se sentaba unos minutos, y luego se asomaba con frecuencia a la puerta de Máxima Urgencia, a tratar de ver qué ocurría adentro desde una pequeña ventanita. Era obvio que algún familiar suyo estaba en esa sala. Ví su cara, la puedo describir como cara de preocupación. Me empecé a preguntar quién estaba ahí adentro, ¿su esposa? ¿un hijo? uno de sus padres?. Créanme que me contagié de su angustia, deseé poder hacer algo por él.

Varios minutos después entendí lo que Dios estaba mostrándome. Mi problema en ese momento no se comparaba con lo que otros estaban pasando. Mi mamá estaba consciente, hablando conmigo, con deseos de comer y su vida no estaba en peligro. Algunas de las personas en el mismo hospital si estaban sufriendo, física y emocionalmente. A mi mamá le dieron una pastilla especial y su presión arterial bajó. Nos fuimos del hospital varias horas después y el señor de la camisa con rayas blancas y amarillas permanecía ahí, en la misma rutina, caminando de un lado a otro, sentándose por ratos y mirando por la ventanita de "la Máxima", como la llaman los empleados del lugar.

Es tan fácil volvernos egocéntricos y pensar sólo en nosotros. Pero de vez en cuando es bueno fijarnos en los demás. Siempre hay alguien con más dificultades que nosotros, siempre hay alguien más necesitado, siempre hay alguien con menos fe y esperanza, siempre hay alguien que ni siquiera sabe cuánto Dios le ama.

Yo pasé esa noche acordándome del señor de la camisa con rayas blancas y amarillas, oré varias veces por su familiar enfermo, y eso me sirvió al mismo tiempo para darle gracias a Dios por la salud de mi mamá. 

Cada vez que tengamos ganas de quejarnos, sería bueno empezar a fijarnos en las pruebas de otros. Les aseguro que es un buen ejercicio para sacudir la queja de nuestras vidas.

"No se quejen" Santiago 5:9 (TLA)



jueves, 5 de septiembre de 2013

"Pancakes de Flor"

El fin de semana anterior mis sobrinos nos visitaron y se quedaron a dormir en mi casa. Mi mamá como buena abuela, se levantó temprano a cocinarnos a todos una buena cantidad de pancakes. Cada pancake que salía de la cacerola era puesto en la mesa para que lo comiéramos calientito. Yo comencé a servirme y para ser honesta no pude evitar notar que no estaban hechos tan perfectos que se diga. Dígamos que mi mami no es una experta haciéndolos (ella me va a matar cuando lea esto!). Pero igual, me los serví.

Después, llegaron a la mesa mis sobrinos, y Daniel de casi 6 años pidió su primer pancake. Él al verlos dijo: "La Abu hizo unos pancakes de flor!!" (se imaginarán que no eran redonditos del todo verdad?). En el momento me puse a reír. Pero al instante vino un pensamiento a mi cabeza: "¿Por qué siempre me tengo que fijar en lo malo y no puedo ver el lado bueno?". Lo que yo había visto como pancakes mal hechos, Daniel lo había visto como una muestra de creatividad de su Abu. Nadie le debatió su idea, él se los comió creyendo que fue intencional que los pancakes fueran hechos en "forma de flor".


Creo que por algo Dios dijo que tuviéramos el corazón de un niño. ¿Se imaginan qué fácil sería la vida si todos viéramos el lado bueno de las cosas malas? ¿Cómo se sentirían los demás si en vez de ver sus fallas viésemos aunque sea algo positivo en lo que hacen? ¿Las personas con las que nos relacionamos a diario esperan de nosotros críticas, regaños o palabras negativas siempre? ¿O saben que les diremos algo positivo aún cuando no han hecho las cosas tan bien? 

Dios es de esa manera también. Aunque conoce mejor que nadie nuestras fallas, estoy segura que siempre ve nuestro potencial y recuerda constantemente nuestros esfuerzos y aspectos positivos.

Aunque los defectos de otros sean tan obvios, detengámonos un poquito y veamos algo bueno de ellos. Seguramente si comenzamos a dar eso a los demás, pronto recibiremos lo mismo. Probemos con la gente más cercana. Pongámonos como meta ver "la flor" escondida tras su desastre. Eso podría hacer una gran diferencia.

"¡Soy el Dios de Israel! ¡Yo soy es el nombre con que me di a conocer! Soy un Dios tierno y bondadoso. No me enojo fácilmente, y mi amor por mi pueblo es muy grande. Mi amor es siempre el mismo, y siempre estoy dispuesto a perdonar a quienes hacen lo malo" Éxodo 34:6-7 (TLA)


miércoles, 28 de agosto de 2013

¿Cómo te llamas?

Hace un par de semanas asistí al concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil. Estuvo precioso. El teatro se llenó y como llegué justo a la hora, me tocó sentarme en primera fila. Unos minutos después vi entrar una pareja de señores mayores que tenían un poco de dificultad para caminar en el lugar a media luz. Inmediatamente reconocí a la pareja. Se trataba de la que fue la Directora del colegio en el que estudié mi educación básica y su esposo, un gran maestro en materia de música en nuestro país. Ellos también se sentaron en la primera fila.

Al terminar el concierto, pensé varias veces si era correcto que yo me acercara a saludar a la "Sra. Rhina". Y me detuve porque concluí que ella de todas maneras no se acordaría de mí. Cuando ya había tomado mis cosas para irme, decidí regresar y sin pensarlo mucho me acerqué a ella.

Mi sorpresa fue que ella al instante que me vio hizo una cara de asombro y me tomó las dos manos. Yo le dije: 

- Sra. Rhina quizá usted no se acuerde de mí, pero yo estudié en su colegio y....

- ¡Maeda!. Me gritó.


Yo me quedé boquiabierta porque no podía creer que ella recordara mi apellido. De inmediato empezó a preguntarme por cada uno de mis hermanos y por mi mamá. Yo rápidamente la puse al día con la vida de todos. Y ella seguía sosteniendo mis manos. 

Me despidió con una gran ternura y me pidió que saludara a toda mi familia.

Al salir de ahí me quedé pensado en la bonita sorpresa que me llevé. Ella realmente SABÍA quién era yo. Me identifió por mi apellido al menos. Considerando que trabajó más de 25 años en el colegio y que conoció a miles de familias, ella se ACORDABA de mí.

Creo que lo mismo pasa con Dios. No importa cuán alejados hayamos estado ni todo lo malo que podamos haber hecho. Quizá a la hora de necesitar su ayuda, dudemos en buscarle porque creemos que no nos va a escuchar o no nos va a ver como Sus hijos. Creo que si bien es cierto sabemos que Él todo lo sabe, dudamos que nos conozca tan íntimamente, sobre todo si hemos estado lejos.

En ocasiones, a pesar que creo que Dios es omnisciente, he pensado que quizá se ha olvidado de aquellas pláticas que un día tuvimos, de los sueños que tengo, de mis peticiones, etc. Pero una y otra vez, Él me ha demostrado que SABE quién soy, con todo lo malo, lo bueno y lo feo. Y se ACUERDA de mí todo el tiempo, aún si la he regado y he vivido épocas de mi vida alejada de Él.

Si has estado dudando en acercarte a Dios por la razón que sea, te animo a no posponerlo más y seguramente te vas a sorprender cuando lo único que encuentres será  una cara de alegría, ternura y sobre todo cuando estés tratando de justificarte o decir algo, te interrumpirá ese grito :"¡Dome!" (pon tu nombre aquí). En ese momento sabrás que el Dueño del Universo te conoce.

"¿Acaso puede una madre olvidar o dejar de amar a su hijo? Y aunque ella lo olvidara,
yo no me olvidaré de ti. Yo te llevo grabado como un tatuaje en mis manos, siempre tengo presentes tus murallas" Isaías 49:15-16




lunes, 19 de agosto de 2013

¿Amar demasiado?

A la mayoría de nosotros se nos enseñó que las cosas en exceso eran malas: no comas demasiado, no trabajes demasiado, no te canses demasiado, no descanses demasiado, no te enojes demasiado, etc, etc. Pero nunca fuimos enseñados que TODO lo que se da en demasía es contraproducente. Y cuando digo todo es TODO. Eso incluye los chocolates, la comida alta en grasa, las adicciones, el amor, el ejercicio, las dietas extremas...todo.

Si, leíste bien. Amar demasiado también es contraproducente. En mi caso personal, crecí en un ambiente cristiano en el que se hablaba del amor a Dios y el amor al prójimo todo el tiempo. De manera insconsciente recibí el mensaje distorsionado que debo amar a mi prójimo como Dios nos ama a nosotros, y debo amar con un amor sacrificial, así como Cristo...hasta el punto de morir crucificado si es necesario!!! (Es un extremo al que nadie ha llegado, pero sí se nos enseña eso!).
Existe la creencia que si realmente amamos a alguien debemos ser capaces de soportar todo, y vamos por la vida tragándonos un montón de dolor, sabiendo por dentro que algo anda mal, pero sin ser capaces de identificar qué es. Nos hacemos mucho daño en nombre del amor, dejamos que se anulen nuestros sentimientos, emociones, metas y sueños, con tal que la otra persona si cumpla los suyos. Postergamos hacer aquello que nos hace sentir bien, pero dejamos que la otra persona haga lo que le hace sentir bien, aunque eso nos desplace.

Principalmente las mujeres podemos pasar años al lado de alguien que no nos ama y no nos valora lo suficiente, únicamente por aquella minúscula esperanza interna que nos dice: "ya va a cambiar", "es mi culpa, si yo mejoro eso, él va a cambiar", "si lo dejo de molestar y le dejo de exigir se va a quedar conmigo", "si sigo orando, Dios va a hacerlo cambiar", "lo amo, no puedo vivir sin él", "es el papá de mis hijos, ¿qué más puedo hacer?".

No creo que sea la voluntad de Dios que una mujer esté al lado de alguien que no la ama y eclipse su vida sólo por complacer a esa persona. El amor cristiano es más que eso. De hecho, la Biblia dice "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mateo 22:39). Creo que muchas mujeres (esposas, novias, madres, hijas, etc.) nos hemos quedado con la primera parte de esa porción. Nos hemos desbordado en amor sacrificial por ese ser amado, hemos aguantado lo inimaginable, hemos disculpado y justificado lo malo que hacen, hemos hecho cosas que juramos no hacer, hemos dejado de vivir por ellos, y el dolor sigue estando ahí y la felicidad no aparece por ningún lado. Pero eso es porque se nos ha olvidado la segunda parte "...COMO A TI MISMA". 

¿Te das cuenta? ¡¡Esa es la voluntad de Dios!! Claro, puedes amar a alguien, debes hacerlo, pero nunca amarle más de lo que te amas a ti. Si pusieras es una balanza la forma y la intensidad en que amas a "esa persona" y la forma e intensidad en que te amas a ti, ¿qué ocurriría? ¿Habría un equilibrio o se inclinaría de forma desproporcionada hacia esa persona?

Si estás envuelta en una relación en la que amas demasiado, quizá es tiempo de buscar ayuda. Quizá es tiempo de empezar a amarte más de lo que lo has hecho. Recuerda que ese mandamiento bíblico tiene dos partes: no estarás apta para amar a nadie de la manera que Dios quiere que lo hagas, hasta que te convenzas que mereces ser amada de esa manera también.

Todo lo que se da en demasía es dañino. Deja de dañar tu corazón.

"Pueblo de Israel, siempre te he amado, siempre te he sido fiel. Por eso nunca dejaré de tratarte con bondad. Volveré a reconstruirte, y volverás a danzar alegremente" Jeremías 31:3 (TLA)

Puedes escribir a destellosblog@gmail.com si deseas saber más de este tema 

miércoles, 7 de agosto de 2013

El Poder del Agradecimiento

Suena fácil, pero hacerlo es otra cosa. Y hacerlo con buena actitud es un verdadero reto. Debo decir que es un tema en el que estoy aprendiendo mucho, y creo que pasarán los años sin que deje de necesitar hacerlo.

Pasé las vacaciones en Guatemala. Es un lindo país. Pero hay una cosa que realmente prueba la paciencia: el tráfico. Literalmente se pueden pasar horas manejando. Los niños pueden dormir plácidamente en los carros porque tienen el tiempo para hacerlo. Los adultos pueden contestar llamadas, enviar correos o mensajes, porque por momentos simplemente están detenidos en las colas inmensas. Los que no estamos acostumbrados a esto, realmente sufrimos!


Comencé a agradecer por el tráfico que tenemos en El Salvador. En serio, no tenemos nada por qué quejarnos. Aquí casi nadie tiene que salir de madrugada de su casa para llegar a tiempo al trabajo. Los sábados nos podemos desplazar sin mayor contratiempo, y los domingos ni se diga. A menos que una calle esté siendo reparada o haya un accidente, no surgen mayores atrasos.

Otra cosa por la que agradecí es algo tan sencillo como tener agua caliente para bañarme. Por el clima de Guatemala, no saben lo delicioso que es bañarse con agüita caliente.

Recordé algo que leí recientemente sobre el poder de agradecer aún por las pequeñas cosas. Los seres humanos damos por sentadas un montón de cosas que siempre hemos tenido: comida, techo, transporte, amigos, familia, trabajo, dinero para salir a divertirnos, las dos manos, nuestro cabello, salud, ropa, zapatos, etc.
¿Pero qué pasaría si de pronto una de esas cosas nos fuese quitada? Por ejemplo, ¿qué tal si despertamos una mañana y una  parte de nuestro cuerpo no puede moverse? ¿y si de pronto sólo te quedan dos camisas y un par de zapatos y no puedes comprar más? Sé que son cosas extremas, pero sirve pensar en eso para que surja en nosotros el verdadero agradecimiento.

Quizá estamos tan acostumbrados a tener tantas cosas que perdemos de vista el poder que el agradecimiento contiene. Empieza a probarlo. Elige un día y desde que te despiertes comienza a agradecer por cada cosa que pase o que tengas ese día: gracias por mi cama, por mi casa, mi familia, mi ducha, mi ropa, mis zapatos, mi perro, mi carro, mi dinero para pagar el bus, mi trabajo, mi café, mi comida, mi teléfono, mis compañeros de trabajo, mi televisión, mi computadora, mis amigos, etc, etc.

Al inicio sentirás raro porque no es algo que hagamos con frecuencia, pero vas a ver que poco a poco es más fácil. Si es necesario, fuérzate un poquito a hacerlo, pero a medida lo hagas, ya vas a ver que te comenzarás a fijar en otras cosas que antes no agradecías.

Dios sin duda se complace en que Sus hijos le agradezcan por todo lo que nos da. Y quién sabe, probablemente te empiece a bendecir más o lleguen bendiciones que has estado esperando por algún tiempo. El agradecimiento tiene el poder de arrebatar varios "SI" del cielo. ¿Qué papá no se va a complacer si su hijo/a le agradece por todo lo que le da?

Ah! Y la próxima vez que estés en medio del tráfico, recuerda que hay lugares donde es mucho peor!

"Den gracias a Dios por todo" 1 Tesalonicenses 5:18 (DHH)