viernes, 18 de abril de 2014

La Mujer Que Me Dio Una Lección En Esta Semana Santa

Tu hijo de 17 años te pidió permiso para ir a una fiesta una noche junto a unos amigos. Tú un poco dudosa le consultas a tu esposo y le dan el permiso. Antes de salir le das los consejos típicos: que se cuide, que no beba alcohol, que no se meta en problemas, que no llegue después de la medianoche, y pues, cosas por el estilo. 

Tú como buena mamá no puedes dormirte porque tu hijo está fuera de la casa. Hay como un presentimiento que te dice que algo anda mal. Después de ver el reloj decenas de veces y dar otra decena de vueltas en la cama, suena el teléfono de tu casa. De un brinco tu esposo salta para responderlo. Su cara lo dice todo. Es una mala noticia. Empiezas a gritar porque sabes que se trata de tu hijo de 17 años.

Te informan que estuvo involucrado en una pelea callejera, de esas en las que cualquier muchachito de su edad se mete, sólo por ego, por la presión de grupo, por una chica o por los tragos. Un joven de 19 años lo apuñaló varias veces con un cuchillo de cocina. Lamentablemente tu hijo no sobrevivió.

Enfrentas el duelo amargo de una situación que a nadie se le desea. Nadie puede devolverte a tu niño. El único consuelo que te queda es que el asesino fue capturado y gracias a los testigos de la pelea, su condena es segura. No te pierdes ninguna de las audiencias del caso. Quieres justicia. La sangre de tu hijo debe ser vengada. Y después de más de un año de juicio, de acuerdo a las leyes de tu país, se condena al hombre de 19 años a la horca por haber matado a tu hijo.

La justicia parece tardar un poco, pues pasan años antes que se ejecute la condena. Y tú pasas los días pensando cómo sería si tu hijo aún viviera, y las noches llorando al recordar todo lo que pasaste aquella noche de pesadilla. Estás enfrentando el mayor dolor que según los psicólogos expertos un ser humano puede enfrentar: perder a un hijo, y si a eso le sumas la forma en que te lo arrebataron, el dolor es aún peor.

Finalmente, recibes el anuncio de tu abogado, la fecha de la condena ha sido fijada. Sucederá en la Semana Santa del 2014. Qué paradójico piensas, la Semana Santa, cuando los cristianos celebran que Jesús murió y resucitó. Pero bueno, tu hijo recibirá justicia de alguna manera.

Después de 7 años de aquella noche que cambió tu vida, el día llega. La gente se reúne en la plaza de tu ciudad. Te dicen que la soga ya ha sido preparada. Es hora de que vayas a la plaza a presenciar como muere el asesino de tu hijo. Tu esposo y tú se paran a solo unos pasos de la horca, para ver en primera fila como se hace justicia. Te llama la atención que una parte de la gente insulta al asesino, ahora de 26 años, y la otra parte llora y clama por perdón. Entre la multitud, notas que hay una mujer tirada en el piso de tierra, que llora desconsoladamente. La recuerdas, es la mamá de ese delincuente, la viste en el juicio. Las dos sufren con intensidad dos tipos de dolores muy diferentes. Pero ambos producidos por un hijo.
Cuando el asesino pasa a tu lado, ves que lleva los ojos vendados y las manos atadas. Sus gritos y llanto te dan escalofríos. Le escuchas orar encomendando su alma. Cuando es subido a una silla y le colocan la soga alrededor de su cuello, algo ocurre. De pronto, algo dentro de ti te estremece, empiezas a sudar y a temblar sin parar. Y con una seguridad profunda, entiendes que la ejecución de este hombre en la horca no te devolverá a tu hijo. Nada quitará tu dolor y habrá otra madre sufriendo igual que tú.

Sin pensarlo, corres a la horca. La multitud enmudece. Todos te miran. Pides que te acerquen una silla para poder estar frente a frente al asesino de tu hijo. Nadie entiende lo que pasa. Te llevan la silla y te paras en ella. Ahora sí, lo tienes cara a cara, aunque él está vendado y no puede verte y está confundido. No entiende quién está junto a él. De pronto sólo le das una bofetada y gritas la palabra más poderosa que éste asesino va a escuchar en su vida: "PERDONADO".
La gente no entiende, las autoridades no entienden, tu abogado no entiende, el asesino no entiende. Te preguntan si estás segura de lo que dijiste. Tú respondes que sí. Y como para no dejar lugar a dudas, tú y tu esposo quitan con sus propias manos la soga del cuello de ese hombre. 
Empiezas a llorar con una profunda convicción que lo que hiciste era lo correcto. Te diriges a la multitud y les dices que lo has perdonado por matar a tu hijo. La mamá del asesino corre a abrazarte y agradecerte por lo que acabas de hacer. Sólo el corazón de una mamá que sufre puede conectarse con el corazón de otra en similares condiciones.

Sin darte cuenta, gracias a los medios de comunicación y las redes sociales, tu historia es conocida en todo el mundo en cuestión de horas. Tu nombre ahora es reconocido: Maryan Hosseinzadeh, la mujer iraní que le perdonó la vida a Balal, el asesino de su amado hijo Abdollah, en la provincia de Mazdanaran, en la ciudad de Noor.
Y quizá Maryan nunca te des cuenta que me  has dado la mayor lección que pude haber recibido en esta Semana Santa. Me recordaste lo que Dios tuvo que pasar como Papá precisamente en una semana como ésta. Me hiciste valorar como tenía ratos de no hacerlo, el perdón que recibí de mi Dios, aún cuando todos sabían que yo era culpable y lo único que merecía era morir. Me demostraste que la sangre que Jesús derramó por mí es invaluable y nunca podré hacer nada para ganarla, tal y como la sangre de tu hijo no podía ser compensada con la justicia terrenal. Y finalmente me retaste. Si, porque has dado testimonio al mundo que el perdón si existe, que se requiere ser verdaderamente valiente para renunciar a tu derecho de vengarte y que de verdad el dolor de la pérdida de tu hijo transformó tu corazón lo suficiente como para que su muerte haya valido la pena.

Gracias Maryan por recordarme el sentido de ésta Semana Santa.

"Pero Él fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; Él sufrió en nuestro lugar, y gracias a sus heridas recibimos la paz y fuimos sanados" Isaías 53:5 TLA

"Sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo." Efesios 4:32 TLA

"Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla" Juan 3:16-17 TLA

Fuente: http://cnnespanol.cnn.com/2014/04/18/una-madre-irani-perdona-al-asesino-de-su-hijo-y-lo-salva-de-morir-en-la-horca/

viernes, 11 de abril de 2014

Devolviendo Un Brazo Zafado A Su Lugar

Hace unos días presencié algo nunca antes visto. Me avisaron que algo le había pasado a uno de mis compañeros de trabajo. Corrí a su oficina y lo encontré agarrándose su brazo izquierdo y su pecho. Su esposa quien también trabaja ahí, estaba con él, evidentemente muy preocupada. Pregunté que ocurría y me dijeron que se le había zafado el brazo.

Yo estaba asustada, sin saber qué hacer. Lo que más me impactó fue ver la expresión de evidente dolor que mi compañero tenía, pues él suele ser una persona bastante tranquila que transmite mucha paz. Pero verlo sudar a chorros y retorcer su cara, fue suficiente para dejarme inmóvil.

De inmediato me dijeron que necesitaban una toalla grande. Yo ni idea tenía para qué, pero salí corriendo a buscar una. Ya luego, pensándolo mejor, realicé que no tenemos toallas así en el trabajo! Pero bueno...yo corrí para ver si ayudaba. Finalmente la esposa de él consiguió un mantel.

Regresamos a la oficina y él comenzó a dar instrucciones: necesitaba que le pusiéramos el mantel doblado bajo su brazo, que una persona le halara el brazo hacia arriba usando el mantel y que otra le empujara el brazo fuertemente de la forma y en el momento que él dijera. Tristemente, yo no pude hacer nada, me quedé inmóvil. No sé qué me pasó. Sólo me quedé ahí parada sin decir nada ni hacer movimiento alguno. Él necesitaba ayuda y yo no me atreví a tocarlo.
Gracias a Dios llegó la maestra de Educación Física y ella de una forma tan serena escuchó lo que él decía. Mientras él daba instrucciones a cada una de la forma, la intensidad y el momento de halar/empujar su brazo, yo estaba parada sin moverme. Lo único que pude hacer fue orar. Cuando menos sentí, me descubrí pidiendo en voz alta de todas las formas posibles, que Dios hiciera algo!

Después de unos minutos de presenciar semejante sufrimiento, escuché un tronido que nunca voy a olvidar. Fue algo como "trac, trac, trac". Inmediatamente mi compañero extendió su brazo y lo empezó a mover. Todos dimos un gran suspiro. Pero creo que el mío fue el más profundo y prolongado. Y eso que no hice nada!!

Luego, él empezó a contarme que sufrió una lesión hace varios años y le hicieron una cirugía. Pero que a pesar de eso, su brazo se le ha zafado muchas veces. Con el tiempo, él aprendió a "trabarlo" de nuevo y cada vez que  le pasa él lo resuelve; pero necesita ayuda de un par de personas para lograrlo. Días después, platiqué con su esposa y me dijo que aunque él no quiera aceptarlo, necesita una nueva cirugía para corregir su problema, pues no puede vivir siempre así simplemente porque él ya aprendió a manejarlo.

Me impactaron las palabras que ella usó, porque de cierto modo todos tenemos áreas de nuestra vida en la que nos creemos los buenos y pensamos que tenemos control. Pero amigos, eso es una ilusión.
Así como mi compañero, puede ser que tengas situaciones en tu vida que ya aprendiste a "manejar" y que no han tenido mayores consecuencias. Pero eso no significa, que las consecuencias no vayan a llegar o que alguna vez se te van a salir de control.
No sé cuál sea esa área que has estado manejando por tu cuenta: una adicción, una relación sexual extra-marital, coqueteo con alguien que no es tu esposo/a, un resentimiento de años, un abuso que decidiste enterrar sin contarlo, una relación co-dependiente, por mencionar algunos ejemplos. El hecho es que llegará un momento en que ya no podrás manejarlo, se te va a salir de las manos. Y no porque yo lo diga; sino porque sé que Dios te ama, y te ama de una manera tan entrañable que no soporta verte manejar esas situaciones sin Él. No tolera que creas que siempre podrás por tus medios resolver y seguir viviendo con aquello que causa tanto dolor y que tarde o temprano no vas a poder restaurar sin Su intervención.

Mi mejor consejo para mi compañero es que deje de posponer las cosas y se deje operar para que ya no sufra con ese brazo. Mi consejo para ti es casi el mismo: Deja de creer que tienes el control y que sabes manejar esa situación, deja que intervenga El que todo lo puede. Ahórrate el dolor.

"No crean ustedes que pueden engañar a Dios. Cada uno cosechará lo que haya sembrado. Si seguimos nuestros malos deseos, moriremos para siempre; pero si obedecemos al Espíritu, tendremos vida eterna" Gálatas 6:7-8 TLA

"Porque todo lo que esté escondido se descubrirá, y todo lo que se mantenga en secreto llegará a conocerse" Lucas 6:17 TLA

viernes, 4 de abril de 2014

La Honestidad Sale Cara

Después de muchos años, decidí volver a clases de Inglés para perfeccionarlo un poco. Hace un par de semanas nos tocaba hacer el examen final antes de graduarnos del último nivel. Llegamos puntualmente, ya que sabíamos que es un examen largo y queríamos tener todos los minutos posibles. 

La primera parte del examen era el "Listening". En lo personal, es la parte que más me cuesta, así que me concentré de tal manera que sólo estaba pendiente de marcar la respuesta correcta, ya que la prueba era de opción múltiple y teníamos una hoja en la cual marcábamos nuestras respuestas.

A medida fui leyendo la segunda parte del examen descubrí lo impensable: mi examen tenía todas las respuestas correctas marcadas!!! Yo estaba confundida, primero pensé que Dios me ama tanto que hizo que me dieran las respuestas para que me graduara hasta con honores. Luego, comencé a ver a un par de compañeros y supe que todos teníamos la misma prueba (debo confesar que me dio tristeza no ser la única bendecida!).
Yo de verdad no sabía si confiarme, pensé que quizá era una trampa para ver si caíamos. Por eso decidí hacer todo el examen sólo para corroborar las respuestas. A medida avanzaba, el estrés iba desapareciendo y comprobaba que efectivamente las respuestas estaban resaltadas en negrita. Yo adrede "me equivoqué" en algunas, calculando que iba a sacar un 90.

Pero ya casi terminando, comenzó esa vocecita que estoy segura ustedes ya han escuchado: ¿No vas a decir nada? ¿Vas a aceptar esa nota que sabés que no es tuya? ¿Y no le dejás a tus estudiantes hacer trampa? ¿Vale la pena quedarse callada? ¿Esto es honestidad? En fin, entregué mi examen con una decisión tomada: independientemente de lo que mis amigos hicieran, yo enviaría un correo a la coordinadora para reportarle lo qué pasó.
Cuando salí del aula, cabizbaja y meditabunda, mi sorpresa fue que me encontré a algunos de mis compañeros que estaban discutiendo el asunto. Nos juntamos 4 de los 6 estudiantes. Yo les dí mi punto de vista y les dije que era auto-engañarnos y que era mejor que habláramos todos. Así que, casi en contra de mi voluntad, caminamos a la oficina de la coordinadora esa misma noche y le contamos lo ocurrido.

Ella no podía creerlo. Revisó las pruebas y comprobó lo que le dijimos. Alguien cometió ese error al sacar copias. Hubiésemos sido la generación con los más altos puntajes en la historia. Pero puntajes que no ganamos. Ella agradeció nuestra honestidad y nos felicitó y dijo que luego nos informarían qué medida se iba a tomar para evaluarnos.

Dos días después nos informaron que como premio a nuestra honestidad (estoy siendo sarcástica), realizaríamos el examen TOEIC (Test of English for International Communication), el cual tiene ciertos rangos de puntuación para medir tu manejo del idioma. Nosotros debíamos sumar un score de los rangos superiores.
Yo no podía creerlo, ser honestos no nos benefició, al contrario, nos perjudicó, porque nos avisaron 48 horas antes que haríamos un examen por el que la gente usualmente paga tres meses antes de tomarlo. Eso era injusto!! Y lo peor es que si no llegábamos al score necesario, no nos graduaríamos.

No tengo que decirles el estrés que viví en esas 48 horas, hice varias prácticas en linea tratando de prepararme aunque sea un poco, pero sentía que era insuficiente.
El día llegó y yo traté de hacer mi mejor esfuerzo. Yo pensé que si no llegaba al score requerido iba a reclamar porque me parecía injusto no haber sido preparada antes de esa prueba. Pero, una semana después nos dieron el resultado. Lo aprobé!!!...Fiuuuff!! Qué descanso!!

Sé que en la vida nos pasan cosas que prueban nuestra honestidad. Y quizá no son cosas tan grandes como un examen que definirá si serás promovido o no. Pero pueden ser cosas "pequeñas": una mentira blanca, un vuelto que no dimos, contar algo exagerando los detalles, inventar excusas por llegar tarde, comprometerte a algo sabiendo que no lo vas a hacer, contar tu versión a tu conveniencia, ser parcial para juzgar a alguien, pensar mal de la gente aunque no lo digamos.
Y por otro lado, conozco de muchos casos en los que la honestidad estuvo ausente y se pagó un alto precio por ello. Conozco de matrimonios que se acabaron o dañaron porque uno de los cónyuges no fue 100% honesto. Conozco de personas que perdieron su empleo por ser deshonestos. Conozco de cristianos que perdieron un gran ministerio por sus mentiras. Conozco de relaciones que se deterioraron porque la confianza fue traicionada. Conozco de personas que hoy se lamentan por haber escogido una doble vida antes de elegir la honestidad.

Sé que ser honesto muchas veces sale caro. En mi caso, cuando me dieron mi nota y mi diploma supe que había valido la pena.

Si has estado luchando con decir toda la verdad, no lo pienses más. Siempre será la mejor elección. ¿Con quién necesitas ser transparente hoy? ¿Tu pareja, tus padres, tu jefe, tus hijos, tus amigos? ¿Y qué hay de Dios?

El precio de la honestidad es alto; pero como una joya finísima, vale lo que cuesta.


"Tú quieres que yo sea sincero; por eso me diste sabiduría" Salmos 51:6 (TLA)

"Procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres" 2 Corintios 8:21 (RVR1960)

viernes, 28 de marzo de 2014

Carta Para Las Esposas A Mi Alrededor Y Más Allá

Hola a todas.

Quiero comenzar diciendo que a muchas de ustedes les tengo un enorme cariño y admiro montones a aquellas que ya son mamás. Les cuento que he estado observándolas últimamente porque he pensado mucho en lo que el matrimonio significa. Escuché por ahí que una mujer soltera debería aprender de las esposas que conoce. Así que intencionalmente me he detenido para ver qué puedo aprender de ustedes.

Yo he crecido con la enseñanza de que una mujer debe estar sujeta a su esposo y dejarle ser la cabeza de la familia, porque ese es el plan de Dios. También, que una esposa debe respetar y admirar a su marido y convertirlo en su prioridad máxima después de su relación con el Señor.

Pero estoy un poco confundida, porque la mayoría de ustedes me modelan otra cosa.
Si, lo sé. Estoy consciente de que al no haber estado casada nunca no tengo ni la más remota idea de lo que es estar en sus zapatos. Probablemente ustedes están pensando que no tengo nada que opinar al respecto. Y la verdad mi intención al escribirles no es darles consejos ni regañarlas; sino solamente hacerles notar el tipo de modelaje que dan a una mujer soltera como yo.

En primer lugar quiero decirles que he notado la forma peculiar en la que ustedes se dirigen a sus esposos. Con frecuencia alzan la voz, les hablan en un tono que denota extrema impaciencia y regaño. Con escuchar sus respuestas a menudo cortantes y ver sus miradas desafiantes, descubro su obvia molestia con ellos. Y para ser honesta me he preguntado por qué no tratan de arreglar sus cosas a solas en casa y así no permitir que todo el mundo se entere que ha habido un desacuerdo entre ustedes.

También me he dado cuenta que a menudo se expresan mal de sus esposos con otras mujeres. Para ustedes es bastante normal, según veo, referirse a ellos como "niños inmaduros", "tontos", "lentos", "retrasados" y cosas por el estilo. No digo que ellos son perfectos, seguramente hacen o dicen cosas que provocan su enojo y eso lo entiendo. Lo que no entiendo y me pone triste es escucharlas quejándose de ellos todo el tiempo y usar calificativos que hasta cierto punto los denigran, e incluso en algunas ocasiones con sus hijos presentes.
Debo decir con sinceridad que surge en mí la pregunta: Entonces, ¿por qué escogiste a un tonto, inmaduro, lento y retrasado para casarte?. Con las disculpas del caso, pero si se casaron con alguien así, ante mí quedan más mal ustedes por no tener criterio para escoger, que ellos que "son así"

Y tengo más preguntas: ¿Así es la vida de una esposa? ¿De eso se trata ser la ayuda idónea de alguien? ¿Voy a convertirme en una persona con cierto grado de amargura solo por casarme? ¿Me voy a vivir quejando de mi marido todo el tiempo?

Si su respuesta es si, creo que he perdido todo deseo de ser esposa alguna vez. Si su respuesta es no, les anuncio que su vida refleja todo lo opuesto.

Yo he experimentado en varias ocasiones, que el apegarse a lo que Dios nos pide que hagamos, trae muchísimas bendiciones. Y considero que esta ley espiritual es cierta en toda área de nuestra vida, por lo que puedo afirmar que el matrimonio no es la excepción.

Así que estoy segura que si cada esposa se esfuerza por cumplir su rol en el matrimonio, respetando y estando sujeta a su esposo, Dios va a bendecirle. Sé que muchas de ustedes lo hacen y se esfuerzan por mejorar su relación. Pero he notado que otras simplemente se han conformado a vivir de esa manera.

Reconozco que algunas están verdaderamente heridas por causa de sus esposos.  Y si ese es tu caso, te animo a buscar sanidad de la forma y en la fuente correcta. Esparcir tu rencor por ahí pregonando las fallas de tu marido no trae restauración. Desbordar tu corazón con Dios y dejar que Él te sane si funciona. Pedir ayuda a un matrimonio estable, también.

Sé que Dios ama a las casadas y a las solteras de una forma apasionada. Somos la niña de Sus ojos. Te recuerdo esto para que no busques que sea sólo tu esposo el que cubra todas tus necesidades emocionales, él fue creado para complementarte, Dios existe para llenarte.

Como mujer soltera les recuerdo que habemos muchas a su alrededor aprendiendo de ustedes. Muéstrennos cómo ser una esposa de acuerdo al plan de Dios. Provoquen que queramos seguir sus pasos.

Oro porque sean mujeres verdaderamente enamoradas de Dios, ayuda idónea de sus esposos y mamás ejemplares.

Un abrazo a cada una. 

Con cariño.
Dome

"Las esposas deben sujetarse a sus esposos, así como lo hacen con Cristo. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza de su iglesia...Por eso, la esposa debe sujetarse a su esposo en todo" Efesios 5: 22-24 DHH

"Alejen de ustedes la amargura, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo" Efesios 4:31-32 DHH

sábado, 22 de marzo de 2014

Guardando Veneno Por 20 Años

Comenté hace unos días que mi hermana había sido intervenida por un problema en su esófago. Ese problema se llama Acalasia.

Antes de saber exactamente lo que ella padecía, pasamos unas semanas angustiantes porque estábamos muy preocupados al ver que ella empezó a tener problemas para deglutir hasta que finalmente era imposible comer, ya que simplemente la comida "no le pasaba".

Después de varios exámenes médicos el diagnóstico fue Acalasia. Nadie en la familia había escuchado ese nombre antes y menos entendíamos de qué se trataba exactamente o cuál fue la causa que la provocó.

Cuando el especialista nos explicó algo de la enfermedad y nos mandó a investigar al respecto, me quedé sorprendida. Las dos posibles causas de la Acalasia son: Defecto Congénito o Mal de Chagas, que es producido por una picadura de chinche.
Me volví una investigadora exhaustiva durante esas semanas. Leí todo tipo de información, mientras esperábamos por la cirugía de mi hermana. Descubrí que una picadura de chinche es virtualmente letal. Existía la posibilidad que mi hermana hubiera sido picada hace incluso 20 años, pues de acuerdo a las investigaciones, una vez la chinche te pica, defeca sobre tu piel, luego tú al rascarte hieres tu piel y las heces del animal entran a tu torrente sanguíneo y te causa una infección que se queda a vivir en ti. Pueden pasar años hasta que el veneno de ese parásito provoque síntomas y normalmente se manifiestan por problemas cardíacos serios o por afectar la motilidad y el tamaño del esófago.

Yo estaba sorprendida de cómo podemos llegar incluso a perder la vida como consecuencia de tener almacenada una infección parasitaria en nuestro cuerpo sin saberlo.

Creo que algo similar puede pasarnos en nuestra vida espiritual. Podemos tomar decisiones y hacer cosas hoy que no tienen consecuencias inmediatas; pero eso no significa que no hayan dejado su veneno en nosotros. Algunos podemos pasar meses o hasta años creyendo que la libramos y que aquello que nadie supo no va a causar daño. Esa adicción que practicamos en secreto, esa infidelidad, aquella mentira que dijimos, aquel dinero que tomamos, esa amistad que nunca cortamos, aquel encuentro sexual casual, y muchas otras cosas cuyo veneno sigue metido en tu alma, tu mente, tu corazón e incluso tu cuerpo.
Si decidiste guardar el secreto, ten por seguro que como una picadura de chinche, es sólo cuestión de tiempo para que los síntomas se manifiesten o para que la verdad salga a la luz. 

Gracias al Señor, en el caso de mi hermana se descartó que padeciera Mal de Chagas. No hay veneno que combatir. 

Y en nuestro caso, la única forma de matar el veneno de las acciones y decisiones del pasado, es correr a ponernos a cuenta con Dios, usar el antídoto de Su perdón para que no hayan consecuencias en el futuro que tengamos que lamentar.

No te tardes, desinféctate. Saca el veneno de tu vida. Dios es experto en eso.

"El Señor dice: Vengan, vamos a discutir este asunto. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, Yo los dejaré blancos como la nieve; aunque sean como tela teñida de púrpura, Yo los dejaré blancos como la lana" Isaías 1:18 DHH

"No puedes encubrir tus pecados y salirte con la tuya. Encuentras misericordia al admitirlos y dejarlos" Proverbios 28:13 (The Message, traducción personal)                                                                                                     

domingo, 16 de marzo de 2014

La Desobediencia, El Teleférico y La Sabiduría de Los Padres.

(Con especial cariño a Kary, Alma, Violeta y Aminta)

Probablemente te estás preguntando qué tienen que ver estas tres cosas que menciono en el título de esta historia. Ahí te va.

Estando en bachillerato (hace unos poquitos años), tenía un grupo de amigas en el colegio, con las que realmente disfrutaba cada cosa que hacíamos. En esa época re-inauguraron el Teleférico San Jacinto, si, el famoso Reino del Pájaro y la Nube y nosotras conseguimos unos pases de cortesía para entrar.
El problema es que esos pases se podían usar solo durante la mañana, a la hora que estábamos en el colegio. Todas planeamos no ir a clases un día e irnos al teleférico. Yo quise ser honesta con mi mamá y le pedí permiso. Ella me dijo que no. Pero yo decidí que no me iba a perder semejante aventura a 1,153 msn(*), por lo que decidimos entre todas que literalmente nos escaparíamos del colegio.

Yo salí de mi casa esa mañana con mi uniforme y mi mochila, me fui en el microbús escolar que mis papás pagaban para que me llevara al colegio. Luego, al llegar, obviamente no entré al colegio, sino que me fui corriendo a una calle cercana, en donde mis amigas me estaban esperando. Yo planeé volver al colegio a la hora indicada para que mi microbús me llevara a casa de regreso en el horario habitual.

Llegamos al teleférico y me puse la ropa que llevaba escondida. La pasamos genial. Disfrutamos al máximo, comimos, nos subimos a casi todos los juegos mecánicos y parecía que el tiempo pasaba volando.
Unos minutos antes de abordar la góndola que nos tenía que llevar hasta tierra firme de nuevo, pasó lo que jamás hubiese imaginado: se fue la luz!! 

Nos dijeron que no sabían cuánto tiempo iba a tomar para que la energía volviera. Te imaginarás mi angustia mientras los minutos pasaban tan lento. Yo me preguntaba cómo era posible que yo tuviera tanta mala suerte para que la luz se fuera justo el día en que yo había decidido irme de pinta.

La hora en que yo tenía que estar camino a casa llegó. Preparé un discurso en mi mente, tomé valor y llamé a mi mamá desde un teléfono público que estaba allá arriba en el parque. Recuerdo perfectamente esa llamada. Sólo escuché a mi mamá decir "aló" y comencé a llorar sin poder hablar. Y no puedo explicar cómo; pero mi mamá supo lo que había hecho. Sólo pude contarle más o menos lo que estaba pasando y ella no hizo más que escuchar y decir que tuviera cuidado y que hablaríamos al llegar a casa.
Finalmente, después de varias horas la energía volvió y pudimos bajar en una góndola. Yo iba tan nerviosa y rogándole a Dios que el castigo no fuera tan severo; pero sobre todo estaba llena de pánico porque estaba segura que mi mamá le contaría a mi papá lo que yo había hecho, y ahí si me tocaría terminar el año escolar a distancia, porque estaba segura que mi papá me encerraría de por vida.

Llegué a la casa. Entré y me fui directo a mi cuarto. Pasé las horas esperando que mi mamá entrara y me pegara o me diera una gritada memorable. Luego, cuando llegó  la noche, esperaba que mi papá me gritara que saliera del cuarto para pedirme cuentas por mi travesura. Pero me venció el sueño.  No salí de ahí hasta la mañana siguiente. 

Al despertar no podía creer que estaba viva. Ni mi mamá ni mi papá dijeron o hicieron nada. Es más, pasaron varios años hasta que volvimos a tocar el tema con  mi mamá.

Todavía cuando pienso en ese día y esa noche angustiantes, me preguntó qué pasó, ¿por qué no me fue tan mal como yo creía? ¿por qué mis papás no actuaron como yo esperaba? ¿por qué no recibí el castigo que yo merecía?. Concluyo que mi mamá es sabia y ella supo que yo había aprendido la lección. Supongo que cuando me escuchó en el teléfono ella percibió mi arrepentimiento. O simplemente Dios tuvo misericordia de mí y puso ese sentir en ella. Lo que es cierto es que hasta ahora le agradezco tanto que no le haya contado nada a mi papá, porque de verdad mi existencia hubiera estado en peligro.

Siempre que cuento de esta experiencia comento que mi mamá se portó conmigo como Dios lo hace. 

La mayoría de veces que le fallamos a Él estamos esperando juicio, castigo, sufrimiento, maldición o disciplina. Nos imaginamos todas las cosas malas que nos van a pasar por haber pecado y ni siquiera tenemos el valor o la confianza para acercarnos y buscarle.

Pero Dios es más sabio que mi mamá. Él conoce tu corazón y te da de Su gracia. A veces, lo único que está esperando es que le hables y le cuentes lo que has hecho, y que vuelvas a casa, en donde no habrá reproche ni castigo, sino solamente esa sensación de que aunque hayas fallado siempre eres bienvenido.

No esperes más, aprende la lección, llama a tu Padre Celestial, repórtate con Él y vuelve a casa.

" Entonces (el hijo pródigo) regresó a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre corrió hacia él lleno de amor, y lo recibió con abrazos y besos" Lucas 15:20 (TLA)

* Metros Sobre el Nível del Mar. Fuente: http://www.laprensagrafica.com/Derriban-torres-del-Teleferico-San-Jacinto

jueves, 27 de febrero de 2014

La Espera Afuera De Un Quirófano

Estoy sola, sentada en un hospital sintiendo un montón de emociones revueltas. Mi hermana acaba de ser llevada al quirófano para ser intervenida por un problema en su esófago. Un problema que nos llegó repentinamente y nos ha hecho correr entre doctores y exámenes.
En dos días más cumpliré cuatro años de haber pasado por una cirugía. Pero lo que sentí en aquella ocasión no se compara a lo que he sentido estos días. Recuerdo que sí estuve nerviosa y ansiosa; pero hoy, el sentir es totalmente diferente. Creo que los miedos porque le pase algo a tus seres amados es más grande que el miedo a que te pase algo a tí mismo.

He hablado mucho con Dios respecto a la salud de mi hermana en las últimas semanas. Y lo que con más frecuencia siento que Él me ha dicho es: No temas. Yo estoy con ella. Yo la ayudo. Tengo un gran plan en mente.

Ahora, sentada acá, cuando parece que los minutos son horas, entiendo que hay situaciones en la vida donde te das cuenta lo limitado que el ser humano es. En ocasiones como ésta, no te queda más que confiar en Aquel que todo lo sabe y todo lo puede. Todos quisiéramos estar con mi hermana en el quirófano, asegurándonos que los doctores están haciendo bien las cosas, y la sensación de impotencia es gigantesca, porque entiendes que simplemente hay eventos en la vida en los que tu capacidad se acaba, y no tienes más remedio que poner en las manos del Señor lo que más amas y valoras.

Mientras escribo, escucho esa canción que Dios ha usado estos días para darme paz: Estoy confiando Señor en Ti, Tú eres Fiel Señor, tan Fiel a mí. Nunca me has dejado, aunque débil soy, estoy confiando Señor en Ti...Si el sol llegara a oscurecer y no brille más, yo igual confío en el Señor, Él no va a fallar.

Fui la designada para dirigir una oración por mi hermana antes de que una enfermera se la llevara. Nos enlazamos por teléfono con mi hermano que vive fuera del país y juntos como familia oramos por ella. Mientras lo hacíamos, las imágenes que venían a mi mente eran todas de Dios parado al lado de la mesa de operación, dirigiendo todo y dándole paz a mi hermana con Su sola Presencia. 
Acá donde estoy he recordado el compromiso que Dios hizo con mi familia cuando mi papi se fue al cielo. Desde ese instante, Dios se convirtió en el Papá de mis hermanos y mío. Ahora, me da mucha paz que Él está cumpliendo su compromiso y está con mi hermana adentro del quirófano. 

Hemos invocado Su ayuda, reconociendo que estamos limitados. La vida y la salud de mi hermana está en Sus manos. Confío en Su Palabra, descanso en Sus Promesas. Y es en este tiempo a solas que parece que Dios está diciéndome una y otra vez: Ya me conoces. Sabes quién soy. Siempre he estado con ella. Hoy no es la excepción.

Mi respuesta es: Te conozco, sé quien eres. Sé que siempre has estado con ella, sé que hoy no es la excepción. 

Y de una forma inexplicable, en este silencio terrible, la angustia en el pecho simplemente se va, mi mente se invade con imágenes de mi hermana retomando su vida normal y una sensación de descanso llega....Ya la he sentido antes, supongo que se llama paz.

"Les doy la paz, Mi propia Paz, que no es como la paz que se desea en este mundo. No se preocupen ni tengan miedo" Juan 14:27 TLA
"Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores" Isaías 53:4 DHH
"De pronto, un hombre que tenía lepra se acercó a Jesús, se arrodilló delante de él y le dijo:
- Señor, yo sé que Tú puedes sanarme. ¿Quieres hacerlo?.
Jesús puso la mano sobre él y le contestó:
- ¡Quiero hacerlo! ¡Ya estás sano!
Y el hombre quedó sano de inmediato" Mateo 8:2-3 TLA